PF opera sin transparentar a cuántas personas ha matado ni su manual de uso de fuerza
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PF opera sin transparentar a cuántas personas ha matado ni su manual de uso de fuerza

Soldados y marinos operan con un manual que, por ejemplo, prohíbe disparar a través de paredes, puertas o ventanas. De la Federal solo hay lineamientos emitidos por una dependencia que ya no existe.
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Por Arturo Ángel
29 de mayo, 2015
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Policía Federal. // Foto: Cuartoscuro.

Policía Federal. // Foto: Cuartoscuro.

La principal institución de seguridad civil del país, la Policía Federal,  opera sin que se conozca públicamente un manual que defina cuándo y cómo pueden usar la fuerza sus más de 40 mil agentes, incluidas armas letales, y sin que se haya transparentado  la cifra de  personas fallecidas en los enfrentamientos u operativos implementados por sus distintas divisiones.

A diferencia del Ejército y la Marina -las otras dos fuerzas  federales que participan en operativos de combate al crimen y seguridad pública- la corporación dirigida por el comisionado Enrique Galindo no ha querido revelar los datos mencionados pese a que se han hecho distintas solicitudes de transparencia.

En el caso de las fuerzas armadas, estas trabajan con un manual de uso de la fuerza unificado que fue publicado en el 2014. Ahí se establece por ejemplo, que no se puede disparar a través de paredes o ventanas o a coches en movimiento.

Pero del lado de Policía Federal  no hay disponible públicamente un manual de ese tipo. Lo único que se puede revisar son lineamientos generales de uso de la fuerza publicados en el 2012 por la ya desaparecida Secretaría de Seguridad Pública, y en los que se establecía que debería de existir un manual que contuviera las reglas.

El pasado viernes 22 de  mayo policías federales abatieron a 42 personas, en lo que es el enfrentamiento con el mayor saldo humano en la historia reciente de combate al crimen organizado.

De acuerdo con lo dicho por testigos y por los propios mandos, se disparó a los agresores escondidos en dos edificios  incluso desde un helicóptero.  Públicamente es imposible verificar si ese tipo de acción está permitida porque no se puede consultar documento alguno.

Hasta ahora más de cuatro mil civiles han muerto en los enfrentamientos con soldados y marinos, como han reconocido las secretarías de la Defensa y Marina. El total de abatidos por los uniformados de la Policía Federal es desconocido.

Los “lineamientos” de los federales

En 2012, cuando todavía existía la Secretaría de Seguridad Pública Federal (que luego fue reemplazada por la oficina del Comisionado Nacional de Seguridad)  se publicaron los denominados “Lineamientos generales para la regulación del Uso de la Fuerza pública por las Instituciones policiales y órganos desconcentrados en la SSP”.

Estos lineamientos eran para la Policía Federal, el Servicio de Protección Federal y el personal de seguridad de los Centros Federales de Readaptación Social, que eran las fuerzas que dependían de la SSP cuando ésta existía.

El documento aborda el marco general en cuanto al uso de la fuerza. Se establecen cinco principios para el uso de la fuerza, así como cinco niveles de fuerza (a diferencia de los cuatro que contempla el Ejército).

El último de esos niveles es el uso de la fuerza letal, es decir, de armas de fuego que pueden terminar con la vida de otra persona.

Según el documento,  la fuerza letal podrá emplearse “cuando los otros medios resulten ineficaces”. Se plantea que esto deberá hacerse con “moderación” y buscando “reducir al mínimo las lesiones o los daños”.

Pero estos lineamientos generales no desglosan a detalle cómo deben emplearse las armas  de fuego ni qué objetivos pueden ser atacados o no. Tampoco se diferencia cuándo habría un uso indebido de la fuerza letal, ni si se puede disparar en contra de vehículos, de viviendas o similares.

“Las Instituciones Policiales encargadas de hacer cumplir la ley y preservar el Estado de Derecho especificarán las reglas para el uso de la fuerza pública en los manuales que contengan los procedimientos de actuación” indica el capítulo tres de esos lineamientos.

Públicamente los referidos manuales no se conocen si es que existen. La Secretaría de Seguridad Pública Federal desapareció  al iniciar este sexenio pero los lineamientos no fueron actualizados.

