'Regreso al futuro', un 2015 al que no llegamos
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'Regreso al futuro', un 2015 al que no llegamos

En 1989 llegaba a las carteleras la segunda parte de la saga 'Regreso al futuro', una película en la que se retrata un entonces lejano 2015. Casi 26 años después, los aficionados celebran la efeméride, e internet se llena de entradas sobre cuáles son los gadgets logrados en estos años.
Por Agencia Sinc
1 de mayo, 2015
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Originariamente Regreso al Futuro no estaba concebida como una trilogía, y la segunda (1989) y la tercera (1990) parte se crearon por el éxito de la primera (1985). / Universal Pictures

Recién llegado de su anterior periplo temporal, Marty McFly debe embarcarse en una nueva aventura cuando su amigo Doc aparece de improviso con una versión modernizada del coche DeLorean. Le pide que tanto el joven como su novia viajen al futuro para solucionar un problema con la ley que tendrá entonces uno de sus hijos.

Así comienza la segunda entrega de la película Regreso al Futuro. En ella, los tres viajeros emprenden una travesía algo caótica que les lleva al 21 de octubre de 2015, justo 26 años después de su estreno en los cines de todo el mundo. Con esa fecha en ciernes, aficionados y expertos llevan meses hablando de robocordones, patines voladores y demás guiños que la ficción presentó en un futuro que ahora es nuestro presente.

Originariamente Regreso al Futuro, dirigida por Robert Zemeckis, no estaba concebida como una trilogía. La segunda (1989) y la tercera (1990) parte se crearon por el éxito de la primera (1985). Ambas secuelas, siendo películas muy distintas, se grabaron a la vez y desarrollan dos perspectivas de viajes en el tiempo, una hacia el futuro (II) y otra hacia el pasado (III).

“En la segunda parte el concepto de paradoja temporal se amplía y ya podemos hablar de ‘efecto mariposa’, es decir, cómo un pequeño cambio puede modificar toda la realidad. En la primera película esos cambios solamente se ven en fotografías; ya en la segunda se presenta una alternativa del futuro”, afirma José Rovira Collado, experto en ciencia ficción del departamento de Innovación y Formación Didáctica de la Universidad de Alicante.

“En este sentido es muy interesante –y divertida– la reflexión que se hace en la octava temporada de la serie Big Bang Theory sobre las líneas en el tiempo en Regreso al Futuro II”, continúa Rovira.

Pero, ¿tan diferente era el Hill Valley de 2015 de lo que sería en la actualidad? Obviando el hecho de que hoy en día no existen máquinas del tiempo como tal, en la película aparecen gadgets inalcanzables todavía, otros totalmente superados y muchas curiosidades sobre una época muy lejana y prometedora desde una visión ochentera.

2015 real versus 2015 imaginado

Como explica a Sinc Luis Martí, investigador español que en la actualidad trabaja en el laboratorio de Inteligencia Computacional Aplicada de la Universidad Pontificia Católica de Río de Janeiro (Brasil), “nuestro 2015 es bastante parecido al 2015 de la película”.

“El equipo de producción de la película hizo un trabajo muy interesante pensando cómo la tecnología afectaría a la vida de las personas normales. Otras películas antológicas, como 2001: Una odisea del espacio, se ubican en un contexto de alta tecnología y, por tanto, hasta cierto punto más fácil de concebir, imaginar y predecir”, continúa Martí.

Sin embargo, en la opinión de José Manuel Molina López, científico del departamento de Ciencia Computacional de la Universidad Carlos III de Madrid, “los verdaderos cambios que produce la tecnología son imprevisibles porque no son mejoras o adaptaciones de cosas que conocemos, son rupturistas”.

Para Molina, estas mejoras son difíciles de predecir: “Un coche que vuela es un avance sobre el coche que tenemos actualmente, pero en todas las películas donde aparece ese concepto se ven calles (aunque sean aéreas), atascos, etc. Es decir, que aunque nos imaginemos que la máquina hace su función ‘mejor’, no somos capaces de suponer la interacción”.

Un caso paradigmático son las redes inalámbricas. De hecho, en la ficción no aparecen los teléfonos móviles. “Con la cantidad de películas que han visitado el futuro con más de 15 años, ninguna imaginó el teléfono móvil que hoy todos llevamos en el bolsillo”, añade.

En cambio, salen cabinas de teléfono –hoy en día de uso casi simbólico– y máquinas de fax por todos lados. “Ahora mismo yo no sé dónde está el fax de mi departamento. Sé que hay uno porque tengo el número en mi firma de correo electrónico, pero nada más”, bromea Martí.

