De México a Argentina: violencia y corrupción en el futbol latinoamericano
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De México a Argentina: violencia y corrupción en el futbol latinoamericano

Los recientes actos de violencia en partidos de futbol en Argentina y México ponen en relieve un problema tan conocido como ignorado: las barras bravas. ¿Por qué en la región se hace tan poco para enfrentarlas?
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Por Raúl Fain Binda, de BBCMundo
19 de mayo, 2015
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Aficionados de Boca

La agresión de los aficionados de Boca a los jugadores del equipo rival hizo que se suspendiera el encuentro.

Los graves hechos de violencia registrados en los últimos días en el futbol argentino y el mexicano han puesto en el centro de la atención pública un problema que normalmente se barre debajo de la alfombra: la responsabilidad social y política en los excesos de las “barras bravas”.

El ataque con líquido o gas “tumbero” (una mezcla de productos tóxicos con efectos similares al gas pimienta, utilizada por los presidiarios argentinos) a los jugadores de River Plate, en la cancha de Boca Juniors, provocó incredulidad e indignación tanto por su brutalidad como por la supuesta lenidad de la consiguiente sanción de Conmebol a Boca, responsable último de los hechos.

El caso mexicano tuvo características más convencionales: el fin de semana, en el estadio Jalisco, hinchas del Atlas, que jugaba con el Chivas, su tradicional adversario, se enfrentaron con la policía, ingresaron al campo de juego e intentaron agredir a jugadores y técnicos de su equipo, que estaba perdiendo.

Enfrentamientos en el estadio de las Chivas
La polícia también tuvo que intervenir en un partido de la liga mexicana.

El partido estuvo suspendido durante 20 minutos, pero pudo reanudarse, concluyendo con la victoria del Chivas por 4-1. El municipio de Guadalajara suspendió luego el Estadio Jalisco y las autoridades de varios clubes, entre ellos el Chivas, el Santos Laguna y el Querétaro, reiteraron un viejo anhelo: poner coto a “los grupos de animación que generen violencia en las tribunas”.

“Monjas de clausura”

Pero los “barras” del Atlas parecen monjas de clausura en comparación con los argentinos que atentaron con sustancias tóxicas contra jugadores rivales.

Boca y River se enfrentaban el jueves 14 en el segundo partido por octavos de la Copa Libertadores. El primer tiempo había terminado sin goles. De mantenerse el empate, River se clasificaría para los cuartos, ante Cruzeiro.

Marcelo Gallardo

Marcelo Gallardo, técnico del River, sale de la cancha bajo protección de la policía.

Cuando la visita regresaba al campo de juego, un grupo de boquenses, que había perforado la manga del túnel de ingreso, arrojó o inyectó un líquido que provocó “quemaduras químicas” (así las describió el médico encargado del control antidóping) a varios jugadores.

El partido fue suspendido definitivamente 70 minutos después de la agresión, a pesar de que los dirigentes de Boca insistieron en que se terminara de jugar.

El fallo de la Conmebol estuvo precedido de versiones sobre “un castigo ejemplar” a Boca Juniors, de hasta dos años de suspensión del estadio y la prohibición de participar en la próxima Copa Libertadores.

En realidad, la máxima autoridad del futbol sudamericano ni siquiera suspendió la cancha: dio la victoria a River, pero sólo castigó al club local con cuatro partidos (internacionales) a puertas cerradas y otros cuatro sin sus hinchas como visitante, además de una multa de US$200.000.

Aficionados de boca

El castigo al Boca no fue tan severo como muchos esperaban.

Se explicó que la aparente lenidad se debía a que el presidente de Boca, Daniel Angelici, que es abogado, asistió a la reunión en Asunción del Paraguay e informó que el club había hecho una denuncia ante la justicia argentina y que apoyaría la investigación de lo ocurrido y el castigo de los responsables.

Habría destacado que los jugadores no participaron en los hechos y también señalado diferentes interpretaciones de las normas sobre responsabilidad de las instituciones, así como la existencia de un acta de la policía habilitando el estadio para el juego y el hecho de que el ataque no pudiera preverse con los elementos de que disponía inicialmente el club anfitrión.

Policía en el campo, política fuera de él

Todo esto es discutible, pero sobre lo que no hay dudas es que las versiones previas sobre una “sanción severa” no se condecían con la tradicional cautela de un organismo federativo en el cual Boca Juniors tiene un peso considerable.

Algunas de esas versiones mencionaron la presión política de la FIFA, cuyo presidente, Joseph Blatter, tiene la reelección asegurada sin necesidad de los votos de la Conmebol, y que supuestamente pidió que se diera “un ejemplo”.

Policía en las canchas

Agentes de seguridad en las canchas: ¿una imagen cada vez más presente?

(Blatter tiene interés en aparecer como campeón de la justicia natural, en un marco de descrédito de su organización tras la controvertida designación de Qatar como sede del mundial de 2022 y otros episodios de corte similar.)

Pero si la FIFA y Blatter tienen sus razones políticas, la Conmebol también tiene las suyas y entre ellas no figura un “castigo ejemplar” a uno de los clubes más poderosos del continente, aun en el caso de que la FIFA, en represalia, le retirase el derecho de aspirar por repechaje a una quinta plaza en mundiales.

