“Autoridades trataron a mi padre como a un animal”: hija del periodista Armando Saldaña
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“Autoridades trataron a mi padre como a un animal”: hija del periodista Armando Saldaña

La familia del periodista veracruzano asesinado el pasado 4 de mayo -el número 12 desde que Javier Duarte gobierna la entidad-, exige que sea la Fiscalía de Veracruz la que asuma el caso, tras denunciar un trato "pésimo" por parte del Ministerio Público de Acatlán, municipio oaxaqueño donde apareció el cuerpo del reportero.
El Mundo de Córdoba
Por Manu Ureste
12 de mayo, 2015
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El periodista veracruzano, Armando Saldaña. //Foto: facilitada por El Mundo de Córdoba

El periodista veracruzano, Armando Saldaña. //Foto: facilitada por El Mundo de Córdoba

A las cuatro de la madrugada del martes 5 de mayo, Marslen y sus hermanos caminan en silencio por las calles vacías de Acatlán de Pérez, el municipio oaxaqueño donde unas horas antes apareció con cuatro balazos el cuerpo sin vida de su padre, el periodista veracruzano de 52 años Armando Saldaña.

Aún en estado de shock por la noticia, los hermanos deambulan en plena noche cerrada por los alrededores del cementerio en busca de algún agente del Ministerio Público (MP) de Acatlán que los acompañe, o al menos les indique dónde se encuentran los restos mortales de “Saldaña”, el reportero asesinado número 17 en el estado de Veracruz desde el año 2000 a la fecha, y el número 12 desde que el priista Javier Duarte accedió a la gubernatura en el verano de 2010.

Pero en el panteón no hay ningún agente del MP. Ni de la policía municipal, ni ninguna autoridad. Nadie. Sólo una puerta entreabierta recibe a los hijos del periodista, que durante minutos caminan a tientas entre lápidas y arreglos florales hasta que, al fin, dan con un lugar al que llaman ‘centro de descanso’.

Allí, en una pequeña habitación de cuatro metros cuadrados y un techo de lámina, yace abandonado sobre una plancha de cemento el cadáver de Armando Saldaña.

“Trataron a mi padre peor que a un animal”, espeta la hija del periodista, quien describe la escena anterior en una entrevista con Animal Político.

“Los del MP de Acatlán sólo nos dijeron: ‘Tu padre está en el panteón. Ve a recogerlo’”, añade Marslen, quien además denuncia que todavía el viernes 8 de mayo, cuatro días después de que Armando Saldaña apareciera muerto la tarde del lunes 4, las autoridades oaxaqueñas aún no tenían listos los resultados de la necropsia.

“Dicen que es que la están ‘perfeccionando’ –explica con un tono de hastío en la voz-. Pero la verdad no sabemos cómo la van a perfeccionar, si lo único que tienen que hacer es el informe, anexar las evidencias, y ya. Además, aún no nos han entregado ninguna pertenencia de mi padre, ni nos han dicho qué es lo que están investigando, ni tampoco nos dieron ningún número de averiguación, ni nada”.

“De las autoridades de Veracruz no sabemos absolutamente nada”

Por este motivo, aunque las autoridades del estado de Veracruz ya se apresuraron el martes 5 de mayo a informar que el asesinato de Armando Saldaña es un asunto que “acontece a Oaxaca” y al que el gobierno de Javier Duarte “es totalmente ajeno”, la familia del comunicador exige que sea la Fiscalía veracruzana la que asuma las investigaciones.

“De Veracruz no sabemos absolutamente nada. El Gobierno de Duarte se deslinda porque dice que el cuerpo de mi padre apareció en Oaxaca, y que es cosa de la Procuraduría oaxaqueña investigar. Pero mi padre era un periodista veracruzano, entonces ¿cómo le va a dejar la responsabilidad a Oaxaca?”, cuestiona Marslen, quien recuerda que su padre ejerció durante más de 25 años la labor periodística para múltiples medios de comunicación de esta entidad, como El Mundo de Córdoba, El Sol, la Crónica de Tierra Blanca, o más recientemente la emisora radiofónica Ke Buena, en la que dirigía un espacio radiofónico todos los sábados llamado La grilla, punto y debate.

