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Cuartoscuro

La Fuerza Aérea cumple 27 años de accidentes; van 132 aviones perdidos y contando…

En promedio, la mitad de los accidentes son fatales; los percances le han costado la vida a 94 militares de 2001 a la fecha . Sedena atribuye 7 de cada 10 choques a fallas de sus pilotos.
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Por Arturo Angel
3 de mayo, 2015
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Un avión Texan T6C Turbo Hélice sufrió un accidente mientras realizaba trucos y piruetas. // Foto: Cuartoscuro.

Un avión Texan T6C Turbo Hélice sufrió un accidente mientras realizaba trucos y piruetas. // Foto: Cuartoscuro.

Los choques de aeronaves del Ejército Mexicano son frecuentes y letales. Todos los años sin falta, desde 1988, la Fuerza Aérea de nuestro país ha perdido aviones por distintos accidentes, ya sea en traslados, exhibiciones u operaciones contra el narcotráfico. El desplome de la avioneta en la feria aeroespacial del pasado sábado 25 de abril inauguró un nuevo año con percances.

Tan sólo de 2001 a la fecha, los accidentes le han costado la vida a 94 militares. En promedio uno de cada dos siniestros resultaron letales.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tiene un registro histórico hasta 2013 de 129 aparatos perdidos a causa de los accidentes. A ese total, ya hay que agregarle dos aeronaves más involucradas en accidentes fatales en enero del 2014 y la avioneta que se estrelló el sábado pasado.

Hay cinco modelos de aeronaves en específico que concentran prácticamente la mitad de todos los percances; se trata de aviones y helicópteros cuyo diseño original data de la década de los 60 y 70 pero que todavía eran utilizados para distintas misiones en la Fuerza Aérea.

En sus reportes oficiales, el Ejército atribuye la responsabilidad en 7 de cada 10 percances en promedio a fallas humanas , mientras que la minoría corresponde a problemas mecánicos o a malas condiciones meteorológicas.

Cabe señalar que la flota actual de la Fuerza Aérea es de 340 aparatos, de los cuales 219 son aviones y 131 helicópteros. La cifra oficial de cuántas de esas aeronaves están realmente en condiciones de buena operatividad es una información oficialmente clasificada por la Defensa.

Tres décadas de percances

La información de la Sedena, revelada a través de una solicitud de transparencia, ubica los primeros casos de aeronaves dadas de baja por accidentes entre 1984 y 1985. Los aparatos involucrados fueron principalmente helicópteros.

Pero es a partir de 1988 cuando los accidentes se volvieron una constante; no ha habido un año en el que no se registre por lo menos la baja de algún aparato a causa de algún accidente aéreo. El peor año hasta ahora fue el 2003 cuando se perdieron doce aeronaves, en promedio uno cada mes.

Este es un recuento de los accidentes de aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana. // Foto: Animal Político.

Este es un recuento de los accidentes de aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana. // Foto: Animal Político.

Del total de aparatos que la fuerza aérea ha perdido 88 eran de ala fija, como se le denomina en el argot militar a los aviones y 41 fueron de ala rotativa, es decir helicópteros.

Los aviones Pilatos PC-7, uno de los modelos más emblemáticos de la Fuerza Aérea Mexicana (utilizados frecuentemente para dibujar con humo los colores de la bandera en exhibiciones), son los que acumulan el mayor número de aparatos perdidos: 18 hasta la fecha.

La Sedena adquirió un lote de estas aeronaves en la década de los ochenta para misiones de entrenamiento y exhibición. Hoy en día, aún mantiene operativos a varios PC-7 aunque paulatinamente están siendo reemplazados por el modelo Texan II, como el que se accidentó el pasado 25 de abril en la Feria Aeroespacial.

El segundo modelo con más aparatos perdidos -17 en total- es la avioneta Cessna C182s utilizada para traslados cortos y adiestramiento. Luego le siguen los helicópteros Bell 212 de los que la Fuerza Mexicana ya ha visto 13 destruidos; los reactores Lockhead T-33 utilizados en algún momento para intercepción y combate con 11 bajas; y los bimotor de servicio utilitario ARAV de los cuales ya chocaron ocho.

En conjunto esos cinco modelos de aeronaves agrupan 67 aparatos perdidos en percances, prácticamente la mitad de todos los siniestrados.

