Jornadas de 8 horas y menos de 2 dólares: así trabajan niños que cosechan café en Perú
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Jornadas de 8 horas y menos de 2 dólares: así trabajan niños que cosechan café en Perú

Marianela Maíz y David son dos niños que trabajan al menos ocho horas diaras en fincas rurales de Perú, donde 83% de las personas en pobreza extrema vive en zonas rurales.
Cuartoscuro
Por Gloria Alvitres
28 de junio, 2015
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El Ministerio de Trabajo en Perú se ha puesto como meta erradicar el trabajo infantil y ha creado el Comité Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil. // Foto: Archivo Cuartoscuro.

El Ministerio de Trabajo en Perú se ha puesto como meta erradicar el trabajo infantil y ha creado el Comité Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil. // Foto: Archivo Cuartoscuro.

En la cafetería “Pasiones del Café”, de Villa Rica, en la región de Pasco, en Perú, sirven un café negro dulce-amargo que acaricia las pupilas gustativas. Tan identificada está es localidad con el café que en su plaza no hay un monumento a los héroes sino una taza de cuatro metros de alto.

Andrea, la dueña del local, experta en café y catadora profesional se dispone a explicarnos: “El mejor café a veces es producto de una casualidad”, dice. “En el campo, la planta de café se enamora secretamente de una fruta silvestre: la naranjilla. El resultado de esa unión es una mezcla agridulce, que caracteriza al café de Villa Rica”, explica.

Lo que no cuenta Andrea, es que en las chacras (fincas rurales) de Villa Rica y todo el valle cafetero peruano hay niños trabajando. Machetean, siembran, fumigan y recolectan café. ¿Por qué lo hacen? Las causas son innumerables, explica la encargada de la Defensoría Municipal del Niño, Niña y Adolescente (DEMUNA), Liz Egg, quien señala que la primera razón siempre es la pobreza.

El Instituto Nacional de Estadística de Perú muestra cifras reveladoras. En el país, un millón 46 mil personas se encuentran en pobreza extrema, es decir: viven con menos de un dólar al día, 83% de ellos vive en zonas rurales. Pasco, donde viven los niños cafetaleros, es el distrito con mayor pobreza monetaria a nivel nacional. En Oxapampa, la provincia donde se encuentra Villa Rica, 50% de las personas es pobre.

Por eso, Liz Egg explica que los niños de Villa Rica se ven obligados a cosechar, sembrar y trabajar en casa de patrones. Ésta es la historia de cómo el café que miles de personas toman en sus mañanas, es producto del trabajo de cientos de niños y niñas en el Perú.

Maíz Morado

A Marianela le dicen “Maíz Morado”, no porque parezca una mazorca, sino porque es dulce como la chicha morada y se apellida Maíz. Tiene 15 años. Cada mañana, Marianela se levanta a las 5 de la mañana. En Villa Rica, donde vive, su patrón tiene una chacra de café y ella recolecta los granos en una canasta por jornadas de ocho horas.

A partir de las 6 de la tarde, Marianela estudia en la escuela nocturna hasta las 10. Los fines de semana atiende en un restaurante, limpia mesas, sirve y lava platos. Está acostumbrada al trabajo: desde los nueve años ha trabajado atendiendo restaurantes, vendiendo comida. En ocasiones, los niños la molestan; también le silvan y la cortejan los señores. Lo del café es nuevo para ella. Llegó a Villa Rica, en la región de Cerro de Pasco, en febrero de este año y tuvo que aprender a cosechar. Trabaja sin botas, sin guantes, y a veces se corta y le pican los mosquitos. Siempre le duelen las manos, los huesos.

En Pasco, 64% de los niños trabajan en actividades como la cosecha de frutas y café o actividades domésticas: cocina, atención en restaurantes. Mientras cuenta su historia, Marianela canta una canción de Corazón Serrano, el grupo de moda en esa región del Perú. “Lloro para olvidarte, la la la, lloro”. Dice que quiere ser cantante, y por eso aprovecha las horas de trabajo para practicar las tonadas altas y bajas.

El pequeño yanesha

David dice que muy pocas veces juega un partido los fines de semana. El juego le parece un privilegio, algo poco común. Normalmente llega a casa tan cansado que apenas tiene fuerzas para dormir. Tiene 15 años y recuerda que desde niño apoyaba en la chacra de su comunidad yanesha, una etnia amazónica de Perú. Pero cuando llegó a Villa Rica, se puso a las órdenes de un patrón. Le pagan 6 soles (poco menos de 2 dólares americanos) por una lata de 15 kilos de café. Si trabaja mucho, al día puede recolectar hasta siete latas.

