El millonario negocio de la moda sagrada católica
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Cuartoscuro

El millonario negocio de la moda sagrada católica

La venta de productos religiosos es un negocio multimillonario que genera más recursos que la venta de vino.
Cuartoscuro
Por Max Paradiso, de BBC Mundo
10 de mayo, 2015
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Cada dos años, el clero católico de todos los rincones de la Tierra se congrega en Vincenza, Italia, para comprar los suministros de iglesia, aprender cómo embelesar más su liturgia o simplemente renovar el vestuario. // Foto: Cuartoscuro.

Cada dos años, el clero católico de todos los rincones de la Tierra se congrega en Vincenza, Italia, para comprar los suministros de iglesia, aprender cómo embelesar más su liturgia o simplemente renovar el vestuario. // Foto: Cuartoscuro.

Cada dos años, en la pequeña localidad italiana de Vincenza, comerciantes se reúnen para realizar la mayor feria religiosa del mundo. Productores de vestimentas, escultores y vendedores de rosarios suplen una creciente demanda por artículos religiosos.

Desde imágenes magnéticas del Papa hasta cirios y velas de ofrendas, la industria genera miles de millones en Italia solamente.

Son las 8:30 de la mañana y fornidos trabajadores descargan camiones llenos de cajas marcadas “frágil”, ropas envueltas en papel de seda con el rótulo “Nueva Colección, 2015” escrito en las perchas que están destinadas para el centro de exposiciones, y jóvenes mujeres en minifaldas y tacones corren de un lado para otro organizando cosas.

Lea: Cómo funciona el negocio de la producción de hostias

Pero, cuando doblan las campanas de la iglesia y las puertas se abren al público, entramos en los que algunos considerarían como la versión clerical del Cielo, repleto de estatuas de la Virgen María, todo tipo de rociadores de agua bendita y la última colección de sotanas y túnicas.

Cada dos años, el clero católico de todos los rincones de la Tierra se congrega en Vincenza para comprar los suministros de iglesia, aprender cómo embelesar más su liturgia o simplemente renovar el vestuario.

El padre Pasquale ha viajado más de 13 horas en tren desde su parroquia en Calabria para ver las nuevas tendencias en mercancía sagrada. Con una pequeña tableta y una cámara en mano, deambula por los casi 1.500 metros cuadrados de la feria, tomando fotos a diestra y siniestra. No tiene mucho tiempo pues debe tomar un tren de regreso en pocas horas para dar parte a los capellanes locales.

“No me perdería esta feria por nada del mundo”, le dice a la BBC. “Es un poco de molestia, pues invierto más tiempo en el tren que en cualquier otra cosa pero es importante para nosotros que -unos humildes sacerdotes del sur de Italia- ver cómo se desarrolla la Iglesia Católica, qué hay de nuevo en tecnología que mejoraría nuestras vidas y para estar al tanto de lo que los sacerdotes de las grandes ciudades visten y cómo celebran la liturgia”.

Otras parroquias en Calabria aportaron para cubrir sus gastos de viaje y él busca obtener los mejores descuentos.

El padre Pasquale se detiene de repente para contemplar un puesto que exhibe una vestimenta en azul claro con estampados de terciopelo de seda y oro laminado, y sus ojos se llenan de sorpresa y dicha.

Extiende la mano para palpar la tela con sus dedos y tararea con encanto. “Ustedes tienen Armani, Gucci o Prada”, exclama. “Ésta es nuestra versión de la alta costura”.

El puesto pertenece a la familia Bianchetti, los principales proveedores en Italia de ropa eclesiástica. La directora de la compañía, Elisabetta Bianchetti, personalmente diseña y produce cada una de las vestimentas en la colección.

“A través de los años hemos confeccionado partes de las vestimentas de tres papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora el papa Francisco”, comenta. Entretanto, su hija le explica al padre Pasquale los detalles de la colección 2015, aparentemente inspirada en la moda de los años 60. “Siempre estamos buscando nueva inspiración que impulse la moda sagrada hacia adelante”, dice.

La ropa eclesiástica en Italia es una industria anual de US$27,4 millones, pero las vestimentas de los Bianchetti no se ajustan a todos los presupuestos pues los precios de las túnicas van desde los US$600 hasta US$2.000. La familia asegura que visten a los “principales clérigos del mundo”, que quieren lo mejor, una combinación de tradición y “moda original italiana”.

