"No estamos preparados ni para detener a un robacoches”, dicen policías de la montaña de Guerrero
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"No estamos preparados ni para detener a un robacoches”, dicen policías de la montaña de Guerrero

Estos son los resultados del estudio “Alcozauca. Ser policía municipal en la montaña de Guerrero”, realizado por el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), el Monitor Civil de las Policías y los Cuerpos de Seguridad de la Montaña (MOCIPOL) en colaboración con el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y el Centro de Análisis e Investigación Fundar.
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Por Nayeli Roldán
2 de abril, 2015
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Las policías en municipios de la montaña de Guerrero saben que el principal problema que enfrentan es el tráfico de drogas, pero reconocen que su preparación no alcanza ni para combatir el robo de autos. Tienen claro que ser policía municipal significa tener condiciones laborales precarias, equipo insuficiente y lidiar con la corrupción y tráfico de influencias en los ministerios públicos.

Además de ser vulnerables, también son utilizados políticamente porque los cuerpos policiales se renuevan cada tres años, con nuevo director y nuevos agentes que los propios alcaldes contratan de manera directa, lo que genera “una percepción de lealtad a quien los contrata y no al ciudadano”.

Así lo explica el diagnóstico cualitativo “Alcozauca. Ser policía municipal en la montaña de Guerrero”, realizado por el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), el Monitor Civil de las Policías y los Cuerpos de Seguridad de la Montaña (MOCIPOL) en colaboración con el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y el Centro de Análisis e Investigación Fundar.

Como parte del estudio, los investigadores realizaron entrevistas y reuniones con los policías de Alcozauca, mandos y organizaciones de la sociedad civil durante 2012, dos años antes de que el papel de los policías municipales se colocara de nuevo en el debate a raíz de la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, ocurrido el 26 de septiembre pasado.

Sin embargo, desde entonces se había identificado que la fácil infiltración del crimen organizado era parte de la complejidad de zonas tan vulnerables como Guerrero, que derivó en casos como el de los normalistas y los miles de muertos y desaparecidos.

Los grupos delincuenciales tienen campo de acción al ofrecer a los campesinos un modo de subsistencia a través del cultivo de estupefacientes; o bien reclutan “por lo general jóvenes que no tienen otras opciones de vida” como narcomenudistas o incluso sicarios”, dice el estudio.

“Se genera así un espacio propicio para la intromisión de estos grupos delincuenciales, favorecido además por una cultura política, aún de corte autoritario, que ha beneficiado a pequeños grupos de privilegio, que secuestran bajo sus intereses alcaldías y hacen de la corrupción una práctica de dimensiones culturales dentro de las propias instituciones municipales”, refiere el documento.

“No estamos preparados para detener a un robacoches”

En el municipio Alcozauca solo existen 33 policías para cuidar a una población de 18 mil 971 habitantes. Además de la seguridad pública, se encargan de otras tareas como escoltar a enlaces del programa federal Oportunidades, rehabilitar o limpiar espacios públicos, sofocar de incendios, tareas de protección civil, arreglo de tuberías de agua potable, entre otras.

En su actividad diaria, dicen, uno de los obstáculos es la corrupción en los órganos de justicia encargados de la investigación, que frenan el proceso judicial debido a los sobornos.

Los policías comentan que “como se da la corrupción, (los detenidos) por dinero salen y son puestos en libertad, y nuestro trabajo ¿dónde quedó?”. Otro relata: “Por ejemplo, con el caso del policía que mataron, nosotros detuvimos al que lo mató, pero parece que ya salió. Entonces él nos tiene coraje por eso y tenemos que cuidarnos, porque puede vengarse de nosotros”.

En las encuestas afirmaron que el principal problema de inseguridad en la comunidad es el tráfico de drogas, pero reconocen que no están capacitados ni siquiera para combatir otros delitos. “Es que nosotros no estamos preparados para detener a un robacoches, para eso estamos, pero no estamos preparados”, dicen.

Como el resto de los habitantes, tienen miedo de lo que ocurre en su comunidad, según afirma uno de los encuestados: “La familia empieza a preocuparse, nosotros nos encomendamos a Dios porque en el camino nomás nos están ubicando”.