Estas son las aeronaves que mas accidentes han sufrido. // Foto: Animal Político.

Estas son las aeronaves que mas accidentes han sufrido. // Foto: Animal Político.

Otro informe de la Defensa Nacional identifica que de un total de 73 accidentes ocurridos en este siglo, en 51 de ellos la causa fue un error humano, es decir, una mala operación de los pilotos a cargo de la aeronave. Solo en 15 casos se determinó que el caso fue producto de una falla en el equipo.

Cabe señalar que las conclusiones sobre la responsabilidad de los percances se obtuvieron a partir del trabajo de una comisión investigadora integrada por la misma Sedena y no de organismos independientes.

Causas de los accidentes, de acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional. // Foto: Animal Político.

Causas de los accidentes, de acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional. // Foto: Animal Político.

Foto: Animal Político.

Foto: Animal Político.

Vuelos trágicos

Los percances aéreos ocurridos desde el 2001 hasta la fecha, según datos de Sedena, han dejado como saldo a 94 militares fallecidos, mientras que otros 160 consiguieron sobrevivir aunque varios de ellos resultaron lesionados.

En total la Fuerza Aérea acumula 30 accidentes fatales en lo que va del siglo. Esto significa que prácticamente uno de cada dos accidentes aéreos del Ejército termina con personas muertas.

Los dos percances más trágicos han tenido como actor principal a los helicópteros de la fuerza aérea mexicana. El más reciente fue el ocurrido el 18 de junio del 2010 en Durango cuando un grupo de militares que participaban en la campaña permanente contra el narcotráfico pretendía volver a su base en Badiguarato.

Fue en ese trayecto cuando el helicóptero Bell modelos 412 (una evolución del 212) se desplomó matando a sus once tripulantes: un jefe, cuatro oficiales y seis elementos de tropa. En principio se dijo que la causa fueron las malas condiciones atmosféricas pero la Sedena terminó responsabilizando de la falla a un error humano.

Dos años antes en Michoacán se registró un accidente de la misma magnitud cuando un helicóptero Bell 212 se vino abajo cerca de Uruapan. La aeronave se desplomó a menos de 20 metros de una escuela primaria y sus restos quedaron esparcidos en una línea recta de casi 30 metros.

En ese incidente perdieron la vida once militares entre ellos un Mayor, cuatro oficiales y seis elementos de tropa. Los primeros testimonios indicaron que los motores de la aeronave simplemente se habían apagado lo que provocó el accidente, pero finalmente la comisión que investigó el caso lo catalogó como un error humano.

Otro incidente trágico y que ya no involucró a helicópteros, fue el desplome de una aeronave de transporte pesado Antonov ocurrido el 27 de noviembre del 2010. Este avión, de manufactura rusa es de los aparatos más grandes con que cuenta la Fuerza Aérea y a los que paulatinamente se ha ido reemplazando por los modelo Hércules.

De acuerdo con la información disponible en aquel momento, el percance ocurrió cuando la aeronave intentaba despejar del aeropuerto de Monterrey para dirigirse a la Base Aérea de Santa Lucía. El aparato además de mil 500 toneladas no logró ganar altura y terminó chocando.

El saldo oficial fue de cinco militares muertos, sin que hubiera víctimas colaterales que fue lo que se temió en un principio. Otra vez, la investigación terminó concluyendo que el percance se debió a una falla humana del piloto muerto.

La Defensa Nacional explicó que los percances de las aeronaves, por lo menos los ocurridos desde el 2001 a la fecha, ocurrieron durante acciones de adiestramiento o traslado. Aunque varios de los accidentes se dieron durante las acciones de la campaña permanente de combate narcotráfico, el Ejército negó tajantemente que algunos de los aparatos fuera derribado por armas de fuego por cables metálicos.

Los paracaidistas también lloran

Otros que acumulan varios incidentes en los últimos años son los paracaidistas del Ejército Mexicano. La información revelada por la Sedena indica que desde el 2006 por lo menos cinco paracaidistas han perdido la vida mientras que 22 más resultaron lesionados durante los ejercicios de salto.