Durante su gira, el padre Pasquale se detiene en varios puestos que venden velas de devoción. “Se ven como velas normales desde lejos y están hechas de cera pero, para sorpresa mía, son de energía eléctrica”, explica. El productor, Danilo De Gaspari, tuvo la idea para su parroquia cerca de Milán, hace unos años, y ahora las exporta por todo el mundo, a países como India y Brasil.

“Las iglesias en Italia son bastante viejas y hay riesgo de incendio. Lo que diseñamos son velas de cera con luz LED. Cuando depositas una moneda en la máquina, la luz LED se enciende y un pequeño imán hace que el elemento en forma de llama serpentee. Las parroquias ahorran dinero y reducen el riesgo de incendio”.

El padre Pasquale no está del todo convencido. “Me gusta el hecho de encender la vela, para ser sincero”, confiesa.

Otros, de India y Estados Unidos, están ordenando pedidos. “Podríamos aplicar un cronómetro de 20 segundos a las velas para que mi parroquia se gane un poco de dinero y finalmente podamos ahorrar para un lugar de culto”, manifiesta Labham Sogani, un comerciante que viene de Nueva Delhi.

Todo el sector de artículos religiosos en Italia se estima en unos US$5.200 millones, más de lo que el país recauda de la venta de vinos. Y el “extraordinario jubileo” de un año declarado por el papa Francisco, que empezará en diciembre, aumenta las oportunidades de crecimiento.

Mientras hablo con el empresario de mercancía religiosa Rocco Ascione, me interrumpe el constante sonar de su teléfono móvil. “Me llaman a todas horas de varias tiendas en Roma, hace pedidos todo el tiempo porque temen que se agoten las imágenes magnéticas del Papa o los bolígrafos con la figura de la Virgen María cuando empiece el desorden”, dice.

El Vaticano recibirá la visita de millones de peregrinos durante el año del jubileo y, como todo negociante, Ascione quiere aprovechar esta oportunidad. “Los feligreses gastan el dinero que quieras para obtener un recuerdo del jubileo”, señala. “Es un negocio como cualquier otro pero este es más especial: está bendito por Dios”.

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India: los desesperados mensajes para salvar a pacientes con COVID

Avani Singh es una de las miles de personas en India que ha tenido que recurrir a las redes sociales para obtener ayuda para su familia.
1 de mayo, 2021
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Mientras una segunda ola de coronavirus causa estragos en India, con más de 350 mil  casos reportados a diario, las familias de los enfermos de covid-19 buscan desesperadamente ayuda en las redes sociales.

Desde la mañana hasta la noche, rastrean cuentas en Instagram, dejan mensajes en grupos de WhatsApp y revisan sus guías telefónicas. Buscan camas en un hospital, oxígeno, el fármaco remdesivir y donaciones de sangre.

Es caótico y abrumador. Un mensaje de WhatsApp comienza a circular: “Dos camas de UCI libres. Minutos después, ya no lo están. Pasaron a ser ocupadas por quien llegó primero.

Otro mensaje: “Se necesita con urgencia concentrador de oxígeno. Por favor, ayuda”.

A medida que el sistema de salud se debilita, es la comunidad, el esfuerzo personal y la suerte lo que decide entre la vida y la muerte.

La demanda supera a la oferta. Y los enfermos no pueden darse el lujo de perder tiempo.

“Buscamos en 200 lugares una cama de hospital”

Cuando comencé a redactar este artículo el viernes, hablé con un hombre que buscaba oxígeno en WhatsApp para su primo de 30 años en Uttar Pradesh, un estado en el norte de India. Cuando terminé de escribir el domingo, había muerto.

Otros están agotados y traumatizados, después de días cargando en sus hombros el peso de encontrar un tratamiento que salve la vida a sus seres queridos.

“Son las 6 de la mañana, la hora a la que comenzamos las llamadas. Nos informamos de cuáles son las necesidades de mi abuelo para el día -oxígeno e inyecciones- lo compartimos en WhatsApp y llamamos a todas las personas que conocemos”, explica Avani Singh.

Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Avani Singh
Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Su abuelo de 94 años está muy enfermo de covid en Delhi.

Desde su casa en Estados Unidos, Avani y su madre, Amrita, describen una extensa red de familiares, amigos, parientes y contactos profesionales, muchas veces lejanos, que les ayudaron cuando el abuelo cayó enfermo y su salud se deterioró rápidamente.

“Usamos todos los contactos que tenemos. Yo buscaba en las redes sociales. Algunas páginas que sigo dicen ‘tal lugar confirmado, tiene cama de UCI’ o ‘este sitio tiene oxígeno’. Entre todos probamos unos 200 lugares“, explica Avani.