Otro explica que carecen de protocolos estructurados de capacitación, pues al ingresar solo se les informa de una regla clara: “lo primero que me dijeron que tenía que tener era disciplina. Llegar a las 7 horas, respetar y obedecer al comandante, a los superiores”.

Tampoco conocen el reglamento del Bando de Policía y Buen Gobierno en el que se incluye su actuación, es decir, desconocen sus derechos y obligaciones y cometen abusos hacia la población, como reporta el Monitor Civil de la Policía de La Montaña de Guerrero, quien recibió 381 quejas interpuestas por ciudadanos hacia los distintos cuerpos policiales de 2007 a 2011.

El estudio advierte que el trato policial “es una fibra sensible en la interacción entre el policía y el ciudadano”, porque golpear a un detenido es “no sólo un abuso contra los derechos humanos sino una confirmación de una manera, histórica ya, de convivencia con las instituciones estatales”.

De ahí que la imagen del policía en la comunidad ha dejado de ser una figura respetable para ser “una figura temida, desconfiada, forzada a servir los intereses del presidente municipal en turno, de grupos de poder en el municipio”.

Se trata de individuos que viven un conflicto con los intereses de la comunidad y con él mismo, “el ser humano policía no escapa de las mismas condiciones sociales que determinan la desigualdad en La Montaña y por ende en Alcozauca”.

Policías campesinos

En un municipio de la montaña de Guerrero como Alcozauca, 90% de la población vive en pobreza moderada y extrema, según datos del Consejo Nacional de Evaluación (CONEVAL), y el promedio de escolaridad es de 3.3 años, aun cuando la obligatoriedad es de nueve años.

Los policías del municipio forman parte del mismo panorama. La edad media es de 30 años, con un promedio de escolaridad de 5.5 años y solo ocho uniformados concluyeron la secundaria. Algunos hablan lengua indígena y les es difícil comunicarse en español.

Para sostenerse económicamente deben realizar actividades adicionales, según refiere el director de la Policía Municipal de Alcozauca: “Es gente campesina, es gente necesitada de un trabajo. Desafortunadamente las fuentes de empleo en Alcozauca no se dan en racimos y tienen que buscarle de albañil, de campesinos, chalanes o policías”.

Los policías tampoco tienen casa propia y 90% carece de prestaciones laborales como el servicio de salud, lo que significa “una realidad muy dura, ya que se han llegado a presentar accidentes graves en el ejercicio de la labor policial y los policías afectados han quedado desprotegidos”, dice el estudio.

Además, su permanencia está a merced de los políticos, más que a su desempeño debido a que la policía está supeditada al relevo en la alcaldía, es decir, se reinicia cada tres años, no sólo por la llegada de un nuevo director de Seguridad Pública Municipal, sino porque prácticamente todos los policías de línea son sustituidos, con lo que se anula la posibilidad de realizar una carrera en el servicio policial.

Uno de los policías entrevistados afirma: “Ya el próximo mes llega el nuevo presidente, así que como nosotros no somos de su grupo pues ya nos vamos”. “Lo anterior provoca que los policías que entran en cada administración ubiquen al presidente municipal o director de Seguridad en turno como una figura de lealtad por el ‘favor’ de contratarlos, de ‘darles chamba’, antes que priorizar una conciencia de compromiso con la ciudadanía”, sostiene el estudio.

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Iquitos, ciudad escondida en la selva que se convirtió en 'isla bonita' de la población LGTB de Perú

En un país que no reconoce la unión entre personas del mismo sexo ni el cambio de identidad, el colectivo LGTB ha encontrado un colorido refugio en la selva amazónica.
29 de junio, 2022
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Ser una persona LGTB no es fácil en Perú.

Según muestran varios informes internacionales y el testimonio de personas homosexuales, la situación de este colectivo puede mejorar mucho.

Las leyes peruanas impiden el matrimonio y cualquier unión civil entre personas del mismo sexo y no se permite el cambio de identidad legal a las personas trans.

Un estudio de la ONG Promsex realizado en 2016 encontró que ocho de cada 10 estudiantes LGTB dijo sufrir acoso verbal por su condición sexual en la escuela, mientras uno de cada cinco refirió agresiones.