De concretarse esto último, sería un error atribuirlo a un gesto de nobleza de la FIFA, el deseo de atender a la moral pública por encima de los intereses corporativos: por supuesto que no; lo que ocurre es que desde hace tiempo busca un pretexto para eliminar esa rémora del derecho sudamericano a un repechaje por una quinta plaza en los mundiales.

En vida del argentino Julio Grondona, el influyente ex vicepresidente primero de la FIFA, su amigo Blatter nunca habría tomado esa decisión, pero ahora es más fácil. Cosas de la política.

Ya quedan muy pocos ingenuos que creen que los “barras” son jovencitos con mucha energía y poco seso, que se dejan llevar por la pasión de la divisa.

Son grupos organizados que ordeñan las numerosas oportunidades de lucro que se les presentan bajo la sombra protectora de los clubes y de los intereses económicos y políticos vinculados a los dirigentes. Algunas de esas actividades son legales, otras…

Esto, que en Argentina es más que evidente, también vale para otros países latinoamericanos, aunque sus casos no hayan despertado tanto eco.

En algunos países de otras regiones el control ha sido más eficaz, debido en buena parte a una mayor transparencia política.

En España, para mencionar un país próximo a nuestro carácter social y político, la muerte de un “ultra” del Deportivo La Coruña, asesinado por ultras del Atlético de Madrid antes de un partido, provocó una saludable reacción en la sociedad y las instituciones públicas, con varios clubes tomando medidas radicales contra los grupos violentos, a pesar del amparo que solían darles.

Habrá que ver cuánto dura esto, pero conviene tener en cuenta un par de antecedentes importantes:

  • Joan Laporta, expresidente del Barcelona, arriesgó mucho en 2003 al expulsar del Camp Nou a los Boixos Nois, los ultras del Barça. Debió contratar guardaespaldas, que en una ocasión frustraron un intento contra su vida.
  • Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, desplazó el año pasado a los Ultra Sur de su lugar preferido en el Estadio Bernabéu, consignándolos a unas gradas secundarias, sujetas a controles más estrictos.

Esto sugiere que en determinado momento de la maduración social, los líderes de las instituciones del futbol encuentran más ventajas políticas en la resistencia a los grupos violentos que en su utilización con fines espurios.

Cosas del folklore

Pero en Argentina muchos no quieren escuchar este tipo de razonamiento: el periodista Daniel Arcucci, de La Nación, fue calificado de “cipayo”, incapaz de “entender el folklore del futbol argentino”, por haber elogiado la actitud de los madridistas que ovacionaron a Pirlo, o de los hinchas del Bayern que aplaudieron a los jugadores del Barcelona.

La bombonera

Volviendo al caso de La Bombonera, más que un simple hecho de intimidación espontánea en un ámbito caracterizado por la violencia, el episodio se reveló como un acto criminal premeditado, con numerosos participantes que habrían sido identificados, ya que existen vídeos que han salido a la luz, en vez de ser guardados en un cuarto oscuro.

Al mismo tiempo, las investigaciones y pericias parecen confirmar algo que muchos observadores presumían: que la motivación principal no fue el odio al adversario tradicional, sino la necesidad de “mostrar huevos” y capacidad de violencia, con el fin de consolidar mediante la extorsión a un grupo que se sentía desplazado en la pugna por el amparo oficial y las habituales prebendas: viajes, reventa de entradas, venta de souvenirs, servicios a políticos de diversas filiaciones (seguridad, intimidación, organización de marchas y actos), etc.

Esto es de sobra conocido en Argentina. El periodista Ezequiel Fernández Moore, de La Nación, recuerda que en mayo de 2000 un grupo de “barras” de Boca, que pretendía consolidar su posición en “la interna” del club, hizo explotar tres bombas de estruendo en la cancha de Newell’s Old Boys.

Barras bravas

Quienes integran las barras bravas no son solo “jovencitos con mucha energía y poco seso”.

Ese procedimiento extorsivo tuvo éxito: el grupo fue aplacado con pasajes para viajar a Tokio, donde Boca venció al Real Madrid en la Copa Intercontinental, y poco a poco consolidó su posición hasta convertirse en la barra dominante.

Fernández Moore agrega que ahora “otros quieren formar parte de estos nuevos tiempos que prometen o prometían felicidad uno de los grupos que, supuestamente, habían amenazado con represalias porque lo habían dejado fuera del negocio”.

Ya en diciembre del año pasado, un artículo de Clarín advertía que “la interna de La Doce puede explotar”, al informar de la disputa entre las diversas facciones que se disputaban el control de la máquina de fabricar dinero.

No hay que engañarse, esto es un negocio; un negocio criminal, sí, pero negocio al fin, y entre la mugre están prendidos diversos intereses de lo más pulcros, de lo más respetables.

Estamos esperando que pase una desgracia real, que maten a alguien, para entonces de verdad tomar cartas en el asunto”

Néstor de la Torre, el presidente del Chivas
AFP

Por eso habrá que tomarle la palabra a Néstor de la Torre, el presidente del Chivas, cuando se pregunta si “estamos esperando que pase una desgracia real, que maten a alguien, para entonces de verdad tomar cartas en el asunto”.

El problema es que ya han matado a varios en el futbol latinoamericano. Pero si entramos en eso este artículo se haría interminable.

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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