Hitos conseguidos

De todas las ideas que se imaginan en la película, algunas se han hecho realidad. Así, en la cinta se producen varias comunicaciones entre personas mediante videoconferencias, habituales en la actualidad. También aparecen drones. “Realmente son cámaras que filman de forma autónoma o remota, pero la idea es similar a la de los drones que se utilizan hoy en día para tomar imágenes de conflictos armados”, apunta Molina.

Hay otras tecnologías que aparecen en la ficción y en nuestro 2015 de forma parecida, aunque no exactamente igual. Por ejemplo, en la película queda implícito que los ordenadores están interconectados entre sí, pero nosotros usamos internet de una manera más directa.

Por otro lado, aparecen gafas de realidad aumentada, o al menos eso parece, con las que los actores pueden ver películas o interaccionar mediante instrucciones vocales. “Esta idea es actualmente una realidad, aunque a lo mejor no con tantas funcionalidades”, continúa el experto.

Con respecto a la lectura de huellas dactilares, está a la orden del día. Por ejemplo en los cajeros automáticos de Brasil en vez de teclear el código PIN, para acceder a la cuenta se pone el dedo y se lee la huella dactilar. “Claramente en eso acertaron de pleno; también es cierto que en su época esa tecnología estaba en la mente de los científicos”, subraya.

Además, los niños en la sala de videojuegos juegan como si se tratara de la videoconsola Kinect, de la marca Xbox One, ya que no tienen mandos clásicos en las máquinas. “Aunque la idea de ‘sala de videojuegos’ está obsoleta hoy, los niños juegan sin tocar nada y es la propia máquina la que interpreta sus gestos”, confirma Molina. “Lo que desde luego no tenemos son coches voladores ecológicos”, bromea.

Coches voladores y robocordones

Para Martí, el fallo principal está en las fuentes de energías y los medios de transporte. “En la película aparece un mundo ecológicamente correcto, donde el depósito de un coche se puede llenar con una cáscara de plátano. En este caso podríamos decir que el fallo ha sido nuestro por no haber solucionado nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Creo que la industria automovilística ya ha decidido que tiene que innovar de forma radical”.

Otro aspecto destacado es la supresión de los abogados en los juicios. De hecho, Doc le comenta a Marty como, desde entonces, ‘el sistema judicial va como la seda’. “Es interesante la idea de los juicios automatizados en los que cada parte presenta su caso y el ordenador analiza todas las leyes y toma una decisión. Conozco a unos informáticos en Madrid que están desarrollando esta idea como parte de los procesos de mediación”, sostiene.

Eso sí, los zapatos ‘robóticos’ no existen por ahora. Tal vez porque en realidad no hay una necesidad real de usarlos. En cambio, sí que existen zapatillas inteligentes que recopilan información sobre el uso o incluso se adaptan a la actividad que se está realizando.

“Hay que diferenciar entre tecnologías trascendentes y guiños tecnológicos”, sostiene Martí. “Por ejemplo, no es lo mismo acertar en el uso ubicuo en casa de los ordenadores, lo que ahora se llama internet de las cosas o la inteligencia ambiental, con predecir zapatos que se acordonan solos”.

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Patines voladores y zapatillas con robocordones. / Universal Pictures

¿Tenemos más capacidad profética hoy en día?

Las predicciones siempre son arriesgadas, pero quizá en un futuro no muy lejano esa tecnología soñada y la realidad puedan fundirse. “Empezamos a tener sensores o dispositivos en las personas, y son ellas las que vuelcan esa información en la red. Tras su análisis vamos a tener mucho conocimiento y mucho poder. Viviremos en un gigantesco gran hermano donde todo va a estar controlado, pero el problema del control es quién controla a los controladores”, subraya Molina.

El experto interpreta que la tecnología estará inmersa en la realidad y veremos la realidad a través de los aparatos tecnológicos. Un ambiente inteligente y una realidad virtual, sensores y actuadores para facilitarnos la vida y el acceso a la información, junto a dispositivos que nos permitan ver la realidad y toda la información asociada.

Por su parte, Martí indica que, en el campo de la informática, se resolverá cada vez mejor el problema de la interfaz entre la tecnología y las personas. “Las interfaces táctiles, gestuales y por voz pueden revolucionar nuestra interacción con la tecnología. Seguramente la haremos cada vez más adaptada a nosotros, llegando al punto de eliminar la separación entre máquina y persona”.

Las predicciones siempre son arriesgadas, pero quizá en un futuro no muy lejano esa tecnología soñada y la realidad puedan fundirse

Otro punto que es ya una realidad es el uso de computadores de alto desempeño y técnicas de inteligencia artificial para extraer conocimiento de grandes cantidades de datos. Esta área, conocida como ‘Big Data’ permitirá predecir tendencias, clima, tráfico y muchas otras aplicaciones.