Finalmente, a través de un amigo de la escuela, encontraron un hospital con camas, pero descubrieron que no tenía oxígeno. En esos momentos, el padre de Avani estaba inconsciente.

“Entonces publiqué una súplica en Facebook y un amigo sabía de una sala de emergencia con oxígeno. Gracias a ese amigo, mi padre sobrevivió aquella noche“, dice Amrita.

Cuando hablamos el sábado, su perspectiva había mejorado, pero la tarea que tenían por delante Avani y Amrita era conseguir inyecciones de remdesivir. Hicieron algunas llamadas, y el hermano de Amrita en Delhi viajó en auto hasta esos lugares, haciendo unos 160 km en un solo día.

“Mi abuelo es mi mejor amigo. No puedo agradecer lo suficiente a las personas que manejan esas páginas de Instagram por todo lo que están haciendo”, dice Avani.

Pero la información pronto se desactualiza. También les preocupan las informaciones falsas.

“Nos enteramos de que una farmacia tenía los medicamentos pero cuando mi primo llegó allí ya no quedaba ninguno. Abría a las 8:30 de la mañana y la gente llevaba haciendo cola desde medianoche. Solo los 100 primeros recibieron las inyecciones”.

“Ahora venden los medicamentos en el mercado negro. Deberían costar unas 1.200 rupias (US$16) y los venden por 100.000 rupias (US$1.334), y nadie te puede garantizar su autenticidad”, explica Amrita.

Como cualquier sistema que confía en conexiones personales, no todo el mundo recibe una oportunidad justa. El dinero, los contactos familiares y un alto estatus social brindan mayores posibilidades de éxito, así como el acceso a internet y los celulares.

Situaciones desesperadas

En medio del caos, algunas personas tratan de poner algo de orden, centralizando la información, creando grupos comunitarios y usando cuentas de Instagram para hacer circular los contactos.

Arpita Chowdhury, de 20 años, y un grupo de estudiantes en su universidad para mujeres en la capital gestionan una base de datos que ellas mismas recaban y verifican.

Arpita Chowdhury

Arpita Chowdhury
Arpita Chowdhury y otras estudiantes del Lady Shri Ram College, una Universidad en Nueva Delhi, crearon un grupo para coordinar la información en las redes sociales.

“Cambia hora a hora, minuto a minuto. Hace cinco minutos me dijeron que había un hospital con diez camas disponibles, pero cuando llamo ya no hay”, explica.

Con sus compañeras, llama a los números de contacto anunciados en las redes sociales que ofrecen oxígeno, camas, plasma o medicamentos, y publica la información verificada en internet.

Luego responde a las solicitudes de familiares de pacientes con covid que solicitan ayuda.

Es algo que podemos hacer para ayudar, a nivel más básico, dice.

Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
“Necesitamos dos camas de hospital para mis abuelos, ¿saben de algo?”, preguntan en un mensaje. “El Colegio Médico Doon tiene camas de UCI”, responden.
Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
-“SOS, oxígeno en Agra”. -“De acuerdo, averiguo”. “OXÍGENO. Ubicación: Agra, Uttar Pradesh. Disponible el 23 de abril a las 12 del mediodía. Verificado”.

El viernes, Aditya Gupta me dijo que estaba buscando un concentrador de oxígeno para su primo Saurabh Gupta, gravemente enfermo en Gorakhpur, una ciudad en el estado norteño de Uttar Pradesh en donde hubo un gran aumento de casos y muertes.

Saurabh, un ingeniero de 30 años, era el orgullo y la alegría de su familia. Su padre tenía una pequeña tienda y ahorró para que pudiera tener una educación.

“Visitamos casi todos los hospitales en Gorakhpur. Los hospitales más grandes estaban llenos y el resto nos dijeron: ‘Si logran obtener el oxígeno por su cuenta, podremos aceptar al paciente“, explicó Aditya.

A través de WhatsApp, la familia consiguió un cilindro de oxígeno, pero necesitaban un concentrador para hacerlo funcionar. Estaban agotados el viernes, aunque recibieron garantías de un proveedor de que podrían obtener uno.

Pero el dispositivo que tan desesperadamente necesitaban nunca llegó y Saurabh no puso ser ingresado en el hospital.

El domingo, Aditya me dijo: “Lo perdimos ayer por la mañana, murió delante de sus padres”.

Saurabh Gupta

Aditya Gupta
Saurabh tenía 30 años.

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https://www.youtube.com/watch?v=9Bbb1CsM8f0

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