El mexicano que recorre el mundo vestido de mariachi
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El mexicano que recorre el mundo vestido de mariachi

Karim Hauser, un experiodista de BBC y experto en relaciones internacionales de origen mexicano, decidió introducir el personaje del charro en los lugares más apartados del mundo y a variadas culturas. Esta es su crónica.
Por BBCMundo
10 de junio, 2015
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Jugando Cricket en Cambridge, Reino Unido

El mariachi rompió la estricta etiqueta de blanco en un partido de cricket en Cambridge, Reino Unido.

Con la llamada crisis de los 40, algunas personas cambian de coche o de pareja, renuncian a su trabajo o parten lejos.

Yo decidí embarcarme en un proyecto experimental de tintes surrealistas y absurdos: vestirme de mariachi y llevar el personaje a lugares alejados de su epicentro en el estado de Jalisco o la plaza Garibaldi, en mi Ciudad de México natal.

Una iniciativa claramente lúdica, cuyos efectos quería explorar.

En Santiago

Karim Hauser en Santiago de Chile, frente al Palacio de la Moneda (Foto: Marcelo Piña).

La idea fue inspirada por el libro “Cómo viajar sin ver (Latinoamérica en tránsito)”, del argentino Andrés Neuman, y por una puesta en escena cuyo actor principal exploraba su identidad hispano-mexicana vestido de charro.

Y con mis tablas como actor y periodista, y unas palmaditas de apoyo de mis amigos, me animé a salir al ruedo.

All the world’s a stage (todo el mundo es un escenario), decía Shakespeare.

Así, me convertí en un “Mariachi in Transit” (MiT).

Estilo y poesía visual

Hay que decir que el traje es de por sí elegante, y eso hacía muy atractiva la idea de documentar fotográficamente el tránsito del personaje con exóticos telones de fondo.

Estrenando el traje de charro

Estrenando el traje de charro, en el monumento a Álvaro Obregón de la Ciudad de México, antes de partir por el mundo.

Un poco de poesía visual no viene mal en estos tiempos. “No sé bien qué es, ¡pero qué buen estilo!”, me dijo un transeúnte escandinavo a los pocos meses de empezar mi periplo.

La figura de este músico mexicano mundialmente conocido es claramente festiva y no pasa desapercibida en el espacio público.

Se trataba de aprovechar algunos viajes que, por trabajo, familia o formación me iban a llevar a latitudes muy diferentes.

Dice Neuman: “Cuando nos resulta imposible una mirada exhaustiva sobre un lugar, solo nos queda mirarlo con el asombro de la primera vez (…). Nos lo jugamos todo, nuestro pobre conocimiento del mundo, en un parpadeo”. Yo quería registrar esos parpadeos.

Tengo amigos fotógrafos en distintos lugares, pero también he tenido que buscar fotógrafos improvisados.

No soy partidario del selfie, me interesa el intercambio con la gente. Y el ojo del fotógrafo.

Curiosamente, las travesías se multiplicaron sin saber muy bien cómo. La influencia del planeta Mercurio, según algunas fuentes.

Los destinos

Adquirido en el Mercado de La Lagunilla, el traje de charro fue estrenado en abril de 2014 en el monumento a Álvaro Obregón ubicado en la ciudad de México.

En París

Cruzando el puente Bir-Hakeim sobre el río Sena y la Torre Eiffel en el fondo, el mariachi va en busca de una audiencia.

De ahí se trasladó a Madrid, París, Estambul y Doha, en Qatar. Fíjese usted nomás. Copenhague, Santiago de Chile, Buenos Aires, San José del Cabo, Cambridge, Londres y Helsinki.

Seguidos de Marsella, Tarragona, Barcelona y una nueva recarga en México donde conseguí una funda digna para el sombrero. Oporto, Nueva York, Ithaca, San Juan de Puerto Rico y Beirut, donde MiT cumplió un año.

Lógicamente, el sombrero de Mariachi in Transit se ha convertido en gran amigo de las azafatas; recibe sonrisas, a veces viaja en business o en el compartimento donde cuelga la chaqueta del capitán, aunque yo, quien lo cargo a todas partes, voy en turista. ¡Qué escándalo!

Desconcierto y convergencia

El personaje ha ido creciendo con cada escala.

Tras las primeras salidas, un tímido bonjour madame en París acompañado de una inclinación de sombrero, comencé a agarrar confianza.

Frente a la estatua de la Sirenita en Copenhague interpreté La canción mixteca y desaparecí tras el aplauso.

Interpelado por un sin techo al pie de una iglesia en Buenos Aires entonamos El rey y nos sentimos grandes durante dos minutos.

En Helsinki, Finlandia

Entonando en los tubos del monumento al compositor Sibelius, en Helsinki, Finlandia.

Copenhague

En cofradía con Hans Christian Andersen, en Copenhague, Dinamarca.

En Helsinki me esforcé bastante para romper con la norma (los finlandeses no suelen hablar con extraños), y al final una señora mayor se atrevió a susurrarme un “qué bonito es México”.

