'Regreso al futuro', un 2015 al que no llegamos
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'Regreso al futuro', un 2015 al que no llegamos

En 1989 llegaba a las carteleras la segunda parte de la saga 'Regreso al futuro', una película en la que se retrata un entonces lejano 2015. Casi 26 años después, los aficionados celebran la efeméride, e internet se llena de entradas sobre cuáles son los gadgets logrados en estos años.
Por Agencia Sinc
1 de mayo, 2015
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Originariamente Regreso al Futuro no estaba concebida como una trilogía, y la segunda (1989) y la tercera (1990) parte se crearon por el éxito de la primera (1985). / Universal Pictures

Recién llegado de su anterior periplo temporal, Marty McFly debe embarcarse en una nueva aventura cuando su amigo Doc aparece de improviso con una versión modernizada del coche DeLorean. Le pide que tanto el joven como su novia viajen al futuro para solucionar un problema con la ley que tendrá entonces uno de sus hijos.

Así comienza la segunda entrega de la película Regreso al Futuro. En ella, los tres viajeros emprenden una travesía algo caótica que les lleva al 21 de octubre de 2015, justo 26 años después de su estreno en los cines de todo el mundo. Con esa fecha en ciernes, aficionados y expertos llevan meses hablando de robocordones, patines voladores y demás guiños que la ficción presentó en un futuro que ahora es nuestro presente.

Originariamente Regreso al Futuro, dirigida por Robert Zemeckis, no estaba concebida como una trilogía. La segunda (1989) y la tercera (1990) parte se crearon por el éxito de la primera (1985). Ambas secuelas, siendo películas muy distintas, se grabaron a la vez y desarrollan dos perspectivas de viajes en el tiempo, una hacia el futuro (II) y otra hacia el pasado (III).

“En la segunda parte el concepto de paradoja temporal se amplía y ya podemos hablar de ‘efecto mariposa’, es decir, cómo un pequeño cambio puede modificar toda la realidad. En la primera película esos cambios solamente se ven en fotografías; ya en la segunda se presenta una alternativa del futuro”, afirma José Rovira Collado, experto en ciencia ficción del departamento de Innovación y Formación Didáctica de la Universidad de Alicante.

“En este sentido es muy interesante –y divertida– la reflexión que se hace en la octava temporada de la serie Big Bang Theory sobre las líneas en el tiempo en Regreso al Futuro II”, continúa Rovira.

Pero, ¿tan diferente era el Hill Valley de 2015 de lo que sería en la actualidad? Obviando el hecho de que hoy en día no existen máquinas del tiempo como tal, en la película aparecen gadgets inalcanzables todavía, otros totalmente superados y muchas curiosidades sobre una época muy lejana y prometedora desde una visión ochentera.

2015 real versus 2015 imaginado

Como explica a Sinc Luis Martí, investigador español que en la actualidad trabaja en el laboratorio de Inteligencia Computacional Aplicada de la Universidad Pontificia Católica de Río de Janeiro (Brasil), “nuestro 2015 es bastante parecido al 2015 de la película”.

“El equipo de producción de la película hizo un trabajo muy interesante pensando cómo la tecnología afectaría a la vida de las personas normales. Otras películas antológicas, como 2001: Una odisea del espacio, se ubican en un contexto de alta tecnología y, por tanto, hasta cierto punto más fácil de concebir, imaginar y predecir”, continúa Martí.

Sin embargo, en la opinión de José Manuel Molina López, científico del departamento de Ciencia Computacional de la Universidad Carlos III de Madrid, “los verdaderos cambios que produce la tecnología son imprevisibles porque no son mejoras o adaptaciones de cosas que conocemos, son rupturistas”.

Para Molina, estas mejoras son difíciles de predecir: “Un coche que vuela es un avance sobre el coche que tenemos actualmente, pero en todas las películas donde aparece ese concepto se ven calles (aunque sean aéreas), atascos, etc. Es decir, que aunque nos imaginemos que la máquina hace su función ‘mejor’, no somos capaces de suponer la interacción”.

Un caso paradigmático son las redes inalámbricas. De hecho, en la ficción no aparecen los teléfonos móviles. “Con la cantidad de películas que han visitado el futuro con más de 15 años, ninguna imaginó el teléfono móvil que hoy todos llevamos en el bolsillo”, añade.

