La distribución del ingreso, cuestión de vértigo
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Rubén Darío Betancourt.

La distribución del ingreso, cuestión de vértigo

Las 85 personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. El hombre que pelea el primer lugar en esa lista es mexicano y su fortuna equivale al 6% del PIB, mientras a 61 millones no les alcanza para vivir dignamente. Esta es la primera entrega de una serie semanal sobre desigualdad en México.
Rubén Darío Betancourt.
Por Majo Siscar .
23 de junio, 2015
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A unos kilómetros de Bosques de Las Lomas, en el DF, contrasta la desigualdad. //Foto: Rubén Darío Betancourt.

A unos kilómetros de Bosques de Las Lomas, en el DF, contrasta la desigualdad. //Foto: Rubén Darío Betancourt.

 

Las alturas de este país marean. En la plaza comercial más grande de México se vende una marca cuya bolsa más cara vale 690 mil pesos. Entre los más de medio millón de metros cuadrados y 500 establecimientos que pueblan el Centro Santa Fe, María limpia uno de los 38 baños por menos de 19 pesos la hora. Para intentar comprar aquella bolsa, María necesitaría dedicar todos sus salarios durante 15 años y medio, y no lo podría hacer porque no tendría capacidad de ahorro.

La primera bolsa de esa edición –limitada, numerada y elaborada con un asa en cadena de oro– se vendió en este país. La marca es francesa pero se comercializa en tiendas nacionales que cotizan en otra bolsa, la de valores. La vendedora, en México, cobra 5 mil pesos. La quincena de sueldo base (menos de 700 dólares al mes) en cualquiera de los dos grandes almacenes de lujo que son propiedad, a su vez, del primer y tercer hombre más rico de México, Carlos Slim y Alberto Bailleres, respectivamente.

En otra de las tiendas de Slim, la empleada que despacha libros y revistas gana un salario base de 2 mil 400 pesos a la quincena. Los mismos pesos que el dueño de esa empresa gana cada 20 minutos por rentabilidad bancaria.

La desigualdad ha aumentado en todo el mundo en las últimas tres décadas, pero los mexicanos son alumnos avanzados en la repartición desigual. El país es el segundo más inequitativo de los 34 que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), solo por detrás de Chile en cuanto a la política pública se trata. En la brecha salarial, va a la cabeza. El 10% de los trabajadores mexicanos mejor pagados ganan 30.5 veces más que el 10% que gana menos.

En países con crisis severas como España, los ricos ganan 13.8 veces más que los pobres, 3 puntos más que en 2006, pero aún así, ni siquiera hay la mitad de las diferencias que en México. En estados con un modelo de bienestar consolidado como Finlandia, la brecha salarial se sitúa en 5.5.

Mientras el 10% más pobre de Finlandia tiene al menos una ayuda del estado que le asegura, según su Sistema de Seguridad Social, “los gastos de alimentación, vestido, higiene personal, peluquería, suscripción a un periódico, la factura del teléfono y para poder tener al menos un hobby”, al 20% más pobre de México , 23 millones de mexicanos, no les alcanza ni para comer tres veces al día.

01 Comparacion OCDE

El salario mínimo, una ridiculez  

Según la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, en 2014 había 49 millones y medio de mexicanos con trabajo. El salario mínimo es de 70.1 pesos diarios en las zonas mejores pagadas como en la capital y otras zonas urbanas, pero la canasta alimentaria básica en la ciudad –es decir lo que un mexicano gasta diariamente para comer – cuesta 42.8 pesos.

Si contamos que, según el INEGI, el mexicano promedio tiene al menos un dependiente económico, el salario mínimo aprobado cada año por el gobierno no les permite ni siquiera comer. El propio estado establece la línea de bienestar mínima (la canasta alimentaria más los gastos de vivienda, transporte, vestido y calzado, salud y educación), en 2 mil 628 pesos por persona en la zona urbana y en mil 679.32 en la rural. Más de la mitad de los trabajadores mexicanos y sus hogares no llegan a conseguirlos. Son pobres pese a tener un empleo.

