Selfies, autógrafos y 10 propuestas: así es un día de campaña con Cuauhtémoc Blanco
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Manu Ureste

Selfies, autógrafos y 10 propuestas: así es un día de campaña con Cuauhtémoc Blanco

Animal Político acompañó durante una jornada de campaña al exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, uno de los máximos artilleros del futbol mexicano que desde el pasado mes de abril cambió las patadas en las canchas para entrarle de lleno a la pelea por la Alcaldía de Cuernavaca.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
29 de mayo, 2015
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Cuauhtémoc Blanco durante un evento de su campaña, el pasado 15 de mayo. //Foto: Manu Ureste

Cuauhtémoc Blanco durante un evento de su campaña, el pasado 15 de mayo. //Foto: Manu Ureste

A las diez de la mañana del viernes 15 de mayo, el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco desciende de la parte trasera de una camioneta tipo Suburban con los cristales polarizados. Se atusa la playera blanca de algodón que viste, mira concentrado hacia ninguna parte, como si fuera a patear un penal, y toma una bocanada de aire que le hincha el pecho.

A continuación, exhala una sonrisa queda. Escucha las indicaciones que uno de sus colabores le hace al oído antes de arrancar otra jornada en busca del voto –ya lleva casi un mes de proselitismo, desde que el pasado 22 de abril arrancara la campaña para contender por el Partido Social Demócrata (PSD) a la alcaldía de Cuernavaca– y comienza a caminar por la calle Rivera Crespo de la colonia Satélite, una de las zonas más inseguras de la capital del estado de Morelos.

A los pocos pasos, una oleada de gente sale a su encuentro. Muchos son niños. Chavos que salen corriendo de sus casas vestidos con la playera azul y crema del América, o con la verde del Tri, para tener una foto con uno de uno de los máximos artilleros del futbol mexicano, autor de más de 200 goles en de 22 años de carrera.

Cuauhtémoc, paciente, detiene el paso. Pide calma a los muchachos y comienza a firmar con una velocidad pasmosa en camisetas, balones, cuadros, cromos, folletos con su rostro impreso y hasta en las pizarras donde los locales de comida corrida ofrecen su menú del día. Luego se toma fotografías con todos, incluso con bebés a los que carga en brazos con cuidado. Saluda aquí y allá. Sonríe para las selfies. Aguanta estoico el gesto cuando el Smartphone se traba en el momento más inoportuno. Y levanta una y otra vez el pulgar en señal de que todo marcha bien.

Así transcurre casi una hora. Tiempo en el que El Cuau también visita pequeñas peluquerías, cibercafés y tiendas de abarrotes, donde además de dar autógrafos explica a la gente que su campaña se fundamenta en “10 propuestas para ganar”, entre las que incluye sacar al mando único de Cuernavaca para regresar a los cuerpos policiacos a patrullar la ciudad, y crear un sistema de alerta vecinal.

“Ustedes confíen en mí. Yo voy a hacer las cosas bien; no soy no soy como esos políticos que no tienen corazón. Les aseguro que yo no les voy a fallar”, asegura Cuauhtémoc, que al pronunciar la frase se toca el pecho.

Al escucharlo, los vecinos lo jalean y le dedican porras haciendo la famosa Cuatemoseñal, el gesto con el que el goleador imitaba la figura de un arquero cada vez que anotaba un tanto. Otros, incluso, le prometen abiertamente el voto el próximo 7 de junio. Mientras que muchos otros se presumen ajenos a la política el autógrafo que su ídolo les ha dedicado.

“El dinero me lo gano rompiéndome la madre”

Cuauhtémoc Blanco no es el primer futbolista que cambia el balón por la política. En México, el exjugador del Cruz Azul y de la selección nacional, Carlos Hermosillo, ya buscó sin éxito en el 2009 una diputación federal por el Partido Acción Nacional. Mientras que en el extranjero, estrellas como los brasileños campeones del mundo Bebeto y Romario, el balón de oro George Weah, el goleador ucraniano Andrei Sevchenko, o incluso ‘O Rei’ Pelé, también dieron años atrás el mismo paso con diferentes resultados.

