¿De veras sirve estudiar? La desigualdad entre hombres y mujeres jóvenes
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¿De veras sirve estudiar? La desigualdad entre hombres y mujeres jóvenes

México es el país de la OCDE con más jóvenes sin estudios. Más de la mitad de los mexicanos entre 25 y 34 años apenas lograron la secundaria. En el último año, solo 413 mil personas obtuvieron un grado universitario. Casi el mismo número de adolescentes que dieron a luz.
Cuartoscuro
Por Majo Siscar .
29 de junio, 2015
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En México, de 100 estudiantes que entran a primaria, sólo 36 llegan a terminar la prepa. // Foto: Cuartoscuro.

En México, de 100 estudiantes que entran a primaria, sólo 36 llegan a terminar la prepa. // Foto: Cuartoscuro.

Tiene los ojos bien abiertos pero la mirada perdida, como si le hubieran impreso el susto en el rostro. Violeta todavía no cumple los 14 años pero ya carga en sus brazos un bebé de apenas 10 días. Se llamará David cuando el párroco del pueblo acepte bautizarlo, porque ahora le pone peros. No está bien visto por Dios dar el santo sacramento al hijo de una pareja de “amancebados”, dijo el sacerdote de su comunidad, en la sierra norte de Puebla.

Violeta y Polo, de 19 años y padre del niño, no pensaban vivir juntos, de hecho ni siquiera eran novios cuando su familia se enteró que estaba embarazada de cinco meses. Ahora viven los dos en casa de la madre de Violeta, quién a sus 32 años ahora es abuela.

México es el país de la OCDE con la tasa más alta de embarazos adolescentes, 62 de cada mil chicas entre 15 y 19 años se embarazaron en México en 2013. Violeta ni siquiera entraría en la estadística, todavía tiene 13 años y esa cara de espanto permanente.

La chica estaba apenas en segundo de secundaria. Su madre quiere que en agosto retome el curso en una escuela improvisada en la sala de juntas del ejido, que maneja un profesor de apenas 18 años mandado por el Consejo Nacional de Fomento Educativo, Conafe.

La única escuela en forma en esa comunidad es la primaria. Antes de que llegase el Conafe tampoco tenían secundaria. Debían viajar una hora y media hasta la cabecera municipal más cercana y pagar 60 pesos al día en transporte, en un ejido donde el jornal agrícola se paga a 100 pesos el día.

México tiene la obligación de garantizar la educación a sus niños hasta la preparatoria, según la última modificación legislativa, en 2012, y tiene una proporción de estudiantes inscritos en instituciones públicas mayor que el promedio de la OCDE; sin embargo, no tiene los mecanismos para evitar la deserción prematura.

De los 34 países que integran la OCDE, México es el que tiene más población joven sin estudios. Más de la mitad de los mexicanos entre 25 y 34 se quedaron con el grado de secundaria o inferior.

02 Acceso a la educacion

Adolescentes embarazadas: un futuro incierto

01 Derechos sexuales reproductivos

Violeta no sabe si la concluirá la secundaria. Aunque en el ejido podría empatar los estudios con con la crianza del bebé, no ve beneficios en el esfuerzo.

“Aquí no hay nada que hacer si estudias una carrera”, explica la única mujer del pueblo que ha ido a la universidad. Su nombre es Ana Lilia y tiene 22 años.

Ana Lilia es la tercera persona con un grado de licenciatura en 40 años en el pueblo. En cambio en el último año tres adolescentes se embarazaron.

En este año, en todo el país, se han titulado 413 mil personas de un grado universitario, frente a 336 mil 481 jóvenes entre 15 y 19 años que fueron madres.

Naciones Unidas tipifica el embarazo adolescente como una causa y una consecuencia de las violaciones de derechos.

“El embarazo menoscaba las posibilidades que tienen las niñas de ejercer los derechos a la educación, la salud y la autonomía, garantizados en tratados internacionales, como la Convención sobre los Derechos del Niño. Y a la inversa, cuando una niña no puede gozar de sus derechos básicos, como el derecho a la educación, se vuelve más propensa a quedar embarazada”.

