“Nada más oía cómo zumbaban las balas”, dice policía que participó en el enfrentamiento de Michoacán

Habitantes de las poblaciones cercanas a el Rancho El Sol, localizado entre Ecuandureo y Tanhuato, Michoacán, desconocen qué fue lo que pasó y aseguran que nunca vieron a las personas que murieron en su interior.

“Nada más oía cómo zumbaban las balas”, dice policía que participó en el enfrentamiento de Michoacán
El Rancho El Sol pertenece a dos municipios Tanhuato y Ecuandero. // Foto: Omar Sánchez de Tagle. Omar Sánchez de Tagle

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El mayor enfrentamiento ocurrido hasta la fecha entre un grupo delictivo y cuerpos policiacos no cuenta con testigos que narren lo ocurrido, pues El Rancho El Sol se encuentra incrustado en un punto ciego de la autopista México-Guadalajara, mejor conocida como la carretera de Occidente.

La historia de dicho rancho y de sus dueños es incluso desconocida por autoridades y pobladores cercanos, y sobre lo que ocurría al interior sólo se sabe que por un tiempo se vendía alfalfa y otros cuentan que incluso ese terreno ya había sido incautado por las autoridades.

Es de resaltarse que las poblaciones mas cercanas están a cinco, 10 y 15 kilómetros y en ninguna de ellas se registró el ruido de los balazos, pese a que el enfrentamiento duró alrededor de tres horas.

“Pues por estos lados no escuchamos ni los silbidos de los balazos, acá estuvo todo tranquilo nos enteremos por el movimiento que hubo en la tarde de los policías pero nada mas”, cuenta uno de los pobladores de Ecuandureo, la población más grande y cercana al lugar en el que murieron 43 personas.

El Rancho del Sol pertenece con sus 112 hectáreas a dos municipios: Tanhuato y Ecuandureo y los pobladores niegan conocer no solo el lugar, sino el tipo de actividades que se realizaban al interior del rancho, incluso aseguran que nunca vieron rondar a las personas que murieron en su interior.

“Mire aquí en Ecuandureo, somos una población en la que todos nos conocemos, en la cabecera municipal debemos de ser unas tres mil personas y cada que viene alguien por estos rumbos nos damos cuenta que son nuevos, esos del rancho nunca se pararon por estos lados y la verdad en donde está ubicado es difícil acceder a pie, pues se trata de la autopista federal”, detalló Jesús Infante, presidente municipal de ese  municipio.

El Rancho está en medio de la nada, pero colocado justo en un punto estratégico del kilómetro 370 de la carretera de cuota México-Guadalajara, cuando se pasa por este punto sólo ve que se trata de un terreno más y pese a que se ve desde la carretera, la arboleda que tiene en su interior impide ver las dos construcciones que hay en su interior.

Recorriendo los distintos poblados, la gente asegura que quienes estaban en el rancho no eran personas de su comunidad, “por acá nunca se pararon ni a comprar tortillas o comida nunca los vimos, así como estamos platicando con usted, que es extraño, ellos también los hubieramos visto” explica una señora del poblado de Ecuandureo.

Es así que el mayor enfrentamiento se desarrolló en medio de un punto ciego para los pobladores e incluso para las autoridades municipales.

Por la madrugada de este sábado hubo necesidad de contar con seis camioetas para poder sacar los cuerpos de los 42 presuntos delincuentes muertos, mismos que fueron llevados al Servicio Médico Forense de Morelia.

De hecho, al mediodía del sábado comenzó la entrega de cuerpos a los familiares que pudieran presentarse.

En tanto, al interior del rancho se siguen realizando investigaciones, peritajes y cada dos horas los cuerpos policíacos intentan hacer un “barrido de las 112 hectáreas” para encontrar mas elementos de las actividades que se realizaban al interior.

También durante la madrugada fueron retirados los ocho vehículos que fueron calcinados, que daban detalle del tamaño de batalla que hubo al interior, y que de acuerdo a los policías que custodían el rancho quedaron calcinados producto de la explosión de granadas.

Los rastros del enfrentamiento

Al interior del rancho y desde la distancia se puede observar que la policía colocó las marcas del lugar en el que los cuerpos quedaron esparcidos en los campos de alfalfa, en algunas zanjas y en una casa y bodega que hay al interior.

Incluso, en una de las rejas que está en uno de los costados del rancho se puede observar cómo uno de los presuntos delincuentes trató de huir dejando un rastro de sangre al interior y exterior del predio.

Al recorrer gran parte de las 112 hectáreas que tiene este rancho, se pueden observar los terrenos áridos que lo rodean y cómo es que en su interior había campos cuidados de alfalfa.

A las afueras del terreno sólo se pueden observar pequeños rastros del enfrentamiento y tan solo restos de cartuchos percutidos que aún no han sido localizados por las autoridades.

La tarde de este sábado se logró ver a la distancia que el incendio de la bodega retomó vida hasta que fue controlado por los cuerpos policiacos que resguardan la zona.

Aún buscan armas, cuerpos o presuntos criminales

Durante el recorrido, uno de los oficiales que resguardan el lugar y que fue testigo de los acontecimientos, reveló el miedo que sintió al enfrentar al grupo armado, pese a que solamente iba de apoyo.

En uno de los accesos —ubicado al oriente de la propiedad y por el que presumen, era la entrada y salida de los civiles armados para no ser detectados por las autoridades– el oficial explicó que durante la agresión la  adrenalina de los policías sube considerablemente y lo único en lo que piensan es protegerse.

“Está cabrón. Yo nada más oía cómo zumbaban las balas y lo malo es que nosotros llegamos cuando estaba todavía la balacera”, expresó el elemento, quién detalló que los presuntos criminales estaban parapetados al interior de la casa, localizada al sur de la propiedad, y de la bodega, ubicada al sur-poniente.

Por la tarde arribaron al menos cuatro vehículos con personal militar hasta el Rancho del Sol, el cual, la mayor parte del tiempo, estuvo vigilado por elementos de la Fuerza Ciudadana (estatal).

Otro policía del mismo acceso, construido con malla ciclónica, explicó las acciones que en ese momento se realizaban al interior del rancho.

Armado con un fusil AR-15, un arma corta y su chaleco antibalas, el oficial aclaró, que la orden que tenían de sus superiores era que nadie entrara al predio, ya que “lo que hay ahí adentro es prácticamente pura basura”.

“Hemos estado peinando la zona porque todavía nos encontramos armas, casquillos, cargadores, porque lo importante es que si nos encontramos un arma, imagínese, alguien más se la puede encontrar. Ahí adentro hubo detonaciones de granadas en las camionetas, entonces no podemos dejar nada”, dijo.

“Igual, andamos peinando el área por si encontramos incluso hasta un cuerpo o a lo mejor alguna otra persona salió huyendo y por ahí anda, entonces, pues no podemos dejar entrara a nadie y es por eso que estamos resguardando el lugar”, agregó.

En la puerta principal, se aprecia una cámara de vigilancia donde se postraron tres patrullas para controlar el acceso a la propiedad. En tanto, al interior, permanecían los patrullajes en vehículos oficiales y otros automóviles particulares, que recorrían los caminos de terracería.

Afuera, sobre la carreta federal, convoyes del Ejército Mexicano, de la Marina Armada y de la Policía Federal, circulaban sobre el tramo Ecuandureo-Tanhuato, sin que pareciera que formaban parte del grupo de seguridad que resguardaba el lugar.

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