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Cuartoscuro

¿Por qué no mejora la educación en América Latina?

Chile, el país mejor evaluado de América Latina, está considerablemente por debajo del promedio internacional en educación, en el que su encuentran países como Reino Unido y Francia.
Cuartoscuro
Por BBC Mundo/Gabriel Sánchez Zinny
12 de abril, 2015
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Los ránkings regionales de evaluaciones educativas internacionales son encabezadas por Chile, que se ubica por encima de potencias económicas como Brasil y México. // Foto: Cuartoscuro.

Los ránkings regionales de evaluaciones educativas internacionales son encabezadas por Chile, que se ubica por encima de potencias económicas como Brasil y México. // Foto: Cuartoscuro.

Hay preocupación por el estancamiento de la calidad de la educación en demasiados países de América Latina.

Esto es un problema importante en una economía globalizada, donde las recompensas van a parar a los trabajadores mejor cualificados y más productivos, y donde se le da más importancia que nunca a la educación de alta calidad.

Lea también: El secreto de uno de los mejores sistemas educativos del mundo 

¿Pero cómo medimos la calidad de la educación en América Latina respecto a estándares globales si no hay voluntad para participar en las pruebas internacionales? ¿Cómo podrán los potenciales reformadores comparar los resultados más allá de las fronteras?

Entre las comparaciones más reconocidas globalmente está la prueba PISA -el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes- que realiza cada tres años la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

En América Latina, los ránking regionales de estos tests internacionales realizados a jóvenes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencia están encabezados por Chile, por encima de potencias económicas como Brasil y México.

La mayoría de los países de la región está en un lugar bajo de la lista.

Ausencia en las pruebas

Parte del recelo de muchos países latinoamericanos hacia este tipo de listas puede ser un temor a ser comparados con líderes mundiales en educación como Finlandia y Japón.

Incluso Chile, el país de la región más alto de la lista PISA, está considerablemente por debajo de la media en estos tests, que queda marcada por países como Reino Unido y Francia.

Lea también: América Latina tiene mala nota en educación

Pero el examen PISA ha generado también bastante controversia por su metodología y diseño, generando dudas –algo común en muchos exámenes estándar- sobre si mide de forma adecuada la calidad de la enseñanza. O por el hecho de que no captura de forma real la diversidad de contextos de unos sistemas de educación tan dispares.

Estas inquietudes se reflejan en el hecho de que menos de la mitad de los países de América Latina participa en la prueba.

Pero hay otros exámenes que pueden ofrecer una escala global de evaluación: el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo de la Unesco (Terce) cubre una parte más extensa de la región.

El Terce evaluó 15 países incluyendo Brasil, México, Argentina y Colombia, así como participantes más pequeños como Costa Rica, Honduras, Guatemala, República Dominicana y Uruguay.

La evaluación tiene también un margen más amplio que PISA, al estudiar a menores en diferentes fases de desarrollo -con edades de 8 y 11 años- y considerar el contexto de cada escuela.

Lo que Terce halló fue motivo de prudente optimismo: su comparación entre la última evaluación en 2006 y el presente mostró una mejora modesta pero extendida en la mayoría de los países latinoamericanos.

Estos ránkings fueron también liderados por Chile, seguido de Costa Rica y Uruguay.

Pero también permitieron una comparación con países ausentes de la prueba PISA, como Guatemala y Paraguay, que aparecen en la mitad más baja de los resultados de la prueba Terce.

Quedándose atrás

Pese –o quizá debido- a la controversia circundante, estas pruebas ya cumplieron un propósito importante.

Más allá de sus carencias, pusieron la atención en el hecho de que la masiva expansión del acceso a la educación en la región, una gran victoria en sí misma, no es suficiente sin una mejora equivalente en calidad.

Los legisladores ya no pueden ignorar la realidad de que incluso los países con mejor desempeño en América Latina, mucho menos los medios, están muy lejos del mundo desarrollado y muy lejos del lugar donde necesitan estar para competir en la economía global.

Como resultado, la demanda por una mejor educación crece desde abajo hacia arriba, conforme estudiantes, padres y grupos de la sociedad civil se van haciendo más conscientes de cómo sus escuelas se comportan respecto a los estándares internacionales.

No es sólo inversión

Las comparaciones internacionales también aportaron una lección necesaria: que una mayor inversión sola no puede resolver problemas de educación.

Los sistemas de educación de América Latina se gastan casi tanto como la media de los países de la OCDE, donde algunos invierten hasta el 6% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras producen resultados deslucidos.

