El problema con algoritmos como el de House of cards
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Netflix

El problema con algoritmos como el de House of cards

Netflix creó la serie House of Cards luego de analizar una serie de datos que almacenaba sobre las preferencias de sus clientes. ¿Es esa la fórmula para acabar con la sorpresa?
Netflix
Por Zoe Kleinman de BBC Mundo
17 de mayo, 2015
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Foto: Netflix

Foto: Netflix

Cuando Netflix -el servicio de televisión y películas por streaming- decidió apostar por su propio material, no se volvió hacia expertos veteranos de Hollywood, ni a críticos de cine o analistas de medios, sino a los algoritmos y datos de los usuarios.

Una red de datos sobre el contenido más visto y amado por los clientes de Neftlix revelaron tres ingredientes claves: el actor David Spacey, el director David Fincher y los dramas políticos producidos por la BBC.

Así que la empresa encargó una nueva versión de la serie de la BBC de los años 90 con el mismo nombre y contrató al actor y director. ¿El resultado? Se convirtió en la primera serie web en ganar el prestigioso premio Emmy, siendo la primera serie en recibir nueve nominaciones.

Los algoritmos -programas de computadoras que resuelven problemas-, están haciendo mejor cada vez más trabajos que nosotros mismos, por decirlo sin rodeos.

Y, como demostró la experiencia de Netflix, no sólo en el sector tecnológico, donde los ordenadores se han convertido en los reyes.

En Corea del Sur, por ejemplo, hay niños aprendiendo inglés con una máquina que se llama Robosem.

Y hasta la profesión más antigua enfrenta competencia: una firma estadounidense llamada TrueCompanion dice haber desarrollado el primer robot sexual de la historia.

Pero, ¿no habrá riesgo de que este nuevo mundo feliz vaya a ser un poco… aburridor?

¿Excitante?

“House of Cards es el ejemplo más famoso de los datos enfocados a la creatividad”, le dice a la BBC Luke Dormehl, cineasta y autor de “The Formula: How Algorithms Solve All Our Problems, and Create More” (“La Fórmula: Cómo los algoritmos resuelven todos nuestros problemas y crean más”).

“Netflix encargó un número sin precedentes de episodios –pagados por adelantado-, en lugar de seguir por el camino tradicional, en el que disparas un episodio piloto, para mostrárselo a los ejecutivos, etc”.

Tal vez no es de extrañar que la empresa mantenga su lucrativa información sobre cifras de audiencias y ratings tan bien guardados (nunca los ha hecho públicos).

La firma Epagogix, basada en Londres, ofrece un análisis de inteligencia artificial para guiones de cine, con el fin de predecir las probabilidades de éxito que tendrán en la taquilla. Incluso dice ser capaz de señalar “las mejoras” necesarias para aumentar el valor comercial de la película.

En teoría eso elimina la peor pesadilla de cualquier director de cine: el fracaso presupuestario.

“Si una película necesita hacer 10 millones de libras y hace cinco (en la taquilla) decimos que fracasó”, dice Dormehl.

“Pero si tuviéramos los datos con antelación y dijésemos: si gastas la mitad del dinero haciéndola, en todo caso recaudarás 5 millones… lo cual abriría el camino para realizar películas de gama media”.

Pero, ¿dónde está la emoción, la alegría de un éxito sorprendente o la oportunidad de descubrir algo nuevo?

Luke Dormehl opina que se abre un mundo de “excitantes posibilidades”.

Lea también: La tecnología para ayudar a los inversores a olvidar sus emociones

“Es emocionante tener un guion en el que puedes aprovechar esa información: qué escenas le recuerdan a la gente los buenos tiempos, qué música les gusta, cuándo se paran del sofá para hacerse una taza de té…”.

“También es excitante la posibilidad de hacer películas que cambien de dirección dependiendo de quien las está viendo, o que cambien la narrativa si no estás prestando atención”.

Los algoritmos en la Bolsa

El sector financiero es otro que se está aprovechando de la estabilidad que le da el control de las computadoras.

