¿Qué es exactamente la teoría de juegos?
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¿Qué es exactamente la teoría de juegos?

El estudio matemático de la toma de decisiones se utiliza en más campos de los que uno se imagina. John Nash, experto en la teoría de juegos falleció el sábado 23 de mayo a los 86 años de edad.
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Por Chris Stokel-Walker de BBC Mundo
24 de mayo, 2015
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Nash, quien falleció este sábado en un accidente, fue ampliamente considerado como uno de los expertos en la Teoría de Juegos y uno de los grandes matemáticos del siglo 20. // Foto: AP.

Nash, quien falleció este sábado en un accidente, fue ampliamente considerado como uno de los expertos en la Teoría de Juegos y uno de los grandes matemáticos del siglo 20. // Foto: AP.

La teoría de juegos puede ser descrita como el estudio matemático de la toma de decisiones, de conflicto y estrategia en situaciones sociales.

Ayuda a explicar cómo nos relacionamos en procesos de toma de decisión claves.

Siempre que interactuamos con otro ser humano, ya sea tratando de quedarnos con el último pedazo de torta en la cafetería o haciéndole un favor a un colega que esperamos retorne en el futuro, usamos una lógica que puede describirse como las reglas de la teoría de juegos.

Esos “juegos” son vitales hasta para los animales, señala Antonio Cabrales, profesor de Economía del University College London, Reino Unido.

“Yo actúo de una manera, tú actúas de otra”, explica Cabrales. “Algo sucede. Ese algo que sucede va a depender de lo que ambos hagamos”.

Lea también: Muere John Nash, el matemático de la “mente brillante”

Un clásico

El juego es un tipo de modelo matemático para entender la toma de decisión y la interacción entre quienes toman las decisiones. Y el mejor conocido se llama “El dilema del prisionero”.

Dilema del prisionero

Dos personas son arrestadas, encarceladas y se les fija la fecha del juicio.

El fiscal del caso habla con cada prisionero por separado y les presenta una oferta:

Si confiesa contra el socio, todos los cargos en su contra serán retirados y la confesión será usada como evidencia para condenar al otro. La sentencia que recibirá será de 20 años.

Si no confiesa y su socio lo hace, será condenado a 20 años y su socio quedará libre.

Si ambos confiesan, serán condenados a 5 años de prisión.

Si ninguno confiesa, serán condenados a 1 años de prisión.

En “El dilema del prisionero” el destino de cada uno depende de las acciones del otro. Individualmente, confesar sería la mejor opción, pero si ambos lo hacen el castigo es peor que si ambos callan.

“Cuando uno escoge algo, eso tiene un impacto en otras personas”, señala Paul Schweinzer, catedrático en el departamento de Economía de la Universidad de York, Inglaterra. “La teoría de juegos es tener en cuenta el impacto de mis decisiones en los otros cuando las voy a tomar”.

El “juego” es la interacción entre dos o más partes, y depende de que la gente actúe racionalmente, consciente de los límites del “juego” y de que la otra parte también conoce las reglas.

Estas interacciones estratégicas forman el punto crucial de la teoría de juegos. “A veces la usamos conscientemente y otras intuitivamente”, anota Cabrales.

Incluso si la gente –y algunos animales- no razonan conscientemente sobre las estrategias que van a usar, otras fuerzas, como la evolución o la experiencia de errores pasados, a menudo la hace comportarse de la misma manera que si fueran jugadores fríamente racionales.

En muchos escenarios

Hoy en día, la teoría de juegos es usada por muchas personas distintas en un amplio espectro de intereses.

“La principal razón de su éxito fue la variedad de escenarios en los que la gente empezó a darse cuenta que tenían que pensar formal y sistemáticamente sobre las interacciones estratégicas”, explica Rakesh Vohra, profesor de Economía en la Universidad de Pensilvania y alto miembro de la Sociedad de la Teoría de Juegos.

En 2001, la Teoría entró en la cultura popular gracias a la laureada película “A Beautiful Mind” (“Una mente brillante” o “Una mente maravillosa”), en la cual el actor australiano Russell Crowe representaba al premio Nobel John Nash.

Nash, quien falleció este sábado en un accidente, fue ampliamente considerado como uno de los expertos en la Teoría de Juegos y uno de los grandes matemáticos del siglo 20.