En algunos casos se necesita más financiación pero, sin un enfoque riguroso y enfocado para asegurar que se utilizará bien, el dinero adicional puede que sea desperdiciado.

Es por eso que se necesita una nueva conversación en América Latina, que se centre en maneras innovadoras para mejorar la calidad, y de forma rápida.

Una oleada de nuevos actores -emprendedores sociales, negocios privados, fondos de inversión, fundaciones y grupos activistas- está tomando el liderazgo en la adopción de nuevas pedagogías, tecnologías y reformas estructurales en sus sistemas de educación.

Y proyectos como PISA y Terce ayudan a poner estos temas en primera línea en la agenda política pública.

La siguiente generación de estudiantes tiene poco tiempo que perder.

*Gabriel Sánchez Zinny es autor de “Educación 3.0: la lucha por el talento en América Latina”.

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Protestas en Chile: 4 claves para entender la furia y el estallido social en el país sudamericano

La desigualdad social, la tardía respuesta del gobierno ante las movilizaciones, las expectativas no cumplidas y el rol de los estudiantes explican parte de lo que está ocurriendo hoy en el país sudamericano.
Getty Images
20 de octubre, 2019
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El despliegue de militares armados y de dispositivos de la policía uniformada no ha logrado frenar la furia de los centenares de manifestantes que tiene a varias ciudades de Chile sumidas en un verdadero caos.

La crisis se desató cuando, por recomendación de un panel de expertos del Transporte Público, el gobierno del presidente Sebastián Piñera decidió subir el precio del pasaje del Metro en $30 pesos, llegando a un máximo de US$1.17.

A modo de protesta, estudiantes comenzaron a realizar “evasiones masivas” en el metro, levantando torniquetes para ingresar a los andenes sin pagar.

La situación fue agravándose a partir del viernes cuando la violencia se tomó las calles de la capital chilena, Santiago, con quema de diversas estaciones de metro y buses, saqueo de supermercados y ataques a cientos de instalaciones públicas.

El gobierno, entonces, decretó estado de emergencia, lo que significó el despliegue de los militares quienes, además, ordenaron toque de queda.

Ejército chileno

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La irrupción del ejército en las calles agravó las manifestaciones.

El presidente Piñera se vio forzado a ceder y anunció, en la noche del sábado, la suspensión del alza en la tarifa del metro afirmando que había escuchado “con humildad la voz de la gente”.

Sin embargo, lo cierto es que ninguna de estas medidas y anuncios ha logrado atenuar la furia de los chilenos.

Hoy, ciudades como Santiago, Valparaíso y Concepción amanecieron con graves daños en edificios y espacios públicos, además de paros en puertos y cortes de carretera.

Edificios dañados en Chile.

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Los edificios de varias ciudades amanecieron el domingo con graves daños.

El “milagro económico” de este país, acuñado por el economista estadounidense Milton Friedman durante el gobierno militar, parece haber ignorado las demandas de una sociedad que dice sentirse abusada.

¿A qué se debe esta violencia y que hay detrás de lo que está pasando en Chile?

Aquí exponemos cuatro claves que te ayudarán a entender el conflicto:

1. ¿Qué tan desigual es Chile?

Políticos y expertos han afirmado que el alza de la tarifa del metro es solo la “punta del iceberg” de los problemas que están aquejando a los chilenos.

La palabra “desigualdad” se ha apoderado del debate en estos últimos días, con cientos de manifestantes insistiendo que la brecha social en el país sudamericano es desmedida.

Según reveló la última edición del informe Panorama Social de América Latina elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el 1% más adinerado del país se quedó con el 26.5% de la riqueza en 2017, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2.1% de la riqueza neta del país.

Por otra parte, el sueldo mínimo en Chile es de $301,000 (US$ 423) mientras que, según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, la mitad de los trabajadores en ese país recibe un sueldo igual o inferior a $400,000 (US$562) al mes.

Con este salario, los protestantes alegan que un alza en el pasaje del metro es inconcebible.

Más aún si se considera que el transporte público en Chile es uno de los más caros en función al ingreso medio. Así lo determinó un reciente estudio de la Universidad Diego Portales, de un total de 56 países alrededor del mundo, Chile es el noveno más caro.

Estación de metro dañada en Santiago de Chile.

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Algunas estaciones de metro quedaron muy afectadas durante las protestas.

Así, hay familias de bajos recursos que pueden gastar casi un 30% de su sueldo en transportarse, mientras que dentro del nivel socioeconómico más rico, el porcentaje de gasto puede ser menos de un 2%.

