En la mitad del país, maltratar animales ni siquiera es delito
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En la mitad del país, maltratar animales ni siquiera es delito

En los últimos dos años más de una decena de estados agregaron a su catálogo de delitos el maltrato o los tratos crueles contra animales; antes de 2013 casi ninguno lo había hecho. En el papel, Coahuila es el que lo castiga con mayor fuerza. Puebla es el único en donde se agrava el delito cuando se filma y difunde el maltrato.
Por Arturo Angel
26 de junio, 2015
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Golpear, torturar o asesinar a un perro, a un gato o cualquier otro tipo de animal no es un delito en 16 estados del país y nadie puede ser detenido o ir a la cárcel por ello. En la otra mitad de México si lo es, gracias a reformas concretadas apenas en los últimos dos años, pero en ningún caso es un ilícito considerado como grave.

Esta legislación incompleta sobre tratos crueles contra animales es lo que provocó que la empresa +KOTA solo pudiera denunciar a un par de empleados que golpearon a dos perros y un hámster en una tienda en Hidalgo, por abuso de confianza y daño a la propiedad, pero no por lo que en realidad hicieron.

Animal Político hizo una revisión de todos los códigos penales vigentes actualmente en las entidades federativas del país para verificar en donde una persona si puede ser denunciada y detenida por maltratar a algún tipo de animal. Se descubrió que en la mitad de ellos no existe este delito.

En los estados donde si está considerado como una actividad criminal el atentar contra la integridad física de algún tipo de animal hay diferencias entre las sanciones y entre qué tipo de animales son “protegidos”. En el papel en Coahuila es donde se puede alcanzar la pena más alta – 9 años de cárcel – por maltratar a un animal.

Un dato a destacar es que la mayoría de los estados que ya consideran alguna forma de maltrato animal como un delito lo hicieron mediante reformas hechas entre 2013 y 2014 a su código penal. Es decir que hasta hace dos años la impunidad en el maltrato animal estaba casi generalizada en todo el país.

Pero poner en una ley que pegarle a un animal es un delito tampoco es la solución definitiva del problema, como dijo en entrevista Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales. La otra parte es contar con gente capaz de investigar los casos y proceder en contra de los responsables.

“Es un hecho que hemos avanzado de forma importante en los últimos dos años en penalizar el maltrato pero los problemas siguen. Tenemos el caso del Distrito Federal por ejemplo donde si está penalizado maltratar a un animal pero no hay prácticamente ninguna consignación porque no hay el personal especializado para ello” dijo en entrevista con Animal Político.

Donde sí y donde no

En total hay 16 estados del país que tienen incluido como delito alguna forma de maltrato o tortura animal en sus código penales. En quince de estas entidades se diseñó un capítulo específico que en general contiene dos o tres artículos. Es el caso del Distrito federal, Coahuila, Colima, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Veracruz y Yucatán.

Además está Aguascalientes en donde no hay capítulo especial pero si se incrustó un artículo al código para sancionar el maltrato animal de forma general y con una pena mínima.

En los 16 estados restantes del país, incluyendo entidades densamente pobladas como el estado de México y Nuevo León, no existe ningún tipo de delito de maltrato animal contemplado en la ley y en consecuencia nadie puede ser detenido o investigado por este motivo.

Los estados que si tienen contemplado este delito manejan un rango distinto de sanciones, aunque en general se trata de penas de prisión que van de los tres o seis meses hasta los seis años de cárcel. En todos los casos dichas penas serían canjeables por el pago de una fianza pues son delitos no graves.

La entidad que sanciona con mayor dureza el maltrato animal es Coahuila en donde la pena puede alcanzar hasta los nueve años de prisión en un caso extremo, que son aquellos en donde el animal murió previo a ser torturado.

Aunque la redacción del delito varía en los distintos códigos estatales, en casi todos los casos se manejan los términos “maltratos” y “actos crueles” para referirse a la actividad ilícita. También es el común denominador que la pena se agrave una tercera parte o una mitad si es que el animal maltratado muere a costa de los golpes que haya recibido.

