Entre amenazas del crimen y agresiones de autoridades, así es el periodismo en Guerrero
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Manu Ureste

Entre amenazas del crimen y agresiones de autoridades, así es el periodismo en Guerrero

Organizaciones defensoras de la libertad de expresión presentaron el 'Informe sobre la situación del ejercicio del Periodismo en Guerrero: Obstáculos y carencias', en el que se destaca que desde el año 2002 en la entidad guerrerense se contabilizan 12 de casos de periodistas asesinados.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
28 de abril, 2015
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Manifestación en el DF por el asesinato en 2013 del reportero veracruzano Gregorio Jiménez. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Manifestación en el DF por el asesinato en 2013 del reportero veracruzano Gregorio Jiménez. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Cuando faltan quince minutos para las ocho de la tarde del 24 de febrero, la situación se sale de control en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Acapulco.

Allí, cerca de la Cruz Roja del Bulevar de Las Naciones, el fotoperiodista del diario El Sur, Carlos Alberto Carbajal, cubre desde las nueve de la mañana una marcha de los maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de Educación de Guerrero (CETEG). Todo transcurre dentro de una calma tensa, cuenta el reportero, hasta que un camión de la CETEG intenta romper el cerco de la Policía Federal que protege el acceso al aeropuerto, y los antimotines responden agrediendo a todo el que se pone en su camino.

En ese momento, Carlos agarra su cámara y comienza a hacer su trabajo. Toma fotos de hombres y mujeres corriendo, y capta a un grupo de policías golpeando y rociando con gases a los pasajeros de un vehículo Datsun que se acaba de estrellar contra un camellón.

“Me di cuenta y tomé fotos –señala el fotoperiodista-. Me paré en el camellón con mi cámara. Entonces, llegaron los policías con sus escudos y me empujaron. Me identifiqué como prensa con una credencial del periódico. Grité “prensa”.

Pero los gritos no sirven de nada. Minutos después, otro grupo de antimotines llega a la zona y golpea a Carlos en la cabeza con un tubo. El impacto lo deja aturdido, y los policías aprovechan para quitarle la cámara. La azotan contra el suelo y destruyen todo el material fotográfico y la herramienta de trabajo.

Aún mareado por el golpe, Carlos se levanta como puede y comienza a correr. Aún no entiende lo que sucede. Mira a los policías y con la credencial en la mano les vuelve a repetir a gritos que es periodista.

Pero a los antimotines no les importa que sea reportero.

“De todos modos te vamos a partir la madre”, le espeta uno de ellos.

12 periodistas asesinados desde 2002 y 46 agresiones en 2014

Esta agresión al fotoperiodista Carlos Alberto Carbajal, que él mismo narró en la web del diario El Sur el 25 de febrero, es uno de los testimonios recabados por el Informe sobre la situación del ejercicio del Periodismo en Guerrero: Obstáculos y carencias; documento elaborado por Freedom House, Reporteros sin Fronteras, y Periodistas de a Pie, entre otras organizaciones civiles, tras realizar un recorrido por la entidad en el que entrevistaron a periodistas, integrantes de la CETEG, y a miembros del gobierno estatal.

El informe destaca que en el estado de Guerrero se contabilizan 12 asesinatos de periodistas desde el año 2002, de los cuales dos se produjeron en 2014. Se trató de Jorge Torres Palacios y Miguel Ángel Guzmán, columnista del diario Vértice. Además, el periodista Marco Antonio López, del periódico Novedades de Acapulco, se encuentra desaparecido desde el año 2011.

En cuanto a las agresiones a periodistas, en 2014 se registraron 46 que incluyen amenazas, hostigamiento, robo a domicilio, agresiones físicas durante la cobertura informativa, destrucción del equipo de trabajo, secuestro, y extorsiones telefónicas.

El documento subraya que estas agresiones “provienen en su mayoría de servidores públicos”, destacando entre ellos, elementos de Seguridad Pública, empresas de seguridad privada, la Policía Federal, y el Ejército Mexicano. Incluso, según dijo en la rueda de prensa de presentación del informe Pilar Tavera, de la organización civil Propuesta Cívica, en la lista de “agresores tradicionales” se encuentran las autoridades municipales, principalmente policías locales y alcaldes.

Además de las autoridades, el informe señala que los periodistas en Guerrero son agredidos por los integrantes de movimientos sociales, como los maestros de la CETEG.

“Ahora, los periodistas no solo tienen que cuidarse de la policía, sino de integrantes de movimientos sociales que en ocasiones los agreden porque consideran que están manipulando la información”, expuso por su parte Balbina Flores, integrante de Reporteros sin Fronteras.