De esa manera, la sensación entre los ciudadanos chilenos es que no ha habido respuesta de los gobiernos de turno a una problemática que se arrastra hace décadas.

Cristóbal Bellolio, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, asegura a BBC Mundo que “este es ciertamente un problema estructural del sistema socioeconómico chileno. No es un misterio que Chile es un país muy desigual a pesar de que hay mucho menos pobreza que antes”.

“La situación de aquellos que salen de la pobreza sigue siendo muy vulnerable y se percibe que hay una clase de ricos que tiene todas las herramientas para saltarse las reglas”, agrega.

Para Bellolio, el alza en el pasaje del metro finalmente se suma al incremento en el costo de la luz, del agua y a la crisis en el sistema público de salud. También tiene que ver con las pensiones: hace bastantes años que Chile está discutiendo una reforma al sistema de pensiones privado que, para muchos, tiene importantes deficiencias.

En la foto, dos cajeros destrozados.

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El anuncio del alza de los precios del metro se unió al incremento de otros costos. En la foto, dos cajeros destrozados en una estación de metro.

“Es un cóctel que no provee de esperanzas de que vayan a ver tiempos mejores, que es justamente la promesa del gobierno de Piñera. Por el contrario, creo que la gente percibe que los tiempos son peores”, dice.

Una opinión similar tiene Claudio Fuentes, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Diego Portales.

“Hubo un gran crecimiento de la clase media pero es una clase media precarizada, que tiene bajas pensiones, altos niveles de deuda, que vive mucho del crédito y que tiene sueldos muy bajos. Es una situación donde el día a día es precario, que vive con incertidumbre”, dice a BBC Mundo.

2. ¿Qué responsabilidad tiene el gobierno de Sebastián Piñera en todo esto?

Tanto la oposición política al gobierno de Sebastián Piñera como algunos de sus propios partidarios han coincidido en que la actual administración reaccionó tardíamente a las manifestaciones.

Se ha dicho que no hubo explicaciones claras sobre el alza de la tarifa y que se demostró una “falta de empatía” con los problemas de la gente. De hecho, ante las primeras protestas, ministros del gobierno de Piñera sugirieron tomar el metro más temprano, a las 7 de la mañana, para evitar pagar el alza, lo que ha sido blanco de críticas.

Sebatián Piñera, presidente de Chile.

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Algunos piensan que el presidente Piñera tardó en reaccionar a las manifestaciones.

Además, se ha cuestionado que las autoridades se limitaron a amenazar con la Ley de Seguridad del Estado, sin abordar el fondo del petitorio, y calificando a los manifestantes de “delincuentes” en repetidas ocasiones.

“Fue una protesta lenta, que subió en intensidad gradualmente, con muchos momentos para reaccionar. Pero no hubo más que dos respuestas: la tecnocracia y la represión. El panel de expertos define la tarifa, las Fuerzas Especiales la hacen cumplir. Planillas Excel y lumas (palos), mientras la política permanece ciega, sorda y muda”, dice el periodista chileno Daniel Matamala en una columna a La Tercera.

En particular, el presidente Piñera ha sido fuertemente cuestionado luego de que el viernes —mientras se incendiaban varias estaciones de metro— se le vio cenando en un restaurante de Vitacura (una de las comunas más ricas de Santiago), donde le estaba celebrando el cumpleaños a uno de sus nietos.

Así, los líderes de coaliciones políticas de oposición, como el Frente Amplio, han salido a criticar al mandatario y sus ministros.

Joven manifestante detenido por las fuerzas militares.

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Desde el gobierno “no hubo más que dos respuestas: la tecnocracia y la represión”.

“Gobierno insiste concentrar su discurso en criticar la violencia, pero con sus acciones hasta ahora solo ha contribuido a ella. Indolencia (“levántense más temprano”), incomprensión (“escolares no tienen motivos para protestar”) y represión (militares en la calle). Así no!”, dijo el diputado Gabriel Boric a través de su cuenta de Twitter.

Por su parte, la ex candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, indicó: “Solo queda pensar qué distinto sería Chile si los gobiernos escucharan antes a la gente”.

Incluso, un ex ministro del primer gobierno de Piñera, Harald Beyer, señaló a La Tercera que este episodio “demostró la falta de habilidad y destrezas que ha exhibido el Gobierno para enfrentar situaciones como ésta”.