En cambio, salen cabinas de teléfono –hoy en día de uso casi simbólico– y máquinas de fax por todos lados. “Ahora mismo yo no sé dónde está el fax de mi departamento. Sé que hay uno porque tengo el número en mi firma de correo electrónico, pero nada más”, bromea Martí.

Hitos conseguidos

De todas las ideas que se imaginan en la película, algunas se han hecho realidad. Así, en la cinta se producen varias comunicaciones entre personas mediante videoconferencias, habituales en la actualidad. También aparecen drones. “Realmente son cámaras que filman de forma autónoma o remota, pero la idea es similar a la de los drones que se utilizan hoy en día para tomar imágenes de conflictos armados”, apunta Molina.

Hay otras tecnologías que aparecen en la ficción y en nuestro 2015 de forma parecida, aunque no exactamente igual. Por ejemplo, en la película queda implícito que los ordenadores están interconectados entre sí, pero nosotros usamos internet de una manera más directa.

Por otro lado, aparecen gafas de realidad aumentada, o al menos eso parece, con las que los actores pueden ver películas o interaccionar mediante instrucciones vocales. “Esta idea es actualmente una realidad, aunque a lo mejor no con tantas funcionalidades”, continúa el experto.

Con respecto a la lectura de huellas dactilares, está a la orden del día. Por ejemplo en los cajeros automáticos de Brasil en vez de teclear el código PIN, para acceder a la cuenta se pone el dedo y se lee la huella dactilar. “Claramente en eso acertaron de pleno; también es cierto que en su época esa tecnología estaba en la mente de los científicos”, subraya.

Además, los niños en la sala de videojuegos juegan como si se tratara de la videoconsola Kinect, de la marca Xbox One, ya que no tienen mandos clásicos en las máquinas. “Aunque la idea de ‘sala de videojuegos’ está obsoleta hoy, los niños juegan sin tocar nada y es la propia máquina la que interpreta sus gestos”, confirma Molina. “Lo que desde luego no tenemos son coches voladores ecológicos”, bromea.

Coches voladores y robocordones

Para Martí, el fallo principal está en las fuentes de energías y los medios de transporte. “En la película aparece un mundo ecológicamente correcto, donde el depósito de un coche se puede llenar con una cáscara de plátano. En este caso podríamos decir que el fallo ha sido nuestro por no haber solucionado nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Creo que la industria automovilística ya ha decidido que tiene que innovar de forma radical”.

Otro aspecto destacado es la supresión de los abogados en los juicios. De hecho, Doc le comenta a Marty como, desde entonces, ‘el sistema judicial va como la seda’. “Es interesante la idea de los juicios automatizados en los que cada parte presenta su caso y el ordenador analiza todas las leyes y toma una decisión. Conozco a unos informáticos en Madrid que están desarrollando esta idea como parte de los procesos de mediación”, sostiene.

Eso sí, los zapatos ‘robóticos’ no existen por ahora. Tal vez porque en realidad no hay una necesidad real de usarlos. En cambio, sí que existen zapatillas inteligentes que recopilan información sobre el uso o incluso se adaptan a la actividad que se está realizando.

“Hay que diferenciar entre tecnologías trascendentes y guiños tecnológicos”, sostiene Martí. “Por ejemplo, no es lo mismo acertar en el uso ubicuo en casa de los ordenadores, lo que ahora se llama internet de las cosas o la inteligencia ambiental, con predecir zapatos que se acordonan solos”.

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Patines voladores y zapatillas con robocordones. / Universal Pictures

¿Tenemos más capacidad profética hoy en día?

Las predicciones siempre son arriesgadas, pero quizá en un futuro no muy lejano esa tecnología soñada y la realidad puedan fundirse. “Empezamos a tener sensores o dispositivos en las personas, y son ellas las que vuelcan esa información en la red. Tras su análisis vamos a tener mucho conocimiento y mucho poder. Viviremos en un gigantesco gran hermano donde todo va a estar controlado, pero el problema del control es quién controla a los controladores”, subraya Molina.

