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Cuartoscuro
Autoridades confirman plagio de periodista en Iguala; lo secuestraron con otras 3 personas
La Procuraduría estatal dio inicio al acta ministerial FEICS/022/2015, por el delito de secuestro y en contra de quien resulte responsable por la desaparición de Javier Cano, periodista de la emisora de radio ABC.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
8 de mayo, 2015
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Manifestación en el DF por el asesinato en 2013 del reportero veracruzano Gregorio Jiménez. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Manifestación en el DF por el asesinato en 2013 del reportero veracruzano Gregorio Jiménez. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

La Fiscalía del estado de Guerrero confirmó el secuestro en Iguala del periodista Bernardo Javier Cano Torres, quien labora para la emisora de radio ABC, y está desaparecido desde ayer jueves 7 de mayo.

La Procuraduría estatal señaló que se dio inicio al acta ministerial FEICS/022/2015, por el delito de secuestro y en contra de quien resulte responsable por la desaparición del comunicador.

Asimismo, la Fiscalía informó en un comunicado que el ministerio público de la ciudad de Iguala inició una carpeta de investigación, en virtud de que la Policía Federal puso a disposición un vehículo marca Tsuru, modelo del año 2015, “el cual fue localizado abandonado en el kilómetro 04+100 en la carretera Iguala-Teloloapan”.

“Dicha unidad tenía reporte de robo y se indicio (sic) que el conductor de la unidad era Bernardo Javier Cano Torres”, apuntó la Procuraduría estatal.

El fiscal general del Estado, Miguel Ángel Godínez, informó que Javier Cano fue secuestrado junto con otras tres personas. El funcionario dijo en rueda de prensa que los pagiarios se comunicaron para pedir rescate. “Estamos en la investigación, pero pedimos cautela en el caso por la propia seguridad del compañero”, señaló.

Javier Cano conduce desde hace más de dos años el programa de radio Hora Cero, transmitido por internet.

Según reporta la organización Artículo 19, el comunicador salió de su domicilio a las 7 am rumboa a Teloloapan, municipio a 50 minutos de Iguala. Horas más tarde, la familia de Cano fue informada del hallazgo del auto del auto que maneja el periodista en la carretera Iguala-Teloloapan, mismo vehículo que pertenece a la empresa farmacéutica para la que él también trabaja.

El secuestro del periodista también fue confirmado por la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Guerrero, la cual hizo un llamado a los tres niveles de gobierno para que participen en las labores de búsqueda de Javier Cano.

“Luego de que en redes sociales se difundió su fotografía y familiares pedían la colaboración de los distintos sectores de Guerrero para dar con el paradero del ahora desaparecido, esta institución exhorta a las distintas autoridades de justicia para que coadyuven y de manera conjunta se agilicen las investigaciones”, expresó la Comisión estatal en un comunicado.

Entre amenazas del crimen y agresiones de autoridades

El pasado 28 de abril, la organización internacional Freedom House, en colaboración con otras organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y Periodistas de a Pie, presentó en la ciudad de México el Informe sobre la situación del ejercicio del Periodismo en Guerrero: Obstáculos y carencias; documento en el que se contabilizan 46 agresiones a periodistas en esta entidad en 2014, que incluyen amenazas, hostigamiento, robo a domicilio, agresiones físicas durante la cobertura informativa, destrucción del equipo de trabajo, secuestro, y extorsiones telefónicas.

El documento subraya que estas agresiones “provienen en su mayoría de servidores públicos”, destacando entre ellos, elementos de Seguridad Pública, empresas de seguridad privada, la Policía Federal, y el Ejército Mexicano. Incluso, según dijo el pasado 29 de abril en la rueda de prensa de presentación del informe, Pilar Tavera, de la organización civil Propuesta Cívica, en la lista de “agresores tradicionales” se encuentran las autoridades municipales, principalmente policías locales y alcaldes.

 

 

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El conmovedor reencuentro entre un niño robado y la familia que llevaba buscándolo casi 40 años
Javier Matías Darroux Mijalchuk se convirtió en el "nieto 130", el más reciente caso de un argentino al que las Abuelas de Plaza de Mayo ayudaron a descubrir su identidad.
14 de junio, 2019
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Durante casi 40 años, Roberto Mijalchuk dejó activa una línea de teléfono, con la esperanza de que algún día sonara el aparato y pudiera reencontrarse con su hermana desaparecida.