Aplicaciones

“La teoría de juegos revolucionó el estudio de la economía”.

Pero no sólo eso.

Desde licitaciones para proyectos de infraestructura, campeonatos de fútbol, hasta aplicaciones de citas románticas por internet dependen de ella. Las firmas que venden bienes a los consumidores usan la teoría de juegos para predecir cómo reaccionará la competencia –y los clientes- ante una guerra de precios.

Uno de los primeros usos codificados de esta teoría fue en la guerra. Los ejércitos estadounidense y británico utilizaron las primeras computadoras para probar modelos que utilizaban teoría de juegos para ayudar a los comandantes a decidir si debían atacar al enemigo, dónde y cuándo.

Sin botón

Desde entonces, el concepto ha evolucionado. Vohra explica que “cuando la teoría de juegos nació, había un grupo de personas que pensaba que si hacíamos un modelo lo suficientemente grande y complejo, y apretábamos un botón, sabríamos qué hacer”.

Eso resultó demasiado ambicioso, así que cambió. “Lo que tratamos de hacer es informar: no podemos decirte qué hacer, excepto en unas circunstancias limitadas. Pero sí podemos decirte cuáles son las cosas importantes sobre las que debes decidir. En un mundo complejo, en el que hay muchas cosas a las cuales prestarles atención, es enormemente útil enfocar la atención”.

El concepto no sólo se basa en conflicto y combate, también puede ayudar a cooperar.

“Hay juegos como el ajedrez, en el que si alguien gana el otro inmediatamente pierde. Pero hay juegos de producción conjunta: si tú y yo escribimos algo juntos, ambos podemos ganar. No hay ganador o perdedor, pero el acto de jugar juntos genera algo de lo que ambos nos podemos beneficiar”, explica Schweinzer.

¿Se puede aplicar a la negociación de la deuda griega?

Las negociaciones que se están llevando a cabo entre Grecia y sus acreedores son un lugar ideal para desplegar la teoría de juegos, no sólo porque el ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, es un teórico en este campo.

“Algunos comentaristas se apresuraron a presumir que como nuevo ministro de Finanzas de Grecia yo estaba ocupado inventando pantomimas, estratagemas y opiniones extrañas, luchando por mejorar una posición débil”, escribió Varoufakis en el New York Times esta semana.

“Si algo, mi formación en teoría de juegos me convenció que sería una bobada pensar que las actuales deliberaciones entre Grecia y nuestros socios son un juego de negociación que se ganará o perderá por medio de pantomima o subterfugio táctico”.

“Si uno piensa en la renegociación de los préstamos a Grecia, es un buen ejemplo en el que hay tensión entre competencia y cooperación”, dice Vohra.

Pero no todo el mundo está de acuerdo.

Sean Hargreaves Heap, profesor de Economía Política en King’s College London, quien coescribió una introducción crítica a la teoría de juegos en 1990, cree que esta teoría es inútil en este caso.

“Si uno piensa en las negociaciones, se trata de quién va a parpadear primero: el gobierno griego o los alemanes. Eso es útil, pero la teoría de juegos sólo te dice que hay tres cosas diferentes que se pueden esperar:

  1. Que los alemanes parpadeen
  2. Que los griegos parpadeen
  3. Que ambas partes tiren la moneda a ver si parpadean o no.

La teoría de juegos es una manera útil de caracterizar un problema, pero en términos de decirnos qué va a pasar, es inútil”.

Hargreaves Heap escribió su libro sobre la teoría de juegos con un joven académico nacido en Atenas y educado en Essex y Birmingham, Inglaterra.

¿El nombre del coautor? Yanis Varoufakis.

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Thomas Schelling

  • Uno de los primeros en aplicar la teoría de juegos en relaciones internacionales en su libro “La estrategia de conflicto” que analizaba la carrera de armas nucleares
  • Argumentó que la capacidad de tomar represalias era más útil que la habilidad de resistir un ataque y que la amenaza de una represalia incierta eran más eficaz que una amenaza precisa.
  • Tanto EE.UU. como la antigua Unión Soviética adoptaron esa estrategia –conocida como destrucción mutua asegurada- durante la Guerra Fría.

*Este artículo fue publicado inicialmente en febrero de 2015, y actualizado tras la muerte del matemático y premio Nobel John Nash en mayo de 2015.

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Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
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Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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