Según la Secretaría de Educación, el embarazo adolescente es la segunda causa de deserción escolar entre las jóvenes mexicanas.

02.1 Acceso a la educacion

Una vez en edad, activa las mujeres trabajan mucho menos fuera de casa, lo que las pone en una situación de dependencia económica. Ocho de cada 10 hombres en edad de trabajar lo hacen, mientras que en las mujeres la proporción es de sólo 4.

Una mujer gana entre 10 y 30% menos que un hombre

Las mujeres ganan 30% menos en actividades industriales que los hombres y un 24% menos cuando son operadoras de transporte, según un estudio del INEGI con fecha de 2014. Para comerciantes, profesionales, funcionarios u oficinistas, la brecha salarial de género fluctúa entre el 17% y el 10%. Y esas diferencias solo se difuminan en actividades como las agropecuarias, de protección o vigilancia o entre las trabajadoras de la educación.

El reporte Global Gender Gap 2014 es aún más pesimista, pues asegura que el salario de las mujeres es, en promedio, la mitad del que ganan los hombres.

A ese panorama hay que agregar que, mientras las mujeres dedican más de seis horas al día a trabajo no remunerado como las tareas del hogar o la crianza de los hijos, los hombres no dedican ni dos.

“Ahora hay mujeres diputadas, gasolineras o pilotas, pero la mayoría siguen estando en puestos de menor ingreso que los hombres, aún y con las mismas responsabilidades”, resume la integrante de la Red de Mujeres Sindicalistas, Inés González.

Además la discriminación no está solo en el salario. En un país que vanagloria a la madre, resulta que casi la mitad de las mujeres asalariadas y aseguradas no cuenta con incapacidad médica después del parto, pese a que está previsto por ley. (En 2009 la cifra era de 45.7%) y en 2011, más de 800 mil mujeres embarazadas perdieron su empleo, sufrieron baja de salario o no pudieron renovar su contrato.

Otros factores de discriminación hacia las mujeres en el acceso al empleo son la edad, la forma de vestir y el color de piel, según la última Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México, hecha por el Consejo para Prevenir la Discriminación en 2013.

“Nos siguen viendo como objetos”, espeta Karla, quién a sus 22 años se paga las colegiaturas de la escuela de periodismo gracias al modelaje. Karla nació cuando su madre tenía tan solo 15 años y una vez ella fue al colegio, su madre pudo seguir estudiando hasta alcanzar la maestría. Ahora a ambas les va bien, pero no ha sido fácil. A los 18 años Karla tuvo que empezar a costear todos sus gastos. Perdió el primer año de carrera porque no lo pudo compaginar estudio y empleo. Su primer trabajo fue como mesera en un restaurante de comida estadounidense donde las chicas traen pantalones mínimos y escotes, y se cobra el salario mínimo más propinas. Apenas una niña, Karla no lo pudo manejar.

03 Mujeres y empleo

Universidades públicas, privadas y el empleo

Para trabajar como vendedor en una tienda departamental se requiere la preparatoria terminada. Si no se tiene, solo se puede acceder a las tareas de limpieza o a la bodega. Los empleos formales exigen cada vez más formación a sus empleados, aunque ésta no se revierta directamente en un mayor salario.

La OCDE alertó en su último informe sobre educación en México que alcanzar mayores niveles educativos “no necesariamente se traduce en mejores resultados en el mercado laboral”.

Óscar, vendedor de revistas y libros en un almacén propiedad del millonario Carlos Slim, trabajaba sirviendo comidas en ferias antes de terminar la prepa abierta. Ahora no gana más, pero tiene un trabajo menos pesado con prestaciones y seguro social.

