Copa América: 5 claves y una duda del triunfo de Colombia sobre Brasil
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Copa América: 5 claves y una duda del triunfo de Colombia sobre Brasil

La revancha de la selección colombiana sobre Canarinha tuvo un sabor especial por el delicado momento en el que llegó al partido y de forma en la que impulsó su futbol.
Por BBCMundo
18 de junio, 2015
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Colombia celebra sin reservas, con el derecho que da la razón, con alivio y con el sabor dulce que da la revancha en el fútbol.

12 meses después del llanto de James Rodríguez y la consolación de David Luiz tras la eliminación del Mundial, Colombia se vengó de Brasil y recuperó su cartel de candidato en la Copa América de Chile.

La tercera victoria de su historia frente a la Canarinha llegó en un momento crucial en el proyecto del técnico José Pekerman, cuestionado tras la derrota frente a Venezuela en su debut.

El choque en Santiago fue la oportunidad para la reivindicación y Colombia no la desperdició, además de develar las falencias del combinado brasileño.

BBC Mundo te explica cinco claves de la victoria colombiana y la gran duda que quedó de cara a sus próximos partidos en la fiesta del fútbol sudamericano.

1. Intensidad

Colombia salió desde el minuto inicial a comerse a Brasil y a borrar las críticas que pesaron sobre la selección tras su apática actuación frente a Venezuela.

Con la rabia latente por la eliminación en el Mundial de Brasil, que están convencidos se debió a la excesiva violencia del equipo dirigido entonces por Luiz Felipe Scolari y al tanto anulado a Mario Yepes -que realmente no fue gol-,Colombia luchó en cada centímetro del terreno de juego y desconectó el mediocampo brasileño.

Fue así que en los primeros 45 minutos ahogó a Brasil contra el arco de Jefferson y de tanto merodear el área consiguió la oportunidad para desnivelar el marcador.

2. Teo y “La Roca”

Fueron muchos los jugadores colombianos que aumentaron su nivel y reaccionaron al apático desempeño colectivo del primer duelo en Chile, pero hubo dos que marcaron las diferencias.

Teófilo Gutiérrez y Carlos Sánchez se multiplicaron para ganar las batallas en dos sectores cruciales el partido: el centro del campo y en tres cuartos de cancha.

Teo se internó constantemente entre líneas para abrir espacios, combinarse con James y Cuadrado y dejar asistencias de calidad para sus compañeros, que no fueron aprovechadas.

La Roca fue todo lo contrario, un destructor nato que se multiplicó para cubrir cada milímetro de su línea de defensa.

Su contribución fue decisiva para doblar la marca constantemente sobre Neymar y no permitir que el brasileño lograra conectarse con sus compañeros.

3. Efectividad

De eso se trata el fútbol, de meter goles o al menos uno. Colombia lo hizo, Brasil no.

Los dirigidos por José Perkeman generaron un torbellino de oportunidades en la primera parte y a lo largo del partido, pero solo uno de los 15 disparos que tuvieron fue a portería: el de Jason Murillo, el 1-0.

No es que Brasil haya tenido muchas más opciones, pero desperdició la dos claras que se le presentaron a lo largo de los 90 minutos.

Primero fue Neymar el que no logró superar la gran estirada del portero David Ospina cuando cabeceó solo en el área y luego fue Roberto Firmino, que elevó su disparó por encima del larguero sin nadie en el arco.

4. Locales

El estadio Monumental David Arellano de Santiago fue una fiesta colombiana desde el inicio y fue crucial el empuje de los aficionados a los jugadores.

El constante aliento de la grada -al que se sumaron chilenos, argentinos y otras nacionalidades sudamericanas– dejaron en claro desde el primer minuto para qué lado se decantaba la balanza de preferencias.

Eso sirvió para que Colombia se creciera y para que Brasil jugara presionado por el ambiente en su contra.

No es casualidad que de las tres victorias colombianas sobre Brasil en su historia, dos hayan sido en territorio chileno.

La anterior fue precisamente en la Copa América disputada en el país austral en 1991, cuando Colombia ganó en Viña del Mar con goles de Antony De Ávila y Arnoldo Iguarán.

5. Neymar

El astro brasileño es un oasis de calidad en medio de un desierto de jugadores que no bailan a su ritmo y eso hizo que fuera el objetivo número uno de la defensa colombiana.

Si hace un año fue James el que recibió el trato especial de las piernas brasileñas, este miércoles fue Neymar el receptor de la mayoría de las entradas colombianas.

Neymar fue perdiendo su fútbol con el paso de los minutos y tal fue su frustración que de víctima pasó a ser el agresor.

El capitán de la Canarinhareaccionó tras concretarse la derrota de Brasil con un potente disparo a la espalda de Pablo Armero mientras el defensor estaba celebrando.