Sin embargo, su especialidad es “hacer pocitos de café”: es decir, prepara los espacios donde se va sembrar el café. No sólo siembra, cosecha, sino que también carga baldes, madera, lo que sea. Con los 20 o 30 soles que gana diario corre a su casa para dárselo a su hermana. Sus otros hermanitos no cumplen ni 8 años, así que a él le toca trabajar.

David no le teme a ningún bicho del campo, pero sabe que hay algunos como el cashpairo —gusano bonito, colorido y pelusiento que llama la atención a los niños, pero que cuando pica el dolor es comparable al de la mordedura de una serpiente—,o el perro negro —una hormiga carnívora— que hace sangrar. “He tenido suerte”, dice y se persigna, dibujando con sus dedos una cruz.

En la noche, después de recolectar los granos, David va al colegio. Le cuesta. Normalmente no puede concentrarse, mantenerse despierto o terminar las tareas. Al día siguiente tiene que empezar de nuevo y volver al campo.

En Pasco, la desnutrición crónica alcanza 28%, el doble que el promedio nacional. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística dicen que 78% de los niños que hablan lenguas nativas son pobres, en comparación de los niños que hablan castellano, cuyo porcentaje llega a 40%.

El alcalde de Villa Rica, Jhony Inga Auscapiña, es docente de profesión y ha vivido de cerca esta realidad. “Yo también trabajé de niño, es una realidad complicada, que aspiramos a cambiar”, dice, aunque no queda claro el cómo. Al final, estos niños son el sustento de su familia. La incógnita queda en el aire.

Ante estas realidades, el Estado peruano ha implementado programas sociales de transferencias económicas y alimentación en la escuela. El programa Juntos, que reparte 100 soles (aproximadamente 30 dólares americanos) mensuales a familias en extrema pobreza, atiende a más de ocho mil familias en el país, pero las cifras de pobreza extrema superan el millón.

Este año, el café peruano ha tenido sus problemas: el ataque de plagas como la roya, que desangró los cultivos. Sin embargo, en la bolsa de valores de Lima a diciembre de 2014 se cotizaba a 2 dólares el kilogramo de café. Un cuarto de café tostado llega a costar poco más de 6 dólares en Villa Rica. Este café se exporta a países como Chile, Alemania y Estados Unidos, según datos de la Súper Intendencia de Aduanas y Administración Tributaria (SUNAT).

Las cooperativas cafetaleras proveen de café a grandes cadenas como Starbucks y las cafeterías más exclusivas de la capital, donde un vaso puede costar hasta 5 dólares y viene acompañado de un ambiente retro, música y wifi.

El Ministerio de Trabajo en Perú se ha puesto como meta erradicar el trabajo infantil y ha creado el Comité Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (CPETI), con comités locales en cada región. Sin embargo, el Ministerio de Agricultura, al que están adscritos todos los cultivadores de café y empresas cafetaleras, no ha dicho cómo operará para hacer realidad esta promesa.

El 12 de junio se conmemoró en Perú el Día de Lucha contra el Trabajo Infantil. Hubo múltiples reuniones, se presentaron nuevos compromisos. Ese día, mientras cientos de funcionarios tomaban su café, anotaban indicadores y posaban para la foto, Marianela Maíz y David madrugaban como cualquier otro día. Cosechaban ese café de sabor dulce-amargo que huele a montaña y es como una caricia, con la idea de recibir unos cuantos soles y seguir viviendo.

Gloria Alvitres (1992) es periodista peruana. Trabaja en la plataforma de periodismo de investigación Convoca. Es una de las 16 integrantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, iniciativa inédita para impulsar el periodismo regional y destacar nuevos talentos.

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Por qué Brasil es considerado el "laboratorio perfecto" para probar las vacunas contra COVID-19

El país sudamericano, donde ha habido más de 3,5 millones de casos de la enfermedad, ofrece una "oportunidad de oro" en el desarrollo de la fórmula contra el coronavirus, según los mismos científicos que las investigan.
1 de septiembre, 2020
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Brasil, uno de los países más asolados por la pandemia de coronavirus, se ha convertido en un campo de pruebas de vacunas contra la covid-19.

El país sudamericano, donde ha habido más de 3,5 millones de casos de la enfermedad, es considerado por los científicos que investigan vacunas como una “oportunidad de oro”.

Allí se están probando dos de las vacunas más promisorias y avanzadas contra la infección: la de la Universidad de Oxford con la farmacéutica AstraZeneca y la de la empresa china Sinovac.

Y otras dos, de las farmacéuticas estadounidenses Johnson & Johnson y Pfizer, acaban de recibir aprobación de las autoridades para comenzar en el país sus ensayos clínicos.