Ricardo tiene 29 años y le faltan dos semestres para terminar la carrera de Arquitectura. Cuando acabó la prepa, su madre le dijo que solo podía pagar la universidad para uno de sus hijos y él renunció por su hermana. “Luego ella salió panzona y tampoco estudió”, dice con un dejo de amargura. Su hermana abandonó la prepa al embarazarse. Él fue vendedor de dulces, mesero, comerciante ambulante,… a los 23, con su hermana ya con trabajo estable, regresó a la universidad.

Después de dos intentos entró a una escuela de arquitectura de la UNAM. Hace dos años tuvo que dejarla porque no tenía dinero ni para imprimir los planos. Además, había que volver a ayudar en casa. Buscó trabajo de dibujante pero le ofrecían sueldos de aprendiz por 3 mil 500 pesos. Ahora trabaja de tiempo completo como portero en un condominio del sur de la Ciudad de México por 5 mil pesos al mes.

“En este país, si no tienes contactos, tener estudios no te asegura nada. Gano más aquí que de dibujante”, se queja mientras abre el portón para que entre un carro del vecindario. Ricardo necesitaría destinar nueve años completos de su sueldo actual para poder adquirir uno así. Tampoco tiene uno usado.

Por suerte vive cerca de su trabajo, a unos cinco kilómetros, en la colonia Santo Domingo, que en los años 70 fue la invasión urbana más grande de América Latina. Durante diez años no tuvieron agua entubada ni drenaje.

Ricardo, su madre, sus hermana, dos sobrinas y su hermano pequeño rentan allí. Pagan mil quinientos pesos al mes por rentar unos 30 metros cuadrados, distribuidos en una sola recámara, un baño y una cocineta básica. Los seis duermen en la misma habitación en tres camas dobles. Ahí comen, ven la tele, con cable, o juegan a los videojuegos y se conectan a internet con las dos computadoras que tienen.

“Sí, estamos un poco apretados”, reconoce con una sonrisa apenada.

La pobreza, al igual que la riqueza, se hereda. Ante la falta de contrapesos del Estado que garanticen la igualdad de oportunidades, la movilidad social se dificulta. Un informe del 2013 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias muestra, a partir de datos del Inegi, que los mexicanos que nacen en el 20% más pobre de la sociedad lo seguirán siendo, al igual que los que nacen en el 20% más rico.

A diferencia de Ricardo, José Eduardo Bayón tiene 22 años y va a empezar su primera pasantía como abogado en un despacho de derecho corporativo.

Mientras Ricardo solo encontraba pasantías de 3 mil pesos, José Eduardo ganará, de entrada, el doble, con unos estudios similares. ¿La diferencia? José Eduardo estudia en el ITAM, una de las universidades privadas con más prestigio en el país y fundada por Raúl Bailleres, padre del segundo hombre más rico de México, Alberto Bailleres. Nunca ha tenido que trabajar, maneja un Jetta, va los fines de semana a Acapulco y sus padres, además de pagarle la colegiatura de la universidad, de 12 mil pesos al mes, le dan otros seis mil para sus gastos.

Para entrar a esa universidad de la que ha egresado, por ejemplo, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, debió pasar un duro examen de admisión con criterios internacionales. Ricardo debió hacer examenes en dos años distintos para conseguir un lugar en una sede alterna a la UNAM, donde la admisión es más fácil. Ricardo estudió en un colegio de bachilleres público, José Eduardo en un instituto particular.

“Se ve como algo natural que unos vayan a unos tipos de escuelas y otros vayan a otros; Que se vivan calidades de ciudadanías totalmente distintas, de primera y de segunda”, continúa Bayón.

Ricardo ni siquiera tiene seguro social. Tampoco su madre. “Tienes un accidente o una enfermedad o nada más una caries y lo poco que tenías ahorrado se te va”, afirma y recuerda como una lesión en la rodilla le dejó endeudado.
Aunque México ha avanzado en la última década hacia la cobertura universal en salud todavía su eficiencia todavía es cuestionable. Es el estado de la OCDE que menos invierte en sanidad. El gobierno mexicano solo paga la mitad del gasto total en salud de todos los ciudadanos. También son los que tienen una esperanza de vida más baja.