“Esto se combina con lo que se llama la singularidad tecnológica. Hay varios ‘pensadores’ que creen que va a emerger una inteligencia artificial superior más allá del control humano”, apunta. “Por otro lado, espero que veamos al fin la llegada de la robótica a la vida diaria. Un punto muy interesante, y que ya está muy desarrollado, son los coches que se conducen solos. Si no recuerdo mal, ya el estado de Arizona permite que los automóviles robóticos circulen por sus calles”.

Tanto si algún día conseguimos alcanzar ese futuro soñado en tantas películas de ciencia ficción, como si no, las personas seguimos viviendo con los mismos problemas, intereses, alegrías y tristezas. El mensaje de Zemeckis en toda la saga se mantiene fresco años después: las diferentes condiciones históricas y tecnológicas no cambian lo que somos, simples seres humanos.

Otras trilogías que imaginaron el futuro

Al cine le encanta elucubrar sobre el futuro. Ejemplos de ellos son los clásicos Metrópolis o Soylent Green –cuyo título en español fue Cuando el destino nos alcance–, que representan el futuro de forma muy elaborada, o las distintas versiones de La Máquina del Tiempo, otro de los referentes ineludibles.

Entre las películas más recientes está Looper, en la que confluyen diversas líneas temporales. “También la nueva X-Men: Días de futuropasado, que habla de cambios en el futuro por viajes en el tiempo, aunque el cómic es muy superior a la película”, explica José Rovira Collado.

“Como distopía postapocalípitica, además de la adaptación de 1984, es fundamental la trilogía Mad Max, cuya cuarta entrega está a punto de estrenarse en mayo de este año”, continúa Rovira.

“Y tampoco debemos olvidar todo el universo Star Trek, como representación de los viajes en el espacio y en el tiempo”.Por supuesto, si hablamos de esta temática a todos nos viene a la cabeza la saga postapocalíptica Terminator, especialmente la primera película.

Y 2001: Una odisea en el espacio y su secuela 2010: Odisea Dos, ya superadas temporalmente, aunque sobrepasaron las gestas espaciales alcanzadas en la actualidad.“Una representación del futuro, a pesar de no viajar en el tiempo, es la triología Matrix. Aquí la segunda y la tercera parte son muy inferiores, pero la original es un futuro apocalíptico dominado por las máquinas y una realidad virtual, como metáfora de internet, que nos mantiene a todos encadenados”, afirma el experto.

Y no podemos olvidarnos de Blade Runner, estrenada en 1982 y que se desarrolla en 2019. “Hay muchos elementos que ya se han superado, pero otros, como los replicantes o los viajes en el tiempo, están todavía muy lejanos. Las megalópolis, la mezcla de cultura y el poder de las megacorporaciones son una realidad. Es uno de los pocos ejemplos donde la película supera el relato de P. K. Dick y es fundamental en el imaginario del futuro distópico”, concluye Rovira.

Por último, la televisión también ha simulado el futuro. Distintas series han trabajado mucho el viaje temporal, como Stark Trek: Enterprise o Doctor Who, cuya etapa más moderna, iniciada en 2005, continúa emitiéndose en la actualidad con legiones de aficionados en todo el mundo.

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Por qué Einstein no ganó el Nobel y otras sorprendentes revelaciones del secreto mundo de estos prestigiosos premios

Todo lo que se puede saber sobre el prestigioso galardón, con testimonios de quienes han podido examinar sus archivos, así como de aquellos que toman las decisiones, de ganadores e ignorados.
17 de octubre, 2020
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Eran las 5 de la mañana y el silencio de la habitación donde Donna Strickland estaba profundamente dormida fue bruscamente interrumpido por el timbre del teléfono.

“Piensas que tal vez le ocurrió algo malo a uno de tus hijos o algo así”.

Al contestar, una voz le dijo: “Por favor, permanezca en la línea para recibir una llamada muy importante desde Suecia”.

“Recuerdo que agarré a mi esposo diciendo: ‘¡Dios mío. Son las 5:00 de la mañana. Es el 2 de octubre. Es una llamada de Suecia. Tiene que ser el premio Nobel!'”.

Pero lo único que escuchó fue silencio. Esperó… y esperó…

“Finalmente, después de 15 minutos, revisé mi correo electrónico y decía, ‘Por favor llámenos, estamos tratando de comunicarnos con usted’ y el email venía de la Real Academia Sueca de Ciencias. Así que llamé y me enteré de que sí, me había ganado el premio Nobel“.