Cuando en mitad de un pequeño descanso en la jornada del 15 de mayo se cuestiona a Cuahtémoc por los motivos que lo impulsan a entrar en la política, éste encoge los hombros ante la grabadora.

“¿Que por qué me estoy metiendo yo en la política? –repite la pregunta para contestarse a colación-. Porque quiero ayudar a la gente. Creo que la gente de Cuernavaca me necesita mucho, y ahora que llegue a la presidencia municipal voy a trabajar para ellos. Hay mucha injusticia en esta ciudad, mucha inseguridad, y ahora me toca trabajar para ellos. Voy a demostrar a los políticos que un ciudadano puede trabajar bien, y que ellos no lo hacen porque no quieren”, explica el ariete, mientras un mar de coches pasa a su lado y lo saludan con toques de claxon, en el bulevar Luis Donaldo Colosio, más conocido como Parque Alameda.

A pesar de las palabras del exfutbolista explicando sus motivos, hay quienes ven en esta candidatura una excentricidad del 10 mexicano. Otra más, como cuando en el 2011 alternó entrenamientos y partidos con los sets de grabación de la telenovela El Triunfo del Amor, en la que interpretaba a un bombero. Incluso, tampoco faltaron los rumores que aseguran que El Temo tiene un contrato firmado por varios millones de pesos con el PSD para aumentar la popularidad de este instituto, luego que en 2009 perdiera el registro a nivel federal.

Cuauhtémoc respondió a todo esto con su habitual carácter polémico el pasado 9 de marzo, durante la rueda de prensa de su presentación como candidato.

“Mira mijo, yo no necesito dinero –espetó a uno de los periodistas, que le cuestionó si existía un contrato con el PSD por seis millones de pesos-. Gracias a Dios el dinero me lo chingo trabajando, cabrón. Rompiéndome la madre. ¿Sabes para qué? Para ayudar a mi familia. No necesito dinero, gracias a Dios. El día que quieras te enseño mis estados de cuenta, para que veas que a mí no me gusta robar a la gente”, dijo el goleador, quien para tratar de zanjar el asunto dio a conocer que tiene diez departamentos que compró tras más de 20 años de carrera en los que ha vestido las elásticas del América, el Veracruz, el Real Valladolid, el Chicago Fire, y el Puebla, entre otros.

Cuauhtémoc firma autógrafos en mitad de la campaña proselitista. //Foto: Manu Ureste

Cuauhtémoc firma autógrafos en mitad de la campaña proselitista. //Foto: Manu Ureste

 

55% cree que partidos pequeños usan candidato famoso para salvarse

“Evidentemente, esa versión (del contrato) es falsa”, apunta por su parte Rafael Yuri Correa, representante del PSD ante el órgano electoral del estado, ante la pregunta de si el partido buscó a uno de los futbolistas mexicanos más emblemáticos para recabar votos y mantener el registro a nivel estatal y, sobre todo, las jugosas prerrogativas económicas.

“Este es un proyecto ciudadano y honesto, y el PSD lo que hizo fue recoger con la candidatura de Cuauhtémoc Blanco el sentir de los ciudadanos que ya están hasta el gorro de los políticos corruptos”, añade Correa, que cuando se le vuelve a cuestionar por qué su partido eligió como abanderado para la alcaldía de Cuernavaca a alguien sin experiencia política, que además es originario de la Ciudad de México, explica que todo “fue algo muy circunstancial”.

“Como dice Cuauhtémoc, Dios nos puso en el camino. Platicamos con él y vio que el PSD es un partido de ciudadanos y de personas, donde no hay mafias políticas que lo vayan a respaldar”, explica el representante, quien rechaza una vez más que la decisión del partido tenga algo que ver con el tirón mediático del delantero.

“La gente se acerca a Cuauhtémoc, pero no por una muestra de simpatía hacia el jugador –asegura Correa-, sino como una muestra hacia Cuauhtémoc el ciudadano. Porque todo el mundo sabe que viene de abajo, y que ha luchado por lo que tiene y que va a continuar haciéndolo”.

No obstante, a pesar de lo que asevera el representante del PSD, buena parte de los ciudadanos cuernavacenses sí consideran que tras la designación de la estrella del América para contender por la presidencia municipal hay un interés del partido en utilizar su imagen para atraer votos.