El seguro social no solo refiere a la cobertura sanitaria sino a la precariedad laboral. Y no es solo un problema de llegar al fin de esta quincena sino que es un problema de futuro. Así se refiere a esta problemática la representante de la Red de Mujeres Sindicalistas, Inés González.

“Los trabajadores en la informalidad, que hoy rondan el 60% de la población económicamente activa, ¿qué van hacer en el futuro? ¿Qué van a hacer los jóvenes de hoy en su retiro? No es que solamente el dinero que hoy gano me vaya a servir para comprar la leche y la carne. El dinero que hoy gano tiene que ser tan importante para asegurar mi vejez de una manera digna”.

Esta investigación es de Oxfam, en el marco de su campaña “Iguales”.

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Vacuna contra COVID-19: ¿en qué consiste la fase 3 de los ensayos clínicos y por qué es tan crucial?

BBC Mundo conversó con expertos para conocer por qué pese a la urgencia con que se necesita una vacuna para frenar la pandemia de covid-19, la fase 3 de los ensayos clínicos es fundamental y hay que esperar por sus resultados.
21 de agosto, 2020
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Algunas veces es mejor empezar por el final. Así es que comenzaré con lo último que me dijo el doctor Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading (Inglaterra), cuando al final de una entrevista le pregunté si había algo que quisiera agregar.

“Lo único que añadiría es que no soy dado a los sensacionalismos. Quiero dejar claro que de lo que he hablado es de un riesgo teórico, muy pequeño, pero del cual tenemos que ser conscientes“.

Después de que el gobierno ruso informara de la aprobación de la primera vacuna contra covid-19, el sitio de información científica Science Media Centre publicó las reacciones de algunos expertos.

Uno de los planteamientos era del profesor Jones y una de sus reflexiones fue: “Una vacuna inefectiva es peor que ninguna”.

A muchos especialistas en diferentes partes del mundo les preocupa que la vacuna aprobada en Rusia no hubiera sido probada en miles de personas para determinar su eficacia y seguridad, un proceso que ocurre en los ensayos clínicos de la llamada fase 3 del desarrollo de una vacuna.

Las autoridades de Moscú informaron que había sido probada en dos grupos formados por 38 voluntarios cada uno y que había “demostrado ser altamente efectiva y segura”.

Si bien muchos expertos coinciden en que urge una vacuna contra covid-19, una enfermedad que hasta este viernes ya había dejado más de 793.000 muertes confirmadas, también aclaran que es crucial que sea ensayada en la fase 3 antes de su distribución en la población.

“De esa manera se obtiene más información sobre la seguridad de la vacuna al tiempo que conseguimos más datos sobre su capacidad real para proteger contra la enfermedad”, dijo Jones desde Reino Unido.

Le preguntamos si hay riesgos si no se cumple con esa fase.

Una visión limitada

“Los riesgos son que la vacuna pudiera salir cuando no tienes una perspectiva completa de cómo se desempeñará en un grupo grande de personas”, señaló el experto.

“Por ejemplo, la vacuna rusa. Personalmente no creo que haya un problema de seguridad porque es muy similar a lo que se ha usado en otras partes”.

Persona siendo vacuna

Getty Images
Hay décenas de proyectos de vacunas contra covid-19. Este voluntario participa en un ensayo clínico en Indonesia con una vacuna creada por investigadores de China.

El profesor se refiere a que hay suficiente información y antecedentes sobre las vacunas recombinantes basadas en adenovirus y eso permite “asumir que la vacuna en sí misma será segura en las dosis habituales”.

“Pero hasta que no la pruebes en un grupo grande de personas realmente no sabes si va a generar una respuesta inmune lo suficientemente buena para proteger contra la enfermedad y, si no protege contra la enfermedad, se corre el riesgo de darle una falsa esperanza a la gente y de que continúe la circulación del virus“.

Y el profesor señala como otro riesgo que se propague entre personas inmunizadas, lo que explica señalando que en los ensayos clínicos hay dos tipos de resultados.