Fue por un trabajo pionero sobre pulsos láser ultracortos de alta intensidad realizado por Strickland y sus colegas del Departamento de Física de la Universidad Rochester del estado de Nueva York, que se utilizaría en cirugía ocular correctiva.

Recibió el Premio Nobel de Física de 2018, que viene con un cheque por 9 millones de coronas suecas (US$1 millón) y una semana de las festividades más grandiosas de Estocolmo, que incluyen cenas muy elegantes.

“¡Estuve sentada entre un príncipe y un rey!”.

Pero más allá del glamur y la ostentación de la ceremonia de premiación, ¿cómo se otorga el premio? ¿Quién decide quién es digno y quién no? ¿Es justo y transparente? ¿Tiene sentido? Y, al fin y al cabo, ¿qué ha hecho el Premio Nobel por el mundo?

El premio

Recordemos que el Premio Nobel fue establecido a principios del siglo XX de acuerdo con la voluntad de Alfred Nobel, un industrial sueco e inventor de la dinamita.

Hay cinco premios que honran a quienes trabajan en física, química, medicina, literatura y paz y que se considera que han otorgado “el mayor beneficio a la humanidad”.

En 1968 se añadió un premio de economía.

Placa celebrando el Nobel

Getty Images
Las intenciones de Nobel eran nobles pero las de quienes escogen a los galardonados no siempre los son.

Opiniones aparte, el Premio Nobel es realmente importante. En la mente de muchos, es el non plus ultra de los premios; no puede haber mayor elogio.

Como dice la historiadora de la ciencia, Ruth Lewin Sime, “un científico será recordado para siempre si está en esa lista de premios Nobel”.

“Una de las cosas que hace el Nobel es que confiere una especie de inmortalidad. Es lo primero que se menciona una vez recibido el premio. Esa es la naturaleza, el aura que rodea a los Premios Nobel”, explica.

La otra cara de la moneda es que su aura es tan poderosa que puede eclipsar a quienes no lo ganan.

“A medida que avanza la historia, cuando están en las sombras, gradualmente desaparecen, se vuelven invisibles”.

Por eso es realmente importante que el Premio Nobel honre a la mejor ciencia y a los mejores científicos. ¿Pero es así?

Secreto

Durante años, la lista de personas nominadas para el premio fue de alto secreto. Solo se revelaba quién era el ganador.

Pero las reglas se relajaron. Un poco. Las nominaciones ahora se hacen públicas, después de 50 años.

No arroja mucha luz sobre decisiones recientes, pero le ha permitido a historiadores como Sime profundizar en el pasado.

Y desde que examinó los archivos, ha estado en una especie de misión de rescate para destacar el trabajo de una científica notable que el Premio Nobel rechazó: Lise Meitner.

A él, no a ella

Lise Meitner nació en 1878 en Viena.

Lise Meitner

Getty Images
En su época, Meitner era reconocida como una gran científica por sus pares, pero la historia estaba a punto de olvidarla.

“La suya fue una generación de mujeres a las que esencialmente se les prohibió estudiar y ser profesionales. Sin embargo, llegó a la universidad y su carrera la llevó a Berlín”, señala Sime.

“Era jefa de una sección en el Instituto de Química Kaiser Wilhelm. Era una científica muy destacada cuando había muy, muy pocas como ella”.

Meitner trabajó en estrecha colaboración con un talentoso químico Otto Hahn y, en la década de 1930, el par se incursionó en un campo completamente nuevo de la ciencia: la física atómica.

Se sumergieron en una intensa investigación del uranio, mientras el mundo a su alrededor se oscurecía.

“Los nazis se apoderaron de Alemania y, en 1938, al igual que un gran número de judíos y otros perseguidos, Meitner se vio obligada a huir. Dejó todo atrás: su trabajo, sus ingresos, sus amigos”.

Tuvo que empezar de nuevo, en Suecia, a los casi 60 años de edad. Otros se habrían rendido, pero Meitner continuó su trabajo, junto con su sobrino, otro físico, y escribiéndole a Hahn a diario.

Después de solo unos meses, el equipo hizo un descubrimiento. Uno grande.

Lise Meitner y Otto Hahn

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La combinación de los conocimientos de Meitner (izq.) en física con los de Hahn (der.) en química hizo de la suya una asociación muy productiva.

“El uranio se había dividido en dos y había liberado una enorme cantidad de energía”.

Habían descubierto lo que llamaron “fisión nuclear” y, por extensión, la energía nuclear.

La enormidad del hallazgo se hizo evidente pocos años después, cuando la fisión nuclear provocó efectivamente el final de la Segunda Guerra Mundial, con el lanzamiento de las primeras bombas atómicas.