En este sentido, el informe agrega que un elemento a tener en cuenta es la “discriminación que hace el movimiento social” hacia algunos medios de comunicación o periodistas que pueden entrar a cubrir una manifestación, “al hacer una preselección de periodistas dependiendo del medio al que pertenecen, o el tipo de notas que publique sobre el movimiento y sus causas”.

Además de los maestros de la CETEG, las policías comunitarias y ciudadanas en Guerrero también tienen filtros que “no permiten la entrada a ciertos medios de comunicación que ellos consideran como vendidos o que alteran las notas”, agrega el informe.

El crimen organizado y “zonas de silencio”

En cuanto a la cobertura en Guerrero de temas relacionados con el narcotráfico, Balbina Flores advirtió que durante el recorrido registraron “información alarmante” sobre una situación de censura y restricción a la libertad de expresión en la entidad.

“Detectamos zonas que están cada vez más restringidas para los periodistas y que, en un muy corto plazo, pueden convertirse en zonas de silencio como las que ya estamos viendo en el estado de Tamaulipas”, señaló la activista, quien mencionó que en localidades del norte del estado, como Tepehuala, Arcelia, Teloloapan, Apaxtla y Chilapa, “los periodistas no pueden entrar porque no hay condiciones de seguridad, debido a los constantes enfrentamientos entre grupos de narcotraficantes, y entre éstos y las fuerzas de seguridad”.

Se trata, explicó la integrante de Reporteros Sin Fronteras, de zonas donde se están registrando situaciones graves de violaciones de derechos humanos, como es la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales y el desplazamiento forzado de miles de familias que han sido amenazadas por el crimen organizado y huyen en silencio de sus comunidades.

Ante esta situación, Pepe Jiménez, de Periodistas de a Pie, concluyó que “no existen las condiciones para ejercer el periodismo en Guerrero”, y destacó que los reporteros deben asumir por su cuenta muchos riesgos para poder entrar a determinadas zonas, a las que incluso sólo acceden en grupos organizados por los riesgos que implican.

“Se está cubriendo el estado de Guerrero aparentemente con normalidad, pero no se está haciendo un periodismo de calidad. Las condiciones no están, por ejemplo, en la región de la Montaña, en la Tierra Caliente, o en el puerto. Hay zonas donde se cubre con un riesgo altísimo y hay zonas como en la montaña donde de plano no entra ni la policía ni el Ejército”, enfatizó el periodista.

Horarios de 14 horas y sueldos de 20 pesos por nota

Además de las agresiones, el informe también analiza las condiciones laborales en las que trabajan los periodistas en Guerrero.

Para este apartado, las organizaciones civiles recabaron información en la capital guerrerense, Chilpancinco, donde laboran unos cien reporteros en diversos medios de comunicación, de los cuales “la mayor parte labora en condiciones de suma vulnerabilidad”.

“Sólo en algunos casos los periodistas cuentan con prestaciones sociales. Otros tienen contratos laborales temporales para evitar generar antigüedad laboral, no cuentan con capacitación en cuestiones legales o de riesgo, no cuentan con un seguro de vida, cubren horarios de 12 a 14 horas, y las empresas no les proporciona herramientas para su trabajo”, denuncia el informe, que además apunta que “la paga que perciben los periodistas van desde 20 pesos por nota publicada, hasta un salario que va de mil a mil 500 pesos quincenales”.

Lee aquí el informe íntegro:

Informe sobre la situación del ejercicio del periodismo en Guerrero. Obstáculos y carencias.

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La historia del fascinante descubrimiento del “Tutankamón británico”

El hallazgo de un barco enterrado hace 1.300 años escondía uno de los mayores tesoros de la arqueología británica.
30 de enero, 2021
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Comenzaron con las primeras luces del día. Los más fuertes de la guardia del rey, con los músculos tensos y las ásperas cuerdas rozándoles, arrastraron el pesado barco de roble desde el río hasta la orilla.

Y luego, con el sol naciente quemando lentamente la fría niebla de la mañana, levantaron la embarcación sobre la llanura, hasta el pie de la colina.

La multitud que se encontraba en la ladera observó en silencio cómo se acercaban a la cima y de ahí al cementerio reservado a los descendientes reales del dios tuerto.

Cuando se introdujo el navío en la zanja preparada para tal fin, depositaron el ajuar funerario en la cámara sepulcral.

Luego se alzó un montículo sobre él. Y allí quedó el barco, anclado en la tierra de la Anglia Oriental, pero viajando a través del tiempo hasta que, trece siglos después, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un hombre llamado Basil Brown lo descubrió.

