Un estudio artístico sobre el beso mexicano
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Luis Cobelo

Un estudio artístico sobre el beso mexicano

El fotógrafo Luis Cobelo realizó "Besos y más Kisses", un experimento videoartístico que no tiene que ver con el simple gusto por grabar besos. Según explica, parece tratarse casi de un análisis sociológico.
Luis Cobelo
Por Jaled Abdelrahim de Yorokobu
25 de abril, 2015
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Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Ella está ligeramente inclinada hacia delante. Él, en la silla de enfrente, tiene la misma posición. Los cuellos ladeados, los ojos cerrados y las manos femeninas posadas a la mitad de los muslos de su adversario. Los cuatro labios se abren y se cierran, las barbillas se retuercen con cada tirón de los mentones y las narices se rozan y se aplastan sin aparente sufrimiento. En ocasiones se pueden ver las lenguas. Uno se la muerde al otro y el otro al uno. Después las bocas vuelven a cerrarse y siguen posadas la una sobre la otra como los portones de dos fortalezas esperando a que la otra toque de nuevo la trompeta de ataque. Listas para allanar la oscuridad del pasional enemigo. En total son 5 minutos de beso interminable lo que el fotógrafo Luis Cobelo ha pedido a sus voluntarios que demuestren ante la cámara.

El experimento videoartístico que este creativo ha querido realizar junto al editor Carlos Díaz no tiene que ver con el simple gusto por grabar besos. Según explican, parece tratarse casi de un análisis sociológico.

Cobelo, venezolano y caribeño de sangre, en los meses que lleva en México dice que ha percibido que las parejas mexicanas tienen una imantación pública que supera con creces los usos y costumbres de otros muchos países, «incluso los latinos», dice. Una opinión que sabe generalizada entre extranjeros en el país azteca.

«Ves parejas besándose en todas partes: en la calle, en el metro, en el autobús… en cualquier lado», explica el fotógrafo los motivos por los que inició este proyecto llamado Besos y más Kisses. «El mundo pasa y como si nada para ellos. Esa imagen del barullo en el metro totalmente repleto de gente, y esa pareja que está como si no fuera nada con ellos».

«Yo creo que sí es cierto que nos besamos más que en otros países», apoya la moción Miguel Dávila, el último voluntario que se bajado del taburete de los morreos. «Nos gusta expresar nuestro afecto. Yo he viajado y he vivido en Estados Unidos, y fuera no son tan expresivos y afectuosos como nosotros, las parejas casi no se tocan fuera de casa».

– ¿Qué opinas cuando ves a una pareja besándose por la calle?, pregunta Cobelo en una pequeña entrevista a cada una de las parejas participantes.

– Yo pienso que puede llegara ser aburrido, responde Dávila rápidamente aún con la cabeza enrojecida del esfuerzo.

(Ha habido un error en la grabación y es necesario que repita la respuesta. Para esta ocasión al besucón ya le ha dado tiempo a echar un vistazo fugaz a su pareja).

– ¡Repetimos!

– Pues cuando veo a gente besarse por la calle se me antoja, dice ahora Dávila.

-Pero acabas de decir que es aburrido.

-No, pero ya lo pensé. En realidad se me antoja, y me entran ganas de besar a mi novia.

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Cobelo decidió abordar este experimento porque opina que la sociedad en México está compuesta de dos clases de personas respecto a la pasión pública: «Los que no paran de besarse en la calle, y los que se sienten muy incómodos con que otros lo hagan». «Es paradójico. Es una sociedad conservadora, pero a la vez, parece como si un día les hubieran dicho que sí se podían besar en la calle, y vaya si muchos empezaron a hacerlo».

Según afirman los productores, la intención del resultado final (que saldrá editado en un mes aproximadamente) es «que la gente se aburra. ¿Quién va a aguantar una hora y media de video de gente besándose?». «Por una parte es un mensaje para esa parte de la sociedad que no le gusta que otros se den esos besos por la calle», explica Cobelo. «Se trata de besos en público, que bonitos no son, pero hay que reconocer que en el beso todo empieza, así que hay que respetarlos; Por otra parte también es un mensaje para los besucones mexicanos. Me he fijado que la gente aquí está pegada pero no termina de besarse bien, no termina de darse el lote, se besan con los ojos abiertos… Para estos es una llamada de atención, para que ya que no les importa besarse en público, que lo hagan bien. Los besos no se pueden tomar a la ligera. Son demasiado importantes para desperdiciarlos».