Ese año, 1945, el Premio Nobel de Química fue otorgado a Otto Hahn y… no a Lise Meitner.

¿Por qué no?

Razones personales

El responsable, dice Sime, tiene nombre.

“Para mí, para los historiadores que han estudiado esto y para los colegas de Meitner dentro y fuera de Suecia, la principal razón fue Manne Siegbahn”.

Siegbahn había ganado el Premio Nobel de Física en 1925 por su trabajo sobre rayos X y era director del Departamento de Física del Instituto Nobel de la Real Academia Sueca de Ciencias, donde Meitner tenía una oficina. En el sótano, con acceso limitado a los laboratorios.

No se llevaban bien“, afirma Sime.

K.M.G. Siegbahn

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Siegbahn sencillamente odiaba a Meitner, y tenía suficiente influencia en el comité como para impedir que le dieran el premio Nobel.

“En Suecia, el prestigio de alguien galardonado con el Nobel es tremendo. Consigue una buena posición, financiación para su investigación, puede estar en un comité del Nobel, etc. Y Siegbahn de ninguna manera quería eso para Meitner, así que la boicoteó.

“Como el físico más influyente de Suecia, era uno de los cinco miembros del Comité que toma las decisiones del Nobel. Otros dos eran sus exalumnos. Con el comité dominado por Siegbahn, ella no tenía ninguna posibilidad”.

Lise Meitner logró la fama en vida… o tal vez la infamia: se la conoció como “la Madre de la Bomba Atómica”, un apodo que odiaba. Sin duda, hubiera preferido un Premio Nobel. Y recibió 48 nominaciones para que se lo dieran de otros científicos durante varias décadas. Fue en vano.

Pero su caso no es de lejos la única rareza en la historia del Premio Nobel.

¿Inmune a prejuicios?

“¿Errores del Nobel?… hay varios”, dice el profesor Brian Keating, cosmólogo de la Universidad de California en San Diego, y subraya una de las victorias que pronto se hundieron en la obsolescencia.

“Gustaf Dalen, quien ganó el premio 1912 por propiedades de faros y boyas”.

Faro

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La tecnología de los faros y las boyas era crucial pero…

Descubrir cómo hacer que las luces de gas de los faros y las boyas se encendieran y apagaran era importante cuando se perdían muchas vidas en el mar. Pero… se vuelve insignificante cuando se considera qué más estaba sucediendo en ese momento.

“Se lo dieron siete años después del año milagroso de Einstein, cuando descubrió la teoría de la relatividad”.

Uno de los mayores avances científicos del siglo XX, que transformó nuestra comprensión del Universo, la teoría de la relatividad no le valió a Albert Einstein el Premio Nobel.

¿Por qué diablos no?

“Sin duda alguna, hubo prejuicios en contra de él y su teoría”, declara Robert Mark Friedman, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Oslo, Noruega.

“Era judío y socialista… era internacionalista y pacifista”.

Friedman se ha adentrado en los archivos del Nobel para tratar de entender la decisión y dice que simplemente es imposible, que Einstein no recibió una evaluación justa e imparcial, a pesar de que muchos físicos internacionales destacados nominaron a Einstein por la teoría de la relatividad.

“Reiteraban que era el trabajo más importante en física desde Isaac Newton, comparaban a Einstein con Copérnico, insistían en que era incuestionablemente lo más significativo en física en años y por lo tanto debía ser considerado para un premio”.

Pero la opinión de los miembros del comité del Premio Nobel era muy diferente.

Albert Einstein

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La comunidad científica reconocía la brillantez del trabajo de Einstein, pero la academia de los Nobel, no.

“Las evaluaciones de la relatividad especial y general están escritas desde la perspectiva de que Einstein tenía que estar equivocado”.

A pesar de la creciente celebridad de Einstein, los miembros del comité se mantuvieron firmes.

Lo que dijeron en público fue que en última instancia la relatividad no era física. Trataba de tiempo y espacio, por lo tanto era metafísica. Y la metafísica es filosofía y la filosofía no es física. Entonces, ¿cómo podían darle un premio de física?”.

Finalmente, Albert Einstein recibió el Premio Nobel de Física en 1921, no por su mayor descubrimiento, sino por un menos conocido efecto fotoeléctrico.

En décadas más recientes, el Premio Nobel ha sido criticado no tanto por a quién excluye, sino a quién incluye.

Paz a los hombres de buena voluntad

Alfred Nobel escribió en su testamento que uno de los premios a su nombre debería reservarse para la persona que más había hecho por “la fraternidad entre naciones, por la abolición o reducción de los ejércitos permanentes, así como por la participación y promoción de congresos de paz y derechos humanos en el año anterior”.