No obstante, pesar del anuncio de la Procuraduría de Veracruz, y de su lentitud para investigar otros homicidios de periodistas, como el caso reciente de Moisés Sánchez, director del semanario La Unión asesinado en Medellín el pasado 2 de enero, y en cuyo caso después de cuatro meses aún siguen libres cinco presuntos agresores y el autor intelectual, Marslen insiste que sea la Fiscalía de su estado la que lleve el caso.

“Yo confiaba más en la Procuraduría de Veracruz que en la de Oaxaca. Porque allí sólo nos dijeron: ‘Ah, ¿se murió tu padre? Qué bueno, pasa a recogerlo’. Así funcionan las cosas en Oaxaca. El trato es pésimo, pésimo, pésimo”, repite Marslen, quien por el contrario sí destaca la atención que ha recibido de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la organización civil Reporteros Sin Fronteras, y también de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

“De la FEADLE no tenemos ninguna queja –admite rápidamente cuando se le cuestiona al respecto sobre la labor de esta Fiscalía especializada, la cual ha recibido críticas en el caso de Moisés Sánchez, debido a que hasta la fecha no ha atraído el caso-. Vinieron y nos tomaron declaración con mucha atención. Pero tuvo que venir el MP federal a Acatlán porque los de Oaxaca no hacen su trabajo como debe ser. Y ese es el coraje que tenemos con las autoridades”, concluye la hija del periodista asesinado.

Ante los señalamientos de la familia de Armando Saldaña sobre el trato recibido, Animal Político se puso en contacto con la Subprocuraduría Regional de la Cuenca, distrito Tuxtepec -del que depende el MP de Acatlán- para obtener su versión de los hechos. Sin embargo, personal de esta Subprocuraduría remitió a la FEADLE para cualquier comentario de la investigación del caso.

Lee el perfil que Animal Político publicó el 7 de mayo titulado:Así hacía periodismo Armando Saldaña en uno de los estados más peligrosos para la prensa’

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Segunda Guerra Mundial: la monja que salvó en secreto a 83 niños judíos de la persecución nazi

Un convento del sur de Francia refugió a decenas de niños judíos durante la invasión alemana.
6 de septiembre, 2020
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Denise Bergon

BBC
La hermana Denise Bergon se convirtió en la salvadora de muchas familias judías.

Dos niñas judías de la región de Alsacia corrieron un gran peligro cuando Alemania invadió Francia hace 80 años.

Mientras sus padres y hermana menor fueron capturados y asesinados, ellas sobrevivieron junto a decenas de niños judíos.

Y todo gracias a la valentía de una monja de un convento cerca de Toulouse.

Hélène Bach tenía 12 años y jugaba en el jardín junto a Ida, su hermana pequeña. Entonces vieron cómo se acercaba rápido un camión militar.

Las dos niñas y su madre abandonaron su casa en Lorena, al noreste de Francia, tras la invasión alemana en mayo de 1940. Se dirigieron hacia la “zona libre” en el sur del país.

Para evitar que toda la familia fuese capturada, decidieron que el padre, Aron y la hija mayor, Annie, viajaran separados.

Pero cuando Aron y Annie fueron arrestados en 1941 y llevados a un campo de detención cerca de Tours, la madre de Hélène rentó una casa en la zona.

Allí se quedaron viviendo durante un año, hasta que llegó un vehículo con soldados alemanes.

Hélène e Ida, de ocho años, corrieron a la cocina para avisar a su madre.

“Mi madre nos dijo que huyéramos y nos escondiéramos en el bosque. Tomé la mano de mi hermana pequeña pero no quería venir conmigo. Quiso regresar con su madre. La dejé ir y volvió”, dice Hélène.

