Iker Casillas y el terremoto que hace falta para derribarlo
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Iker Casillas y el terremoto que hace falta para derribarlo

La situación del que fuera figura e imagen del Real Madrid parece insostenible tras la silbatina de la afición madridista al portero, una posición en la que suele haber guerras de titularidad.
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Por Raúl Fain Binda, de BBCMundo
11 de mayo, 2015
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Iker Casillas ha sido muy criticado esta temporada por los aficionados del Real Madrid. Foto: AP/Archivo.

Iker Casillas ha sido muy criticado esta temporada por los aficionados del Real Madrid. Foto: AP/Archivo.

La portería es la obsesión de todos los personajes que giran en el torbellino del fútbol: jugadores, técnicos, dirigentes, aficionados, todos juran y perjuran a favor o en contra del afortunado/desdichado que debe proteger los palos.

El goleador es importante, pero el portero es imprescindible: un equipo puede salvarse marcando pocos goles, pero ninguno sobrevive encajando muchos.

Durante el Real Madrid 2-2 Valencia, jugado el sábado en el Santiago Bernabéu, Iker Casillas perdió la calma ante la silbatina de su público, haciendo gestos de fastidio y –según los lectores de labios que al parecer tiene en su plantilla la TV española- encomendando al demonio a sus torturadores.

(Eso de “al demonio” es un eufemismo, pero ustedes sabrán entender.)

Los delanteros suelen cometer errores que no son determinantes en el resultado de un partido. El portero no suele tener una segunda oportunidad.

También el sábado, el portero que supuestamente lo reemplazaría en el tremedal del área, David de Gea, se lucía nuevamente en el Crystal Palace 1-2 Manchester United: las crónicas coinciden en señalar al portero madrileño (repetimos el dato, De Gea es madrileño…) como el salvador del United.

¿Intocable?

La guerra de las porterías tiene otros conflictos interesantes, que ya veremos, pero detengámonos en lo del Real Madrid, que es lo más importante.

Durante uno o dos eones (1 eón=mil millones de años) Iker Casillas fue EL portero español más aplaudido y venerado. Cuando, hablando con alguno de sus incontables admiradores, uno se atrevía a mencionar a otro guardavallas, digamos Gianluigi Buffon, la reacción era un gesto de “hablemos en serio”.

Casillas cumplirá 34 años, pero en su posición hay jugadores que se han mantenido en la élite hasta los 40.

Casillas cumplirá 34 años la semana que viene (el 20) y tiene contrato hasta el verano del 2017. Según informan los medios madrileños, estaría decidido a cumplir su contrato, aunque sus allegados le aconsejan marcharse debido a la posibilidad de que deba pasar la próxima temporada en el banquillo.

Una lectura escéptica de esta actitud sería que, al parecer, espera que el presidente Florentino Pérez lo llame para charlar sobre su situación: hay formas y formas de irse de un club, y muchos recuerdan que Raúl, otro héroe del madridismo, se marchó sin el homenaje que su trayectoria merecía.

Durante un par de años lo de la silbatina a Casillas fue un tic del sector ultra del madridismo, que le reprochaba su supuesta “traición” a José Mourinho, pero el constante repiqueteo se ha extendido y el sábado habría sido más general.

Casillas recibió con alivio el fichaje del costarricense Keylor Navas, quien llegó para sustituir a Diego López.

Es cierto que el Iker de 2015 no es el de hace unos años (sus reflejos ya no son tan rápidos, por lo que resaltan sus “defectos” en las salidas y el juego de altura, contribuyendo a errores en toma de decisiones), pero las hinchadas suelen ser tolerantes durante el ocaso de sus ídolos, o por lo menos no los silban durante un partido importante en el que su aporte es crucial.

Es obvio que la situación no tiene arreglo (cabe preguntarse sobre el grado de responsabilidad de la dirigencia del Real Madrid en su deterioro) y que la salida consistirá en la contratación de otra gran figura, el tic instintivo del presidente.

El caso de Keylor

Esta posibilidad abre un interrogante sobre la situación de Keylor Navas, el portero tico consagrado durante el Mundial y contratado al tiempo que el club se desembarazaba de la incómoda presencia de Diego López, muy buen portero pero utilizado por Mourinho para empujar al banquillo a su bête noire.

Navas ha respondido cuando ha sido llamado por el técnico Carlo Ancelotti, pero pocos consideran que se convierta en el número 1 del Real Madrid.

