México, en el top 10 de países con más feminicidios por armas de fuego del mundo
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México, en el top 10 de países con más feminicidios por armas de fuego del mundo

Es una de las 25 naciones que concentran la mitad de todos los crímenes cometidos en contra de mujeres y niñas a escala global. Juárez fue un detonante del incremento de feminicidios, pero en Guerrero el problema está al alza, advierte un estudio.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
26 de mayo, 2015
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Protesta en la Ciudad de México contra los feminicidios. Foto: Cuartoscuro/Archivo.

Protesta en la Ciudad de México contra los feminicidios. Foto: Cuartoscuro/Archivo.

En seis años más de mil 900 mujeres y niñas fueron asesinadas de forma violenta en México y casi la mitad de ellas con armas de fuego. Esto ubica a nuestro país, junto con otras nueve naciones latinoamericanas, entre los 25 países con la mayor tasa de feminicidios del mundo y en el top ten de los que se cometen con disparos de armas.

La crisis de seguridad en Ciudad Juárez, donde la tasa de homicidios de mujeres llegó a niveles 20 veces superiores al promedio global, disparó el nivel de feminicidios, pero el contexto del narcotráfico y la violencia creciente en estados como Guerrero, amenazan con mantener a México entre los países más peligrosos para las mujeres en el mundo.

Los datos y análisis corresponden al estudio denominado “Carga Global de la Violencia Armada 2015. Cada Cuerpo Cuenta” elaborado y publicado cada tres años por dos organizaciones no gubernamentales europeas con el apoyo de Naciones Unidas, y el cual dimensiona los costos humanos de la violencia a escala global a partir de información oficial.

De acuerdo con el diagnóstico, aunque el 80 por ciento de las víctimas de homicidios intencionales en el mundo son hombres, en promedio cada año 60 mil mujeres pierden la vida en circunstancias violentas.

Una situación preocupante, además de la cantidad de los feminicidios, es la concentración de los mismos. Apenas 25 países acumulan la mitad de todos los crímenes de mujeres en el planeta y con índices que a diferencia de los del resto de naciones van en incremento.

América Latina es la región de mayor violencia en contra de las mujeres. De los 25 países con la mayor tasa de feminicidios, diez se encuentran en esta zona. Además, Honduras, El Salvador y México están entre los cinco países del mundo con el mayor crecimiento en las tasas de homicidios de niñas y mujeres.

“Estas naciones que son testigos de una alta actividad del narcotráfico además padecen un crecimiento en su tasa de feminicidios que incluso, han llevado a los actividades en Derechos Humanos a considerar la guerra contra las drogas como la nueva guerra contra las mujeres” señala el análisis.

La opacidad es el otro problema. De acuerdo con el estudio, aunque se ha avanzado en la recolección de información sobre los crímenes en contra de las mujeres en el mundo, existen naciones principalmente en África y Asia donde no hay una contabilidad precisa o confiable y por tanto, donde la gravedad del problema se desconoce.

México, triste protagonista

En el periodo del 2007 a 2012 se cometieron en México mil 909 feminicidios en el país (ya comprobados y verificados), cantidad que significa un tasa de 3.2 crímenes por cada 100 mil mujeres. Dicho promedio de homicidios ubica nuestro país por encima de la tasa mundial de feminicidios.

En el comparativo con otros países, México se encuentra en la posición 23 con la mayor tasa de feminicidios. Si se toma en cuenta solamente la cantidad total de homicidios de mujeres sin el factor demográfico, nuestro país escalaría hasta la sexta posición global.

El balance de cualquier forma es negativo. Una escala elaborada por el propio estudio pone a México con un rango “alto” de feminicidios junto 17 países más, los cuales solo están por debajo de otros siete cuyo rango es “muy alto”. En total, fueron analizados y comparados más de cien naciones que tenían datos consolidados.

En la revisión de los feminicidios que se cometen con armas de fuego la situación es aún peor, pues México es el décimo lugar en este rubro, con un porcentaje de casi la mitad de los homicidios de mujeres cometidos de esta forma. El primer lugar lo ocupa Guatemala, donde la proporción de feminicidios con armas de fuego supera el 70 por ciento.