El increíble hallazgo del apodado “el Tutankamón británico”, es el tema de La excavación, la nueva película de Netflix que adapta la novela homónima de John Preston.

Sus estrellas, Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos en su finca de Sutton Hoo, con vistas al río Deben, en Suffolk.

Pretty, una viuda interesada en el espiritismo, tenía un presentimiento sobre esos montículos. Se creía que eran de origen vikingo.

Un huésped había visto una vez una figura fantasmal entre ellos, y existían viejas leyendas locales sobre tesoros enterrados.

Sutton Hoo as it is represented in The Dig

LARRY HORRICKS/NETFLIX
Las excavaciones de Sutton Hoo fueron recreadas en Godalming, en Surrey.

Un inconformista de la arqueología

Brown era un hombre de Suffolk que había dejado la escuela a los 12 años. Había sido trabajador agrícola y agente de seguros, pero también había aprendido por su cuenta varios idiomas, astronomía y arqueología.

Ello lo llevó a ser contratado como arqueólogo por el Museo de Ipswich, que a su vez recomendó a Pretty para que lo contratara.

Él comenzó en junio de 1938 a trabajar en algunos de los montículos más pequeños, y encontró pruebas de que habían sido asaltados por ladrones de tumbas, pero también halló un disco de bronce que sugería que podían ser anteriores a la época vikinga.

Cuando empezó a trabajar en el más grande, en el verano de 1939, mientras se acercaban los nubarrones de la guerra, enseguida encontró fragmentos de hierro que identificó como remaches de barco.

Y entonces lo encontró: un asombroso barco de 90 pies (27,4 metros), lo suficientemente grande como para acomodar hasta 20 remeros a cada lado.

La propia madera se había disuelto en el suelo junto con los restos humanos que había, pero quedaba una huella clara: un barco fantasma de más de un milenio de antigüedad.

Se habían hallado otros enterramientos de barcos, pero ninguno de este tamaño.

Antes de este, el barco más grande descubierto era una embarcación vikinga de 78 pies (23,8 m), hallada en Noruega en 1880.

Debido a hallazgos anteriores en otros lugares, Brown sabía que podía haber un cargamento de objetos en honor a los muertos, y el 14 de junio encontró lo que creía que podía ser la cámara funeraria: una estructura de madera parecida a una cabaña, ahora desintegrada, que se había construido en el centro del barco.

Pero los responsables del Museo Británico y de la Universidad de Cambridge ya se habían enterado de su gran hallazgo y, apenas unos días después, se entrometieron.

Antes de que pudiera seguir explorando, fue marginado y relegado a labores básicas.

Los profesionales no podían permitir que un hombre local, un simple aficionado, se dedicara a esa tarea.

¿Por qué habrían de dejarle? ¡El tipo ni siquiera tenía un título!

Trajeron entonces un equipo de arqueólogos y fue uno de ellos, Peggy Piggott, quien, el 21 de julio, apenas dos días después de su llegada, encontró la primera pieza de oro.

Luego encontró otra. Y en poco tiempo habían descubierto un brillante botín de más de 250 objetos para los que la expresión “tesoro escondido” se quedaba corta.

Había vasijas para banquetes y cuernos para beber. Elaboradas joyas. Una lira y un cetro, una espada, piedras originarias de Asia, platería de Bizancio y monedas de Francia (que ayudaron a datar el tesoro).

Había una hebilla de oro grabada con serpientes y bestias entrelazadas, una pieza tan extraordinaria que el conservador de las antigüedades medievales del Museo Británico casi se desmayó al verla.

Había broches y cinturones de joyas, un maravilloso casco ornamentado y con una máscara completa: el inquietante rostro de algún antiguo héroe que parece observar a través de los siglos.

Barco

Getty Images
Una representación de cómo pudo de ser el funeral del rey anglo sajón en el barco que después se enterró.

Lo que significó el descubrimiento

El hallazgo de Brown hizo que se reescribieran, literalmente, los libros de historia.

El barco y su contenido pertenecían a la Edad Media, y el descubrimiento iluminó esos cuatro siglos entre la partida de los romanos y la llegada de los vikingos, un periodo del que se sabía muy poco.

Los anglosajones que gobernaban los distintos reinos de Inglaterra durante esta época habían sido considerados un pueblo rudo y atrasado -casi primitivo-, pero allí había objetos de gran belleza y exquisita factura.

Se trataba de una sociedad que valoraba la pericia, la artesanía y el arte; y que comerciaba con Europa y más allá.

Y estas reliquias de una civilización sofisticada y perdida aparecieron justo cuando la nuestra estaba amenazada de desaparición por los nazis.

El líder de los arqueólogos dio un discurso a los visitantes del lugar, y tuvo que gritar para que se le oyera por encima del rugido de un Spitfire .