Pero cuando sonó, no fue su hermana la que apareció, sino su sobrino, que en el momento de la desaparición estaba con su madre y entonces tan solo tenía pocos meses de vida.

“Gracias, tío, por no dejar de buscarnos”, manifestó Javier Matías Darroux Mijalchuk esta semana ante la prensa, tras descubrir que es hijo de desaparecidos durante el último régimen militar en Argentina, entre 1976 y 1983.

Darroux Mijalchuk, de 41 años, fue presentado esta semana como “el nieto 130”, el más reciente argentino al que las Abuelas de Plaza de Mayo ayudaron a descubrir su identidad.

El joven protagonizó un emotivo reencuentro público con su tío en una multitudinaria presentación, con el objetivo de llegar a conocer más detalles de su pasado y animar a otros a dar un paso al frente, “juntar coraje” y descubrir la verdad.

“Muchos en situación similar”

Javier Matías Darroux Mijalchuk siempre supo que los padres que le criaron no eran su familia biológica, pero no se interesó por su pasado hasta hace unos años.

“Para mí, desde un convencimiento muy interno, tenía la certeza de que mis padres podrían haber sido desaparecidos por la dictadura militar, pero yo estaba bien con quien era y no me interesaba en una búsqueda con resultado incierto que desgastaría mis energías vanamente”, recordó en la comparecencia pública celebrada en la sede de Abuelas en Buenos Aires.

Pero algo cambió en 2006. Fue entonces “cuando entendí el egoísmo de mi postura”, dijo.

“Si no era importante para mí —o eso creía—, tenía que ser consciente de que en el otro lado podía estar buscándome un hermano, un tío, una abuela”.

Animado por su pareja y dos amigos, Javier se acercó a la organización de Abuelas de Plaza de Mayo, que lleva más de cuatro décadas buscando a desaparecidos y sus hijos.

Ello activó el proceso para poder encontrar sus raíces y descubrir que era hijo de Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, desaparecidos en diciembre de 1977.

“Creo que hay muchos a quienes les pasa una sensación similar, así que los invito a juntar coraje y a acercarse” a Abuelas, instó.

La organización, presidida por Estela De Carlotto, estima que cerca de 500 bebés fueron robados por el gobierno militar, y calcula que el régimen hizo desaparecer a cerca de 30.000 personas de todas las edades y condiciones sociales.

La búsqueda y las dudas

Según explica Abuelas en su página web, los “secuestros” de la familia del “nieto 130” empezaron con su padre, Juan Manuel Mijalchuk, quien trabajaba en tareas administrativas en la Universidad de Morón, en la provincia de Buenos Aires, y desapareció a principios de diciembre de 1977.

La última vez que un familiar lo vio fue discutiendo “acaloradamente con cuatro hombres que lo subieron a una Chevy azul metalizada”.

Tras ello, su mujer, Elena, quien por entonces estaba embarazada por segunda vez, recibió una carta firmada por su marido en la que le indicó un lugar y una fecha para encontrarse. Sus padres le llevaron a ese enclave, junto a su bebé de pocos meses, y esa fue la última vez que los vieron.

Javier Matías fue encontrado abandonado en una calle que se encontraba a tres calles de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionaba el mayor centro clandestino de detención del régimen militar, que apresó allí a cerca de 5.000 personas secuestradas, recoge la Agencia Efe.

Lo dieron en adopción legal a una familia que lo crió bien, que nunca le ocultó que era adoptado pero que no sabía su procedencia real, según esa misma fuente.

Desde entonces, el hermano de su madre, su tío Roberto, “nunca bajó los brazos ni perdió la esperanza”, destacó Javier Matías ante los medios.

El joven agradeció en numerosas ocasiones la persistencia de su tío, quien denunció a finales de los 90 la desaparición de su hermana, su cuñado y su sobrino, y acabó recibiendo la famosa llamada de Javier Matías hace unos años.

No obstante, el “nieto 130” matizó que la “alegría siempre es parcial”. El hecho de encontrarme implica que él nunca va a volver a ver a su hermana”, explicó.

Y es que las dudas persisten sobre el paradero de sus progenitores y qué ocurrió con el embarazo de su madre, una de las razones por las que Javier decidió contar su historia ahora e intentar conseguir así mayor información, según recogen los medios argentinos.

“La convicción de lucha y búsqueda no termina”, señaló.

“Yo necesito saber la verdad de qué sucedió con ellos. Y necesito saber si tengo un hermano o una hermana”.


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