María, la empleada de limpieza del Centro Comercial Santa Fe gana 3 mil 600 pesos al mes y camina los tres kilómetros que la separan de su trabajo a casa para ahorrarse los 5 pesos que le cuesta el autobús. A sus 32 años, si quisiera embarazarse no podría alimentar al bebé.

Adriana, la chica que vende libros en Sanborns, no podría estudiar si no viviera en casa de sus padres. Estos porcentajes se agravan en estados como Chiapas donde la población que gana mensualmente menos de dos salarios mínimos es 70% de los trabajadores.

“La situación es grave a grados tales que contraviene lo estipulado en la Constitución: en ella se estipula que un salario mínimo debe garantizar un nivel de vida digno…” subraya el doctor en Economía por la Universidad de Harvard, Gerardo Esquivel. Y ahí no termina: solo Haití está peor que México en toda América Latina.

Para sumarle gravedad, México es, después de Brasil, el país con más multimillonarios de la región. Solo el patrimonio de la familia Slim equivale al 6.3% del Producto Interior Bruto Nacional. El ingreso total del 20% más pobre de la población, cerca de 25 millones de personas representa solo el 4.9% del PIB.

Con Slim, en México hay 2 mil 540 multimillonarios cuyos activos netos individuales son de 30 millones de dólares o más. Es decir que una población que cabría en un dos trenes del metro maneja el 43% de la riqueza total individual del país. Mientras, a 61 millones de mexicanos, el equivalente a toda la población de Italia, no les alcanza siquiera para vivir dignamente.

02 Medicion de la pobreza

“Hay una naturalización de la desigualdad, siempre se ha vivido en una sociedad desigual y hay una altísima tolerancia que explica también la ostentación que los ricos hacen en este país”, explica la socióloga Cristina Bayón, experta en desigualdad y segregación social.

Óscar, vendedor como Adriana en un Sanborns, recuerda el día que llegó un hijo de Slim a la tienda. “Avisaron al jefe y luego llegaron muchos guaruras y cerraron la tienda, cuando llegó el señor, tuvo la tienda y el restaurante para él solo, pero fue muy amable”.

– ¿Cómo ves qué trabajas para el hombre más rico del mundo?

– Pues sí es raro pensar que tú no ganas para sobrevivir y que él tiene tanto, pero entiendo que él da trabajo –dice resignado de camino al Metro. Le falta una hora y media para llegar a su casa, en un suburbio de la Ciudad de México.

Entre Óscar, Adriana y su patrón hay tantas diferencias económicas que cuesta pensar que tienen algo en común. Pueden votar en las mismas elecciones o le van a la misma selección de futbol. Pero el único hilo que les une es una relación contractual. En México cuando la pobreza y la riqueza están del mismo lado, es porque el pobre es empleado del rico.

Rocío limpia una agencia de publicidad por el mismo sueldo que María,  mil 800 pesos a la quincena con prestaciones de ley y Seguro Social. Rocío confiesa que su último lujo se lo dio hace dos años, cuando su hijo, mesero, la invitó a comer en una cadena de restaurantes italianos para celebrar que había cobrado su primera quincena. El precio promedio por persona en el restaurante en el que comieron es de 250 pesos, más de dos días de sueldo de Rocío. El trabajador más novato de esa misma oficina, Fer, ya con licenciatura de mercadotecnia, cobra 3.5 veces más que Rocío, pero con recibo de honorarios, sin prestaciones ni seguro social.

Jazmine ejecutiva de cuentas senior en la misma agencia, con clientes como el principal sistema de televisión satelital, gana más de la mitad de Fer y cinco veces más que Rocío. Y entre transporte para llegar a la oficina y en el almuerzo diario, subvencionado por la empresa, gasta al menos 120 pesos, los mismos  que reciben por un día de trabajo Rocío o María. Ana, también ejecutiva de cuentas y con más antigüedad en la empresa, gana 25 mil pesos mensuales, el doble que lo que gana Fer, pero no le alcanza para terminar de construir su casa. La empleada mejor pagada de la agencia ronda los 80 mil pesos.