“Quería que los ganadores fueran defensores de la paz, tuvieran el coraje para luchar por lo correcto”, dice la escritora noruega Unni Turretini.

Es probablemente el Premio Nobel más conocido, quizás un reflejo de los grandes laureados.

Poster de Martin Luther King

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A veces aciertan.

“Martin Luther King Junior, la Madre Teresa, Desmond Tutu, el 14º Dalai Lama, Mijáil Gorbachov…”.

La lista de los grandes sigue y sigue.

“A veces lo hacen bien y seleccionan ganadores dignos”.

Pero no siempre…

En 1973, el presidente de Estados Unidos era Richard Nixon y su asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger y el negociador principal de Vietnam del Norte, Le Duc Tho, recibieron el premio de la Paz por sus esfuerzos conjuntos para negociar un alto el fuego durante la guerra de Vietnam.

El problema era que no existía tal alto el fuego.

“Incluso después del anuncio del premio en octubre, EE.UU. bombardeó Camboya y el norte de Vietnam. Así que Kissinger claramente no era un defensor de la paz según los valores e intenciones de Alfred Nobel”, recuerda Turretini.

Un letrero en una posición del ejército de Estados Unidos durante la invasión de Camboya que dice "A la mierda el comunismo".

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Un letrero en un puesto del ejército de Estados Unidos durante la invasión de Camboya que dice “A la mierda el comunismo”.

Dos miembros del comité dimitieron en protesta y Le Duc Tho se negó a aceptar el premio.

¿Qué estaba pasando?

A diferencia de los otros Premios Nobel, el de la Paz se decide en Noruega, que en el momento de la muerte de Alfred Nobel estaba en unión con Suecia. En aquel entonces, como hoy, Noruega tenía reputación de defender la paz internacional.

Pero Turretini dice que otros motivos impulsaron la elección de Kissinger.

“Fue durante la Guerra Fría y los expertos piensan que debido a su vecindad geográfica con Rusia, Noruega estaba tratando de complacer y reforzar la alianza con EE.UU.”.

Entonces, ¿quién exactamente toma esas decisiones?

Cinco noruegos, generalmente políticos activos o retirados.

Hasta algunas personas que forman parte de otros comités del Premio Nobel, como el virólogo sueco Erling Norrby, tienen sus dudas sobre el Premio de la Paz.

El premio de la Paz es probablemente la parte más débil del testamento porque toda la responsabilidad recae en el comité”, señala Norrby.

“No tienen a nadie a quien referirse. Y por lo tanto, ha habido altibajos, algunos difíciles de explicar: ¿cómo puedes darle un Premio Nobel a Barack Obama cuando apenas llevaba cuatro semanas como presidente?”.

"Estoy al principio, no al final, de mi trabajo en el escenario mundial. Comparados con algunos de los gigantes de la historia que han recibido el premio (…) mis logros son escasos"", Source: Barack Obama, Oslo, 2009 , Source description: Expresidente de EE.UU., Image: Diploma por el premio Nobel de la Paz a Barack Obama

“Realmente estaban enviando un mensaje. El gobierno noruego y el comité del Nobel habían demostrado en varias ocasiones su descontento con las políticas y acciones del gobierno de Bush; el premio para Obama decía: ‘este es el tipo de presidente que queremos de EE.UU.'”, según Turretini.

Para ella, el Premio Nobel de la Paz se ha vuelto demasiado prestigioso y los cinco miembros del comité noruego dictan sus propias leyes.

“Creen que pueden tomar las decisiones que quieran y, como el proceso de selección, sus discusiones y notas son secretos por 50 años, sienten que no tienen que justificar nada”.

En todo caso, no se puede negar que una gran cantidad de Premios Nobel, en todos los campos, no solo en la Paz, recaen en ganadores dignos… El premio no se ha vuelto tan grande por nada.

Pero ¿cómo se decide quién gana?

Entremos a la sala donde se toman las decisiones, de la mano de algunos de los que las han tomado.

Entre bastidores

“Hay muchas emociones y subjetividad y lucha por tu candidato”, revela el virólogo Norrby, quien pasó años sirviendo en el comité del Premio Nobel de Medicina.

“Tienes que ser todo un estratega y tal vez incluso muy político, porque hay una sala llena de gente a la que le tienes que vender tu candidato favorito”.

Por tanto, para ganar el Premio Nobel es fundamental contar con seguidores en el comité, como demostró el caso de Meitner e incluso de Einstein.

Además, subraya Norrby, “ciertos miembros tienen mucha más influencia que otros”.