Esto generó una trifulca sobre el terreno de juego que terminó con su expulsión y la del colombiano Carlos Bacca.

Ahora Neymar se perderá el partido que cierra la fase de grupos frente a Venezuela.

* Falcao (la duda)

El capitán de Colombia no está al mismo ritmo de sus compañeros. Con problemas para controlar y aguantar el balón, su fútbol se reduce a lo que parece una constante lucha entre lo que recuerda su mente de lo que fue capaz de hacer y la realidad que le imponen sus piernas.

Lucha, se faja y hasta participó en el gol de Murillo, pero su poca contribución en el juego colombiano hace que surjan voces pidiendo a gritos a Jackson Martínez y Bacca, aunque este último está expulsado.

La única oportunidad clara que tuvo Falcao en el partido la desperdició.

Fue una jugada que empezó con un gran pase en profundidad de James y que Teo, a la carrera y de espalda, bajó con el pecho para dejar el balón al borde del área, esperando ser enviado al fondo de la red.

Pero Falcao le pegó mal y la pelota se fue a regañadientes contra las vallas de publicidad.

La duda es si Pekerman seguirá confiando a su jugador “inamovible”.

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Vacunas COVID: A qué se debe el secretismo que rodea los contratos entre los gobiernos y las farmacéuticas

Los detalles de los contratos entre algunas grandes farmacéuticas y los gobiernos son confidenciales, lo que ha provocado críticas y sospechas.
28 de enero, 2021
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El mundo entero se disputa una plaza para recibir la vacuna contra el coronavirus, un bien todavía demasiado escaso y producido por pocos laboratorios farmacéuticos.

Los gobiernos firman contratos con las compañías que han desarrollado esas vacunas en tiempo récord y, sin embargo, información crítica de esos acuerdos permanece oculta para el gran público debido a estrictas cláusulas de confidencialidad.

Cuánto cuestan o cómo se distribuirán son detalles que en la mayoría de los casos la ciudadanía desconoce, porque así lo exigen los acuerdos firmados.

En Perú, por ejemplo, las negociaciones entre el gobierno y la compañía Pfizer encallaron por este motivo. Y en Colombia el gobierno afirma que las cláusulas de confidencialidad le impiden ofrecer aún un cronograma claro de vacunación.

El problema es mundial.

En respuesta a una petición de información en el Parlamento Europeo a mediados de noviembre, la comisaria de Salud, Estela Kiriakides, afirmó: “Debido a la naturaleza altamente competitiva de este mercado, la Comisión está legalmente imposibilitada para desvelar la información que contienen estos contratos”.

Y la ministra belga de Presupuesto, Eva de Bleeker, tuvo que retirar poco después de publicarlo un mensaje en Twitter en el que recogía la lista de precios de los laboratorios con los que había negociado la UE.

A las quejas por el incumplimiento de los compromisos adquiridos por algunos fabricantes de vacunas, se suman ahora las de las voces que exigen mayor transparencia en un asunto de salud pública vital.

Y la polémica sigue subiendo de tono, sobre todo en la Unión Europea (UE), enojada después de que los laboratorios Pfizer y AstraZeneca le comunicaran que no estarán en condiciones de suministrar al bloque la cantidad de dosis iniciales acordadas.

Ello ha llevado a que, según fuentes de la UE citadas por la agencia Reuters, desde Bruselas se les exija a las farmacéuticas que hagan públicos los términos de los contratos y amenace con controlar las exportaciones de las vacunas producidas en Europa.

¿Por qué tanto secreto?

Una práctica habitual

Según Jonathan García, experto en salud pública en la Universidad de Harvard, en EE.UU., “esto no es nada nuevo; es frecuente que en los contratos entre los sistemas de salud de los países y las farmacéuticas se incluyan cláusulas de confidencialidad”.

“Los laboratorios buscan fraccionar el mercado para poder negociar precios distintos con los distintos países”, añade.

Esto les permite negociar con los países en función de sus recursos, ofreciéndoles precios más bajos a los países pobres o en desarrollo y exigiendo cantidades más altas a los más ricos.

La compañía AstraZeneca ha revelado que la vacuna que ha desarrollado en colaboración con la Universidad de Oxford tendrá un coste aproximado de entre 3 y 4 dólares por dosis (se requieren dos). Pero el suyo es por ahora un caso excepcional.

Además de los precios, se mantienen muchas veces en secreto la información relativa a la producción y logística, y las conocidas como cláusulas de responsabilidad.

En ellas se estipulan límites a la responsabilidad de los laboratorios en el caso de posibles efectos adversos de los medicamentos y se indica que si hay diferencias no las resolverán los tribunales nacionales, sino unas cortes especiales de arbitraje internacional.