El experto interpreta que la tecnología estará inmersa en la realidad y veremos la realidad a través de los aparatos tecnológicos. Un ambiente inteligente y una realidad virtual, sensores y actuadores para facilitarnos la vida y el acceso a la información, junto a dispositivos que nos permitan ver la realidad y toda la información asociada.

Por su parte, Martí indica que, en el campo de la informática, se resolverá cada vez mejor el problema de la interfaz entre la tecnología y las personas. “Las interfaces táctiles, gestuales y por voz pueden revolucionar nuestra interacción con la tecnología. Seguramente la haremos cada vez más adaptada a nosotros, llegando al punto de eliminar la separación entre máquina y persona”.

Las predicciones siempre son arriesgadas, pero quizá en un futuro no muy lejano esa tecnología soñada y la realidad puedan fundirse

Otro punto que es ya una realidad es el uso de computadores de alto desempeño y técnicas de inteligencia artificial para extraer conocimiento de grandes cantidades de datos. Esta área, conocida como ‘Big Data’ permitirá predecir tendencias, clima, tráfico y muchas otras aplicaciones.

“Esto se combina con lo que se llama la singularidad tecnológica. Hay varios ‘pensadores’ que creen que va a emerger una inteligencia artificial superior más allá del control humano”, apunta. “Por otro lado, espero que veamos al fin la llegada de la robótica a la vida diaria. Un punto muy interesante, y que ya está muy desarrollado, son los coches que se conducen solos. Si no recuerdo mal, ya el estado de Arizona permite que los automóviles robóticos circulen por sus calles”.

Tanto si algún día conseguimos alcanzar ese futuro soñado en tantas películas de ciencia ficción, como si no, las personas seguimos viviendo con los mismos problemas, intereses, alegrías y tristezas. El mensaje de Zemeckis en toda la saga se mantiene fresco años después: las diferentes condiciones históricas y tecnológicas no cambian lo que somos, simples seres humanos.

Otras trilogías que imaginaron el futuro

Al cine le encanta elucubrar sobre el futuro. Ejemplos de ellos son los clásicos Metrópolis o Soylent Green –cuyo título en español fue Cuando el destino nos alcance–, que representan el futuro de forma muy elaborada, o las distintas versiones de La Máquina del Tiempo, otro de los referentes ineludibles.

Entre las películas más recientes está Looper, en la que confluyen diversas líneas temporales. “También la nueva X-Men: Días de futuropasado, que habla de cambios en el futuro por viajes en el tiempo, aunque el cómic es muy superior a la película”, explica José Rovira Collado.

“Como distopía postapocalípitica, además de la adaptación de 1984, es fundamental la trilogía Mad Max, cuya cuarta entrega está a punto de estrenarse en mayo de este año”, continúa Rovira.

“Y tampoco debemos olvidar todo el universo Star Trek, como representación de los viajes en el espacio y en el tiempo”.Por supuesto, si hablamos de esta temática a todos nos viene a la cabeza la saga postapocalíptica Terminator, especialmente la primera película.

Y 2001: Una odisea en el espacio y su secuela 2010: Odisea Dos, ya superadas temporalmente, aunque sobrepasaron las gestas espaciales alcanzadas en la actualidad.“Una representación del futuro, a pesar de no viajar en el tiempo, es la triología Matrix. Aquí la segunda y la tercera parte son muy inferiores, pero la original es un futuro apocalíptico dominado por las máquinas y una realidad virtual, como metáfora de internet, que nos mantiene a todos encadenados”, afirma el experto.

Y no podemos olvidarnos de Blade Runner, estrenada en 1982 y que se desarrolla en 2019. “Hay muchos elementos que ya se han superado, pero otros, como los replicantes o los viajes en el tiempo, están todavía muy lejanos. Las megalópolis, la mezcla de cultura y el poder de las megacorporaciones son una realidad. Es uno de los pocos ejemplos donde la película supera el relato de P. K. Dick y es fundamental en el imaginario del futuro distópico”, concluye Rovira.

Por último, la televisión también ha simulado el futuro. Distintas series han trabajado mucho el viaje temporal, como Stark Trek: Enterprise o Doctor Who, cuya etapa más moderna, iniciada en 2005, continúa emitiéndose en la actualidad con legiones de aficionados en todo el mundo.

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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