De todas maneras, la oposición tampoco se ha librado de las críticas: también se ha dicho que reaccionaron tarde y que no han hecho nada para mejorar la calidad de vida de los chilenos, además de apoyar la violencia en estas manifestaciones.

“La oposición cometió un gran error: validó la violencia. Ellos no lo han dicho explícitamente pero se desgastaron en contextualizar la violencia como parte del descontento. Y en ese sentido, el partido comunista y el Frente Amplio han remado para el otro lado y han azuzado el fuego”, dice Cristóbal Bellolio.

3. ¿Cómo influyen las expectativas de una mejora social en el malestar de la gente?

Hace años que la clase política chilena viene prometiendo mejoras en la calidad de vida de la gente en Chile. Se han anunciado reformas educacionales, constitucionales, tributarias y a la salud pero muchas de ellas no han logrado cumplir con las expectativas de la sociedad.

El descontento social, entonces, se ha traducido en este estallido que está terminando con la destrucción de un centenar de espacios públicos en distintas ciudades de Chile.

Coche destrozado en la ciudad de Valparaíso.

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El descontento social se ha traducido en la destrucción de varios espacios públicos.

Las expectativas generadas por los dos gobiernos de Michelle Bachelet (del 2006 al 2010, y luego del 2014 al 2018), y luego por los de Sebastián Piñera (quien también lideró el país en un período anterior, entre 2010 y 2014), son una causa importante que puede explicar esta “furia”.

Si Bachelet 1 y Piñera 1 fueron símbolos de cambio (la igualdad de géneros, la alternancia en el poder), Bachelet 2 y Piñera 2 agotaron el stock de esperanzas. Enterrada la retroexcavadora y sepultados los tiempos mejores, hace tiempo se incuba el ruido sordo de la falta de un proyecto país, de un camino al desarrollo, de una meta compartida que dé sentido a las penurias cotidianas”, dice Matamala.

Además, es importante recordar que Piñera ha sido reconocido por su capacidad para generar empleos y mejorar la economía. Durante su primer gobierno, de hecho, ése fue su gran logro.

Esta vez, la gente esperaba lo mismo y, hasta el momento, la realidad económica ha estado por debajo de las expectativas que tenía la sociedad chilena.

Michelle Bachelet.

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Tanto los gobiernos de Piñera como el de Bachelet generaron expectativas que han agravado el descontento.

“Aquí habían dos promesas: el mejoramiento económico y la paz ciudadana. Esas eran las claves de este gobierno”, explica Claudio Fuentes.

El académico agrega que “el crecimiento económico ha sido menor, les ha costado mucho. Y en seguridad ciudadana, acaba de salir un informe que muestra un incremento de la percepción de inseguridad en la población. Todo esto afecta este clima de no cumplimiento“.

4. ¿Cuál es el rol de los estudiantes en las movilizaciones?

Las protestas y manifestaciones han sido lideradas, principalmente, por estudiantes.

La primera “evasión masiva” fue el lunes 7 de octubre, liderada por estudiantes de liceos emblemáticos, principalmente del Instituto Nacional. Este establecimiento fundado en 1813 ha protagonizado violentas protestas en los últimos meses.

Las quejas tienen que ver con la “falta de recursos” en la educación chilena y la falta de cuidado en las aulas de clases.

Según asegura el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, en el diario El Mercurio, los desmanes ocurridos en los últimos días en Chile son resultado, en parte, a la aparición de una nueva generación “que se manifiesta cada vez con mayor intensidad”.

“No es casualidad que todas esas formas de protesta violenta sean protagonizadas por jóvenes”, agrega.

Estudiantes protestan en Chile.

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Los estudiantes, por lo general, lideran este tipo de manifestaciones.

Una de las manifestaciones más importantes en Chile desde el retorno a la democracia también fue liderada por estudiantes. La llamada “revolución pinguina”, ocurrida en 2006, generó un importante precedente respecto a la demanda social de mejorar la educación en el país sudamericano.

Luego, en 2011, esta petición se incrementó con un movimiento estudiantil que también provocó grandes manifestaciones y que tuvo al primer gobierno de Sebastián Piñera en jaque.

Y aunque no se sabe cuál será la verdadera dimensión de estas últimas manifestaciones, sí está claro que las últimas 36 horas han sido de las más violentas que ha vivido Chile en décadas.

Hace solo unas semanas, y tras las crisis en Perú y Ecuador, se decía que este país sudamericano era un “oasis” dentro de América Latina.

Hoy, la situación ha cambiado abruptamente y nadie sabe si la “furia” va a detenerse.


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