Tanto Fer como Jazmine, Ana y la empleada que cobra 80 mil pesos se consideran clase media. También Adriana, la dependienta de Sanborns, se define como tal porque va a una escuela privada, a pesar de que con su salario solo puede pagar la colegiatura. U Oscar que pierde tres horas al día para desplazarse de su casa al trabajo y viceversa pero va con saco a laborar.

La desigualdad entre la clase media

No hay un concepto unívoco para definir que es eso que llamamos clase media. El INEGI hizo apenas la primera investigación “experimental” sobre la clase media en la que dividen a la sociedad mexicana en 7 estratos de ingresos a partir de los datos arrojados por la ENIGH 2010. Según esa estratificación la clase media terminaría en los 21 mil 801 pesos. Es decir que si ganas más eres el 2.5% de la población y ya eres de clase alta. Tú y hasta Slim.

Con los datos de esa encuesta actualizados con la inflación por Animal Político, la clase media empezaría en aquellas personas que tienen un sueldo unipersonal mensual de poco más de 4 mil pesos en la ciudad o de 3 mil 195 en el campo.

Pero más que económico el concepto de clase media es aspiracional, es una ilusión social. El economista neoliberal Luis de la Calle causó mucho revuelo al afirmar hace cinco años que México ya era un país de clase media. Claro que el mismo lo matiza en su libro Clasemediero: Pobre no más, desarrollado aún no: “la clase media mexicana no necesariamente se acerca a los estándares de la vida de la clase media internacional”. Para De la Calle ser clasemediero en México es identificarse como tal, lo que te posiciona a distancia de los pobres y a distancia de los ricos y no importa que asistamos a un amplio espectro de ingresos dentro de los que así se identifican. “A pesar de las diferencias en el nivel de ingreso, existen similitudes en su concepción de la vida y su lugar en la sociedad”, enfatiza.

03.1 Grafico experimental de clases del INEGI

Jazmine tiene visa para entrar a Estados Unidos y en vacaciones viaja a ciudades como Nueva York o explora países paradisíacos como Costa Rica. Pero de lunes a viernes tiene que recorrer 35 kilómetros que en transporte público y a las 7 de la mañana se convierten en dos horas de camino. Durante tres años cambió su barrio en el límite entre la Ciudad de México y el estado para vivir en la Roma, una de las colonias de moda de la capital mexicana donde florecen los cafés, las galerías y los restaurantes. Dormía más pero no le alcanzaba para los gastos. Ahora renta una casa entera por menos de la mitad que rentaba un cuarto en la Roma. Y paga sus dos tarjetas de crédito. Quiere empezar a ahorrar. Sus padres a su edad ya tenían tres hijos y una casa. Su madre se quedó viuda a los 35 años, cuando Jazmine tenía apenas 8 años y aún así pudo asegurarles la educación particular hasta la prepa a todos sus hijos. Para costearse la universidad Jazmine empezó a trabajar. Diez años después y con un mejor trabajo que su madre, ve esas metas como un imposible todavía para ella.

La capacidad adquisitiva de los mexicanos ha caído tres cuartas partes en los últimos 40 años. En 1976, con un salario mínimo, una familia podía comprar hasta casi cuatro veces más de lo que puede adquirir ahora. Los niveles de pobreza se han mantenido estables en los últimos 20 años sin embargo, la tasa de crecimiento del PIB per cápita mexicano ha sido de más de un 1% anual en esos mismos años.

Crecimiento económico, ¿para quién?

Entonces, si los pobres siguen siendo los mismos y la clase media está cada vez más empobrecida, el crecimiento económico va a parar a muy pocas manos.

Los ricos no contestan encuestas, según coinciden los estadistas, pero desde 1996 la revista Forbes –una de las principales publicaciones de referencia en negocios y liderazgo– publica listas anuales con los activos de los más pudientes del mundo. En ese año entre las personas con fortunas superiores a los mil millones de dólares, México tenía 15 connacionales. 18 años después, en 2014, había solo uno más. Entre 1996 y 2014 la fortuna promedio de ese selecto grupo pasó de mil 700 millones de dólares por persona a los 8 mil 900. Un mexicano del 20% más pobre tiene  mil 200 pesos.

