México: se resuelve el misterio de Alondra, la niña desaparecida durante ocho años
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Foto: Cuartoscuro

México: se resuelve el misterio de Alondra, la niña desaparecida durante ocho años

En un controversial operativo de Interpol, Alondra Luna fue enviada por error y a la fuerza a Estados Unidos. Esto es lo que ocurrió.
Foto: Cuartoscuro
Por BBC Mundo
12 de mayo, 2015
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El enredado y dramático caso de Alondra parece haber empezado a resolverse.

La “verdadera” Alondra, Alondra Díaz García, una adolescente mexicana buscada durante ocho años por su madre residente en Estados Unidos, luego de que fuera sustraída por su padre, fue entregada por su abuela este lunes a las autoridades mexicanas.

La situación había dado pie a la existencia de una “falsa” Alondra, Alondra Luna.

Su historia se hizo conocida hace pocas semanas cuando Díaz fue confundida con Luna.

Tienen características físicas similares, la misma edad -13 años- y ambas tenían vínculos familiares en el estado de Michoacán, donde la madre suponía que se encontraba su hija desparecida.

En un controversial operativo de Interpol, Luna fue enviada por error y a la fuerza a Estados Unidos.

Luego de las pruebas de ADN, se conoció que se había tratado de un malentendido y de un error de la justicia mexicana.

Lea también: Vuelve a México la adolescente enviada por error y a la fuerza a EE.UU.

El caso

Reynaldo Díaz, el padre de Alondra, se la había llevado sin autorización de la casa de su madre en Houston, Texas, el 1 de junio de 2007.

Según ha dicho la madre, Dorotea García, no había dejado de buscar a la niña desde el día en que desapareció cuando tenía 5 años.

Alondra Díaz García se presentó este lunes ante un juzgado del estado de Michoacán en compañía de su abuela.

Medios locales en México indicaron que el padre había sido contactado dos semanas atrás por la Fundación Nacional de Niños Robados y Desaparecidos (FIND) y que accedió a entregar a la niña voluntariamente.

El director de FIND, Juan Manuel Estrada, fue el encargado de mediar en la entrega de la niña a las autoridades del estado de Jalisco, donde vive el padre.

Sin embargo, terminó ocurriendo en el estado de Michoacán, donde residen otros familiares de la menor.

“Teníamos el compromiso de que la menor fuera entregada en el estado de Jalisco, el padre tuvo cierto temor y prefirió hacer la entrega por conducto de su abuela en el estado de Michoacán“, aseguró Estrada a la radio Noticias MVS.

“La menor ya se encuentra rindiendo su declaración ante las autoridades correspondientes”, añadió Estrada.

Previo a la entrega a las autoridades, Alondra dio declaraciones a la cadena Univisión.

“Si estaba contenta con mi papá, sí, me sentía feliz pero, pues, a la vez sentía que me faltaba algo”, señaló.

Se espera ahora que la madre viaje de Texas a México para realizarse pruebas de ADN.

Vea: Padre de la menor Alondra Díaz la entregará a su madre el lunes en Jalisco

La otra Alondra

La otra chica, Alondra Luna, fue enviada a Estados Unidos en cumplimiento de una orden de la Interpol.

Fue un momento dramático, que implicó forcejeos y el llanto desesperado de la niña.

Fue sacada a la fuerza de su escuela y llevada a Houston, donde después de unos días de y de los correspondientes exámenes de ADN, se determinó que no era la hija biológica de Dorotea García.

La adolescente fue devuelta a México con sus familiares, quienes han asegurado que emprenderán acciones legales contra las autoridades mexicanas por la manera en la que se llevaron a su hija.

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India: los desesperados mensajes para salvar a pacientes con COVID

Avani Singh es una de las miles de personas en India que ha tenido que recurrir a las redes sociales para obtener ayuda para su familia.
1 de mayo, 2021
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Mientras una segunda ola de coronavirus causa estragos en India, con más de 350 mil  casos reportados a diario, las familias de los enfermos de covid-19 buscan desesperadamente ayuda en las redes sociales.

Desde la mañana hasta la noche, rastrean cuentas en Instagram, dejan mensajes en grupos de WhatsApp y revisan sus guías telefónicas. Buscan camas en un hospital, oxígeno, el fármaco remdesivir y donaciones de sangre.

Es caótico y abrumador. Un mensaje de WhatsApp comienza a circular: “Dos camas de UCI libres. Minutos después, ya no lo están. Pasaron a ser ocupadas por quien llegó primero.

Otro mensaje: “Se necesita con urgencia concentrador de oxígeno. Por favor, ayuda”.

A medida que el sistema de salud se debilita, es la comunidad, el esfuerzo personal y la suerte lo que decide entre la vida y la muerte.

La demanda supera a la oferta. Y los enfermos no pueden darse el lujo de perder tiempo.

“Buscamos en 200 lugares una cama de hospital”

Cuando comencé a redactar este artículo el viernes, hablé con un hombre que buscaba oxígeno en WhatsApp para su primo de 30 años en Uttar Pradesh, un estado en el norte de India. Cuando terminé de escribir el domingo, había muerto.

Otros están agotados y traumatizados, después de días cargando en sus hombros el peso de encontrar un tratamiento que salve la vida a sus seres queridos.