Con esto las autoridades brasileñas esperan que sus ciudadanos puedan estar entre los primeros en ser inoculados contra la infección.

E incluso han planteado la posibilidad de producir estas vacunas internamente y exportarlas al resto de América Latina.

Pero ¿por qué Brasil es considerado un “laboratorio ideal” para llevar a cabo ensayos clínicos de vacunas?

vacuna

Reuters
En Brasil se están probando dos de las vacunas más avanzadas contra covid-19 y otras dos comenzarán pronto sus ensayos en ese país.

El doctor Jon Andrus, experto en epidemiología e inmunización de la Universidad George Washington en Estados Unidos, quien fue subdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), señala que las altas tasas de transmisión comunitaria del virus es uno de los principales criterios para poder probar una vacuna.

Pero tal como le explicó a BBC Mundo, hay otras razones por las que Brasil es considerado un escenario perfecto para la investigación de vacunas.

“Ciertamente se necesita una situación donde tienes suficiente prevalencia de una enfermedad para poder probar la eficacia de una vacuna y si ésta va a funcionar”.

“Pero pienso que en Brasil hay casi una tormenta perfecta para los ensayos porque además de la alta prevalencia, el país tiene una larga historia de excelencia en salud pública, con instituciones de investigación reconocidas a nivel mundial como Fiocruz (Fundación Oswaldo Cruz) en Río de Janeiro, que durante décadas han estado realizando investigación y ensayos”, afirma el experto.

Vacuna

Getty Images
Más de 170 vacunas contra covid-19 están siendo investigadas alrededor del mundo.

En efecto, Fiocruz es la institución científica que está participando en la investigación y producción de la vacuna de Oxford y AstraZeneca.

Otra institución brasileña reconocida mundialmente, el Instituto Butantan, de Sao Paulo, está participando en la producción de la vacuna china de Sinovac.

Capacidad de producción

Pero también está la experiencia y fortaleza de Brasil en sus programas nacionales de inmunización y su larga tradición en la producción de vacunas.

La planta de Bio-Manguinhos, que pertenece a Friocruz, es uno de los centros de producción de vacunas más grandes de América Latina.

Allí se procesan millones de dosis de vacunas contra la fiebre amarilla, la tuberculosis y el sarampión, entre otras enfermedades.

Y el Instituto Butantan es actualmente el principal productor de vacunas contra la influenza o gripe del hemisferio sur, con una capacidad para producir 100 millones de dosis.

“Hay que destacar que Brasil ha tenido un enfoque estratégico para llegar a ser autosuficiente en la producción de vacunas“, le dice a BBC Mundo Cristiana Toscano.

La doctora es miembro del grupo de expertos asesores para vacunas contra la covid-19 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Desde hace tres décadas los varios gobiernos han reforzado e invertido en la capacidad nacional pública, así que casi todos los laboratorios de producción de vacunas son financiados con dinero público”, añade.

laboratorio

Getty Images
Brasil cuenta con una larga tradición de desarrollo y producción de vacunas.

En efecto, la mayoría de las vacunas en Brasil, señala la experta, que también es profesora de la Universidad Federal de Goiás, se producen localmente o se intenta establecer mecanismos de transferencia de tecnología con las grandes compañías farmacéuticas.

Y esto es precisamente lo que ahora se está negociando con las vacunas de Oxford y Sinovac: transferir tecnología para producir ambas vacunas localmente.

Los acuerdos

Tanto la vacuna de AstraZeneca como la de Sinovac están llevando a cabo la fase 3 de sus ensayos clínicos.

Los ensayos de la primera se realizan con unos 5.000 voluntarios brasileños. En la segunda participan 9.000 voluntarios.

Como parte de los acuerdos preferenciales para las vacunas que se están probando en Brasil, el país inicialmente recibirá la materia prima para llevar a cabo las etapas finales de producción.

Ambos acuerdos incluyen transferencia de tecnología para que Brasil posteriormente pueda producir las vacunas desde el inicio.

En el acuerdo con Oxford-AstraZeneca el gobierno brasileño invertirá US$127 millones a cambio de tecnología y equipo para que Fiocruz pueda producir inicialmente 30 millones de dosis de la vacuna durante su fase de pruebas.

Si la vacuna demuestra ser efectiva, Brasil podrá producir otros 70 millones de dosis.

El acuerdo entre Sinovac y Butantan ofrecerá a los brasileños 120 millones de dosis de la vacuna.

vacuna

Getty Images
Las autoridades de Brasil indican que esperan poder empezar a vacunar a sus ciudadanos en el primer semestre de 2021.

Los funcionarios brasileños han indicado que esperan poder comenzar a vacunar a algunos de sus ciudadanos en el primer semestre de 2021.