En comparación con los otros dos países de América del Norte, la situación de México es muy desfavorable. La tasa de feminicidios en los Estados Unidos es de 1.9 por cien mil mujeres, es decir, la mitad en comparación con nuestro país. Con Canadá la brecha es aún más alta pues ese país tiene un índice de 0.9 feminicidios.

Otro dato significativo es que nuestro país fue, entre el 2011 y el 2014, el quinto con el mayor crecimiento en su tasa de feminicidios -pasó de 2.4 a 3.2- solo detrás de Honduras, El Salvador, Bahamas y Surinam.

La letal Juárez y el riesgo en Guerrero

Una “ciudad letal para las mujeres”. Así calificaron las organizaciones detrás de este análisis a Ciudad Juárez, municipio que tuvo un papel protagónico en el disparo de los feminicidios en México sobretodo en el periodo del 2008 al 2012.

De acuerdo con los datos del estudio, la ciudad fronteriza del estado de Chihuahua llegó a tener una tasa de casi 60 homicidios por cien mil mujeres en 2010. Para ponerlo en proporción, este índice cuadruplica a la tasa de feminicidios de El Salvador, actualmente el país con la mayor incidencia de crímenes de niñas y mujeres.

Aunque la violencia en Juárez fue generalizada e impulsada sobre todo por la operación y rivalidad de grupos del crimen organizado, la proporción en los homicidios de mujeres creció 20 por ciento más que la de los hombres.

Cifras del Observatorio para la Violencia de Juárez, retomadas por el análisis, detallan que de los 673 feminicidios registrados entre 2009 y 2012, casi la mitad ocurrieron en las calles o en un espacio público, mientras que el 25 por ciento fueron en domicilios privados y otro siete por ciento en zonas comerciales.

“Pero además de la tasa extremadamente alta de feminicidios en Juárez, llama la atención la violencia con lo que se cometieron los crímenes, con varias víctimas que mostraban signos de tortura o mutilación, antes de ser arrojadas en sitios públicos” subraya el estudio.

Los analistas advierten que si bien, a partir de 2010, el nivel de feminicidios en Juárez comenzó a descender, en parte por la estrategia de seguridad implementada en el estado, en otras zonas del país la violencia contra las mujeres ya dio señales de crecimiento.

En 2012 Chihuahua tuvo una tasa de feminicidios de 15.2 por cien mil mujeres, cuatro veces más que el promedio nacional pero a su vez, un descenso significativo respecto a años anteriores. En cambio, Guerrero acumuló dos años consecutivos al alza hasta alcanzar una tasa de casi 14 feminicidios en el mismo año. Un fenómeno similar ocurrió en otros estados como Durango y Nayarit.

América Latina, feminicidios y narco

Según los datos del estudio América Latina es la región del mundo en donde las mujeres corren el mayor riesgo de ser asesinadas. El Salvador tiene la tasa más alta de feminicidios a escala global con 17 crímenes en promedio por cada cien mil mujeres, seguido de Honduras con un índice de 14 feminicidios.

En tercer sitio aparece Sudáfrica y en cuarto de nuevo otro país latinoamericano, Guatemala, con una tasa de poco más de diez feminicidios. Belice, Venezuela, Colombia, Brasil, República Dominicana y Panamá son los otros países de la región junto con México que se encuentran entre los 25 con más feminicidios.

En el análisis por regiones América central, el Caribe y América del Sur están por encima – en ese orden- del resto de en cuanto a la incidencia de homicidios violentos de mujeres. En el otro extremo, Europa es la zona con la menor tasa de feminicidios, exceptuando a Rusia que es uno de los países ubicadas en el top ten de crímenes de mujeres.

Los analistas destacan que aun cuando en América son pocas las regiones en un conflicto armado convencional, exceptuando a Colombia, la presencia del crimen organizado y el narcotráfico es uno de los principales motores en el homicidio de mujeres.