Escape

Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

BBC
Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

Sola en el bosque, Hélène permaneció escondida hasta que todos se fueron.

Entonces volvió a la casa y encontró algo de dinero que su madre dejó sobre la mesa.

“Sabía que regresaría”, dijo.

Hélène se fue a la casa de unos amigos en la zona. Jamás volvió a ver a su madre y hermana pequeña.

La hermana mayor de Hélène, Annie, también logró escapar. Tras pasar un año en el campo de Tours, consiguió escabullirse entre las verjas y salir corriendo.

Annie, de 16 años, viajó sola hasta la casa de su tía en Toulouse, pero ni siquiera allí estaba a salvo.

La familia de su tía no estaba registrada como judía y podía hacerse pasar por católica, pero Annie no podía.

Un día en otoño de 1942, la policía llamó a la puerta. Ordenaron que se les mostrara el libro de familia de todos.

“La suerte de mi vida fue que Ida, mi prima, había ido a comprar el pan. Así que mi tía me presentó como Ida. Por eso a veces creo en los milagros”, cuenta Annie.

Poco después de la llegada de Annie a Toulouse, su tía recibió una carta de Hélène desde su escondite. Entonces coordinó su rescate.

Así, una joven mujer de la Resistencia Francesa se presentó una noche en la casa donde Hélène se estaba quedando.

“Dijo que venía a buscarme”, recuerda.

Para mostrar confianza, la mujer le enseñó una fotografía suya que su tía le había dado.

La familia Bach antes de la guerra.

BBC
La familia Bach tuvo que huir de forma separada. No todos corrieron con la misma suerte.

Fue un viaje difícil. La mujer llevaba documentos falsos en que ambas eran descritas como estudiantes. Fueron detenidas e interrogadas en varias ocasiones.

Políticas antijudías

El gobierno del mariscal Philippe Pétain, con sede en Vichy, aprobó leyes antijudías, permitió que los detenidos en Baden, Alsacia y Lorena fueran internados en su territorio y confiscó varias propiedades y negocios.

El 23 de agosto de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Geraud Saliège, escribió una carta a sus clérigos pidiéndoles que la leyesen a sus congregaciones.

“En nuestra diócesis han ocurrido escenas perturbadoras. Están separando familias y mandando a sus miembros a destinos desconocidos. Los judíos son hombres y mujeres, parte de la raza humana. Son nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarse de eso”, decía la carta.

El arzobispo protestó ante las autoridades por las acciones contra los judíos, pero la mayoría de la jerarquía católica francesa guardó silencio.

De 100 obispos franceses, Saliège fue uno de los únicos seis que se pronunciaron en contra del régimen nazi.

“Respuesta al llamado”

La monja Denise Bergon atendió al llamado de Saliège. Esta joven era la madre superiora del Convento de Nuestra Señora de Massip en Capdenac, situado a 150 kilómetros del noreste de Toulouse.

“Este llamado nos conmovió profundamente y tal emoción se apoderó de nuestros corazones. La respuesta favorable a esta carta fue testimonio de la fuerza de nuestra religión sobre cualquier raza o partido“, escribió Bergon en 1946, tras terminar la guerra.

El arzobispo de Toulouse.

BBC
El arzobispo de Toulouse fue uno de los pocos obispos que se pronunció en contra del nazismo.

“También fue un acto de patriotismo, ya que al defender a los oprimidos estábamos desafiando a los perseguidores”, añadió.

El convento gestionaba un internado y Bergon confiaba en que fuese posible esconder niños judíos entre sus alumnos católicos. Sin embargo, le preocupaba poner en peligro a las otras monjas y el acto de deshonestidad que supondría su idea.

Pidió consejo al arzobispo Saliège y la respuesta fue clara: “Mintamos, hija mía, siempre y cuando salvemos vidas humanas”.

83 niños judíos

En el invierno de 1942, la hermana Bergon recogió a varios niños judíos que se escondían en los bosques y valles en las inmediaciones de su región.