“Son las 6 de la mañana, la hora a la que comenzamos las llamadas. Nos informamos de cuáles son las necesidades de mi abuelo para el día -oxígeno e inyecciones- lo compartimos en WhatsApp y llamamos a todas las personas que conocemos”, explica Avani Singh.

Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Avani Singh
Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Su abuelo de 94 años está muy enfermo de covid en Delhi.

Desde su casa en Estados Unidos, Avani y su madre, Amrita, describen una extensa red de familiares, amigos, parientes y contactos profesionales, muchas veces lejanos, que les ayudaron cuando el abuelo cayó enfermo y su salud se deterioró rápidamente.

“Usamos todos los contactos que tenemos. Yo buscaba en las redes sociales. Algunas páginas que sigo dicen ‘tal lugar confirmado, tiene cama de UCI’ o ‘este sitio tiene oxígeno’. Entre todos probamos unos 200 lugares“, explica Avani.

Finalmente, a través de un amigo de la escuela, encontraron un hospital con camas, pero descubrieron que no tenía oxígeno. En esos momentos, el padre de Avani estaba inconsciente.

“Entonces publiqué una súplica en Facebook y un amigo sabía de una sala de emergencia con oxígeno. Gracias a ese amigo, mi padre sobrevivió aquella noche“, dice Amrita.

Cuando hablamos el sábado, su perspectiva había mejorado, pero la tarea que tenían por delante Avani y Amrita era conseguir inyecciones de remdesivir. Hicieron algunas llamadas, y el hermano de Amrita en Delhi viajó en auto hasta esos lugares, haciendo unos 160 km en un solo día.

“Mi abuelo es mi mejor amigo. No puedo agradecer lo suficiente a las personas que manejan esas páginas de Instagram por todo lo que están haciendo”, dice Avani.

Pero la información pronto se desactualiza. También les preocupan las informaciones falsas.

“Nos enteramos de que una farmacia tenía los medicamentos pero cuando mi primo llegó allí ya no quedaba ninguno. Abría a las 8:30 de la mañana y la gente llevaba haciendo cola desde medianoche. Solo los 100 primeros recibieron las inyecciones”.

“Ahora venden los medicamentos en el mercado negro. Deberían costar unas 1.200 rupias (US$16) y los venden por 100.000 rupias (US$1.334), y nadie te puede garantizar su autenticidad”, explica Amrita.

Como cualquier sistema que confía en conexiones personales, no todo el mundo recibe una oportunidad justa. El dinero, los contactos familiares y un alto estatus social brindan mayores posibilidades de éxito, así como el acceso a internet y los celulares.

Situaciones desesperadas

En medio del caos, algunas personas tratan de poner algo de orden, centralizando la información, creando grupos comunitarios y usando cuentas de Instagram para hacer circular los contactos.

Arpita Chowdhury, de 20 años, y un grupo de estudiantes en su universidad para mujeres en la capital gestionan una base de datos que ellas mismas recaban y verifican.

Arpita Chowdhury

Arpita Chowdhury
Arpita Chowdhury y otras estudiantes del Lady Shri Ram College, una Universidad en Nueva Delhi, crearon un grupo para coordinar la información en las redes sociales.

“Cambia hora a hora, minuto a minuto. Hace cinco minutos me dijeron que había un hospital con diez camas disponibles, pero cuando llamo ya no hay”, explica.

Con sus compañeras, llama a los números de contacto anunciados en las redes sociales que ofrecen oxígeno, camas, plasma o medicamentos, y publica la información verificada en internet.

Luego responde a las solicitudes de familiares de pacientes con covid que solicitan ayuda.

Es algo que podemos hacer para ayudar, a nivel más básico, dice.

Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
“Necesitamos dos camas de hospital para mis abuelos, ¿saben de algo?”, preguntan en un mensaje. “El Colegio Médico Doon tiene camas de UCI”, responden.
Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
-“SOS, oxígeno en Agra”. -“De acuerdo, averiguo”. “OXÍGENO. Ubicación: Agra, Uttar Pradesh. Disponible el 23 de abril a las 12 del mediodía. Verificado”.

El viernes, Aditya Gupta me dijo que estaba buscando un concentrador de oxígeno para su primo Saurabh Gupta, gravemente enfermo en Gorakhpur, una ciudad en el estado norteño de Uttar Pradesh en donde hubo un gran aumento de casos y muertes.

Saurabh, un ingeniero de 30 años, era el orgullo y la alegría de su familia. Su padre tenía una pequeña tienda y ahorró para que pudiera tener una educación.

“Visitamos casi todos los hospitales en Gorakhpur. Los hospitales más grandes estaban llenos y el resto nos dijeron: ‘Si logran obtener el oxígeno por su cuenta, podremos aceptar al paciente“, explicó Aditya.

A través de WhatsApp, la familia consiguió un cilindro de oxígeno, pero necesitaban un concentrador para hacerlo funcionar. Estaban agotados el viernes, aunque recibieron garantías de un proveedor de que podrían obtener uno.

Pero el dispositivo que tan desesperadamente necesitaban nunca llegó y Saurabh no puso ser ingresado en el hospital.

El domingo, Aditya me dijo: “Lo perdimos ayer por la mañana, murió delante de sus padres”.

Saurabh Gupta

Aditya Gupta
Saurabh tenía 30 años.

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