Hay estados como Guanajuato y Michoacán donde se especifica que el animal maltratado tiene que ser “vertebrado” mientras que otros como Querétaro o Yucatán señalan como potenciales víctimas a “animales domésticos” En el caso del DF se hace referencia a “animales no humanos“ y en otras entidades simplemente “animales”.

Puebla es la única entidad federativa en donde se señala que el captar en “imágenes, fotografía o cualquier medio” el maltrato que se infringe a un animal para hacerlo público es motivo para que se incremente la sanción impuesta en una mitad. Este sería el caso de los empleados de +Kota difundido esta semana si es que hubiera ocurrido en esa entidad.

Hay además dos estados del país, Yucatán y Baja California, en donde está tipificado el delito de “zoofilia” como un maltrato animal grave.

En tanto en Michoacán el artículo 357 del capítulo de delitos contra la vida e integridad de loa animales define el delito de “bestialismo” como el que “comete actos sexuales con animales vertebrados. La pena es de quince días a seis meses de prisión.

Maltrato real y frecuente

El pasado 23 de marzo se comenzó a difundir en redes una serie de videos en donde dos empleados de la tienda de la empresa +KOTA en Pachuca maltratan a unos perros y a un hámster. Como el código penal en Hidalgo no contempla como delito el maltrato animal, la empresa tuvo que acusarlos de abuso de autoridad y daños, ilícitos que tampoco son graves.

En un comunicado emitido luego de que se revelaran los videos la asociación civil AnimaNaturalis Internacional señaló que no se trata de un caso aislado.  “En esta industria en general y en este tipo de tiendas en particular han existido infinidad de casos con terribles consecuencias” señaló la ONG.

Animal Político publicó en 2014 que de las 42 tiendas +KOTA en la Ciudad de México solamente tres tienen un médico veterinario que supervise la salud de los animales en cautiverio.

Los casos de maltratos de todo tipo son frecuentes. En septiembre del año pasado por ejemplo, se exhibió en internet un video en donde dos sujetos colgaron a un perro y lo golpearon. En este caso si se inició una averiguación previa ya que el delito en esa entidad está tipificado en el código penal

En abril de este año, un estudiante en Cabo San Lucas Baja California Sur fue exhibido en otro video a través de Facebook en donde se le aprecia dejando caer a un perro con fuerza desde una altura de dos metros.

Un caso distinto se dio a conocer el noviembre del 2013 cuando luego de varias denuncias de vecinos, la policía capitalina decidió intervenir un domicilio en la colonia Santa María la Ribera en la delegación Cuauhtémoc, de donde fueron rescatados 130 perros y ocho gatos que estaban encerrados en condiciones insalubres.

Datos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), dependencia que cuenta con un área especializada denominada Brigada de Vigilancia Animal, revelan que en 2014 se recibieron en promedio 15 reportes diarios por maltrato o abuso animal.

Pese a leyes impunidad sigue

Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los derechos de los Animales una ONG que lleva 18 años trabajando en este campo, dijo que es importante el que en los últimos 24 meses se haya avanzado en la tipificación del delito de maltrato animal en varios estados del país, sin embargo, señaló que por sí solo ese tema es insuficiente

Puso de ejemplo el caso del Distrito Federal, en donde a pesar de haber una penalización del maltrato apenas hay dos consignaciones ante un juez pese a cientos de denuncias que se tienen todos los meses.

El problema, agregó, es de los recursos humanos pues aunque existe una ley, los fiscales no están capacitados ni concientizados para llevar a cabo las investigaciones. Incluso la Brigada de Vigilancia Animal opera sin recursos suficientes para mantener a los animales en condiciones adecuadas.