Mientras las tropas alemanas y fascistas intensificaron la búsqueda de judíos, el número de niños refugiados en el convento llegó a ascender a 83.

Entre ellos se encontraba Annie, cuya tía consideró que allí estaría más segura que en Toulouse. Poco después, también llegó Hélène, acompañada por su guía de la Resistencia.

Denise Bergon junto a una chica, posiblemente Annie.

BBC
Annie junto a la hermana Bergon.

“Al llegar, la hermana Bergon me llevó a una habitación e intentó hacerme sentir que mis padres seguían aquí. Se portó como si fuera mi madre”, describe Hélène.

Pero a la chica le pesaba mucho lo que había sucedido con Ida, su hermana pequeña.

“Siempre pensaba que si mi hermana no me hubiera soltado la mano, ahora estaría en el convento conmigo”, dice.

Albert Seifer era otro de los niños de Alsacia que se refugió en el convento.

“Estábamos rodeados por muros altos, como en un fuerte. Estábamos muy contentos. No sentimos la guerra a pesar de estar rodeados de peligro”, cuenta Albert.

El jardín actualmente.

BBC
El convento dio refugio a 83 niños y a varias pertenencias de valor de sus familias.

Parientes y cuidadores enviaban s sus niños con dinero, joyas y otros bienes de valor para pagar por el refugio antes de intentar salir de Francia.

La hermana Bergon registró cómo transcurrieron esos días.

“Desde comienzos de 1944, la búsqueda de judíos se volvió más estrecha y numerosa. Nos llegaban solicitudes de refugio de todas partes. Recibimos cerca de 15 niñas pequeñas. Algunas de ellas consiguieron escapar milagrosamente de la persecución de la Gestapo”, escribió en 1946.

“Se convirtieron en nuestros niños. Nos comprometimos a devolverlos a salvo a sus familias”, añadió.

Además de Bergon, las únicas personas que sabían la verdad sobre el origen de los niños eran la directora de la escuela, el capellán y otras dos hermanas.

Las otras 11 monjas sabían que los niños eran refugiados de la región de Alsacia y Lorena, pero desconocían que eran judíos.

Como los niños no estaban familiarizados con los ritos católicos, la forma que encontraron de no levantar sospechas fue haciéndose pasar por comunistas.

“En el este de Francia había muchas ciudades industriales cuyos trabajadores eran comunistas. Hacíamos como que no sabíamos nada sobre religión”, dijo Annie.

Peligro extremo

Mientras la guerra se alargaba, los niños corrían más peligro y esto preocupaba a la hermana Bergon.

“Aunque todos los documentos comprometedores y la joyería de las familias de los niños estaban escondidos en varias esquinas del convento, no nos sentíamos seguros. Así que una noche, mientras todos dormían, cavamos un agujero profundo en el jardín del convento y enterramos todo lo que pudiera ser comprometedor”, escribió Bergon en su diario.

Ventana en uno de los dormitorios de los niños.

BBC
Mientras más se alargaba la guerra, más peligro corrían los niños.

Annie recuerda el día de 1944 en que abrió la puerta a un miembro de la Resistencia que se presentó en el convento con una advertencia.

“Rápido, debo hablar con tu directora. ¡Es muy urgente!”

El hombre contaba que el convento había sido denunciado, que se había corrido la voz de que ocultaba niños judíos.

La hermana Bergon trazó un plan con la Resistencia, quien accedió a lanzar tiros de advertencia si el enemigo se acercaba.

“Los niños dormirían emparejados: los mayores con los menores. A la primera detonación, se irían deprisa pero en silencio hacia los bosques y abandonarían la casa”, apuntó Bergon en su diario.

Pero pronto decidió esconder a los niños sin esperar a que llegaran los invasores. Un grupo, donde estaba Annie, fue llevado a la capilla.

