¿Es la infidelidad un negocio multimillonario?
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¿Es la infidelidad un negocio multimillonario?

Ashley Madison es el portal para engañar a los esposos. Su lema es poco sutil: "La vida es corta. Ten una aventura".
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Por BBCMundo
26 de mayo, 2015
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"La vida es corta. Ten una aventura", dice el lema de Ashley Madison.

“La vida es corta. Ten una aventura”, dice el lema de Ashley Madison.

Noel Biderman habla como un director ejecutivo de tecnología al uso: salpica su discurso de palabras como “rupturista” y, por supuesto, su start-up no es sólo un negocio, sino un instrumento de “impacto social”.

“Estoy facilitando que las mujeres se igualen a los hombres”, dice sobre AshleyMadison.com, una página de internet que creó en 2001.

Se está refiriendo a que Ashley Madison es el portal para engañar a los esposos. Su lema es poco sutil: “La vida es corta. Ten una aventura”.

Biderman, un antiguo abogado deportivo que dice que a menudo se vio obligado a tratar con las consecuencias de las aventuras de sus clientes, insiste en que está ayudando a las mujeres a equipararse con los hombres.

Y no se refiere a darles el mismo salario o más formación, sino a posibilitarles que los engañen tanto como ellos lo hacen.

“Hay un gran negocio, desde burdeles a agencias, que se dirige a los hombres. Yo realmente quería enfocarme hacia el lado femenino de la ecuación”, asegura.

La inversión en empresas de este tipo podría comportar rentabilidades altísimas, según diversos estudios.

La inversión en empresas de este tipo podría comportar rentabilidades altísimas, según diversos estudios.

Es por lo que él bautizó a su página Ashley Madison, dos de los nombres de niñas más populares en EE.UU en el momento.

Sea cual sea la opinión sobre esta propuesta igualitaria, su apuesta a que la infidelidad puede ser rentable parece correcta: la compañía, que permite a las mujeres usar el portal de manera gratuita pero cobra a los hombres por crear perfiles y enviar mensajes, consiguió US$150 millones de ingresos en 2014.

Pero, ¿alguien querría invertir públicamente en infidelidad?

Las “rentables acciones del pecado”

Esta no es la primera vez que el grupo que maneja esta web, Avid Media Life (que dirige otros sitios de citas) ha tratado de sacar acciones al mercado.

En 2011, la compañía intentó hacerlo en Toronto (Canadá) pero se vio obligada a retirarse cuando la Bolsa de la ciudad y los inversores se resistieron a la propuesta.

La web se encuentra ahora en 46 países y cuenta con 30 millones de miembros a nivel mundial.

Hay inversores que no quieren participar en este tipo de negocios por los costes de imagen que podría suponer.

Hay inversores que no quieren participar en este tipo de negocios por los costes de imagen que podría suponer.

Biderman ahora piensa que Londres sería una mejor apuesta, porque es una ciudad que se siente más cómoda con “el pecado o los negocios controvertidos”.

En definitiva, piensa que los inversores europeos podrían estar dispuestos a pasar por alto algunas cosas si las cifras de negocios se ven bien.

Y algunos datos respaldan su teoría: hay estudios que dicen que las inversiones en “acciones de pecado” pueden comportar una rentabilidad anual del 19%.

Un negocio controvertido

Pero Biderman reconoce que las actitudes públicas hacia la infidelidad podrían llevar a la empresa a dar marcha atrás en sus intenciones.

“Pienso que, por desgracia, la infidelidad es el último bastión de la moralidad. Nos sentimos a gusto con relaciones interraciales, nos sentimos más cómodos con las del mismo sexo, pero la infidelidad, que tiene una larga historia, tiene que ser borrada”.

La BBC contactó con más de una docena de inversores y analistas para preguntarles por su opinión sobre el modelo de negocio de Ashley Madison. La mayoría no respondió o declinó opinar siendo citado.

“No estoy dispuesto a participar en este debate, ya que sé que es un tema algo controvertido“, dijo uno de ellos.

Estas empresas se enfrentan a barreras legales en algunos países.

Estas empresas se enfrentan a barreras legales en algunos países.