05 Poder adquisitivo (2)

Cuatro multimillonarios se mantienen a la cabeza de los 15 más ricos de México en los últimos 20 años. Son: Carlos Slim, dueño de Telcel y de la principal operadora de telefonía móvil en toda América Latina, América Móvil; Germán Larrea, presidente del Grupo México; Alberto Bailleres, presidente del Grupo Peñoles; y Ricardo Salinas Pliego, presidente del Grupo Salinas.

Además de su extrema riqueza, estos cuatro multimillonarios tienen en común que una parte significativa de su fortuna viene de sectores privatizados, concesionados y/o regulados por el sector público. Slim incrementó masivamente su fortuna al controlar Telmex, empresa mexicana de telefonía fija privatizada allá por 1990. Telmex fue el paso de expansión hacia América Móvil.

Germán Larrea y Alberto Bailleres son dueños de empresas mineras que explotan concesiones otorgadas por el Estado mexicano. Ricardo Salinas Pliego obtuvo el control de una cadena nacional de televisión al adquirir a la televisora pública Imevisión.

04 Crecimiento de los mas ricos

Es lo que los expertos llaman la captura del Estado, es decir cuando ciertos grupos con intereses específicos logran controlar el proceso de toma de decisiones de nuestros gobernantes para obtener beneficios particulares por encima del interés general de la sociedad, ya sea adjudicaciones, leyes a modo o condiciones ventajosas de inversión. En México tenemos múltiples y constantes ejemplos, la anterior ley de telecomunicaciones que coloquialmente, se llamaba directamente Ley Televisa, los sobornos para conseguir contratos,…

Para Benjamin Cokelet, director del Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (PODER) las grandes fortunas empresariales son la muestra más clara de la desigualdad en México. De 46 miembros del Consejo Mexicano de Negocios, 37 controlan casi 40% del PIB, muchas veces, gracias a las adjudicaciones del Estado. El privilegio del Estado a pequeños sectores no ayudan al crecimiento económico ni a la redistribución de la riqueza. Las mismas organizaciones financieras liberales lo denuncian. En 2012 la OCDE concluyó que, entre 2005 y 2009, el comportamiento monopólico de las empresas de telecomunicaciones de Carlos Slim se había traducido en una pérdida de bienestar para los mexicanos superior a los 129 mil millones de dólares, aproximadamente el 1.8% del PIB por año.

La captura política y la desigualdad, señala Esquivel, “han creado un crecimiento excluyente que ha hecho todo menos reducir la pobreza”.

La metáfora urbana de esa economía mexicana es Santa Fe. El distrito financiero de México se erigió sobre lo que antes era un basurero con sus barrios aledaños de pepenadores. Ahora Santa Fe es la imagen del México pujante y moderno con edificios que hacen cosquillas al cielo, una ciudad aparte que esconde en sus barrancas a los trabajadores más bajos de la escala laboral. María, la joven que hace el aseo de su centro comercial vive en uno de sus barrios, apenas a 3 kilómetros de su trabajo. En una colonia de casas de madera y lámina, renta un cuarto más pequeño que los baños que limpia, con azulejos de mármol.

Desde el piso 15 del rascacielos donde se encuentra la agencia de publicidad que trabaja Jazmine apenas se vislumbran los hoyos donde viven María y los empleados más humildes de los corporativos. Desde el despacho de su jefa, la misma cuyo salario ronda los 80 mil pesos, aquellos techos se ven muy lejos.

–¿Alguna vez miras para abajo? –pregunto pegada a la cristalera mientras ella trabaja en su computadora.

–No, me da vértigo– dice sin voltearse.

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Coronavirus: por qué incluso después de ponerte la vacuna contra la COVID-19 deberás seguir usando mascarilla

Según médicos y científicos, las personas vacunadas deberán esperar por lo menos un mes y medio hasta quedar protegidos del virus.
15 de diciembre, 2020
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Una de las vacunas que ya ha demostrado eficacia contra el COVID-19, la de Pfizer/BioNTech, se distribuye en Reino Unido desde el lunes pasado. Se espera que se aplique desde diciembre en México, y en los meses posteriores en otros países de América Latina.

¿Qué sería lo primero que harías después de recibir la vacuna?