El incidente más grave fue el del 8 de febrero del 2010 en un salto de entrenamiento en la base aérea de Santa Lucía, estado de México. Uno de los paracaidistas aterrizó sobre cables de alta tensión y murió electrocutado y otro cayó de cabeza y perdió la vida al instante. Otros trece más terminaron heridos.

Dos años antes, el 18 de septiembre del 2008 en Guerrero, dos paracaidistas colisionaron en el aire y uno de ellos falleció.

El agua es otro riesgo latente para los paracaidista y prueba de ellos son las dos muertes ocurridas en abril del 2014 y junio del 2014 en Quintana Roo. Los militares que practicaban el salto cayeron en un lago y se ahogaron.

Uno de los percances que pudo tener consecuencias fatales fue el ocurrido el 2 de julio del 2013 cuando el paracaidista Esaú Cerqueda se atoró con la compuerta del avión Spartan al momento de saltar. Las imágenes del momento dramático fueron reveladas en un video el año pasado. Finalmente con el apoyo de sus compañeros y su entrenamiento consiguió salir ileso.

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El lugar al que miles de personas iban de vacaciones para enfermarse

¿Te atraería la idea de ir voluntariamente a pasar tus vacaciones en un lugar en el que sabes que van a infectarte con un virus?
13 de julio, 2019
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Si bien es cierto que hay gente a la que le gustan las vacaciones con elementos de riesgo, es extraño pensar que hubo un momento en el que decenas de miles de británicos escogían pasarlas en un lugar en el que intencionalmente los iban a exponer a un virus.

Sin embargo, desde 1946 hasta 1990 eso fue precisamente lo que ocurrió en la Unidad del Resfriado Común (URC), una institución singular: el único lugar en el mundo donde seres humanos eran infectados regularmente con virus como parte de un programa de investigación a largo plazo sobre infecciones respiratorias agudas.

Pero había otra característica que la hacía especial.

“Lo que hacía única a la Unidad del Resfriado Común era que funcionaba con voluntarios“, le explicó al programa Witness de la BBC el eminente virólogo Nigel Dimmock.

“La gente venía a resfriarse… ¡es una locura, pero la gente lo hacía!”.

¿Por qué iban?

A los voluntarios no les pagaban pero recibían algo de dinero de bolsillo, el billete de tren y su manutención durante los aproximadamente 10 días que pasaban como conejillos de indias.

Para atraerlos, la URC promovía la experiencia como unas vacaciones económicas ideales, afirmando que era “el mejor paquete de vacaciones en cualquier lugar”.

Anuncios

BBC
Invitaban a la gente a pasar 10 días de vacaciones “en el sol” y, de paso, ayudar al avance de la ciencia.

Anuncios como “Vacaciones de otoño o invierno gratuitas de 10 días: quizás no te ganes un premio Nobel, pero podrías ayudar a encontrar una cura para el resfriado común” surtieron tanto efecto que a menudo los voluntarios hacían cola para participar en los experimentos.

Muchos de los voluntarios se prestaron a ser infectados más de una vez, y algunos incluso fueron de luna de miel al sitio, o aprovecharon la oportunidad para estudiar tranquilamente en la biblioteca de la URC.

“Todos tienen diferentes motivaciones: algunos vienen para descansar, algunos estudiantes vienen a estudiar y tenemos una gran cantidad de amas de casa que vienen a disfrutar de un descanso”, contaba un documental de la BBC de 1985.

“Es mi tercera visita, son unas vacaciones muy relajadas. La campiña es hermosa”, declaraba una de esas amas de casa.

En la campiña inglesa

La Unidad del Resfriado Común fue creada por el Consejo de Investigación Médica británico después de la Segunda Guerra Mundial por razones económicas: en términos de la productividad de la nación en su conjunto, preocupaba mucho la cantidad de horas de trabajo perdidas cuando la gente se resfriaba.

Su sede fue un hospital de guerra que había servido como centro de transfusión de sangre para las tropas aliadas en Europa, que fue donado por la Universidad de Harvard de Estados Unidos.

Hospital desde el aire

BBC
El hospital había quedado en desuso al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Estaba situado en la campiña que rodea la sureña ciudad inglesa de Salisbury, famosa por su espléndida catedral gótica, cercana al famoso monumento de Stonehenge.