Pero ¿quiénes son esos grandes personajes que participan en esas peleas intelectuales en los comités de ciencia del Premio Nobel?

Ayuntamiento de Estocolmo, símbolo de la capital de Suecia y sede del banquete del premio Nobel.

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El ayuntamiento de Estocolmo es símbolo de la capital de Suecia y sede del banquete del premio Nobel.

Número uno, la mayoría de ellos son suecos. Eso es porque el testamento de Alfred Nobel especificó que los miembros del comité deben provenir de una de las dos instituciones suecas eminentes: la Real Academia Sueca de Ciencias o el Instituto de Medicina Karolinska.

“Eso tiene la ventaja de que estamos en un rincón remoto del mundo, así que no estamos tan expuestos al cabildeo y la presión intensos que puede haber”, señala Goran Hansson, secretario general de la Real Academia Sueca de Ciencias.

Pero lo que para unos es una virtud, para otros es un vicio. Hay quienes piensan que por su lejanía, los suecos no están en condiciones de juzgar lo que está pasando en este enorme planeta.

“Si nos fijamos en los premios que se han otorgado a lo largo de estos 120 años, es notable lo bien que se han recibido las decisiones”, responde Hansson.

No siempre.

Palabras más, palabras menos

En 2016, Bob Dylan se convirtió en el primer cantautor en ganar el Premio Nobel de Literatura, para el asombro de muchos.

Sin embargo, de alguna manera no fue una elección tan inusual.

El secretario permanente de la Academia Sueca, que otorga el Premio Nobel, dijo que el cantautor había sido elegido porque es “un gran poeta de tradición angloparlante“… como lo han sido muchos de los premios de literatura.

De los 116 galardonados con Literatura, más de 100 han escrito en inglés y otros idiomas europeos, dejando a varias partes del mundo desamparadas.

“Hay al menos 22 estados nacionales árabes reconocidos, cada uno con su propio tipo de escritores para los que su idioma de expresión es el árabe”, apunta Wen-Chin Ouyang, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres.

Sin embargo, solo un autor que escribe en árabe ha logrado ganar el Premio Nobel: el egipcio Naguib Mahfouz laureado en 1988.

Diploma del Nobel de Literatura de Naguib Mahfouz

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Naguib Mahfouz es el único autor de habla árabe que ha sido honrado con el Nobel de Literatura.

El comité dijo que sus 30 novelas y más de 350 cuentos sobre el amor, la sociedad y el paso del tiempo conforman “un arte narrativo árabe que se aplica a toda la humanidad”.

El premio fue muy significativo pues “se reconoció que la literatura árabe es una literatura de clase mundial, y eso es importante: tiene efectos positivos para el resto del mundo”, según Ouyang.

Pero ¿por qué tardó tanto un escritor árabe en ganar y por qué no ha habido otro más desde entonces?

Considera quién juzga el premio: 18 miembros vitalicios de la Academia Sueca. Escritores, lingüistas e historiadores escandinavos que en su mayoría necesitarán leer literatura árabe traducida… y eso es un problema.

“Algunas de las traducciones pueden ser académicamente precisas o correctas, pero no dan la sensación de belleza o fluidez del idioma original, y la mayoría de las traducciones son de calidad desigual”, explica Ouyang.

Mahfouz tuvo la suerte de estar bien traducido, a diferencia de muchos otros.

Otros expertos que consultamos aseguraron que se están haciendo esfuerzos para ampliar el espectro del premio de literatura, pero el problema de las traducciones de mala calidad es difícil de superar.

Y la literatura no es la única área donde las barreras sistémicas e institucionales limitan el alcance internacional del Premio Nobel.

La élite

“El 90% de los premios han sido para Europa Occidental o América del Norte”, subraya Winston Morgan, quien ha investigado la diversidad entre los ganadores del Nobel.

Universidad de Harvard

Getty Images
La Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos es la número 1 en la lista de laureados con el Premio Nobel.

“El Nobel es el premio máximo para un científico, pero más allá de lo brillante que sea, si no tiene el entorno y los recursos adecuados, no va a suceder”.

Y eso, dice, significa que “tiene que estar en Norteamérica o Europa Occidental: si no nació allí, tiene que ir”.

Los Premios Nobel se agrupan en algunas de las instituciones del mundo.

Caltech, o el Instituto de Tecnología de California, cuenta con 74 galardonados. Y, sin embargo, solo ocupa el 8º lugar en la lista de instituciones que han obtenido el Nobel.

El número uno, con 160 galardonados es Harvard.

El top 20 está dominado por instituciones estadounidenses, con algunas europeas en la mezcla.