La mayoría de las empresas de análisis de datos no hace un seguimiento de su web e, incluso, algunos cuestionan los números de la empresa después de que antiguos empleados y usuarios se quejasen de la avalancha de perfiles falsos en el portal.

La compañía admite igualmente que muchas personas se inscriben y en realidad nunca hacen nada, lo que es un problema potencial para la firma.

Y, por supuesto, tiene competencia.

Gleeden, un servicio de infidelidad lanzado en Francia en 2009, asegura tener 2.600.000 usuarios, sobre todo en Europa. Aseguran ofrecer una alternativa de “buen gusto” a páginas como Ashley Madison, la cual puede tener perfiles bastante explícitos.

Las cuestiones legales pueden suponer también un problema para las empresas de infidelidad. Singapur rechaza permitir estos portales y Corea del Sur cerró Ashley Madison al principio. También Gleeden fue demandado recientemente en Francia.

Por último, aunque la empresa afirma que es el segundo mayor sitio de citas del mundo (tras Match.com) y que el grupo de los casados es significativamente mayor que el de solteros, la realidad es que todavía tiene que hacer frente a la competencia de los sitios de citas tradicionales.

¿Cuestiona su negocio la monogamia?

Manuel Montevidoni, director financiero de Gleeden no entiende por qué Ashley Madison busca financiación, pero apoya sus esfuerzos.

En su opinión, su campaña puede concienciar a la sociedad de la ubicuidad de la infidelidad y permitirá un mejor conocimiento de lo que defienden ambas empresas: que es un aspecto fundamental no sólo del matrimonio sino de la naturaleza humana.

“Estamos demostrando a la sociedad algunos datos recién descubiertos que pueden hacerles pensar diferente acerca de las leyes y la monogamia”, dice por su parte Biderman.

“Un profundo legado que hay que dejar atrás”, concluye.

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Las empresas de Japón que ayudan a la gente a desaparecer

Cada año, algunas personas optan por "esfumarse" y abandonar sus vidas, trabajos, hogares y familias. En Japón se les conoce como "jouhatsu" y hay empresas que les ayudan a llevarlo a cabo.
17 de septiembre, 2020
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En todo el mundo, desde Estados Unidos a Alemania o Reino Unido, hay cada año personas que deciden desaparecer sin dejar rastro, abandonando sus hogares, trabajos y familias para comenzar una segunda vida.

A menudo lo hacen sin siquiera mirar atrás.

En Japón, a estas personas se les conoce como los jouhatsu.

El término significa “evaporación”, pero también se refiere a personas que desaparecen a propósito y ocultan su paradero, a veces durante años, incluso décadas.

“Me harté de las relaciones humanas. Cogí una maleta pequeña y me esfumé“, dice Sugimoto, de 42 años, que en esta historia solo usa el apellido de su familia.

“Simplemente escapé”.

Afirma que en su pequeña ciudad natal todos lo conocían por su familia y su próspero negocio local, que se esperaba que Sugimoto continuara.

Pero que le impusieran ese papel le causó tanta angustia que de repente se marchó de la ciudad para siempre y no le dijo a nadie adónde iba.

Desde una deuda ineludible hasta matrimonios sin amor, las motivaciones que empujan a los jouhatsu a “evaporarse” varían.

Las calles de Japón

Getty Images
El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el jouhatsu durante más de una década.

Pero muchos, independientemente de sus motivos, recurren a empresas que les ayuden en el proceso.

Estas operaciones se denominan servicios de “mudanzas nocturnas”, un guiño a la naturaleza secreta del proceso de quienes quieren convertirse en un jouhatsu.

Estas compañías ayudan a las personas que quieren desaparecer a retirarse discretamente de sus vidas y pueden proporcionarles alojamiento en ubicaciones desconocidas.

“Normalmente, los motivos de las mudanzas suelen positivos, como entrar a la universidad, conseguir un nuevo trabajo o un matrimonio. Pero también hay mudanzas tristes, cuando la razón es haber dejado la universidad, perder un trabajo o cuando lo que quieres es escapar de un acosador“.

Así lo cuenta Sho Hatori, quien fundó una empresa de “mudanzas nocturnas” en los años 90 cuando estalló la burbuja económica de Japón.

