“No estamos preparados ni para detener a un robacoches”, dicen policías de la montaña de Guerrero

Estos son los resultados del estudio “Alcozauca. Ser policía municipal en la montaña de Guerrero”, realizado por el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), el Monitor Civil de las Policías y los Cuerpos de Seguridad de la Montaña (MOCIPOL) en colaboración con el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y el Centro de Análisis e Investigación Fundar.

“No estamos preparados ni para detener a un robacoches”, dicen policías de la montaña de Guerrero
Foto: Cuartoscuro. Cuartoscuro
Foto: Cuartoscuro.
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Las policías en municipios de la montaña de Guerrero saben que el principal problema que enfrentan es el tráfico de drogas, pero reconocen que su preparación no alcanza ni para combatir el robo de autos. Tienen claro que ser policía municipal significa tener condiciones laborales precarias, equipo insuficiente y lidiar con la corrupción y tráfico de influencias en los ministerios públicos.

Además de ser vulnerables, también son utilizados políticamente porque los cuerpos policiales se renuevan cada tres años, con nuevo director y nuevos agentes que los propios alcaldes contratan de manera directa, lo que genera “una percepción de lealtad a quien los contrata y no al ciudadano”.

Así lo explica el diagnóstico cualitativo “Alcozauca. Ser policía municipal en la montaña de Guerrero”, realizado por el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), el Monitor Civil de las Policías y los Cuerpos de Seguridad de la Montaña (MOCIPOL) en colaboración con el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y el Centro de Análisis e Investigación Fundar.

Como parte del estudio, los investigadores realizaron entrevistas y reuniones con los policías de Alcozauca, mandos y organizaciones de la sociedad civil durante 2012, dos años antes de que el papel de los policías municipales se colocara de nuevo en el debate a raíz de la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, ocurrido el 26 de septiembre pasado.

Sin embargo, desde entonces se había identificado que la fácil infiltración del crimen organizado era parte de la complejidad de zonas tan vulnerables como Guerrero, que derivó en casos como el de los normalistas y los miles de muertos y desaparecidos.

Los grupos delincuenciales tienen campo de acción al ofrecer a los campesinos un modo de subsistencia a través del cultivo de estupefacientes; o bien reclutan “por lo general jóvenes que no tienen otras opciones de vida” como narcomenudistas o incluso sicarios”, dice el estudio.

“Se genera así un espacio propicio para la intromisión de estos grupos delincuenciales, favorecido además por una cultura política, aún de corte autoritario, que ha beneficiado a pequeños grupos de privilegio, que secuestran bajo sus intereses alcaldías y hacen de la corrupción una práctica de dimensiones culturales dentro de las propias instituciones municipales”, refiere el documento.

“No estamos preparados para detener a un robacoches”

En el municipio Alcozauca solo existen 33 policías para cuidar a una población de 18 mil 971 habitantes. Además de la seguridad pública, se encargan de otras tareas como escoltar a enlaces del programa federal Oportunidades, rehabilitar o limpiar espacios públicos, sofocar de incendios, tareas de protección civil, arreglo de tuberías de agua potable, entre otras.

En su actividad diaria, dicen, uno de los obstáculos es la corrupción en los órganos de justicia encargados de la investigación, que frenan el proceso judicial debido a los sobornos.

Los policías comentan que “como se da la corrupción, (los detenidos) por dinero salen y son puestos en libertad, y nuestro trabajo ¿dónde quedó?”. Otro relata: “Por ejemplo, con el caso del policía que mataron, nosotros detuvimos al que lo mató, pero parece que ya salió. Entonces él nos tiene coraje por eso y tenemos que cuidarnos, porque puede vengarse de nosotros”.

En las encuestas afirmaron que el principal problema de inseguridad en la comunidad es el tráfico de drogas, pero reconocen que no están capacitados ni siquiera para combatir otros delitos. “Es que nosotros no estamos preparados para detener a un robacoches, para eso estamos, pero no estamos preparados”, dicen.

Como el resto de los habitantes, tienen miedo de lo que ocurre en su comunidad, según afirma uno de los encuestados: “La familia empieza a preocuparse, nosotros nos encomendamos a Dios porque en el camino nomás nos están ubicando”.

Otro explica que carecen de protocolos estructurados de capacitación, pues al ingresar solo se les informa de una regla clara: “lo primero que me dijeron que tenía que tener era disciplina. Llegar a las 7 horas, respetar y obedecer al comandante, a los superiores”.

Tampoco conocen el reglamento del Bando de Policía y Buen Gobierno en el que se incluye su actuación, es decir, desconocen sus derechos y obligaciones y cometen abusos hacia la población, como reporta el Monitor Civil de la Policía de La Montaña de Guerrero, quien recibió 381 quejas interpuestas por ciudadanos hacia los distintos cuerpos policiales de 2007 a 2011.

El estudio advierte que el trato policial “es una fibra sensible en la interacción entre el policía y el ciudadano”, porque golpear a un detenido es “no sólo un abuso contra los derechos humanos sino una confirmación de una manera, histórica ya, de convivencia con las instituciones estatales”.

De ahí que la imagen del policía en la comunidad ha dejado de ser una figura respetable para ser “una figura temida, desconfiada, forzada a servir los intereses del presidente municipal en turno, de grupos de poder en el municipio”.

Se trata de individuos que viven un conflicto con los intereses de la comunidad y con él mismo, “el ser humano policía no escapa de las mismas condiciones sociales que determinan la desigualdad en La Montaña y por ende en Alcozauca”.

Policías campesinos

En un municipio de la montaña de Guerrero como Alcozauca, 90% de la población vive en pobreza moderada y extrema, según datos del Consejo Nacional de Evaluación (CONEVAL), y el promedio de escolaridad es de 3.3 años, aun cuando la obligatoriedad es de nueve años.

Los policías del municipio forman parte del mismo panorama. La edad media es de 30 años, con un promedio de escolaridad de 5.5 años y solo ocho uniformados concluyeron la secundaria. Algunos hablan lengua indígena y les es difícil comunicarse en español.

Para sostenerse económicamente deben realizar actividades adicionales, según refiere el director de la Policía Municipal de Alcozauca: “Es gente campesina, es gente necesitada de un trabajo. Desafortunadamente las fuentes de empleo en Alcozauca no se dan en racimos y tienen que buscarle de albañil, de campesinos, chalanes o policías”.

Los policías tampoco tienen casa propia y 90% carece de prestaciones laborales como el servicio de salud, lo que significa “una realidad muy dura, ya que se han llegado a presentar accidentes graves en el ejercicio de la labor policial y los policías afectados han quedado desprotegidos”, dice el estudio.

Además, su permanencia está a merced de los políticos, más que a su desempeño debido a que la policía está supeditada al relevo en la alcaldía, es decir, se reinicia cada tres años, no sólo por la llegada de un nuevo director de Seguridad Pública Municipal, sino porque prácticamente todos los policías de línea son sustituidos, con lo que se anula la posibilidad de realizar una carrera en el servicio policial.

Uno de los policías entrevistados afirma: “Ya el próximo mes llega el nuevo presidente, así que como nosotros no somos de su grupo pues ya nos vamos”. “Lo anterior provoca que los policías que entran en cada administración ubiquen al presidente municipal o director de Seguridad en turno como una figura de lealtad por el ‘favor’ de contratarlos, de ‘darles chamba’, antes que priorizar una conciencia de compromiso con la ciudadanía”, sostiene el estudio.

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