Así lo da a conocer la encuesta Celebridades en la política/Cuauhtémoc Blanco Cuernavaca, realizada por el Gabinete de Comunicación Estratégica, en el que el 55.7% de los entrevistados dijo estar de acuerdo con la afirmación de que “los partidos pequeños se están valiendo de personajes conocidos para que la gente vote por ellos y logren el mínimo de votación requerido para mantener su registro como partido”.

Más contundente aún es la encuesta de Parametría, en la que revela que el 60%de los mexicanos opina que todos los candidatos del medio del espectáculo y el deporte que se postularon para algún puesto de elección popular en las elecciones del próximo 7 de junio, son histriones utilizados por los partidos para obtener votos.

Sólo dos de cada 10 personas opinó que estas candidaturas tienen un interés genuino de ayudar a la gente y cambiar las cosas.

Cuauhtémoc Blanco durante un evento en el ejido Acapatzingo, Cuernavaca.

Cuauhtémoc Blanco durante un evento en el ejido Acapatzingo, Cuernavaca.

 

“Háblale como un ciudadano más”

“Al Temo no le hables como a un político. Si le preguntas cuántas colonias ha visitado, o datos así muy técnicos, se va a cagar de la risa. Mejor háblale como persona, como a un ciudadano más”.

La frase pronunciada en un tono campechano e informal por Roberto Yáñez Moreno, actual diputado local por el PSD y uno de los líderes del partido junto a su hermano Julio, resume buena parte de la campaña de Cuauhtémoc Blanco, la cual apuesta por presentarlo como alguien diferente al resto de la clase política, tal y como refleja el eslogan de la candidatura “un gobierno de ciudadanos es posible”.

Y parece que el mensaje ha ido calando en buena parte del electorado. O al menos así lo refleja otra encuesta que hizo Parametría, en la que muestra que del mes de marzo a mayo de 2015 el exfutbolista ha subido 11 puntos en las preferencias hasta colocarse en segundo lugar con el 26% de la intención de voto, a sólo cuatro puntos de la candidata puntera hasta el momento, la priista Maricela Velázquez.

Este resultado incluso pondría por delante al PSD por delante del PRI, que en solitario tiene el 23% de intención de voto. Aunque al sumar el 5% del Partido Verde y el 2% de Nueva Alianza, la victoria sería para Velázquez, al obtener el 30% de los sufragios.

“La candidatura de Cuauhtémoc Blanco es algo diferente. Los otros candidatos ya vienen maleados y ya saben cómo sacar dinero del pueblo. Él, en cambio, no está tan metido en la política, y lo del fallo que tuvo en un video es una muestra clara de eso”, opina el taxista Christian Aguilar, quien hace referencia a un video que se volvió viral en las redes sociales en el que Cuauhtémoc Blanco, por error, pide a la gente votar por el PRD.

“Yo sí le tengo fe al Cuauhtémoc. Sobre todo, porque él no está maleado. Y si trae buenas ideas para el pueblo, pues qué bueno. Yo le voy a dar mi voto, y no porque sea futbolista. Sólo espero que no se meta a la corrupción, que no se vuelva como los demás políticos”, señala por su parte Rosa, una vecina septuagenaria del ejido Acapatzingo.

No obstante, aunque las personas entrevistadas dijeron en su mayoría estar cansadas de la clase política que gobierna la ciudad y el estado, también hay quienes dudan de que el candidato del PSD vaya a ser un alcalde diferente, en caso de ganar.

“Sinceramente, como jugador todos los del América lo admiramos. Pero como presidente municipal… sería cuestión de probarlo. Porque igual y muchos otros ya nos prometieron muchas cosas y cuando llegan al poder se olvidan de todo”, comenta Enrique Martínez, comerciante del mercado que hay junto al Palacio de Cortés, en pleno centro de la capital morelense.

“Tal vez no esté maleado, es cierto. Pero la gente que empieza ya a rodearlo, o las que lo rodeen si llega al puesto, puede que sí estén metidos en otras cosas…”, expone la también comerciante Silvia Martínez, quien tras unos segundos en los que deja en el aire unos puntos suspensivos, encoge los hombros y concluye: “Entonces, ahí se verá si Cuauhtémoc hace lo mismo o no que los demás políticos”.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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