Segundas vidas

Cuando empezó en ello, creía que la razón por la que la gente decidía huir de sus problemáticas vidas era la ruina financiera, pero pronto descubrió que también había “razones sociales”.

“Lo que hicimos fue ayudar a las personas a comenzar una segunda vida”, dice.

El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el fenómeno de los jouhatsu durante más de una década.

Dice que el término comenzó a usarse en los años 60 para describir a las personas que decidían desaparecer.

Las tasas de divorcio eran (y siguen siendo) muy bajas en Japón, por lo que algunas personas decidían que era más fácil levantarse y abandonar a sus cónyuges que afrontar los procedimientos de divorcio elaborados y formales.

“En Japón es más sencillo esfumarse” que en otros países, dice Nakamori.

La privacidad es algo que se protege con uñas y dientes.

Mujer sacando dinero en un cajero automático

Getty Images
¿Desaparecerías sin dejar rastro?

Las personas desaparecidas pueden retirar dinero de los cajeros automáticos sin ser descubiertas, y los miembros de la familia no pueden acceder a videos de seguridad que podrían haber grabado a su ser querido mientras huía.

“La policía no intervendrá a menos que exista otra razón, como un crimen o un accidente. Todo lo que la familia puede hacer es pagar mucho a un detective privado. O simplemente esperar. Eso es todo”.

Me quedé impactada

Para quienes son dejados atrás, el abandono y la búsqueda de su jouhatsu puede ser insoportable.

“Me quedé impactada”, dice una mujer que habló con la BBC pero decidió permanecer en el anonimato.

Su hijo de 22 años desapareció y no la ha vuelto a contactar.

“Se quedó sin trabajo dos veces. Debió haberse sentido miserable por ello”.

Cuando dejó de tener noticias suyas, condujo hasta donde vivía, registró el sitio y luego esperó en su automóvil durante días para ver si aparecía.

Nunca lo hizo.

Dice que la policía no ha sido muy útil y que le dijeron que solo podían involucrarse si existía la sospecha de que se había suicidado.

Pero como no había ninguna nota, no investigarán nada.

“Entiendo que hay acosadores y que la información puede ser mal utilizada. Quizás la ley es necesaria, pero los criminales, los acosadores y los padres que quieren buscar a sus propios hijos son tratados de la misma manera debido a la protección. ¿Cómo puede ser?”, afirma.

“Con la ley actual y sin disponer de dinero, todo lo que puedo hacer es verificar si mi hijo está en la morgue. Es lo único que me queda”.

Mujer en Tokio

Getty Images
La policía no suele a ayudar a las familias que buscan a sus seres queridos.

Los desaparecidos

A muchos de los jouhatsu, aunque hayan dejado atrás sus vidas, la tristeza y el arrepentimiento les sigue acompañando.

“Tengo la sensación constante de que hice algo mal”, dice Sugimoto, el empresario que dejó a su esposa e hijos en la pequeña ciudad.

“No he visto en un año. Les dije que me iba de viaje de negocios”.

Su único pesar, dice, fue dejarlos.

Sugimoto vive escondido en una zona residencial de Tokio.

La empresa de “mudanzas nocturnas” que lo aloja está dirigida por una mujer llamada Saita, quien prefiere no confesar su apellido por mantener el anonimato.

Ella misma es una jouhatsu que desapareció hace 17 años.

Huyó de una relación físicamente abusiva, y dice: “En cierto modo, soy una persona desaparecida, incluso ahora”.

Tokio

Getty Images
Tokio es una ciudad con más de 9 millones de habitantes.

Tipos de clientes

“Tengo varios tipos de clientes”, continúa.

“Hay personas que huyen de la violencia doméstica grave y otras que lo hacen por ego o interés propio. Yo no juzgo. Nunca digo: “Su caso no es lo suficientemente serio”. Todo el mundo tiene sus luchas”.

Para personas como Sugimoto, la compañía le ayudó a abordar su propia batalla personal.

Pero a pesar de que logró desaparecer, eso no significa que los rastros de su antigua vida no permanezcan.

“Solo mi primer hijo sabe la verdad. Tiene 13 años”, dice.

“Las palabras que no puedo olvidar son: ‘Lo que papá hace con su vida es cosa suya, y no puedo cambiarlo’. Suena más maduro que yo ¿no?”.


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