Cómo es viajar por el mundo con menos de 100 pesos al día
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Juan Pablo Villarino

Cómo es viajar por el mundo con menos de 100 pesos al día

Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino son una pareja argentina que lo dejó todo por recorrer recónditos lugares del planeta. Su aventura por América Latina quedó plasmada en el libro 'Caminos Invisibles'.
Juan Pablo Villarino
Por Paola Alín M.
25 de mayo, 2015
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'Caminos invisibles' es el libro que resultó del viaje de Laura y Juan por América Latina. Foto: Laura Lazzarino/Cortesia.

‘Caminos invisibles’ es el libro que resultó del viaje de Laura y Juan por América Latina. Foto: Laura Lazzarino/Cortesia.

Ella trabajó durante cuatro años en una agencia de viajes, pero nunca compró uno de los paquetes que vendía. Él era un estudiante de Psicología que recorría los pasillos de la universidad soñando con mapas y viajes.

Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino lo dejaron todo en su natal Argentina para comenzar a viajar, mochila al hombro. En abril de 2010 se conocieron y, desde entonces, recorren el mundo con 5 dólares (75 pesos) al día y sin pagar en autobuses, trenes… e incluso barcos.

En septiembre de ese año decidieron emprender su primer viaje juntos: recorrer América Latina para después escribir un libro, pero con el reto de vivir de la venta de sus libros artesanales y transportándose sólo pidiendo aventones. Lo lograron, y en 2012 vio la luz Caminos Invisibles, una crónica de su aventura de 36 mil kilómetros en 18 meses, desde Antártida hasta las Guyanas. 

Las claves para (en serio) lograr viajar por Europa con un presupuesto reducido. 

En la Antártida. Foto: Laura Lazzarino/Cortesia

En la Antártida. Foto: Laura Lazzarino/Cortesia

“El viaje sería un experimento, una apuesta a todo o nada por conjugar los verbos viajar, amar y escribir (…) ensayando un estilo de vida que soñábamos desde que éramos nómadas solitarios. Sin jefes, ni oficinas, ni sueldos: viviríamos exclusivamente de nuestra escritura”, dice al introducción de su libro (que puedes leer aquí).

Fue en la playa Montañita, en Ecuador –uno de los destinos de su travesía–, donde pudieron confirmar no sólo que ese estilo de vida era posible, sino que “vivir viajando es más barato que quedarse en casa”, dice en entrevista Lazzarino, autora del blog Los Viajes de Nena.

En esa región de la costa ecuatoriana, donde acampaban y comían en los comedores locales no en lujosos restaurantes, hacía libros artesanales y vendían las fotos que sacaban en cada lugar visitado. “Con apenas vender dos libros lográbamos cubrir los gastos diarios y darnos un gusto extra. Nunca vendíamos menos de cinco”, narran en su libro.

En el capítulo Montañita (más abajo está el capítulo de regalo) narran la anécdota reveladora:

“Una noche (…) aquella duda que había tenido cuatro años antes en La Paz (Bolivia) se volvió una certeza:

– A este paso voy a terminar ganando lo mismo que cuando trabajaba en la agencia.

– ¿Para tanto?

– Sí. Y trabajando solamente un par de horas… Y no tengo alquiler.

– Y estás en la playa.

– Y me visto como quiero.

– Y no tienes ningún jefe por detrás”.

Laura y Juan en la mitad del mundo. Foto: Juan Pablo Villarino/Cortesía

Laura y Juan en la mitad del mundo. Foto: Juan Pablo Villarino/Cortesía

Los primeros pasos

Pero su aventura viajera inició mucho antes de su recorrido por Sudamérica.

Juan Pablo Villarino se propuso una misión: “documentar la hospitalidad del mundo” recorriéndolo sólo haciendo autostop y sí, también con un presupuesto de 5 dólares al día. Desde el inicio de su jornada, el 1 de mayo de 2005, sus experiencias quedaron documentadas en su blog Los Acróbatas del Camino. 

Viajar me ayudó a confiar más en la humanidad, y creo que eso se materializó cuando hice mi primer viaje por Medio Oriente y tomé la misión de cruzar haciendo autostop los países de Siria, Irak, Irán  y Afganistán, donde me encontré con que todos los estereotipos que había absorbido por los medios eran muy relativos”, dice Villarino a Animal Político.

“El viajar nos hace más conocedores del mundo en el que estamos, aumenta nuestra empatía, tenemos mucha más capacidad de entender las cosas que suceden en el mundo: por lo tanto, tu opinión ya no es tan manejable o manipulable como el caso de las personas que nunca salieron, a las que es muy fácil convencer de que todos los árabes son terroristas o todos los colombianos son narcotraficantes”, agrega.

El resultado de ese viaje fue Vagabundeando en el Eje del Mal – Un viaje a dedo en Irak, Irán y Afganistánsu primer libro editado e impreso, luego de años de haber hecho y vendido sólo libros artesanales –como el Manifiesto Mochilero, escrito en 2003–.