“El primero es que la vacuna produce en los individuos anticuerpos que detienen completamente la entrada del virus en esas personas. El virus intenta infectar pero simplemente no puede por la respuesta que ha generado la vacuna. Ese es el resultado ideal“, señala.

Una mujer caminando

Getty Images
Hasta que se consiga una vacuna que se demuestra que es eficaz y segura, las medidas de prevención como las mascarillas y el distanciamiento social deberían continuar para evitar la propagación del coronavirus.

La segunda posibilidad, explica el especialista, es que el virus consiga infectar, pero gracias a la vacuna causa una manifestación mucho menos severa de la enfermedad. En ese caso, el virus seguirá circulando en la población porque no se le está impidiendo que infecte, sino que se le está reduciendo su capacidad de provocar los síntomas y las consecuencias más graves de la infección.

“Y si continúa circulando, siempre tienes la posibilidad, por pequeña que sea, de que el virus pueda empeorar con el tiempo”, indicó.

Circulación

De acuerdo con Jones, “si la vacuna protege contra la enfermedad, debemos ser optimistas de que alejará la amenaza que representa la actual pandemia”.

Los grupos de riesgo alto podrán ser vacunados y “entonces, ojalá, la tasa de letalidad asociada con la infección se reduciría a niveles normales”.

“No es el resultado ideal, pero es aceptable”, añadió.

Universidad de Oxford

Getty Images
La vacuna que desarrolla la Universidad de Oxford es, según los expertos, una de las más avanzadas y prometedoras.

“Sin embargo, una vacuna inefectiva que no produce suficientes anticuerpos para proteger contra la enfermedad y ciertamente no los suficientes para proteger contra la infección, le daría a la gente una sensación falsa de esperanza, seguirá dejando circular el virus y no necesariamente protegería a los individuos en los grupos de riesgo: personas de la tercera edad y personas con problemas de salud subyacentes”, agrega.

Y es por eso que considera que una vacuna que no sea realmente eficaz es peor que no tener una vacuna.

“En el caso de que no haya una vacuna, puedes continuar con todas las medidas que se están implementando en todo el mundo, como el distanciamiento social, entre otras. Vas a seguir siendo consciente de que hay una situación de peligro alrededor pero el haber tenido una vacuna, que entonces no funciona, te da un nivel de seguridad falso que, de hecho, no va a ayudar. Empeoraría las cosas”.

Jones ya lo había escrito en su planteamiento publicado en Science Media Centre:

“El mayor riesgo, sin embargo, es que la inmunidad generada no sea suficiente para brindar protección, lo que lleva a la propagación continua del virus incluso entre individuos inmunizados. Y aunque es solo una posibilidad, una protección menos que completa podría proporcionar una presión de selección que lleve al virus a evadir el anticuerpo que hay, creando cepas que luego evaden todas las respuestas de la vacuna. En ese sentido, una vacuna inefectiva es peor que ninguna. Por lo tanto, el seguimiento cuidadoso del virus deberá acompañar a cualquier lanzamiento anticipado”.

¿Qué sucede en la fase 3?

La fase 3 es la etapa en la que los investigadores buscan ver la eficacia de la vacuna y confirmar su seguridad.

“En otras palabras, se busca la reducción real de los casos de la enfermedad en el número de personas que fueron vacunadas comparado con el mismo número de sujetos que no recibieron la vacuna”, explicó Jones.

Botellas pequeñas con un líquido

Getty Images
Con la información que recopilen los investigadores de los diferentes grupos de investigación en los ensayos clínicos, las autoridades deciden si aprobar la vacuna o no.

Las etapas previas, las fases 1 y 2, también tienen que ver con el desempeño y la seguridad del producto, “pero es sólo la fase 3 de los ensayos clínicos la que realmente te dice que la vacuna es capaz de prevenir que ocurra la infección”.

De acuerdo con el doctor Fernando Rodríguez, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en ninguna de las fases iniciales los sujetos de investigación son expuestos directamente a la posible infección.