“Mujeres y niñas son vulnerables en el contexto del narcotráfico. Son blancos fáciles cuando se les utiliza como “mulas” para transporte de droga. También son ejecutadas para enviar mensajes a las autoridades y en varias ocasiones resultan víctimas en las luchas entre bandas rivales” indica el estudio.

A escala global los feminicidios se redujeron de 66 mil en promedio cada año en 2007 a 60 mil en 2012. El problema, destaca el estudio, es que esta reducción no es un fenómeno generalizado pues en los 25 países con mayores tasas de homicidio se ha mantenido por lo menos la misma tasa delictiva.

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Cómo el COVID-19 llevó a la bancarrota a Avianca, la aerolínea más antigua de América Latina

La aerolínea más grande de Colombia, y la segunda de América Latina, solicitó acogerse a la ley de bancarrota de Estados Unidos.
12 de mayo, 2020
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En diciembre pasado, Avianca celebró sus 100 años con anuncios de nuevas rutas, conciertos en aeropuertos y vuelos y la emisión de unas estampillas conmemorativas en alianza con el gobierno de Iván Duque.

“Avianca se ha convertido en un símbolo de Colombia ante el mundo”, celebró el Ejecutivo en ese momento.

Cinco meses después, la crisis económica producida por la pandemia del coronavirus, que tiene parados al 90% de los aviones del mundo, llevó a la aerolínea más grande Colombia al default.

El domingo, cuando se cumplía el plazo de unos pagos de deuda, la empresa solicitó acogerse al Capítulo 11 del Código de Bancarrota de Estados Unidos, figura que busca defender a los acreedores en ese país y le da incentivos a las empresas con contratos allí para no tener que cerrar operaciones.

La compañía, que tiene filiales en Ecuador, Brasil y Honduras, entre otros países, anunció la liquidación de su operación en Perú, la primera consecuencia concreta de la bancarrota. La pandemia ha significado una caída del 80% en los ingresos de la empresa.

Sin embargo, con acogerse al famoso capítulo 11 Avianca espera reanudar sus vuelos cuando termine la pandemia. La bancarrota le permite mantener el control de sus operaciones y ganar cerca de un año para renegociar una deuda total estimada en US$7.000 millones.

Avianca

AFP
El 90% de los aviones en el mundo están quietos. Los de Avianca no son la excepción.

Uno de los mecanismos que se ha planteado para salvar a la empresa es un rescate del gobierno colombiano.

La idea, al parecer planteada por la compañía según filtraciones de medios locales, generó fuerte polémica en un país que intenta sobrellevar la pandemia entre pobreza, desigualdad e informalidad laboral.

Los defensores de un rescate argumentan que el impacto social y económico de la desaparición de Avianca, que consideran un “activo estratégico” para el país, sería catastrófico.

Los detractores lo ven como un premio a una compañía que ya no es colombiana -y cada tanto protagoniza escándalos de maltrato al cliente- por parte de un gobierno de tecnócratas que, dicen, “gobierna para los empresarios”.

Duque (cuya hermana, Maria Paula, es vicepresidenta de relaciones estratégicas de Avianca), quien fue elegido de la mano del sector privado, no ha ni rechazado ni aceptado la iniciativa. Pero, con la bancarrota, el debate continuará.

Historia de altibajos

Avianca emplea a 21.000 personas, de las cuales 14.000 están en Colombia. Es la segunda aerolínea más grande de la región después de la chilena Latam; tiene 176 aviones, opera a 150 destinos y hasta ahora ofrecía 5.100 vuelos semanales.

La marca está registrada en la memoria de los colombianos, en parte porque en 1973 se incendió su emblemático edificio en Bogotá y porque en 1990 los narcos derribaron uno de sus aviones.

Según Skytrax, un servicio de consultoría aeronáutica, Avianca es la mejor aerolínea de América Latina. Pero en otros portales de críticas, como Official Aviation Guide, registra como una de las que más retrasos y quejas presenta de la región.

No es la primera vez que la aerolínea se declara en bancarrota ante la justicia estadounidense, aunque esta sea, según su presidente, Anko van der Werffa, “la crisis más desafiante en nuestra historia“.