Algunos expertos, sin embargo, han expresado dudas de que el país realmente esté en capacidad para producir dentro de seis meses la enorme cantidad de dosis de vacunas que necesitará para sus 212 millones de habitantes.

En años recientes la economía brasileña se ha contraído y las instituciones públicas del país han sufrido por la falta de financiamiento.

Y tal como le dijo a la agencia Reuters el exministro de Salud, José Gomes Temporao, la transferencia de tecnología toma tiempo, puede tardar entre cinco y 10 años, por lo que los laboratorios del país podrían no estar listos para iniciar en 2021 la producción de las vacunas.

“Es imposible”, declaró Gomes Temporao. “(La transferencia) toma mucho tiempo. Quizás podrán acelerarla un poco, pero no tanto”.

La doctora Cristiana Toscano cree, sin embargo, que Brasil sí está capacitado para recibir la tecnología y comenzar la producción de las vacunas.

“Todo depende de la tecnología de la que estamos hablando y de si el sitio tiene la capacidad”, le dice a BBC Mundo la experta de la OMS.

“Hay tecnologías nuevas que no han sido utilizadas y estoy de acuerdo en que transferirlas puede ser un proceso de hasta 10 años”.

“Pero Butantan, por ejemplo, realmente tiene experiencia en la producción de muchas vacunas inactivadas, como la de Sinovac. Tiene un laboratorio de seguridad que es capaz de hacer todo lo que se necesita para producir una vacuna inactivada”, agrega.

El desafío de la inmunización

Pero hay otro enorme desafío que Brasil tendrá que superar: cómo vacunar a sus millones de habitantes cuando sus programas de inmunización han sufrido retrocesos debido a las campañas de desinformación.

ataúd

Getty Images
Más de 110.000 personas han muerto en Brasil por la pandemia.

En 2019, por primera vez en 25 años, Brasil no logró cumplir los objetivos de vacunación de ninguna de las inoculaciones que suministraba de forma rutinaria.

Esta es una tendencia que ha ocurrido en todos los países de la región debido a las campañas antivacunas y a la creciente renuencia de la gente a ser inmunizada.

“Creo que el principal desafío será cómo mantener actualizado el programa de vacunación que ya estaba afectado aún antes de la pandemia de covid-19 y cómo incorporar ahora a ese programa una nueva vacuna”, afirma Cristiana Toscano.

“Serán desafíos logísticos y operacionales que requerirán movilización, entrenamiento, combatir la renuencia a la vacunación, además de toda la organización de distribución y administración de las 35.000 unidades de vacunación”, agrega la experta.

¿Demasiado optimismo?

Todo lo anterior, sin embargo, es bajo el supuesto de que realmente habrá una vacuna que será efectiva y segura.

Aún no se sabe si alguna de las que se están probando en Brasil, o en otras partes del mundo, mostrarán resultados positivos cuando finalicen los ensayos clínicos.

Bolsonaro

Getty Images
La respuesta del gobierno brasileño a la pandemia ha sido errática.

¿Qué ocurrirá entonces si fracasan las candidatas a las que Brasil está apostando?

El gobierno brasileño está intentando diversificar sus opciones y ha expresado interés en unirse a la iniciativa COVAX de la OMS, que intenta garantizar el acceso global rápido e igualitario a las vacunas contra la covid-19.

Los expertos coinciden en que, por ahora, cualquier apuesta a una vacuna es arriesgada mientras no se conozcan los resultados de los ensayos clínicos.

Y decir que una vacuna estará lista en 2021 podría ser una afirmación demasiado optimista.

“Es importante recordar que no debemos estar esperando una solución mágica”, expresa el exsubdirector de la OPS, Jon Andrus.

“Debemos ser humildes y recordar que no siempre hemos sido exitosos, que tenemos muchas enfermedades para las que no hemos podido encontrar una vacuna a pesar de estar trabajando durante décadas con ellas, como el VIH”, le dice a BBC Mundo.

“Por eso es tan importante que hagamos lo que podemos hacer ahora: todas las intervenciones de salud pública como mantener el distanciamiento social, usar mascarillas, realizar pruebas y rastreo de casos, y seguir las prácticas de higiene”, agrega.

Y la experta de la OMS está de acuerdo.

“La meta que estamos proponiendo (para tener una vacuna en el primer semestre de 2021) parece optimista, pero está condicionada a la aprobación de los ensayos clínicos si éstos muestran resultados positivos y a la aprobación de las autoridades reguladoras”, le dice Cristiana Toscano a BBC Mundo.

“Y mientras eso ocurre es necesario minimizar las expectativas y ser más realistas”, agrega la experta.

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