El problema de Navas no es su categoría profesional, excelente según la opinión generalizada, sino su categoría mediática: un portero tico, procedente del Levante, no tiene el arrastre de, por ejemplo, el “salvador” del Man United.

De modo que la portería del Real Madrid amenaza con tragarse a Iker Casillas sin darle oportunidad a su reemplazante natural, Keylor Navas.

Algunas versiones afirman que el Madrid busca a dos porteros; y ya que hablar es gratis, al nombre de De Gea (con un año más de contrato costaría unos 40 millones de esterlinas) se suma el de Petr Cech, otro héroe de las vallas, que casualmente cumplirá 33 años el mismo día que Casillas.

El español David De Gea fue elegido en el equipo ideal de la Liga Premier esta temporada.

¿Sería posible que Cech, reemplazado en el Chelsea por el belga Thibaut Courtois, acepte un papel secundario en el Madrid? Desde el punto de vista futbolístico, por supuesto que no, pero tal vez le atraiga la parte económica.

Llama la atención la aparente falta de planificación por parte del Real Madrid en la renovación de un aspecto tan crucial como la portería.

Presente y futuro

Otros clubes importantes han estado mejor organizados… o han tenido más suerte.

El Man United tiene en su banquillo a Víctor Valdés, de 33 años. Fuentes del club afirman que el ex portero del Barcelona se ha recuperado de su grave lesión de ligamentos… pero lo sorprendente sería que admitieran lo contrario.

Valdés firmó en enero un contrato por 18 meses, con opción a un año más. No es, entonces, una garantía de largo plazo. Teniendo en cuenta las predilecciones de Louis Van Gaal, muchos presumen que mirará al mercado holandés o alemán para cubrir el vacío, si no logra renovar a De Gea.

El chileno Claudio Bravo es el portero menos goleado de la Liga en España.

Mucho mejor les ha ido al Barcelona y al Atlético de Madrid.

El ex director deportivo del Barça, Andoni Zubizarreta, fue muy criticado por sus errores y vacilaciones en la renovación del plantel, pero su juicio para elegir a los reemplazantes de Valdés ha sido irreprochable, algo que no debería extrañar ya que el vasco fue uno de los grandes porteros históricos de España.

Zubi se decidió por el alemán Marc-André ter Stegen, de 23 años, y para cuidarle las espaldas se inclinó por Claudio Bravo, de 32 años.

Una lesión de Ter Stegen durante la pretemporada le permitió al internacional chileno afirmarse en el puesto, dejando la valla a Ter Stegen en los partidos de Liga de Campeones y Copa del Rey.

Marc-André ter Stegen, de 23 años, es la apuesta a futuro del Barcelona.

El rendimiento de ambos ha sido excepcional, superando las dificultades habituales en estos casos, nacidas de la necesidad de coordinar los mecanismos, los “automatismos” entre los defensores y los guardametas.

Pero el alemán ya está agitando para que el club cumpla la promesa que le habría hecho Zubizarreta: ¿tendrá paciencia un año más? Muchos lo dudan.

Algo semejante pero con otro desenlace se dio en el Atlético de Madrid: la marcha de Courtois fue cubierta con la contratación de un joven y un veterano, el esloveno Jan Oblak, de 22 años, y el español Miguel Ángel Moyà, de 31.

Moyà se consolidó como titular tras una lesión de Oblak… hasta que otra lesión le abrió las puertas al esloveno, cuyo rendimiento ha sido inobjetable y así están…

Los ejemplos del Man United, el Chelsea, el Barça y el Atlético reflejan la importancia que los clubes dan a sus porterías y a la necesidad de un plan de largo plazo para identificar y asegurar los servicios de jóvenes de talento.

La imagen de Casillas tras recibir cinco goles de Holanda en el Mundial de Brasil 2014. Pese a que muchos creyeron que iba a ser su último torneo con España, el portero sigue siendo llamado por el seleccionador, Vicente del Bosque.

Pero en el caso del Real Madrid, el desorden se debería a la titánica personalidad de Casillas: ya se sabe que para derribar a un coloso hace falta algo más que los soplidos del lobo… el de Rodas requirió un terremoto.

Que la hinchada del Real Madrid repudie a Iker Casillas es un terremoto, de esto no hay ninguna duda.

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

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Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

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Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

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Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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