Algunos echan de menos la excitación de los viejos tiempos.

“Solía ser un lugar muy excitante. Ahora es más una compañía de software que una organización financiera”, dice Juan Pablo Pardo-Guerra, profesor asistente en la London School of Economics.

El operador financiero de Alta Frecuencia Virtu es un agente inversor electrónico con estrategias programadas que sólo ha registrado pérdidas un día en los últimos seis años.

En su website afirma que sus 148 empleados son el componente secreto de su éxito, pero su propia tecnología está en el corazón de su actividad financiera.

“Si manejásemos los mismos volúmenes de stocks con operadores humanos los resultados serían más volátiles”, confiesa Pardo-Guerra.

La pregunta está en el aire: ¿la historia de éxito de Virtu es un clavo en el ataúd de los empleos tradicionales del sector financiero?

No siempre son tan infalibles

Daniel Neyland, profesor de la Universidad de Goldsmiths, de Londres, participó en un experimento en un aeropuerto el año pasado, donde se instaló un sistema algorítmico para identificar el equipaje abandonado sospechoso en las imágenes de las cámaras de seguridad.

“En promedio, con humanos mirando los monitores había una alerta por hora”, dice Neyland.

“El sistema algorítmico detectó 2.654 alertas en seis horas. Estaba tan lejos de la escala de las expectativas que no había suficientes personas para responder”.

Entre las falsas alarmas identificadas por el sistema había sombras en el suelo, carros de limpiadores y personas de pie, explicó el Dr. Neyland. “Algorítmicamente, el procesamiento de este tipo de datos es un reto. ¿Qué es una bolsa y qué no?”, explica.

Por razones similares, una red ferroviaria europea ha desinstalado por completo un sistema de seguridad automatizada, añade Neyland.

Se suponía que iba a supervisar áreas no vigiladas en busca de signos de vandalismo y robos. No funcionó. “Esta es un área difícil para análisis de vídeo”.

Pese a estos fallos, el día en que los algoritmos se conviertan en jefes está más cerca en algunos lugares de trabajo, advierte.

Imagínense. Automatizado, inquebrantable y calculador sin ningún sentido del humor…

Tal vez su jefe no sea tan malo después de todo.

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Las 2 causas científicas por las que se cayeron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001

El violento choque de dos aviones contra los edificios más altos de Nueva York fue el comienzo de una secuencia de horror que redujo a escombros los emblemáticos colosos de acero y concreto.
7 de septiembre, 2021
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MITEl 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.

El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10:28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.

Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9:59 a.m., colapsó en 9 segundos.

“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.

“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.

Trayectoria aviones

BBC

El saldo fueron 2.606 personas muertas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres resistieron varios minutos antes de venirse abajo.

¿Por qué se cayeron las torres?

“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista“, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.

La respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.

Combinación fatal

Los estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.

Torres Gemelas

Getty
En 2001 las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York.

Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:

• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio

• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos

“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel.

“Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.

“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.

El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres quedaron reducidas a escombros.

Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.

Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.

Cómo estaban construidas las torres

Las Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.

Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.

Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.

El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.

Torres Gemelas

Getty
Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores.

Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.

Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.

Impacto, fuego y aire

Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.

El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.

“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego“, explica Kausel.

Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.

Torres Gemelas

Getty
Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones.

Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.

“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó“, dice Kausel.

“Bombas voladoras”

Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).

“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.

Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.

Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.

Torres Gemelas

Getty
El fuego causó daños severos a las columnas de las torres.

Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.

Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.

Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.

Pero luego hubo un segundo efecto.

Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.

Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.

“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.

Colapso

En ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso.

Torres Gemelas

Getty
El calor del fuego dilató las vigas, que a su vez empujaron las columnas.

Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las halaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.

Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.

El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas halaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.

Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.

El resultado fue una caída en cascada.

Torres Gemelas

Getty
Las paredes se derrumbaron “como quien pela un banano”.

Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.

Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, como quien pela un banano, dice el experto.

Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.

Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.


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