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Además del video con todos los besos de los participantes, Besos y más Kisses se presentará como un montaje de fotos y de video en versión muestra. «Los besos los ha trabajado mucha gente, hay besos muy famosos en el mundo del arte como el de Warhol», reconoce al autor. «Pero pienso que este proyecto es novedoso porque nadie ha hecho esto antes, mostrar el aburrimiento del beso».

Otro hecho que se le hace morbosamente entretenido al venezolano es que los participantes conserven este recuerdo. «Es curioso tener guardado un beso propio de cinco minutos, sobre todo porque probablemente muchas de estas parejas dejarán de estar juntas en el futuro, y su beso se quedará grabado para siempre», dice bajito para que no le oigan los tortolitos que andan haciendo de modelos.

Pretenden hacer una segunda parte del proyecto en la que, en vez de en un estudio del Gimnasio del Arte, los voluntarios se besen en la calle para poder captar las reacciones del público. «Esa es la otra parte a estudiar del fenómeno».

«Hay besos con más lengua, con menos lengua, más chupones, morreos increíblemente fuertes, con la lengua fuera, un poco porno, más infantiles…», dice Cobelo, «tan aburridos, tan excitantes, tan importantes y tan simples como lo que son: besos».

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

Proyecto Besos y más Kisses. Foto: Luis Cobelo.

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Las ‘Soñadoras afganas’, el equipo adolescente de robótica que recibió asilo en México

Las llaman las "Afghan Dreamers" y eran vistas como una de las promesas de la ciencia y la tecnología en Afganistán. Esta es su apasionante historia llena de desafíos.
26 de agosto, 2021
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Las llaman las “Afghan Dreamers” (las soñadoras afganas) y eran vistas como una de las promesas de la ciencia y la tecnología en su país.

Son un grupo de unas 20 adolescentes de entre 13 y 18 años que formaron el primer equipo femenino de robótica de Afganistán, una nación donde el desarrollo de la ciencia nunca fue una aspiración generalizada (y mucho menos hecha por mujeres).

Si lo lograron fue porque muchas de ellas nacieron -y todas crecieron y estudiaron- en un país que, de alguna forma, ya no existe.

El pasado 15 de julio, los talibanes -que gobernaron Afganistán con mano férrea y restringieron los derechos de las mujeres en la década de 1990- regresaron al poder, luego de que el gobierno huyera y el Ejército no ofreciera prácticamente resistencia a los militantes islámicos.

Desde entonces, miles de personas como las “soñadoras afganas” han tomado la difícil decisión de abandonar su país y buscar refugio por temor a represiones o ajustes de cuentas de los talibanes.

No todos han logrado escapar y las imágenes del caos en el aeropuerto de Kabul se repiten día tras día.

Sin embargo, después de cruzar por seis países y tras numerosos trámites consulares y burocráticos, las cinco adolescentes que formaron el equipo de robótica en sus inicios (Fatemah Qaderyan, Lida Azizi, Kawsar Roshan, Maryam Roshan y Saghar Salehi) recibieron este martes asilo temporal en México.

“Un mundo con igualdad de género”

Ellas fueron las primeras de un numeroso grupo de refugiados afganos que llegará a México y a otros países de América Latina en los próximos días mientras continúan los vuelos de evacuación y se resuelve su paradero final.

“Recibimos a las primeras solicitantes de estatus humanitario en México provenientes de Afganistán, ellas forman parte del equipo de robótica de ese país y defienden un sueño: un mundo con igualdad de género. Bienvenidas”, tuiteó el canciller mexicano, Marcelo Ebrard.

Según informó el gobierno, las jóvenes recibieron un visado por razones humanitarias con el cual podrán permanecer en el país por 180 días, con posibilidad de extensión.

Asimismo, indicó que recibirán alojamiento y alimentación gratis gracias al apoyo de varias organizaciones.

Grupos de derechos humanos agradecieron la iniciativa pero criticaron cómo la bienvenida a las jóvenes afganas contrasta con el trato que reciben otros migrantes en la frontera sur de México, que en ocasiones son retornados a sus países y muchos denuncian ser víctimas de abusos, malos tratos y violencia.