Larios destacó que en los últimos años se ha desarrollado un consenso social importante en torno a la protección de la vida animal que se manifiesta en el repudio que generan casos como el de *KOTA. El problema es que los gobiernos y el marco legal no han caminado a la misma velocidad lo que provoca que exista riesgo de que el agente incluso busque justicia por propia mano.

“Es importante que se cree una cultura de respeto a la legalidad el que tengamos las normas pero también autoridades que estén al nivel de ellos… hay una tremenda falta de coordinación, de sentido y de gobierno” dijo.

También debe trabajarse, agregó, en mecanismos de denuncia más sencillos. En el caso del DF existe una línea de denuncia para maltrato animal operada por el Consejo Ciudadano a través del teléfono 55 33 55 33, y también puede solicitarse orientación en la cuenta de twitter de la asociación @amedeamx

AnimaNaturalis señaló por su parte que debe ponerse énfasis en la prevención y no solo en el castigo de quien directamente protagonice un maltrato, como el ocurrido en la tienda +KOTA en Pachuca.

“La responsabilidad no debe caer únicamente en dos jóvenes con comportamientos sádicos y conductas antisociales, sino en la industria que, con sus prácticas de explotación, favorece este tipo de comportamientos, generando innumerables casos de maltrato y muerte de animales” dijo la referida asociación.

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Las empresas de Japón que ayudan a la gente a desaparecer

Cada año, algunas personas optan por "esfumarse" y abandonar sus vidas, trabajos, hogares y familias. En Japón se les conoce como "jouhatsu" y hay empresas que les ayudan a llevarlo a cabo.
17 de septiembre, 2020
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En todo el mundo, desde Estados Unidos a Alemania o Reino Unido, hay cada año personas que deciden desaparecer sin dejar rastro, abandonando sus hogares, trabajos y familias para comenzar una segunda vida.

A menudo lo hacen sin siquiera mirar atrás.

En Japón, a estas personas se les conoce como los jouhatsu.

El término significa “evaporación”, pero también se refiere a personas que desaparecen a propósito y ocultan su paradero, a veces durante años, incluso décadas.

“Me harté de las relaciones humanas. Cogí una maleta pequeña y me esfumé“, dice Sugimoto, de 42 años, que en esta historia solo usa el apellido de su familia.

“Simplemente escapé”.

Afirma que en su pequeña ciudad natal todos lo conocían por su familia y su próspero negocio local, que se esperaba que Sugimoto continuara.

Pero que le impusieran ese papel le causó tanta angustia que de repente se marchó de la ciudad para siempre y no le dijo a nadie adónde iba.

Desde una deuda ineludible hasta matrimonios sin amor, las motivaciones que empujan a los jouhatsu a “evaporarse” varían.

Las calles de Japón

Getty Images
El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el jouhatsu durante más de una década.

Pero muchos, independientemente de sus motivos, recurren a empresas que les ayuden en el proceso.

Estas operaciones se denominan servicios de “mudanzas nocturnas”, un guiño a la naturaleza secreta del proceso de quienes quieren convertirse en un jouhatsu.

Estas compañías ayudan a las personas que quieren desaparecer a retirarse discretamente de sus vidas y pueden proporcionarles alojamiento en ubicaciones desconocidas.

“Normalmente, los motivos de las mudanzas suelen positivos, como entrar a la universidad, conseguir un nuevo trabajo o un matrimonio. Pero también hay mudanzas tristes, cuando la razón es haber dejado la universidad, perder un trabajo o cuando lo que quieres es escapar de un acosador“.

Así lo cuenta Sho Hatori, quien fundó una empresa de “mudanzas nocturnas” en los años 90 cuando estalló la burbuja económica de Japón.

Segundas vidas

Cuando empezó en ello, creía que la razón por la que la gente decidía huir de sus problemáticas vidas era la ruina financiera, pero pronto descubrió que también había “razones sociales”.

“Lo que hicimos fue ayudar a las personas a comenzar una segunda vida”, dice.

El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el fenómeno de los jouhatsu durante más de una década.