Goran Hansson, de la Real Academia Sueca de Ciencias, el organismo que otorga el Premio Nobel de Física, Química y el Premio Riksbank de Economía, reconoce el problema y dice que los comités intentan mitigarlo enviando invitaciones para nominaciones a todas partes.

“Nos aseguramos de incluir en la lista universidades de África, Asia y América del Sur para no tener un sesgo geográfico. Pero lo que recibimos de ellas es otra cosa.

“Los profesores de las que ustedes llaman universidades de élite se ocupan de nominar más candidatos que los de otras instituciones.

Eso es algo que nosotros no podemos controlar“.

Salón del comité noruego del Nobel.

Hans A. Rosbach
Sólo se considera a quienes son postulados, así que no toda la responsabilidad recae sobre quienes se sientan en salones como éste, donde el Comité Noruego del Nobel selecciona al ganador del premio de la Paz.

Esas universidades de élite de Estados Unidos y Europa Occidental se benefician de algo más: una especie de círculo virtuoso de financiación. Si cuentan con los recursos necesarios, puede permitirse realizar investigaciones que ganen premios, lo que atrae más dinero, lo que le permite realizar más investigaciones que ganen premios…

Entonces, ingresar a estas instituciones es absolutamente clave. Y eso es más difícil para unos que para otros.

Similar al mundo que juzga

Las estadísticas muestran la realidad de las cosas.

“En EE.UU. el 10% de la población es afroestadounidense, así que se esperaría que el mismo porcentaje, o al menos la mitad, de los más de 380 ganadores fueran negros -dice Morgan-. Pero solo han sido unos cuatro, tres de ellos de paz y uno de literatura”.

Y ninguno en ciencia.

“Entonces, estar en Estados Unidos, no es suficiente”.

Los críticos señalan que la falta de diversidad entre los ganadores del Premio Nobel también podría deberse a la falta de diversidad entre los jueces que los conceden.

El secretario general de la Real Academia de Ciencias de Suecia, Goran Hansson, acepta que sería ventajoso que el comité representara en un grado mucho mayor la diversidad del mundo sobre el que emite juicios pero como por regla sus miembros provienen del sistema académico escandinavo, no lo pueden forzar.

Y reitera que es crucial que sean nominados “todos aquellos que han hecho importantes descubrimientos” .

A pesar de todo…

Con todos los aciertos y desaciertos, preguntamos, ¿qué le ha dado el Premio Nobel al mundo?

Logo del premio Nobel en tapete.

Getty Images
¿Sirve de algo el prestigioso premio?

“Quizás el aspecto más importante del premio es informar al público sobre los fantásticos descubrimientos que se están haciendo para inspirar a los jóvenes y para mostrarle a todos cómo funciona la ciencia y cómo gradualmente hace del mundo un lugar mejor para vivir”, opina Hansson.

“Creo que eso es lo que realmente ha hecho Nobel: no es para ayudar al científico a hacer ciencia, sino para llevar la ciencia a la comunidad”, concurre Donna Strickland, laureada en física.

“También impulsa a los científicos al éxito”, declara el cosmólogo Brian Keating.

“Yo mismo he estado un poco encaprichado con el Premio Nobel, con el deseo de querer ganarlo, de lograr el nivel más alto de notoriedad e inmortalidad que se puede obtener en física, y formar parte de una cohorte muy exclusiva, poblada por personas como Einstein y otros.

“El premio Nobel proporciona una vía para que hombres y mujeres se arraiguen permanentemente en la historia de lo que nuestra especie es capaz de lograr“, dice Keating.

No obstante, señala, ya es hora de hacer algunas reformas “que son casi universalmente requeridas para que sea ese verdadero rayo de luz que Alfred Nobel tan noblemente quiso”.

“El hecho de que no haya cambiado sustancialmente en 118 años es simplemente ridículo. ¿Qué más en la sociedad no ha cambiado en 118 años?”.

Debía ser más transparente, sugieren algunos: ¿por qué tiene que ser secreto?, ¿Por qué no se puede publicar la lista corta de nominaciones? ¿Qué está tratando de ocultar el Premio Nobel?, preguntan.

“Si los evaluadores, los expertos con los que consultamos, supieran que sus declaraciones se harán públicas, no obtendríamos informes francos y honestos, y eso dificultaría mucho más la entrega del premio”, responde el secretario general de la Real Academia Sueca de Ciencias, Goran Hansson.

“Por esa razón, tenemos que seguir operando con estas reglas de secreto“.

Así que hasta aquí llegamos: fisgoneamos tanto como es posible pero a menos que los funcionarios del Premio Nobel abran todas sus puertas, no podemos ir más lejos.


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