En Cambridge me colé en un partido de cricket y me ofrecieron un sándwich de pepino y una cerveza tibia.

Y en Londres gané una partida de petanca de “chiripa”, suerte de principiante, y me prestaron la batuta de una orquesta.

La diplomacia del sombrero

En Santiago me querían llevar a darle serenata a una madre que cumplía años pero mi siguiente vuelo me lo impedía.

Desconcerté a tres jóvenes argelinos en París al hablarles en árabe.

Divertirse con la identidad es parte del juego del Mariachi in Transit, que es multilingüe.

También le he sacado alguna sonrisa a algún uniformado.

Marsella

Llevando su canto a Marsella, Francia…

En Oporto

… y, luego, a Oporto, Portugal.

Colocar mi propio uniforme a su lado puede descontextualizar la autoridad.

Y rompe el hielo, como cuando le presté mi sombrero a un iraní para saludar a unos sauditas en Doha, dos nacionalidades hoy enfrentadas.

Nombré a este efecto “la diplomacia del sombrero”.

Es una cierta ruptura de la realidad que con sentido del humor puede abrir posibilidades de empatía y convergencia.

Humanizar a la gente con gestos inesperados bajo el sombrero aglutinador. Así voy descubriéndole misión al experimento.

Fantasía fotográfica

Soy claramente un mariachi de fantasía y me gusta dar saltos espacio-temporales.

No llevo guitarrón, ni trompeta, aunque ya he incorporado una pequeña bocina con alguna ranchera clásica, por si se ofrece.

El personaje y su público lo piden.

En Doha

El charro no desentona con los caballos árabes en Doha, Qatar.

En Beirut

La silueta del mariachi complementa la vista panorámica de Beirut, Líbano.

He aceptado que desafinar tampoco es grave y ahora intento incluir guiños a las culturas locales.

La propia historia del mariachi mexicano es una serie de sincretismos, ya que ha ido incorporando distintas influencias hasta ser lo que es en la actualidad.

Por ejemplo, en Estambul, Osman, mi fotógrafo improvisado me confesó que veía una correspondencia entre las cúpulas de su ciudad y el sombrero charro.¡Fantástico! Çok güzel!

Mariachi in Transit se vuelve un camaleón en cada circunstancia, por saber improvisar y comunicar, crear situaciones inesperadas y participar siendo una suerte de embajador de la buena onda.

O de la irreverencia.

Mariachi en Puerto Rico

Mariachi in transit en Puerto Rico (Foto: Víctor López).

Y cuando encuentro mexicanos a miles de kilómetros de su terruño, el asombro y la complicidad son inmediatos.

Hasta el momento las reacciones han sido estupendas, incluso cuando en Nueva York, un walkie-talkie exclamó “saquen a ese mariachi del cuadro”, porque había un equipo de filmación intentando terminar su jornada de trabajo. All right, si ya me iba de todos modos.

Horas después, una avalancha de turistas -brasileños y japoneses- me retrató en sus celulares mientras preguntaban si era yo famoso. Yo les di mi tarjeta y sonreí antes de entonar un “Ay ay ay, canta y no llores”.

A cambio, a un colombiano le pareció pertinente regalarme un ejemplar del Mariachi Times, que se edita en Nueva Jersey.

* Karim Hauser es especialista en relaciones internacionales en una institución de diplomacia pública en España. De 2000 a 2007 trabajó como periodista de BBC Mundo.

BBC

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Las empresas de Japón que ayudan a la gente a desaparecer

Cada año, algunas personas optan por "esfumarse" y abandonar sus vidas, trabajos, hogares y familias. En Japón se les conoce como "jouhatsu" y hay empresas que les ayudan a llevarlo a cabo.
17 de septiembre, 2020
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En todo el mundo, desde Estados Unidos a Alemania o Reino Unido, hay cada año personas que deciden desaparecer sin dejar rastro, abandonando sus hogares, trabajos y familias para comenzar una segunda vida.

A menudo lo hacen sin siquiera mirar atrás.

En Japón, a estas personas se les conoce como los jouhatsu.

El término significa “evaporación”, pero también se refiere a personas que desaparecen a propósito y ocultan su paradero, a veces durante años, incluso décadas.

“Me harté de las relaciones humanas. Cogí una maleta pequeña y me esfumé“, dice Sugimoto, de 42 años, que en esta historia solo usa el apellido de su familia.

“Simplemente escapé”.

Afirma que en su pequeña ciudad natal todos lo conocían por su familia y su próspero negocio local, que se esperaba que Sugimoto continuara.

Pero que le impusieran ese papel le causó tanta angustia que de repente se marchó de la ciudad para siempre y no le dijo a nadie adónde iba.

Desde una deuda ineludible hasta matrimonios sin amor, las motivaciones que empujan a los jouhatsu a “evaporarse” varían.

Las calles de Japón

Getty Images
El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el jouhatsu durante más de una década.

Pero muchos, independientemente de sus motivos, recurren a empresas que les ayuden en el proceso.