Dice que el término comenzó a usarse en los años 60 para describir a las personas que decidían desaparecer.

Las tasas de divorcio eran (y siguen siendo) muy bajas en Japón, por lo que algunas personas decidían que era más fácil levantarse y abandonar a sus cónyuges que afrontar los procedimientos de divorcio elaborados y formales.

“En Japón es más sencillo esfumarse” que en otros países, dice Nakamori.

La privacidad es algo que se protege con uñas y dientes.

Mujer sacando dinero en un cajero automático

Getty Images
¿Desaparecerías sin dejar rastro?

Las personas desaparecidas pueden retirar dinero de los cajeros automáticos sin ser descubiertas, y los miembros de la familia no pueden acceder a videos de seguridad que podrían haber grabado a su ser querido mientras huía.

“La policía no intervendrá a menos que exista otra razón, como un crimen o un accidente. Todo lo que la familia puede hacer es pagar mucho a un detective privado. O simplemente esperar. Eso es todo”.

Me quedé impactada

Para quienes son dejados atrás, el abandono y la búsqueda de su jouhatsu puede ser insoportable.

“Me quedé impactada”, dice una mujer que habló con la BBC pero decidió permanecer en el anonimato.

Su hijo de 22 años desapareció y no la ha vuelto a contactar.

“Se quedó sin trabajo dos veces. Debió haberse sentido miserable por ello”.

Cuando dejó de tener noticias suyas, condujo hasta donde vivía, registró el sitio y luego esperó en su automóvil durante días para ver si aparecía.

Nunca lo hizo.

Dice que la policía no ha sido muy útil y que le dijeron que solo podían involucrarse si existía la sospecha de que se había suicidado.

Pero como no había ninguna nota, no investigarán nada.

“Entiendo que hay acosadores y que la información puede ser mal utilizada. Quizás la ley es necesaria, pero los criminales, los acosadores y los padres que quieren buscar a sus propios hijos son tratados de la misma manera debido a la protección. ¿Cómo puede ser?”, afirma.

“Con la ley actual y sin disponer de dinero, todo lo que puedo hacer es verificar si mi hijo está en la morgue. Es lo único que me queda”.

Mujer en Tokio

Getty Images
La policía no suele a ayudar a las familias que buscan a sus seres queridos.

Los desaparecidos

A muchos de los jouhatsu, aunque hayan dejado atrás sus vidas, la tristeza y el arrepentimiento les sigue acompañando.

“Tengo la sensación constante de que hice algo mal”, dice Sugimoto, el empresario que dejó a su esposa e hijos en la pequeña ciudad.

“No he visto en un año. Les dije que me iba de viaje de negocios”.

Su único pesar, dice, fue dejarlos.

Sugimoto vive escondido en una zona residencial de Tokio.

La empresa de “mudanzas nocturnas” que lo aloja está dirigida por una mujer llamada Saita, quien prefiere no confesar su apellido por mantener el anonimato.

Ella misma es una jouhatsu que desapareció hace 17 años.

Huyó de una relación físicamente abusiva, y dice: “En cierto modo, soy una persona desaparecida, incluso ahora”.

Tokio

Getty Images
Tokio es una ciudad con más de 9 millones de habitantes.

Tipos de clientes

“Tengo varios tipos de clientes”, continúa.

“Hay personas que huyen de la violencia doméstica grave y otras que lo hacen por ego o interés propio. Yo no juzgo. Nunca digo: “Su caso no es lo suficientemente serio”. Todo el mundo tiene sus luchas”.

Para personas como Sugimoto, la compañía le ayudó a abordar su propia batalla personal.

Pero a pesar de que logró desaparecer, eso no significa que los rastros de su antigua vida no permanezcan.

“Solo mi primer hijo sabe la verdad. Tiene 13 años”, dice.

“Las palabras que no puedo olvidar son: ‘Lo que papá hace con su vida es cosa suya, y no puedo cambiarlo’. Suena más maduro que yo ¿no?”.


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