Y Perú ocupaba el puesto 71 en el índice global de igualdad que publica Equaldex, una red estadounidense que comparte datos de asociaciones LGTB en todo el mundo. Solo Bolivia y Paraguay mostraron una opinión pública más hostil a los no heterosexuales en Sudamérica.

Pero hay un lugar en el que las cosas son un tanto diferentes, según cuentan sus propios habitantes.

Es Iquitos, una ciudad de cerca de 150.000 habitantes, capital del Departamento de Loreto, en mitad de la Amazonía peruana y a la que solo se puede llegar en avión desde Lima.

“Aquí uno puede ser quién realmente es”, cuenta en conversación con BBC Mundo Carlos Vela, homosexual residente en Iquitos.

“En general, la aceptación es muy buena. Muchos visitantes europeos dicen cuando vienen que hay tanta tolerancia como en Europa”, corrobora Silvia Barbarán, activista que lleva años trabajando con personas LGTB en la ciudad.

Qué hace diferente a Iquitos

No es casualidad que la marcha del Orgullo Gay de Iquitos haya ganado fama como una de las más concurridas y coloridas de Perú.

“Aquí celebramos el Orgullo con mucho calor”, comenta Carlos. El calor húmedo de la Amazonía anima a los participantes a mostrar un desparpajo difícil de imaginar en otros lugares de Perú en los que el clima social no es tan abierto.

Valery La Mas es una mujer transexual que se mudó a Iquitos hace cinco años desde Leticia, la ciudad colombiana en la que nació. “En Colombia estamos mejor que en Perú, pero en Iquitos se ha avanzado mucho en los últimos años”.

“Aquí las mujeres trans tenemos alternativas a trabajar en la prostitución”, indica.

En esta ciudad rodeada de vegetación y flanqueada por dos afluentes del Amazonas, no es difícil encontrar negocios de peluquería y estética regidos por personas LGTB y la hostelería local emplea a mujeres trans en sus cocinas.

Map

Es un ambiente muy distinto al que reflejan los informes de Promsex o el que retrató la película “Retablo” en 2017.

En ella, el cineasta Álvaro Delgado Aparicio contaba a través de la historia de un artesano la crueldad que a veces pueden alcanzar los comportamientos homofóbicos en las pequeñas comunidades montañosas de los Andes.

El ambiente cálido y exuberante de la selva contrasta con el frío y la austeridad del paisaje andino, una diferencia que a menudo se refleja también en el carácter de la gente.

La riqueza de la selva amazónica y la sensualidad de sus culturas ancestrales, así como los contactos frecuentes con poblaciones de Brasil, han sido algunos de los factores a los que se ha aludido para explicar la mayor tolerancia de Iquitos.

“Siempre fue más fácil ser LGTB en la selva, quizá porque allí hay una cultura prehispánica que tolera mejor la idea de los tres géneros”, comenta Jorge Chávez, del Movimiento Homosexual de Lima.

No en vano, Iquitos y otros lugares de la selva se convirtieron en el refugio de las personas LGTB que en la década de 1980 huyeron de las campañas de “limpieza social” lanzadas contra ellas por los grupos armados de extrema izquierda MRTA y Sendero Luminoso, que dejaron decenas de muertos en matanzas aún recordadas como la de Tarapoto en mayo de 1989.

Campesinos con sus mulas, en la época de Sendero Luminoso.

MARIE HIPPENMEYER
La violencia de Sendero Luminoso y el MRTA contra los no heterosexuales desplazó a muchos de sus hogares.

Norma Muller, antropóloga de la Pontífica Universidad Católica del Perú, apunta que “la población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana”.

Quizá el menor peso de la religión en estos territorios sea una de las razones por las que este lugar se convirtió en refugio para los perseguidos por la homofobia y hoy sea en palabras de Valery La Mas, la “isla bonita para los LGTB peruanos”.

Pero a sus 64 años, Silvia Barbarán recuerda que las cosas no siempre fueron fáciles. “Incluso en los medios locales era frecuente escuchar alusiones despectivas a los no heterosexuales”.

“Todo empezó a cambiar a partir de 2002, cuando comenzó a desarrollarse un movimiento con muchas asociaciones y un gran trabajo de educación y concienciación”.

