La pesadilla de vivir obsesionado con la propia apariencia
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Cuartoscuro

La pesadilla de vivir obsesionado con la propia apariencia

La mayoría de las ocasiones se piensa que se trata de un problema insignificante; sin embargo, la dismorfofobia (síndrome de distorsión de la imagen) afecta a una de cada 100 personas.
Cuartoscuro
Por Susana Jolly de BBC Mundo
28 de junio, 2015
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Un estudio indica que las personas de entre 16 y 25 años dedican en promedio 16 minutos y siete intentos para hacerse el selfie perfecto. // Foto: Cuartoscuro.

Un estudio indica que las personas de entre 16 y 25 años dedican en promedio 16 minutos y siete intentos para hacerse el selfie perfecto. // Foto: Cuartoscuro.

Hace dos años, la exmodelo Alicia Douvall hizo dos impactantes revelaciones: había gastado más de 1.5 millones de dólares en tratamientos estéticos y su adicción a la cirugía se había originado en un trastorno disfórmico corporal (TDC) no diagnosticado.

Esta afección, que también se conoce como dismorfofobia, consiste en una preocupación fuera de lo normal por un detalle en la apariencia.

Con frecuencia los síntomas empiezan en la adolescencia.

Lea también: Trastornos raros: dismorfia corporal

Minnie Wright, de 47 años, lleva casi toda su vida padeciendo TDC.

“Los síntomas empezaron cuando tenía 11 años y era víctima de acoso escolar“, cuenta. “En buena medida era por el tamaño de mi nariz”.

Minnie agrega que se ponía maquillaje de sombra y colocaba la cabeza inclinada para evitar mostrar su perfil.

¿Vanidad? No es justo

Las personas con TDC tardan en pedir ayuda por temor a ser calificadas como vanidosas.

El doctor David Veale, una eminencia en TDC, se especializó en esta área hace 20 años después de que uno de sus pacientes se suicidara por este trastorno.

“Idealmente, lo que queremos es examinar y diagnosticar a las personas con TDC en una etapa temprana, pues el tratamiento es más fácil antes de que todos esos pensamientos y ansiedades se ‘atrincheren’ en su mente“.

Veale agrega que “el mensaje más importante es que el TDC es una enfermedad tratable”.

El tratamiento normalmente consiste en una combinación de antidepresivos y terapia cognitivo-conductual. No obstante, llegar a diagnosticar el trastorno y tratarlo es un proceso lento.

Y durante ese tiempo quienes sufren de TDC pueden tratar de “curar” esas imperfecciones que perciben con cirugía plástica.

Lea también: Dismorfofobia, ¿el trastorno tras el cambio de imagen de Uma Thurman?

“Inmovilizada”

Minnie explica que quería hacerse algo. “Pero todavía era una niña. Cuando cumplí18 años me dieron una cirugía de nariz“.

“En un principio me sentí mejor, pero en el fondo era infeliz. Era como mover los muebles de lugar, pero el problema subyacente seguía allí. Sencillamente todo se veía un poco diferente”.

Más tarde Minnie centró su fuente de infelicidad en su cabello y los síntomas la llegaron a “inmovilizar” de tal forma que contempló el suicidio.

Estudios sugieren que las personas con este trastorno son más propensas al suicidio que la población general. Minnie conoció a cuatro personas con TDC que se quitaron la vida.

Veale, quien trabaja para la Fundación de Trastorno Disfórmico Corporal, cuenta que un tercio de sus pacientes se ha sometido a al menos un tratamiento de cosmética.

Lo más alarmante es que menos del 10% de las personas con este trastorno queda satisfecho con los resultados.

Sus ansiedades suelen centrarse en otro aspecto de su apariencia, lo que algunas veces lleva a que la persona se someta a múltiples procedimientos.

Herramienta de diagnóstico

Se estima que 15% de las personas que quiere hacerse cirugía plástica tiene TDC.

El cirujano plástico Simon Withey señala que el TDC “es extremadamente complicado” y advierte que los cirujanos “nunca podrán ser expertos”.

“Sin embargo, con las preguntas adecuadas, uno adquiere un sexto sentido para detectar que algo no está bien. Para mí, una de las señales es cuando el paciente está ‘demasiado preparado’. Si siento que algo no está bien, no opero”.

Los psiquiatras tienen varias herramientas para identificar la dismorfofobia, pero estas llevan demasiado tiempo como para que las use un cirujano en su clínica.

La doctora Alex Clarke estudia los aspectos psicológicos de la cirugía plástica. Su equipo viene desarrollando un cuestionario de análisis más accesible.

Los cirujanos lo que quieren es operar. Su preocupación está en que si dicen que no, el paciente tocará la puerta de otro”, explica Clarke.

El cuestionario identifica la presencia de los síntomas clásicos de TDC y explora las expectativas del paciente.

En las pruebas de estudio, tanto los cirujanos como los pacientes han aceptado esta nueva herramienta.

“En los últimos 15 años hemos visto cómo cirujanos han pasado de resistirse a reconocer que estas prácticas forman parte de un servicio de calidad superior“.

“Lejano oeste”

Pero el problema radica en cómo llegar a aquellos profesionales inescrupulosos dispuestos a todo por una buena suma de dinero.

El cirujano Marc Pacifico, portavoz de la Asociación Británica de Cirujanos Plásticos y Anestesiólogos, confiesa que “allá afuera es el lejano oeste”.

“Es un hecho triste que, si buscas, encuentras a alguien dispuesto a hacerte la operación que quieras. Cualquiera puede llamarse ‘cirujano plástico’ y tener un consultorio“.

Pacifico agrega que las personas pueden ser fácilmente engañadas con sitios en internet sofisticados y direcciones de renombre.