Era un lugar aislado, ideal para realizar investigaciones pues los científicos podían poner a los voluntarios en cuarentena, observarlos de cerca y monitorear el efecto de los resfriados.

A pesar de la distancia

“Cuando llegaban, los dividíamos en dos grupos: los que estaban infectados y los que recibían placebo”, explicó Nigel Dimmock a la BBC.

“Si haces las cuentas, no era tan mal negocio pues las posibilidades de contraer un resfriado eran bajas.

“Y, con gripe o sin ella, podían pasar el tiempo leyendo, jugando ajedrez, estudiando flores silvestres, practicando el violín, escribiendo sus novelas… y creerme que la gente hizo todas esas cosas y muchas otras más extrañas“.

Dos voluntarios acostados

BBC
Cuando los voluntarios llegaban, los dividían en grupos, y los acostaban en unas camas…
Nariz de voluntario

BBC
…para aplicarles la primera dosis del virus o el placebo por la nariz.

Los voluntarios se mantenían en estricto aislamiento del mundo exterior y de otros que participaban en las pruebas.

Pero, según aseguraba un comunicado de prensa de la URC, “el aislamiento no es tan malo como parece”.

“Todos los apartamentos tienen teléfono para que puedas hablar con esa rubia sensacional que está en otro piso”.

“La gente se conocía, se hacían amigos y hubo algunas encantadoras historias de romances“, contó Dimmock.

Romances como el de un voluntario que tocaba la guitarra y cortejó a una oboista y acabaron haciendo duetos a distancia.

En la variedad está el problema

Unos 20.000 voluntarios pasaron temporadas en la unidad, algunos varias veces, aunque la cura para la gripe siguió eludiendo a los investigadores.

Detalle de escritorio de madera con grafiti

© The Board of Trustees of the Science Museum
En un escritorio de madera de uno de los apartamentos, los voluntarios fueron dejando notas.

Resultó ser mucho más difícil de lo que pensábamos“, declaró en 1985 David Tyrrell, director de la Unidad del Resfriado Común.

“¿Por qué -preguntará la gente-, en esta era de la ciencia avanzada, parece que no hemos logrado nada en la lucha contra esta aflicción tan antigua?”, escribió más tarde Tyrrell.

“La verdad es que hemos hecho enormes progresos (…) Conocer sus causas, la mecánica de su propagación y su variedad de formas es un avance muy significativo. Pero precisamente esa variedad es el meollo del problema”.

La verdad siempre ayuda

Efectivamente, cuando el grupo descubrió que no había un virus de la gripe sino alrededor de 100 serotipos de rinovirus diferentes, y que nuestros cuerpos veían a cada uno de esos virus como si fueran totalmente diferente a los demás, comprendió que sería imposible encontrar una sola vacuna para todos ellos.

Equipos de la URC

© The Board of Trustees of the Science Museum
La investigación estableció que no era uno sino al menos 100 serotipos de rinovirus distintos los que causaban gripe.

Aunque eso se podría interpretar como un fracaso, fue un logro establecer que así era, pues de otra manera los investigadores habrían seguido por el camino errado.

Y varios otros hallazgos de la investigación de la Unidad del Resfriado Común fueron valiosos, como el aislamiento de algunos de los primeros rinovirus, coronovirus y virus de parainfluenza.

Además, se pusieron a prueba ciertos mitos, entre ellos, si salir cuando llueve y hace frío te predispone a resfriarte. No hallaron ninguna evidencia de que enfriarse o mojarse afectara la incidencia de los resfriados.

“Vandalismo científico”

Al final, la Unidad del Resfriado Común fue cerrada por razones económicas hace 40 años.

“Creo que fue una gran pérdida científicamente hablando debido a que funcionaba con voluntarios. Ese tipo de organizaciones son muy valiosas y hay muy pocas de ellas”, opinó Dimmock.

voluntaria estornudando

PATHÉ
Las vacaciones gratis con gripe voluntaria se terminaron.

Para el epidemiólogo Tom Jefferson, la clausura de la Unidad “fue vandalismo científico”.

¿Y qué pasó con la cura para el resfriado común?

“Hay científicos que todavía la están buscando. Comercialmente sigue siendo una propuesta muy atractiva. Nadie ha logrado encontrar una. Pero seguimos siendo optimistas“, concluyó el virólogo Nigel Dimmock.


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