“El capellán era un hombre fuerte y podía levantar los bancos. Abrió una trampilla en el suelo y nos metieron allí”, recuerda Annie.

El agujero medía 2,5 metros de largo y tenía 1,5 metros de altura.

Annie junto a la trampilla de la capilla.

BBC
Annie junto a la trampilla de la capilla.

Allí se escondieron siete niños durante cinco días.

No podían pararse o acostarse. Solo se les permitía salir por tiempos cortos, a primera hora de la mañana, para ejercitarse, comer, beber e ir al baño.

Aquellos días bajo el suelo marcaron a Annie para siempre. Desde entonces no puede dormir sin un pequeña luz encendida.

Hélène tuvo algo más de suerte y fue llevada a una casa con otra familia local.

Trampilla.

BBC
La trampilla donde escondieron a los niños es diminuta.

Las tropas alemanas no entraron en el convento, pero dejaron rastros de destrucción en las inmediaciones.

“Encontramos miembros de la Resistencia muertos y abandonados en el camino”, cuenta Annie.

Como muestra de respeto, depositaron flores encima de los cadáveres.

En junio de 1944, las tropas fascistas que rondaban el aire se desplazaron al norte para repeler los desembarcos de los Aliados en Normandía.

En el camino participaron en dos masacres para castigar a los lugareños por las actividades de la Resistencia en la zona.

Una vez en Normandía, fueron aplastadas por la Segunda División Blindada de Estados Unidos. Perdieron 5,000 hombres, más de 200 tanques y otros vehículos de combate.

Fin de la guerra

Tras la liberación del sur de Francia en agosto de 1944, los niños judíos comenzaron a abandonar el convento.

Albert Seifer se reunió con su familia, incluyendo su padre, quien logró regresar con vida del campo de concentración de Auschwitz.

Annie y Hélène no tuvieron tanta suerte.

Las hermanas Hélène y Annie en las puertas del convento.

BBC
Hélène y Annie siguen visitándose tanto como pueden.

Su tía sobrevivió, pero sus padres e Ida, la hermana pequeña, fueron asesinados en Auschwitz.

Annie se instaló en Toulouse, se casó, tuvo hijos y recientemente se convirtió en bisabuela. Todavía se reúne con Albert, ahora de 90 años.

Hélène se casó y tuvo un hijo, instalándose en Richmond, al oeste de Londres. Con 94 y 90 años, las hermanas viajan entre Londres y Toulouse para verse tan a menudo como pueden.

A ambas les entristeció despedirse de la hermana Bergon y la visitaron de forma regular el resto de su vida.

Cuando los hijos de Annie eran pequeños, los llevaba a menudo consigo para recordarles esa etapa de la historia, lo que soportó el pueblo judío.

La hermana Bergon permaneció en el convento y continuó trabajando hasta su muerte en 2006 a la edad de 94 años. Más adelante ayudó a niños desfavorecidos y luego a inmigrantes del norte de África.

Denise Bergon

BBC
La hermana Betgon continuó realizando labores humanitarias durante el resto de su vida.

En 1980 recibió honores por parte del Centro Conmemorativo del Holocausto y fue nombrada como “Justa de la Naciones”.

Una calle lleva su nombre en Capdenac, pero aparte de eso, el único monumento de su hazaña se encuentra en los terrenos del convento.

Foto de sobrevivientes junto a Bergon.

BBC
Hélène (a la izquierda), Annie (a la derecha) junto a la hermana Bergon en el memorial del convento.

“Este cedro fue plantado el 5 de abril de 1992 en memoria de la salvación de 83 niños judíos (de diciembre de 1942 a julio de 1944) por Denise Bergon (…) a petición de Monseñor Jules-Geraud Saliège, arzobispo de Toulouse”, dice la conmemoración.

Se encuentra cerca del lugar donde Bergon enterró las joyas, el dinero y los artículos valiosos que dejaron los padres, y que devolvió intactos después de la guerra para ayudar a las familias a comenzar de nuevo.


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