Estas operaciones se denominan servicios de “mudanzas nocturnas”, un guiño a la naturaleza secreta del proceso de quienes quieren convertirse en un jouhatsu.

Estas compañías ayudan a las personas que quieren desaparecer a retirarse discretamente de sus vidas y pueden proporcionarles alojamiento en ubicaciones desconocidas.

“Normalmente, los motivos de las mudanzas suelen positivos, como entrar a la universidad, conseguir un nuevo trabajo o un matrimonio. Pero también hay mudanzas tristes, cuando la razón es haber dejado la universidad, perder un trabajo o cuando lo que quieres es escapar de un acosador“.

Así lo cuenta Sho Hatori, quien fundó una empresa de “mudanzas nocturnas” en los años 90 cuando estalló la burbuja económica de Japón.

Segundas vidas

Cuando empezó en ello, creía que la razón por la que la gente decidía huir de sus problemáticas vidas era la ruina financiera, pero pronto descubrió que también había “razones sociales”.

“Lo que hicimos fue ayudar a las personas a comenzar una segunda vida”, dice.

El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el fenómeno de los jouhatsu durante más de una década.

Dice que el término comenzó a usarse en los años 60 para describir a las personas que decidían desaparecer.

Las tasas de divorcio eran (y siguen siendo) muy bajas en Japón, por lo que algunas personas decidían que era más fácil levantarse y abandonar a sus cónyuges que afrontar los procedimientos de divorcio elaborados y formales.

“En Japón es más sencillo esfumarse” que en otros países, dice Nakamori.

La privacidad es algo que se protege con uñas y dientes.

Mujer sacando dinero en un cajero automático

Getty Images
¿Desaparecerías sin dejar rastro?

Las personas desaparecidas pueden retirar dinero de los cajeros automáticos sin ser descubiertas, y los miembros de la familia no pueden acceder a videos de seguridad que podrían haber grabado a su ser querido mientras huía.

“La policía no intervendrá a menos que exista otra razón, como un crimen o un accidente. Todo lo que la familia puede hacer es pagar mucho a un detective privado. O simplemente esperar. Eso es todo”.

Me quedé impactada

Para quienes son dejados atrás, el abandono y la búsqueda de su jouhatsu puede ser insoportable.

“Me quedé impactada”, dice una mujer que habló con la BBC pero decidió permanecer en el anonimato.

Su hijo de 22 años desapareció y no la ha vuelto a contactar.

“Se quedó sin trabajo dos veces. Debió haberse sentido miserable por ello”.

Cuando dejó de tener noticias suyas, condujo hasta donde vivía, registró el sitio y luego esperó en su automóvil durante días para ver si aparecía.

Nunca lo hizo.

Dice que la policía no ha sido muy útil y que le dijeron que solo podían involucrarse si existía la sospecha de que se había suicidado.

Pero como no había ninguna nota, no investigarán nada.

“Entiendo que hay acosadores y que la información puede ser mal utilizada. Quizás la ley es necesaria, pero los criminales, los acosadores y los padres que quieren buscar a sus propios hijos son tratados de la misma manera debido a la protección. ¿Cómo puede ser?”, afirma.

“Con la ley actual y sin disponer de dinero, todo lo que puedo hacer es verificar si mi hijo está en la morgue. Es lo único que me queda”.

Mujer en Tokio

Getty Images
La policía no suele a ayudar a las familias que buscan a sus seres queridos.

Los desaparecidos

A muchos de los jouhatsu, aunque hayan dejado atrás sus vidas, la tristeza y el arrepentimiento les sigue acompañando.

“Tengo la sensación constante de que hice algo mal”, dice Sugimoto, el empresario que dejó a su esposa e hijos en la pequeña ciudad.

“No he visto en un año. Les dije que me iba de viaje de negocios”.

Su único pesar, dice, fue dejarlos.

Sugimoto vive escondido en una zona residencial de Tokio.

La empresa de “mudanzas nocturnas” que lo aloja está dirigida por una mujer llamada Saita, quien prefiere no confesar su apellido por mantener el anonimato.

Ella misma es una jouhatsu que desapareció hace 17 años.

Huyó de una relación físicamente abusiva, y dice: “En cierto modo, soy una persona desaparecida, incluso ahora”.

Tokio

Getty Images
Tokio es una ciudad con más de 9 millones de habitantes.

Tipos de clientes

“Tengo varios tipos de clientes”, continúa.

“Hay personas que huyen de la violencia doméstica grave y otras que lo hacen por ego o interés propio. Yo no juzgo. Nunca digo: “Su caso no es lo suficientemente serio”. Todo el mundo tiene sus luchas”.

Para personas como Sugimoto, la compañía le ayudó a abordar su propia batalla personal.

Pero a pesar de que logró desaparecer, eso no significa que los rastros de su antigua vida no permanezcan.

“Solo mi primer hijo sabe la verdad. Tiene 13 años”, dice.

“Las palabras que no puedo olvidar son: ‘Lo que papá hace con su vida es cosa suya, y no puedo cambiarlo’. Suena más maduro que yo ¿no?”.


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