En la solicitud de transparencia folio 0413100019814 un ciudadano pidió a la Policía Federal que se le facilitara una versión del manual de Uso de la Fuerza, pero la corporación dijo que tal documento era inexistente y que lo que estaba disponible eran los lineamientos generales publicados en el 2012.

El manual militar

El Manual de Uso de la Fuerza, de aplicación Común a las tres Fuerzas Armadas da luz verde a militares, marinos y miembros de la Fuerza Aérea para usar fuerza letal –como se le conoce técnicamente a las armas de fuego- en contra de potenciales agresores incluso antes de que estos ataquen primero. Pero existen condiciones.

De entrada el manual establece que deben cumplirse cinco requisitos básicos para que se legitime el derecho a la defensa y por lo tanto proceda una respuesta de cualquier tipo: Que exista un intento de agresión, que la amenaza sea real y no hipotética, que el hecho sea actual o inminente, que se analice racionalmente la posibilidad de defensa, y que no haya habido provocación de parte de las autoridades.

Posteriormente, al momento en que se decide aplicar la fuerza deben atenderse cuatro principios que son el de la oportunidad, proporcionalidad, racionalidad y legalidad. En resumen, se trata de que haya una respuesta que sea acorde con la amenaza o el tipo de agresión que se esté recibiendo.

Llegado a ese punto los militares deben seleccionar entre cuatro niveles de uso de la fuerza. El último de los niveles es el de “fuerza letal” que es válido cuando “los agresores o transgresores amenacen al personal de las fuerzas armadas o a terceros con armas de fuego, explosivos, vehículos”. Es decir, no es necesario que los militares esperen al primer disparo para que ellos abran fuego.

Pero el manual establece algunas reglas que deben seguirse al momento de usar las armas, entre ellas la prohibición a los soldados y marinos de disparar a través de paredes, ventanas o barreras sin que haya claridad de quienes están realmente dentro.

También está prohibido -y de hecho constituye un uso indebido de la fuerza letal- el disparar en contra de vehículos en movimiento excepto cuando exista el riesgo de que alguien resulte lastimado si no se lleva a cabo.

Cuatro mil muertos por militares; por federales no se sabe

Los datos oficiales más recientes de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Marina, revelados a través de solicitudes de transparencia, arrojan que de diciembre de 2006 a 2014, un total de cuatro mil 74 presuntos agresores han muerto en los enfrentamientos en contra de las fuerzas armadas.

La mayor parte de estas personas, tres mil 907, han sido “abatidas” por integrantes del Ejército nacional y el resto por la Marina. El promedio en ocho años sería de hasta dos civiles muertos en choques con los militares todos los días.

Si se toma en cuenta que en ese mismo periodo aproximadamente 200 elementos de las fuerzas armadas murieron en los operativos contra el narcotráfico, la diferencia entre uno y otro es importante. Por cada militar muerto hay 20 sicarios presuntamente abatidos.

Entre los enfrentamientos de militares contra presuntos delincuentes que más muertos ha dejado, está el ocurrido el 3 de diciembre del 2010 en Tamaulipas cuando los soldados abatieron a 27 sicarios. Otro caso fue el ocurrido el 30 de junio en Tlatlaya, Estado de México, donde 22 civiles murieron a manos de los soldados.

Pero hasta ahora el mayor número de muertos en un enfrentamiento con alguna autoridad se presentó el 22 de mayo de este año en Tanhuato, Michoacán, donde 43 civiles perdieron la vida. En este último caso estuvieron involucrados agentes de la Policía Federal.

A diferencia de las fuerzas armadas, la Policía Federal no ha querido revelar el número de civiles muertos en choques con sus agentes en los últimos años.

En varias solicitudes de transparencia, entre ellas la número 0413100012513 por citar un ejemplo, los ciudadanos pidieron a la Policía  Federal conocer el número de civiles abatidos en enfrentamientos con los agentes, pero la respuesta fue que no se puede dar ese dato ya que “es facultad del Ministerio Público iniciar las averiguaciones por homicidio”.

La Defensa Nacional y la marina en cambio, sí han revelado estadísticas divididas incluso por fechas y estados sobe civiles abatidos en los enfrentamientos a las personas que solicitaron la información.

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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