Cuando el escritor y periodista John Preston descubrió que Piggott, su tía, había participado en la excavación, investigó la historia y reconoció inmediatamente el valioso filón que suponía para un novelista.

The Dig (La excavación) se publicó con gran éxito en 2007.

Robert Harris la calificó de “verdadero tesoro literario” e Ian McEwan la definió como “muy fina, absorbente, exquisitamente original”.

La productora Ellie Wood afirma que quiso hacer una versión cinematográfica en cuanto leyó el manuscrito de la novela en 2006, antes incluso de que se publicara.

“Era increíblemente cinematográfico”, cuenta Wood a BBC Culture.

A medida que el barco se va revelando, también lo hacen las vidas interiores de las personas involucradas, y eso es lo que me pareció tan poderoso y original”.

“Podía sentir las profundas emociones de los personajes, aunque fueran incapaces de expresarlas. Todos esos sentimientos a fuego lento se mantienen a raya debido a la reserva británica y la estructura de clases sociales”.

Carey Mulligany Ralph Fiennes

LARRY HORRICKS/NETFLIX
Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos.

Moira Buffini, cocreadora de la exitosa serie televisiva Harlots, escribió el guion.

“Ellie Wood me envió el libro en 2011 y lo leí, e inmediatamente pensé: tengo que escribir esto”, dice Buffini.

“Fue ese instante. Sabes que estás ante algo bueno cuando sientes eso por un proyecto. Y no ocurre tan a menudo”.

El libro me conmovió profundamente. Me sentí descarnada cuando terminé de leerlo. Creo que transmite la sensación de fragilidad de todo, incluidos nosotros.

Mientras escribía el guion llegué a pensar que el acto de abrir la tierra -de cavar para desenterrar a los muertos- abre en cierto modo a todos los que están vivos”.

A lo largo de los años, varios actores han sido vinculados a la película, entre ellos Cate Blanchett y luego Nicole Kidman.

Al parecer, Kidman tuvo que retirarse debido a compromisos laborales y Carey Mulligan se incorporó con poca antelación.

Wood dice que, aunque ha tardado mucho, su determinación nunca decayó.

“Creo que fue por la historia de Basil Brown”, dice. “Debido al clasismo y al esnobismo intelectual, su inestimable trabajo pasó desapercibido durante mucho tiempo, y me pareció realmente importante que más gente conociera lo que logró”.

Montículos

Getty Images
Tras enterrar los restos funerarios formaban estos característicos montículos llamados túmulos.

El misterio continuó

El nombre de Brown no se mencionó en la exposición permanente del Museo Británico sobre los tesoros de Sutton Hoo hasta hace relativamente poco tiempo.

Pero aunque ahora se reconoce su crucial contribución, hay muchas cosas que siguen generando dudas sobre el entierro del barco.

¿A quién honra? El principal candidato es Raedwald, un poderoso líder regional que murió en torno al año 624 y que formaba parte de una dinastía que afirmaba descender del dios nórdico Woden.

Fue el primer rey inglés que se convirtió al cristianismo, aunque al mismo tiempo se cuidaba astutamente de no molestar a los dioses paganos.

¿Y cuál era exactamente la naturaleza del barco? ¿Era un buque de guerra?

Podremos juzgarlo mejor cuando el proyecto de construir una réplica a tamaño real del barco llegue a buen puerto.

Nos dará una idea más precisa, por ejemplo, de cómo se maneja exactamente en el agua.

La compañía Sutton Hoo Ship pretende tener su barco construido y listo para empezar las pruebas en tres años, y espera que la película genere más interés en su proyecto.

La película es discreta, pero poderosamente conmovedora, y cuenta con unas interpretaciones tremendas tanto de Fiennes como de Mulligan.

Durante un reciente rueda de prensa sobre la película, Fiennes explicó que leyó por primera vez el guion en un avión y al final se le “saltaron las lágrimas”.

“No sé muy bien por qué, pero es algo que tiene que ver con la integridad de la gente que desentierra algo que a la vez representa de alguna forma a su nación”.

Y las circunstancias actuales hacen que su descripción de un mundo al borde del desastre resuene de una manera imprevista a cuando se comenzó este proyecto.

“Me pregunto si ahora todos tenemos un sentido más presente de nuestra propia mortalidad, de nuestra insignificancia en el gran esquema de las cosas”, sostiene Buffini.

“Pero creo que hay algo muy esperanzador en la idea de que somos eslabones de una cadena humana ininterrumpida.

Le di a Basil la frase: ‘Desde la primera huella de una mano en la pared de una cueva, formamos parte de algo continuo'”.


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