“Con lo cual una cosa es demostrar que se producen anticuerpos y otra cosa es demostrar que la vacuna realmente protege contra la infección. Esto no se sabe en las primeras fases de la investigación, ni en la 1 ni en la 2. Para saber esto específicamente hace falta la fase 3″, le indicó el doctor a BBC Mundo.

Más gente, mejor

Esa fase se caracteriza porque participan miles de personas: “Entre más grande el número, mejor”, dijo Jones.

Una persona siendo vacunada

Getty Images
Voluntarios de Brasil, Reino Unido y Sudáfrica participan en ensayos clínicos de fase 3 de la vacuna de la Universidad de Oxford.

“Algunas veces se presenta el problema de que si la enfermedad no está circulando, encontrar el número de personas que podría entrar en contacto con el virus puede llegar a ser una limitación. Pero, en el caso de covid-19, esa no es la situación, el virus está circulando muy activamente en algunas partes del mundo y los ensayos de fase 3 se pueden organizar en esos lugares geográficos“.

Cientos de científicos y compañías farmacéuticas en varios países están trabajando contrarreloj y a toda máquina para desarrollar una vacuna.

Hay siete grupos de investigación que entraron en los ensayos de fase 3. Dos de ellos, las farmacéuticas Moderna y Pfizer, han dicho que contemplan estudiarlas con 30.000 personas, cada uno.

Moderna se concentraría en voluntarios en Estados Unidos, uno de los países más afectados por la enfermedad, mientras que Pfizer anunció que también realizaría sus ensayos tanto en ese país como en Alemania, Argentina y Brasil, otro país duramente golpeado por el coronavirus.

La vacuna experimental de la Universidad de Oxford ya está en la fase final y busca analizar a miles de personas en países como Brasil, Sudáfrica y Reino Unido.

Las autoridades que lideran el desarrollo de la vacuna rusa anunciaron el jueves que iniciarán, la próxima semana, pruebas clínicas con 40.000 personas, no sólo en Rusia sino en otros países.

En la fase 3, indicó Jones, los participantes en el estudio se dividen en dos grupos grandes: uno de control y uno de prueba.

Ese grupo recibirá una o dos dosis de la vacuna y “un mes, dos, tres meses después“, esas mismas personas serán analizadas clínicamente “para saber si se encontraron con el virus o si sufrieron la enfermedad”.

Efectos adversos

Lo que se busca es determinar si la población vacunada quedó protegida y no contrajo covid-19 y si se presentaron efectos adversos graves poco comunes.

Coronavirus

Getty Images
Desde que comenzó el brote de coronavirus en Asia, investigadores de diferentes países están estudiando sus características y lo que lo diferencia de los otros coronavirus.

Y es que en ese aspecto, las fases 1 y 2, por tratarse de grupos pequeños, presentan limitaciones.

“Una reacción (adversa infrecuente importante) que se dé solo en 1 de cada 10.000 personas es muy poco probable que se observe en unos pocos cientos de personas”, indicó Rodríguez.

Ese es otro riesgo que se puede detectar en la fase 3.

“Intuimos que una vacuna debe ser eficaz a partir de los anticuerpos que hemos demostrado que se formaron en fase 2 pero realmente no estamos seguros de que sea eficaz y tampoco tenemos información completa de la seguridad de la vacuna porque está probada sólo en unos cientos de sujetos. Es perfectamente posible, no muy probable, que la vacuna no proteja de la infección y encima tenga efectos adversos infrecuentes pero importantes”, señaló el profesor desde España.

Rodríguez también explicó un fenómeno paradójico llamado amplificación de la infección dependiente de anticuerpos (ADE, por sus siglas en inglés).

“Es un fenómeno inmunológico mal conocido, pero se sabe que en algunos sujetos, después de ser vacunados, se generan reacciones inmunológicas anormales que lo que hacen es aumentar el riesgo de infección”.

Insiste en que no se sabe mucho por qué sucede y que se está investigando y añade: “Esta es una de las razones por las cuales también es muy importante hacer ensayos en fase 3. Pero también es cierto que no es un fenómeno muy frecuente“.

