El miedo decidirá en Chilapa

Familiares de las personas desaparecidas en Chilapa, Guerrero, temen que si el PRD gana en las elecciones, el grupo delictivo conocido como Los Ardillos sea la organización hegemónica en la zona.

El miedo decidirá en Chilapa
Reunión de los familiares de los desaparecidos de Chilapa con las autoridades del gobierno de Guerrero. Foto: Cuartoscuro CUARTOSCURO
Eleccion 2015
Reunión de los familiares de los desaparecidos de Chilapa con las autoridades del gobierno de Guerrero. Foto: Cuartoscuro

Reunión de los familiares de los desaparecidos de Chilapa con las autoridades del gobierno de Guerrero. Foto: Cuartoscuro

La mujer con un ojo vidrio susurra una respuesta que más que refrán, parece mantra: “Dice el dicho que encerrada en mi casa no me puede pasar nada”.

Es sábado 6 de junio y en este lugar nadie habla del boicot electoral. No hay manifestaciones ni bloqueos carreteros ni quema de papeletas. Nada, a pesar de estar a 40 minutos, en transporte público, de Ayotzinapa, y a poco menos de 3 horas de Tlapa, bastión del boicot y donde el Movimiento Popular Guerrerense ha enfrentado grupos de choque toda la semana, en este municipio de la montaña baja nada parece indicar que mañana habrá elecciones.

“Qué caso tiene salir a votar, si luego los que ganen van a venir a vengarse”, dice la mujer del ojo de vidrio que vende queso fresco en el mercado.

Muy temprano, la plaza central se llena de policías federales y militares, enviados a esta ciudad “para que la gente se sienta segura de votar”. Los oficiales tienen tiempo de turistear: unos merodean por las tiendas y preguntan por los precios de celulares; dos soldados se toman fotografías en la puerta de la catedral de Santa María de la Asunción, presumiendo su uniforme y armas bajo un gran San Miguel que vence al diablo.

“Hasta ahora está todo tranquilo, no sabemos si nos vamos a mover”, dice uno de ellos.

Parece inexplicable una presencia federal tan grande en un municipio donde lo único que se ve, previo a las elecciones, son las filas de promotores de voto afuera de las oficinas del PRI municipal y decenas de pintas en bardas contra el candidato del PRD, Miguel Cantorán, a quien muchos acusan del asesinado de su oponente priísta, Ulises Quiroz, el pasado 1 de mayo. Menos, cuando los militares que llegaron el martes convirtieron en campamento el único deportivo de la cabecera municipal.

El deportivo está cubierto con plásticos negros que impiden ver hacia adentro del deportivo y los soldados dicen que no pueden dar información ni permiten fotos, pero desde el panteón municipal, puede verse un campamento con unos 50 camiones y dos tanquetas antimotines.

“¿A qué traen aquí los antimotines? ¿Con agua van a enfrentar a los sicarios?”, pregunta con sarcasmo un reportero local.

Chilapa es paso obligado hacia la región de La Montaña, la zona más pobre del país y donde se concentran los grupos radicales que no ven opción en la lucha electoral. Para llegar aquí desde la capital, hay que pasar por Tixtla, donde está la normal de Ayotzinapa. Por eso, líderes sociales de la región creen que los federales se instalaron aquí para poder movilizarse hacia uno u otro lugar.

En todo caso, los chilapenses agradecen la presencia federal por un motivo simple: en las últimas dos semanas ha habido solo dos muertos. Antes de eso, el promedio de asesinatos era de tres por semana, según las cuentas de los diarios locales. O visto de otro modo: se trata de un municipio que en 2014 registró una tasa de 54 homicidios por cada 100 mil habitantes –cuando el promedio nacional fue de 22 por cada 100 mil, según la Oficina de la ONU para las Drogas y el Delito–, lo que lo convierte en el segundo municipio más mortífero del país, solo superado por Acapulco.

Chilapa tiene 120 mil habitantes, una cuarta de ellos parte está apostada en la cabecera municipal. En los últimos tres años, durante el gobierno del priísta Francisco Javier García González, fue zona de control de Los Rojos, uno de los grupos criminales de la región que creció al amparo del cartel de los Beltrán Leyva, pero ha visto disminuido su poderío con la detención y asesinato de varios de sus dirigentes originales, entre ellos Jesús Nava, asesinado junto con Arturo Beltrán Leyva en diciembre de 2009 en Cuernavaca.

En las últimas tres elecciones, el PRI ha mantenido el control con el voto de las 147 localidades rurales, mientras que el PRD ha ganado la cabecera municipal. Sin embargo, muchos piensan que esta ecuación se va a revertir este domingo, debido a la guerra que sostienen rojos y ardillos, otro grupo delictivo que opera en la región y que ha ido ganando terreno a la sombra del perredista Bernardo Ortega Jiménez, líder del congreso local .

Los hermanos del diputado perredista, Celso y Antonio, son identificados como cabezas de ese grupo criminal. Bernardo Ortega no lo niega, pero ha declarado que tiene años sin hablar con ellos.

El avance de este grupo sobre la región centro y montaña ha puesto en jaque a los habitantes de Chilapa. La primera vez que entraron a la cabecera municipal fue en julio de 2014 y los pobladores recuerdan que las balaceras duraron dos días.

La guerra arreció el 1 de mayo pasado, cuando el candidato priísta fue asesinado en Atzacualoya, una comunidad que el gobierno estatal identifica como zona de influencia de los ardillos. Ulises había sido director de finanzas del alcalde, Francisco Javier García González, señalado en informes de seguridad como un hombre vinculado con los rojos.

Una semana después, grupos armados encabezados por 16 comisarios municipales irrumpieron en la cabecera municipal buscando a líderes de los rojos; exigían la renuncia del jefe de la policía, Job Encarnación Cuenca, y reclamando 30 personas desaparecidas presuntamente por los rojos. Durante cinco días tomaron el control del pueblo, obligaron a renunciar al jefe policiaco, y recorrieron el pueblo buscando a los jefes del grupo delictivo, que habían huido; en el camino se llevaron a varias personas, entre ellos cinco familiares del ex director de seguridad pública, Silvestre Carreto González. De esos días, hay oficialmente 16 personas desaparecidas, aunque los comisarios municipales niegan habérselos llevado.

Los familiares de los desaparecidos temen que si este domingo gana el PRD, los ardillos se posicionen como el grupo hegemónico de la zona y comience una limpia mayor en la cabecera municipal.

“Estas elecciones son para decidir quién se queda en la ciudad, los rojos o los ardillos”, dijo uno de ellos. Pues sí, qué miedo.

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