Pidiendo aventón en Siria. Foto: Juan Pablo Villarino/Cortesía

Pidiendo aventón en Siria. Foto: Juan Pablo Villarino/Cortesía

Hasta la fecha, después de su primera travesía –que fue en Belfast, Irlanda del Norte–, lleva recorridos 65 países, más de 140 mil kilómetros a bordo de todo tipo de vehículos, desde un Mercedes Benz hasta un auto jalado por un burro. Y hospedándose en la casa de campaña que lleva a todos lados, monasterios, apartamentos lujosos, heladerías, castillos o establos, como narra en su blog. 

Así, Laura y Juan han probado que iniciar una aventura así es más de ganas que de dinero. “Yo creo que la gente está enferma de excusitis; es mucho más fácil quedarse en su lugar y decir ‘ella seguro tiene plata (dinero)’. Yo no tengo una cuenta bancaria millonaria, lo que tengo es voluntad y muchas ganas. Hay que dejar de lado las excusas y hay que animarse más“, agrega Laura.

En su caso, empezó a viajar con muy poco dinero y tiempo a Bolivia, después a México, para iniciar un recorrido de tres meses por Centroamérica, en lugar de pasar dos semanas con todo pagado por Europa.

La clave está, explica, en “definir qué es viajar para cada uno, porque si tú quieres viajar al estilo turista, con un paquete reservado con toda las comodidades, un hotel, la comida, etcétera, ahí sí necesitas un montón de dinero. Pero viajar es otra cosa, por lo menos desde mi percepción. Si alguien tiene la inquietud, si eres un viajero, no necesitas ni siquiera comprarte un pasaje de avión porque puedes viajar a lo que tienes más cerca; necesitas ganas”.

Un ejemplo de esto es el viaje que hizo Laura junto con Aniko Villalba, otra bloguera de viajes argentina. Ambas pasaron 17 noches en Islandia, uno de los países europeos más caros para los turistas. Ahí se propusieron no pagar hospedaje ni una noche, acamparon; tampoco comieron en restaurantes, sólo cocinaron; no pagaron lo costoso que es rentar un auto, sino que pidieron aventones.

“No sólo nos divertimos muchísimo, sino que hicimos un viaje diferente y gastamos 6 euros por día“, narró Lazzarino sobre ese viaje, del cual publicó una guía para mochileros. 

En resumen, su estrategia para ahorrar, de acuerdo con Laura:

  • Viajar haciendo autostop.
  • Usar redes de alojamiento gratuito (como Couchsurfing).
  • Cocinar siempre, evitar los restaurantes.

“No la pasamos mal, no pasamos hambre, no pasamos frío, simplemente hemos encontrado esa manera de poder solventarlo y hacer de los viajes nuestro estilo de vida“, concluye.

Haciendo autostop por Islandia. Foto: Laura Lazzarino/Cortesía.

Haciendo autostop por Islandia. Foto: Laura Lazzarino/Cortesía.

¿Ganar dinero viajando?

“Después de 10 años de viaje saqué la conclusión de que irse de viaje es mejor que quedarse”, dice Villarino. E incluso ha probado que es posible ganar dinero.

En su blog, de hecho, compartió algunas estrategias para tener ganancias y poder solventar algunos de los gastos del viaje (léelo completo aquí).

Algunas de sus recomendaciones son:

  • Viajar haciendo música
  • Vender comida
  • Organizar un circo itinerante
  • Hacer artesanías y venderlas
  • Hacer dibujos o retratos
  • Vender fotografías
  • Hacer voluntariado
Frente al sagrado Monte Kailash, en Tíbet. Foto: Juan Pablo Villarino/Cortesía.

Frente al sagrado Monte Kailash, en Tíbet. Foto: Juan Pablo Villarino/Cortesía.

Entre septiembre y agosto de este año, Juan y Laura iniciarán un viaje por África, de norte a sur; ésta será la primera ocasión que documentarán todo en tiempo real a través de sus redes sociales. Puedes seguirlos en Twitter aquí y aquí ; o en Facebook. 

Hace dos días, el 21 de mayo, Lazzarino inició junto con la bloguera Aniko Villalba el #DesafíoViajeros. Hasta el 10 de junio recorrerán Serbia y Croacia con los siguientes objetivos:

    1. No comer pizza en Croacia;  probar, al menos, 5 comidas típicas.
    2. Aprender a escribir en alfabeto cirílico en Serbia
    3. Hacer barcoestop a alguna isla
    4. Viajar en el tiempo
    5. Conseguir la ciudadanía del país más nuevo del mundo
    6. Conocer al menos dos Patrimonios de la Humanidad cada una
    7. No decir que no durante un día (a nada, y ver dónde eso nos lleva)
    8. Escapar exitosamente (ya verán por qué)
    9. Encontrar un tesoro con Geocatching
    10. Convertir Belgrado en un set de fotografía

[#DESAFIOSVIAJEROS] Se viene un bis de Islandia, pero sin frío ni noches de sol. Aniko y yo reanudamos los desafíos…

Posted by Acróbata del Camino | Los Viajes de Nena on Miércoles, 20 de mayo de 2015

Fragmentos del libro Caminos Invisibles (para conseguirlo sólo da click aquí). 

Fragmentos del libro 'Caminos invisibles'

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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