Esta madrugada, México recibió a otro grupo de 124 personas procedentes de Afganistán compuesto por periodistas y sus familiares.

Quiénes son las jóvenes

El grupo de “soñadoras afganas” fue creado hace cuatro años por Roya Mahboob, una emprendedora tecnológica que dirige el Digital Citizen Fund, un grupo que imparte clases para niñas en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y robótica.

El proyecto, que tuvo como centro la provincia de Harat, en el oeste de Afganistán, tenía como objetivo promover la ciencia y empoderar a las menores afganas en una nación donde el rol de las mujeres estuvo limitado al hogar durante los años del poder talibán.

Poco después de la creación del grupo, en 2017, las adolescentes comenzaron a recibir atención internacional cuando ganaron el Premio Especial en el Campeonato Internacional de Robótica celebrado en Washington DC.

Refugiados afganos en México

Getty Images
México recibió este miércoles a otro grupo de refugiados afganos, en su mayoría periodistas y sus familiares.

Su premio sorprendió no solo por tratarse de adolescentes que llegaban de un país donde las mujeres y niñas carecían de derechos elementales hasta hacía poco, sino también porque tuvieron que sortear numerosas odiseas para llegar a EE.UU.

Tras ser aceptadas para la competencia -la primera vez que alguien de Afganistán lo conseguía- recorrieron más de 800 kilómetros por carretera desde sus hogares en Harat hasta la embajada estadounidense en Kabul.

Al llegar allí, sin embargo, les negaron la visa. Lo intentaron otra vez y le fue denegada de nuevo.

Solo una intervención especial del entonces presidente Donald Trump permitió el viaje, aunque la visa no fue el final de sus peripecias.

Poco antes de del vuelo, el gobierno afgano les confiscó los materiales de robótica con los que pensaban presentarse a la competencia.

No obstante, lograron finalmente llegar hasta Washington donde captaron la atención de la prensa estadounidense tras todos los obstáculos vividos en su viaje.

En época de coronavirus

Después de esto, las adolescentes ganaron también renombre en Afganistán.

Cuando comenzó la pandemia el año pasado, fueron convocadas junto a un grupo de médicos, ingenieros y académicos para intentar buscar soluciones a un desafío.

Harat, la provincia donde vivían, estaba sufriendo los embates del covid-19 por una creciente escasez de respiradores artificiales.

Las jóvenes propusieron entonces un proyecto para tratar de ayudar a su comunidad: construir unos respiradores utilizando un diseño de ingenieros del MIT de EE.UU. y piezas de repuesto de autos Toyota Corolla.

Tras contactar a los expertos estadounidenses para usar el prototipo se pusieron manos a la obra. Muchas trabajaban en ayunas por encontrarse entonces en el mes de Ramadán, en el que los creyentes islámicos no comen hasta la puesta del Sol.

Las cuarentenas las obligaban además a trabajar de manera individual. Algunas incluso se reunían solo enel momento de ensamblar las piezas en la que trabajaba cada una (varias se enfermaron de covid en esos meses).

La huida

Con el paso del tiempo y al hacerse reconocidas internacionalmente, al grupo se le fueron sumando otras miembros nacidas casi todas después de 2001, cuando el Talibán perdió el poder tras la invasión de EE.UU.

Con el regreso del grupo islámico hace 10 días, muchas temieron ser víctimas de represalias. Tras varios intentos fallidos, lograron volar inicialmente a Qatar, donde las primeras cinco integrantes del grupo supieron que México les había aprobado el asilo.

“No solo salvaron nuestra vida sino también nuestros sueños, que buscamos se hagan realidad (…)”, dijo una de las jóvenes en una conferencia de prensa este martes tras llegar al aeropuerto de Ciudad de México.

Jóvenes afganas en México

AFP
Las jóvenes agradecieron a México por recibirlas.

La joven explicó que, dado que los talibanes retomaron el poder la situación ya no estaba “a nuestro favor”.

“En este régimen, las niñas nos vemos con dificultades (…) por eso agradecemos estar aquí”, dijo.

También indicó que, bajo la interpretación de la ley islámica que hace el grupo, sería muy difícil para ellas seguir dedicándose a la ciencia.

“Nuestra historia no terminará triste por los talibanes”, aseguró la joven.

Según reportes de medios de EE.UU. algunas ya han recibido ofertas de becas para estudiar en algunas universidades estadounidenses.


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