Si crees que podrías abandonar la mascarilla de inmediato, viajar, y ver a todos los que no viste en casi un año de pandemia, médicos e infectólogos advierten que de hecho, la vida no volverá a la normalidad tan pronto.

“Después de ponerte la vacuna, es necesario regresar a casa, mantener el aislamiento social, esperar la segunda dosis y luego esperar al menos 15 días para que la vacuna alcance el nivel de efectividad esperado“, explica la bióloga Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Questão de Ciência, de Brasil.

“Incluso después, es necesario esperar a que una buena parte de la población ya esté inmunizada para que la vida vuelva a la normalidad”, añade.

Hay tres razones para mantener las precauciones.

Tiempo para que el cuerpo reaccione

El mecanismo general de funcionamiento de una vacuna es siempre el mismo: introduce una partícula en el cuerpo llamada antígeno.

Este antígeno puede ser un virus desactivado (muerto), un virus debilitado (que no puede enfermar a nadie), una parte del virus, alguna proteína que se parezca al virus o incluso un ácido nucleico (como la vacuna de ARN).

Una mujer con mascarilla.

Getty Images
Los científicos recomiendan mantener las medidas de prevención después de ponerse la vacuna.

El antígeno provoca una respuesta inmune, es decir, prepara al organismo para enfrentar un intento de contaminación, para ser capaz de reconocer un virus y producir anticuerpos para combatirlo, explica el médico de enfermedades infecciosas Jorge Kalil, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo (FMUSP).

La próxima vez que entre en contacto con ese virus, el cuerpo recordará cómo combatirlo y podrá enfrentar la amenaza de manera rápida y eficiente.

Esta respuesta se denomina respuesta inmune adaptativa y es específica para cada virus. “Es una respuesta que tarda al menos dos semanas”, explica Natália Pasternak.

La primera respuesta inmune del cuerpo después de la vacunación es la producción de anticuerpos, que se adhieren al virus y evitan que ingrese a las células del cuerpo y las use para producir más virus, explica Pasternak.

Es decir, en una persona inmunizada, desde el momento en que el patógeno ingresa al organismo, se liberan anticuerpos que evitan la contaminación de las células.

Pero existe un segundo tipo de respuesta inmune, llamada respuesta celular. “Son células, llamadas células T, que no se unen al virus, pero reconocen cuándo una célula está contaminada con el virus y la destruyen”, explica Pasternak.

Es decir, si un virus logra escapar de los anticuerpos y contaminar cualquier célula del cuerpo, las células T funcionan como “cazadoras” y destruyen las “células zombi”, evitando que se produzcan más virus.

Una persona recibiendo una vacuna.

Getty Images
La vida no regresará tan rápido a la normalidad después de que empiece la vacunación en tu país.

La respuesta celular tarda un poco más que la respuesta de los anticuerpos, otra razón por la que la inmunización solo se completa unas semanas después de recibir la vacuna, explica Jorge Kalil.

Es decir, después de recibir una vacuna, solo estás realmente protegido al cabo de unas pocas semanas, explican los científicos. Es como si el cuerpo necesitara tiempo para “procesar” la información y reaccionar de manera apropiada.

Dos dosis contra el coronavirus

En el caso específico del coronavirus, otra cuestión obliga a mantener las medidas de protección durante algún tiempo después de la vacunación: la mayoría de las vacunas que se están desarrollando contra la enfermedad requieren dos dosis para lograr la eficacia esperada.

Se necesitarán dos dosis para las cuatro vacunas que ya han demostrado su eficacia: las de Pfizer, Moderna, Oxford/AstraZeneca y la Sputnik V. Esto también es válido para la Coronavac, que está siendo desarrollada por el Instituto Butantan en colaboración con la farmacéutica Sinovac.

“Probablemente la indicación será recibir la primera dosis, esperar un mes, tomar la segunda dosis y mantener todos los cuidados pandémicos, como el aislamiento social y el uso de mascarillas, durante al menos 15 días. Solo así estarás protegido, según la efectividad de cada vacuna”, explica Jorge Kalil.

La primera dosis, explica Natália Pasternak, es lo que los científicos llaman el refuerzo principal. “Es como si (…) le diera un ‘impulso inicial’ al sistema inmunológico. La segunda dosis genera una mejor respuesta inmunológica”, explica.