Barbarán cuenta como la unión hizo la fuerza. “Una de las claves fue que todas las asociaciones íbamos juntas a protestar cada vez que se producía un episodio de discriminación. Cuando a una mujer trans le negaban la atención en el centro médico, salíamos todas las asociaciones con protestas en las calles y denuncias en los medios”.

“Así se fue ganando espacio, y ahora gais y trans tienen mucha visibilidad”.

Indígenas junto a una choza en la selva amazónica.

Getty Images
La diferente actitud ante la vida de los pueblos de la selva ha sido citada como una de las razones de la mayor tolerancia en Iquitos.

La bandera del VIH

Silvia Barbarán es una de las heterosexuales que se ha convertido en uña y carne con las personas LGTB.

En 2001 contrajo el virus del VIH y decidió lanzarse a concienciar a sus vecinos de los riesgos de una enfermedad que todavía hoy muestra una alta prevalencia en la región de Loreto.

Así montó Lazos de Vida, la asociación en la que atiende a niños portadores del virus, lo que la puso en contacto con muchos activistas LGTB comprometidos en la misma causa.

“El movimiento gay fue muy activo en educar a la población en que había que protegerse del virus. Eso ayudó mucho, porque la gente empezó a ver que no eran personas dedicadas solo a la fiesta, sino vecinos implicados en su comunidad”.

Su labor presionó además al gobierno en Lima para extender los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, que entonces eran muy difíciles de encontrar en Iquitos.

Años de activismo y movilización desembocaron en la aprobación en 2010 de una ordenanza regional que reconocía una protección especial y una participación reforzada del colectivo LGTB. Más tarde se acompañó de una estrategia para la prevención del acoso escolar por motivos de género en las escuelas.

Barbarán concluye satisfecha que “hoy hay un movimiento LGTB muy fuerte”.

Un movimiento que en los años de la pandemia, cuando Perú era uno de los países que más sufría el golpe de la covid, recurrió a la imaginación para celebrar la fiesta del Orgullo sin violar las restricciones de las reuniones públicas y organizó una marcha que, en lugar de discurrir en carrozas por el centro de la ciudad, lo hizo en pequeñas embarcaciones por el río Itaya, uno de los que rodean Iquitos.

En 2022, tras una larga espera, el Orgullo volvió a tierra firme. “Vienen muchas familias, como antes de la pandemia”, celebra Barbarán.

Retos pendientes

Pero incluso desde dentro de la comunidad LGTB iquiteña hay voces que advierten de que no se deben lanzar las campanas al vuelo.

El panorama general en el país no invita al optimismo.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en un debate electoral.

Getty Images
Pedro Castillo y Keiko Fujimori coinciden en su rechazo a las uniones no heterosexuales.

Tras una larga batalla judicial, el Tribunal Constitucional volvió a rechazar recientemente el recurso presentado por Susel Paredes, una congresista que reclama que se reconozca su matrimonio con otra mujer celebrado en Estados Unidos.

Y el Congreso aprobó en mayo un proyecto de ley que según sus detractores impedirá el enfoque de género y la educación sobre la igualdad y la diversidad sexual en las escuelas peruanas.

El rechazo a la unión entre personas del mismo sexo es uno de los aspectos en los que coinciden el presidente Pedro Castillo y la que fue su rival en las últimas elecciones, Keiko Fujimori, una coincidencia en la que muchos aprecian el peso que tienen en Perú visiones conservadoras de la sociedad y la familia defendidas por las iglesias católica y evangélicas.

BBC Mundo trató de recabar la visión del Gobierno, pero el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no respondió inmediatamente a una dolicitud de comentarios.

En la región de Loreto la prevención del VIH sigue siendo asignatura pendiente.

Es la segunda región con más casos del país solo superada por Lima Metropolitana.

Carol Carobi, funcionaria del Gobierno Regional y una de las pocas mujeres trans que ocupa un cargo público en el país, destaca que “los trans todavía estamos peor que los gais y seguimos conviviendo con el estigma también en muchos lugares de Iquitos”.

“Hemos empezado a ganar espacios, pero aún estamos en un proceso”.

Silvia Barbarán señala cuáles deben ser los próximos desafíos: “En los últimos años en Iquitos hemos avanzado muchísimo, pero el reto es ahora ocupar otros espacios en la sociedad, también los cargos políticos. Y para eso hay que estudiar”.


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