La 'olvidada' matanza de chinos en México
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La 'olvidada' matanza de chinos en México

Es la masacre más violenta de ciudadanos de ese país en la historia del continente americano, según historiadores. La mitad de la comunidad china de Torreón, Coahuila, en el noreste de México fue asesinada.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
16 de mayo, 2015
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“Las calles de Torreón a las tres de la tarde estaban cubiertas de cadáveres… La consternación en que quedó la ciudad es indescriptible, no hay palabras con que expresarla”.

El autor de estas líneas fue el periodista Delfino Ríos, testigo del asesinato de 303 chinos ocurrido el 15 de mayo de 1911.

Es la masacre más violenta de ciudadanos de ese país en la historia del continente americano, según historiadores.

La mitad de la comunidad china de Torreón, Coahuila, en el noreste de México fue asesinada.

Y sin embargo, el hecho es poco conocido en el país.

Los estudios e investigaciones académicas son escasos, y en los archivos de la localidad prácticamente no existen las menciones al tema.

Es como si la matanza se olvidara durante casi un siglo, le dice a BBC Mundo el investigador Carlos Castañón Cuadros, del consejo académico del Museo Arocena de Torreón.

“Hubo un silencio cómplice de una sociedad que no quiso afrontar o reconocer que fue parte de esa violencia, y la mejor manera de abordar ese terrible suceso histórico fue no hablando de ello”.

Las horas previas

La masacre ocurrió durante la Revolución Mexicana, que inició el 20 de noviembre de 1910.

Durante seis meses los insurgentes superaron al Ejército del gobierno federal, encabezado por Porfirio Díaz, especialmente en el norte del país, que para mayo de 1911 conservaba pocos bastiones en la zona.

Entre ellos se encontraba Torreón, una próspera ciudad en el centro de una de las regiones agrícolas y algodoneras más fértiles del país, la Comarca Lagunera.

En el lugar se asentaron decenas de familias originarias de China, especialmente de la región de Cantón, quienes huían de la hambruna de sus comunidades.

Otros escaparon de la persecución racial en Estados Unidos, particularmente en el estado de California.

En 1911 la comunidad china de Torreón estaba integraba por unas 600 personas, la mayoría comerciantes, campesinos o propietarios de lavanderías.

También había personas adineradas que fundaron el principal banco de la ciudad.

La madrugada del 15 de mayo de 1911 llegaron a Torreón unos 2.000 soldados de las fuerzas leales a Francisco I. Madero, iniciador del movimiento revolucionario.

Los miembros del Ejército federal que custodiaban la ciudad –cerca de 400, dice el historiador Castañón Cuadros, aunque otras versiones hablan de 700- abandonaron la zona después de unas horas de combate.

Durante varias horas no hubo gobierno en la ciudad.

Violencia extrema

Las investigaciones sobre el inicio de la masacre coinciden en que decenas de vecinos saquearon los comercios de la ciudad, especialmente de la comunidad china.

Los agresores les acusaron de aliarse con las fuerzas de Porfirio Díaz, porque aparentemente los soldados federales dispararon desde comercios y casas de los ciudadanos asiáticos.

Nunca se comprobó la versión. Lo único claro es que en pocos minutos el saqueo se convirtió en violencia extrema contra los chinos.

El historiador Marco Antonio Pérez Jiménez documentó que la turba asesinó con saña a las víctimas, sin importar que entre ellas hubiera adolescentes, niños y mujeres.

No fue parte de la batalla por controlar la ciudad, le dice a BBC Mundo el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Hay una agresión más allá de la simple lucha. La acusación fue que defendieron junto con los porfiristas la plaza de Torreón, con eso justificaron ir contra ellos” explica.

“Pero la forma del asesinato revela un odio que va mucho más allá de la lucha, de una cuestión de guerra”.

¿Por qué fue posible una masacre como la de Torreón?

Los investigadores consultados por BBC Mundo coinciden en que el país, como otros en Latinoamérica y Estados Unidos, vivía un clima social de xenofobia y racismo contra inmigrantes asiáticos y árabes.

Por ejemplo en Sonora, en el noroeste de México, el congreso local decretó leyes que prohibían el matrimonio entre mexicanas y chinos.

También recluyó en zonas especiales a ciudadanos de ese país, e incluso permitió su expulsión del estado en algunos casos.

El movimiento antichino de Sonora tuvo influencia nacional porque el entonces presidente de México, Plutarco Elías Calles, era sonorense.

De hecho el gobernante Partido Nacional Revolucionario (PNR) destinó una parte de su cuota de diputados en el Congreso de la Unión a representantes de este grupo de xenofobia.

El PNR es antecesor del actual Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Magonistas

Pero en Torreón el ambiente era particularmente hostil contra los chinos.

Antes de la Revolución, en 1907, en la Comarca Lagunera se asentaron grupos anarquistas identificados con el periodista Ricardo Flores Magón.

Los magonistas, cono se les conocía, “se pronunciaron abiertamente contra los chinos por considerarlos una migración indeseable, una competencia a los trabajadores mexicanos”, explica el investigador Castañón Cuadros.

Cuando inició la lucha armada los anarquistas engrosaron el ejército de Francisco I. Madero.

Además, como en otras partes del país, en la ciudad existía la creencia de que los ciudadanos asiáticos le quitaban el trabajo a los mexicanos.

A los prejuicios económicos se unió el racismo. Los ingredientes se mezclaron en el amanecer del 15 de mayo de 1911.

Después de la matanza China –que años antes había firmado un pacto de amistad y comercio con México- reclamó una investigación y castigo a los responsables.

El gobierno del presidente Francisco I. Madero ofreció una indemnización, que no se pagó porque el mandatario fue asesinado en 1913.

Muchas familias chinas sobrevivientes huyeron de Torreón, pero los que se quedaron no hablaron del tema durante décadas, asegura Castañón Cuadros.

Los vecinos mexicanos también guardaron silencio hasta la década de 2000 cuando se realizaron varios actos de desagravio a la comunidad china.

Entre marzo y abril de este año el Museo Memoria y Tolerancia de Ciudad de México organizó una muestra fotográfica sobre el racismo que incluyó la masacre en Torreón.

Algo importante, insiste el investigador Pérez Jiménez. “Es necesario que las personas lo conozcan y lo entiendan, es más allá de visibilizar el racismo, es una tarea de la historia”.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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