En realidad, aerolíneas como Delta, American y United entraron a este proceso durante la crisis posterior al 2008.

Aviones de Avianca.

Reuters
El sector aeronáutico es uno de los más perjudicados por la pandemia del coronavirus.

La última emergencia de esta magnitud para Avianca fue en 2003, cuando el proceso de renegociación resultó en la compra de la mayoría de las acciones por parte del empresario Germán Efromovich, quien aún hoy posee la mayoría, pero perdió el control de la junta.

El brasileño quiso convertir Avianca en una “aerolínea latinoamericana“, invirtió en Bogotá y San Salvador como principales centros de conexión, desarrolló aerolíneas satélite en Perú, Argentina y Brasil y se alió con la gigante estadounidense United Airlines.

La aerolínea, cuya sede fue trasladada a Panamá, se disparó durante la primera década del siglo.

Pero hacia 2017, con la desaceleración de la economía latinoamericana, reflotaron los problemas: las operaciones en Brasil resultaron un fracaso y la empresa tuvo que acogerse a una ley de quiebras; la crisis en Argentina contrajo la demanda por vuelos internos de bajo precio; y un viejo y profundo conflicto con el sindicato aeronáutico en Colombia significó retrasos, protestas y el despido de decenas de pilotos en 2018.

Germán Efromovich

AFP
Germán Efromovich ha sido la cabeza de Avianca desde 2003 pero en los últimos años perdió su posición en la junta.

“Antes de los años 80 el mercado global estaba compartimentalizado y no había política de cielos abiertos”, dice a BBC Mundo el economista Salomón Kalmanovitz.

“Pero eso cambió en los 90, se abrió una competencia plena, bajaron los precios y Avianca nunca pudo adaptarse a ese nuevo escenario”.

“Entre 2003 y 2015 tuvieron buen desempeño y eso le dio alas para expandirse, pero la crisis la castiga muy duro porque se creyó el cuento de que la bonanza de esa época, generada por el auge de las materias primas, los bajos impuestos y la apertura total, era para siempre”, agrega.

Kalmanovitz, que escribió una columna de El Espectador criticando el rescate estatal, recuerda que Avianca siempre ha tenido una participación, a veces mayoritaria, de empresarios extranjeros.

Menos colombiana que su reputación

Avianca fue creada el 5 de diciembre de 1919 y se llamó Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos (Scadta). Los impulsores eran tres alemanes y seis colombianos que hacían parte de un grupo de inversionistas en Barranquilla, la ciudad portuaria en el norte de Colombia más cerca del Canal de Panamá.

Para entonces, la única aerolínea rentable del mundo era la holandesa KLM.

Según una investigación del historiador Luis Eduardo Rosemberg, la llegada del nazismo al poder en 1933 tuvo cierto impacto en Scadta, porque el gobierno alemán quiso utilizarla como parte de su estrategia geopolítica en la región.

Algunos de los fundadores alemanes de la empresa, además, parecían mostrar simpatía con el nacional-socialismo.

A finales de los años 30, según registros de la época, el gobierno estadounidense presionó al presidente colombiano Eduardo Santos para que nacionalizara Avianca y despojara a los alemanes de su participación en la empresa.

Fue así como, en junio de 1940, la compañía pasó a llamarse Avianca. Era una empresa colombiana cuyo principal accionista, sin embargo, era el gobierno estadounidense a través de Pan Am Airlines.

Con el tiempo la participación accionaria fue cambiando, pasó por el portafolio de los principales millonarios de Colombia y, en 1975, quedó en manos de la empresa más poderosa del país en ese entonces: el Grupo Santo Domingo, dueños de cervecerías, canales de televisión y servicios aduaneros, entre otras cosas.

“Avianca gozó durante años del proteccionismo del Estado, que limitaba la competencia, le dio el monopolio del correo y la rescataba cuando necesitaba, pero cuando llegó el libre mercado en los 80 y 90, nunca supo adaptarse”, concluye Kalmanovitz.

Bajo las riendas de los Santo Domingo, en 2003, Avianca cayó en bancarrota. Y ahora, con el coronavirus, la historia se repite.


Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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