Mujer con mascarilla.

EPA
La OMS estima que se necesita que un 80% de la población esté vacunada para contener la pandemia.

Combinando el tiempo necesario entre una dosis y otra y el tiempo que el cuerpo necesita para producir una respuesta inmunitaria, se necesitará al menos un mes y medio para que alguien que haya sido vacunado sea considerado inmunizado.

Pero, incluso después de eso, tomará tiempo para que la vida vuelva a la normalidad, y hasta que la mayoría de la población esté vacunada, la recomendación es que incluso las personas inmunizadas mantengan las medidas de prevención.

¿Es cierto que la vacuna puede no prevenir la contaminación por coronavirus?

No, explican los científicos, porque si hay una buena cobertura de vacunación, una vacuna puede reducir en gran medida la circulación del virus a través de la llamada inmunidad colectiva.

Es cierto que individualmente ninguna vacuna es 100% efectiva, y esto también es cierto para el covid-19. La vacuna de Pfizer, por ejemplo, tiene un 95% de efectividad, según los resultados de la tercera fase de prueba.

Esto significa que existe un 5% de probabilidad de que esa vacuna específica no produzca una respuesta inmune en el cuerpo de la persona vacunada.

Pero, entonces, ¿cómo evitan las vacunas que el virus se propague si hay algunas personas que pueden infectarse?

Vacuna

Getty Images
Ninguna vacuna es 100% efectiva a nivel individual.

“La vacuna funciona a través de la inmunidad colectiva”, dice Jorge Kalil.

“La vacuna reduce el número de personas susceptibles (a la enfermedad) de manera tan significativa que el virus no puede circular más y queda contenido. Así fue como erradicamos la viruela”, explica el médico.

La inmunidad colectiva es importante no solo porque las vacunas no son 100% efectivas, sino porque hay muchas personas que ni siquiera pueden aplicársela.

“Hay personas que no pueden recibirla porque no son mayores o porque no forman parte del programa de vacunación. Las vacunas contra el coronavirus aún no se han probado en niños o en mujeres embarazadas”, explica Kalil.

Las personas con alguna enfermedad que comprometa su sistema inmunológico tampoco pueden vacunarse.

“Cuando haya una cobertura mínima de vacunación para la población, estas personas vulnerables estarán protegidas por la inmunidad colectiva”, explica Kalil.

En el caso del coronavirus, la OMS estima que la cobertura de vacunación necesaria para estabilizar y contener la pandemia es del 80% de la población, idealmente el 90%.

Por eso es importante que, incluso quienes ya se han vacunado y esperaron mes y medio, no abandonen las medidas contra la pandemia.

En el caso de la vacunación contra el coronavirus, pasará algún tiempo antes de que la vacuna llegue a la mayoría de la población.

La producción de millones de dosis no es algo que ocurra de la noche a la mañana. También hay cuestiones como los acuerdos gubernamentales con las empresas farmacéuticas, la lista de espera de varios países, la dificultad de distribución y almacenamiento (algunas vacunas deben almacenarse a temperaturas muy por debajo de cero), etc.

“Es importante que quien reciba la vacuna primero mantenga las medidas para combatir la pandemia porque, incluso después de un mes y medio, aunque esté inmunizado, no hay garantía de que no pueda ser vector de la enfermedad hasta que no haya inmunidad colectiva”, dice Pasternak.

La científica explica que las vacunas probadas hasta ahora evitan que el virus se reproduzca en el cuerpo y enferme a la persona. Pero no hay pruebas, por ahora, que demuestren que la persona vacunada no transmitirá el virus a otras personas.

El resumen de todo esto es que, aunque te pongas las dos dosis de la vacuna, hay que esperar a que la mayoría de la población esté vacunada para que la vida vuelva a la normalidad, aconseja Jorge Kalil.

Es decir, hay que esperar hasta que la inmunidad colectiva generada por la amplia cobertura de vacunación permita contener la pandemia definitivamente.

* Este artículo apareció originalmente en portugués BBC Brasil y puedes leerlo aquí.


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