Constante monitoreo

El doctor Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital de Niños de Filadelfia y cocreador de una vacuna del rotavirus, le dijo a BBC Mundo a finales de julio que tomando en cuenta el escenario de que se hagan los ensayos clínicos en 30.000 personas, la vacuna se le suministraría a unas 20.000 y a las otras 10.000 se les daría un placebo.

Pareja caminando en la playa

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“Será una gran ola. No tiene sentido hablar de segunda o tercera ola”, dijo la doctora Margaret Harris, portavoz de la OMS sobre la situación de la pandemia.

Con lo que arrojen las pruebas de las 20.000 personas, aseguró el experto en inmunología, se podría garantizar que la vacuna potencialmente no tendría ningún efecto secundario grave poco común y ese sería un paso fundamental para decidir si se aprueba.

“Pero 20.000 personas no son 20 millones de personas. Creo que cuando vacunas a decenas de millones o cientos de millones de personas, puedes descubrir efectos adversos graves que desconocías”.

Por eso es crucial que haya sistemas y mecanismos en funcionamiento para que se pueda detectar cualquier problema y reaccionar rápidamente.

“No quieres sacrificar seguridad por velocidad y no lo haremos si probamos (la vacuna) en, al menos, 20.000 personas antes de aprobarla”, indicó.

De esa manera, el riesgo se puede mitigar hasta cierto punto.

Entre porcentajes

De acuerdo con Rodríguez, en general, las primeras vacunas que se hacen para atacar una enfermedad no son 100% eficaces.

Un trabajador con una mascarilla

Getty Images
En diversos países se han reportado más de 20 millones de casos de covid-19.

“Sabemos que la vacunación de la gripe que se administra todos los años a la gente mayor o con enfermedades crónicas tienen una eficacia del 50% al 60%, es decir, que reduce a la mitad o un 40% el riesgo de infección”, señaló.

Lo mismo sucede con otras vacunas, según el investigador.

“La cuestión es: si una vacuna que no sea perfecta -y con toda probabilidad las vacunas que se comercialicen frente al coronavirus al principio no sean 100% eficaces- si una vacuna que no sea 100% eficaz puede ser útil y la respuesta es que siempre que tenga cierto grado de eficacia por encima del 50% y que además sean muy seguras ayudarán a controlar la expansión de la pandemia“, indicó el doctor.

“Si además de reducir la infección, disminuye la gravedad de la infección, mucho mejor”, añadió.

En estas circunstancias, con más de 22 millones de infectados en el mundo, ese ya sería un logro.

De hecho, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) dijo en junio que esperaba que una vacuna contra covid-19 “previniera la enfermedad o disminuyera su gravedad en al menos 50% de las personas vacunadas” y resaltó la importancia de que el tamaño de los ensayos clínicos fuesen “lo suficientemente grandes para demostrar la seguridad y eficacia de una vacuna”.

Natalie Dean, bioestadística y experta en enfermedades infecciosas de la Universidad de Florida, señaló en The New YorkTimes que la OMS dice que una vacuna debe tener al menos un 50% de efectividad, promediado a través de los diferentes grupos de edades.

“Este punto de referencia es crucial porque una vacuna débil podría ser peor que ninguna vacuna. No queremos que las personas que están ligeramente protegidas se comporten como si fueran invulnerables, lo que podría exacerbar la transmisión”.

Su reflexión la escribió el 3 de agosto, en un artículo en el que advertía sobre la importancia de no apresurarse en el proceso de aprobar las vacunas que se están desarrollando.

Su texto lo tituló: I’d Need Evidence Before I’d Get a Covid-19 Vaccine. It Doesn’t Exist Yet (Necesitaría evidencia antes de recibir una vacuna de covid-19. No existe todavía).

La primera línea es: “Los científicos deben mostrarnos los datos. Y eso es exactamente en lo que están trabajando”.

Y la fase 3 será crucial en eso.

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