Vacuna de Pfizer.

Reuters
Pfizer es una de las compañías señaladas por la exigencia de confidencialidad en los contratos.

Las voces que reclaman mayor transparencia alertan de que la urgencia por el desarrollo de una vacuna para una enfermedad que se ha cobrado ya más de dos millones de vidas en todo el mundo ha podido llevar a los gobiernos a aceptar limitaciones de responsabilidad aún mayores.

En la Estrategia para la Adquisición de Vacunas que hizo pública la Comisión Europea se decía que “la responsabilidad por el desarrollo y el uso de la vacuna, incluida cualquier indemnización específica requerida, recaerá sobre los Estados miembros que la adquieran”.

El caso de Perú

Un país de América Latina, Perú, se ha convertido en ejemplo destacado de los problemas que acarrea esta limitación de responsabilidad para las farmacéuticas.

Las negociaciones del gobierno peruano con la compañía Pfizer para la adquisición de la vacuna no cuajaron porque, según dijo la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, “se identificaron algunas cláusulas que requerían un análisis más profundo para determinar la compatibilidad con las leyes peruanas y los alcances que puede asumir el Estado”.

BBC Mundo trató de contactar con Pfizer, pero no obtuvo respuesta.

La falta de acuerdo con Pfizer llevó a las autoridades peruanas a buscar otras opciones, como la vacuna del fabricante chino Sinopharm.

Mujer recibe la vacuna en Hungría.

EPA
El ritmo al que avanza la vacunación varía según los países.

Al contrario de lo que sucede en otros países de la región, como Argentina o Chile, la vacunación no ha comenzado aún en Perú y las autoridades no han podido ofrecer un cronograma seguro.

En Colombia, el gobierno ha sido objeto de fuertes críticas por no haber comenzado aún a vacunar a la gente y haber aludido a las cláusulas de confidencialidad para justificar por qué no podía ofrecer aún una fecha para comenzar a hacerlo.

La confidencialidad en los contratos, sin embargo, cuenta con defensores, con base, sobre todo, en los llamados “subsidios cruzados”. Al poder cobrarles más a los países ricos, los laboratorios se ven en condiciones de ofrecer precios asequibles a los países con menos recursos.

El economista David Bardey señala en conversación con BBC Mundo que si hubiera transparencia en los precios de los medicamentos, “sería más complicado para los laboratorios cobrar precios más altos a los países más ricos si estos pueden observar precios menores para otros países”.

“Si queremos que los países más desarrollados paguen más, es mejor que los precios no sean públicos“, indica el experto, que alerta además de que los países más avanzados están adquiriendo muchas más dosis de las que necesitan porque “sus gobiernos tienen una gran presión de su opinión pública y eso los está empujando a una especie de nacionalismo sanitario”.

Se suele aludir también al derecho que tienen las compañías a obtener un beneficio de las grandes inversiones que hacen en investigación.

Y un tercer factor son los derechos de propiedad intelectual. Un experto español en salud pública que prefirió no dar su nombre resume el papel que, a su juicio, están jugando los grandes laboratorios occidentales: “Están defendiendo su patente para evitar que otros la fabriquen en la India y se las vendan a menor coste a los países pobres”.

Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

EPA
Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se enfrenta al problema de hacer que las farmacéuticas cumplan sus compromisos.

Jonathan García cree que los argumentos a favor de la transparencia ganan valor en el contexto de la pandemia.

“Estamos hablando de una emergencia sanitaria global, de algo que sucede cada 100 años, ante lo que uno esperaría que el sistema utilizara mecanismos mucho más transparentes y buscara un esquema más cooperativo. En cambio vemos que se sigue buscando un mercado monopólico y mantener ventajas en los precios”.

Las diferencias en el acceso a las vacunas han llevado al mundo a un riesgo de “fracaso moral catastrófico”, como definió el director de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, el hecho de que los países más necesitados vayan a tener que esperar años para inmunizar a su población.

La historia de las epidemias muestra que no sería la primera vez. Ya sucedió con la poliomielitis y la viruela, enfermedades erradicadas mucho antes en los países más avanzados.

O con el VIH, que todavía diezma a muchas poblaciones africanas cuando los pacientes en el llamado primer mundo han visto prolongada significativamente su esperanza de vida gracias al desarrollo de los tratamientos antirretrovirales.

“Los medicamentos están disponibles; el problema son los costos”, indica García.

Y los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, no pueden permitirse al negociar con los laboratorios la actitud exigente mostrada por la Unión Europea, un bloque formado por 27 estados entre los más prósperos del mundo.

*Con información adicional de Martín Riepl en Lima y Carlos Serrano en Miami.


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