Para evitar caer en manos de “inescrupulosos” la Asociación recomienda buscar por certificados y credenciales oficiales.

Las prácticas negligentes pueden incluir que el paciente sea visitado primero por un vendedor, en vez de un cirujano. También el precio sospechosamente bajo de una cirugía o las ofertas por “tiempo limitado” pueden ser señales de que se trata de un cirujano poco serio.

¿Primer mundo?

Con frecuencia, los comentarios que siguen a los artículos que se publican en los medios sobre TDC comentan que este es “un problema de primer mundo”.

Pero hay evidencia que prueba lo contrario. El profesor brasileño Leo Fontanelle es especialista de TDC en Río de Janeiro. Y Brasil es uno de los países con mayores operaciones de cirugía plástica en el mundo.

“Hemos visto pacientes de todos los estratos socioeconómicos. Todavía no tenemos los datos para saber cuántos de nuestros pacientes se han sometido a cirugía antes de ser diagnosticados y tratados”.

Sin embargo, Fontanelle agrega que “sigue siendo importante que nuestros cirujanos estén al tanto (del trastorno) y remitan a los pacientes a los servicios adecuados”.

Vea: Ivo Pitanguy, el hombre que hizo de Brasil el país líder en cirugías plásticas

¿El selfie es el culpable?

Durante mucho tiempo se ha señalado a los medios como responsablesúltimosde que la gente desarrolle una errada imagen corporal, y en los últimos años ha habido un auge de las autofotos o selfies.

Un estudio reciente muestra que las personas entre los 16 y 25 años dedican en promedio 16 minutos y siete intentos para hacerse el selfie perfecto.

¿Esta presión para verse perfecto afecta el estado mental de la gente?

El doctor Veale no lo cree así. “Es difícil trazar una línea entre lo que es una insatisfacción del cuerpo y el TDC propiamente dicho“.

El experto explica que son las experiencias a temprana edad, como una relación pobre entre el niño y la madre o el acoso escolar, lo que afectará a la persona.

Las presiones de los medios están allá afuera, pero sólo juegan un pequeño papel en la historia“, agrega.

Por su parte, la doctora Clarke considera que la dismorfofobia es un tema que se debe atacar en las escuelas.

Es necesario enseñarle a los niños educación mediática para que aprendan que todas esas imágenes retocadas no son reales. Es muy fácil ser una víctima de estas presiones si no eres lo suficientemente fuerte”.

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Qué tanto contamina el bitcoin, la moneda que consume más electricidad que Finlandia, Suiza o Argentina

La minería del bitcoin utiliza gigantescas cantidades de energía para mantener funcionando servidores que trabajan día y noche en busca de la divisa digital. Pero.... ¿proviene toda esa energía de combustibles fósiles?
22 de febrero, 2021
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Bitcoins

Getty Images
En las últimas semanas el precio del bitcoin ha llegado a máximos históricos.

Si el bitcoin fuera un país, consumiría más electricidad al año que Finlandia, Suiza o Argentina, según un análisis del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge (CCAF, por sus siglas en inglés).

Eso ocurre porque el proceso de “minar” la criptomoneda -utilizando gigantescos servidores que no cesan de trabajar- consume mucha energía.

Según los investigadores, la minería de bitcoins utiliza cerca de 121,36 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, un récord que provoca un fuerte impacto en el medioambiente y supera a una larga lista de países.

El tema volvió al debate luego que Elon Musk, a través de su empresa de autos eléctricos Tesla, reportó la compra de US$1.500 millones en bitcoin, disparando el precio de la divisa y encendiendo críticas por la contaminación que genera.

Esta última subida del precio del bitcoin -que ha seguido una meteórica tendencia alcista en los últimos meses- le ha dado nuevos incentivos a los mineros de la divisa para hacer funcionar más y más ordenadores con el objetivo de generar más criptomonedas.

A medida que sube el precio del bitcoin, sube el consumo de electricidad, dice Michel Rauchs, investigador del CCAF, donde crearon una herramienta en línea que permite hacer este tipo de cálculos.

“Realmente es por su diseño que el bitcoin consume tanta electricidad”, le explica Rauchs a la BBC. “Esto no es algo que cambiará en el futuro, a menos que el precio de bitcoin baje significativamente”.

Los investigadores trabajan con el Índice de Consumo Eléctrico del Bitcoin de Cambridge (CBECI, por sus siglas en inglés), el cual provee estimaciones en tiempo real sobre cuánta electricidad consume la generación de la divisa.

El bitcoin usa más energía que Argentina. Si el bitcoin fuera un país, estaría entre los 30 países que más utilizan energía en el mundo. Uso nacional de energía en teravatios-hora (TWh).

Este índice funciona con base en un modelo que asume que las máquinas utilizadas para minar en el mundo funcionan con distintos niveles de eficiencia.

Siguiendo la relación entre un precio promedio de electricidad por kilovatio hora (US$0.05) y la demanda de energía de la red bitcoin, la herramienta estima cuánta electricidad se consume en un momento dado.

“El bitcoin es anti eficiente”, dice David Gerard, autor del libro “Attack of the 50 Foot Blockchain”.

“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”.

¿Por qué el bitcoin consume tanta electricidad?

Las máquinas dedicadas a “minar” o extraer bitcoins, son ordenadores especializados que se conectan a la red de criptomonedas.

Su trabajo es verificar las transacciones realizadas por las personas que envían o reciben la divisa, en un proceso que implica resolver complejos acertijos matemáticos.

Granja de minado en Islandia.

Getty Images
Los lugares donde se ha ce la minería del bitcoin consumen gigantescas cantidades de electricidad.

Como recompensa, los mineros ocasionalmente reciben pequeñas cantidades de bitcoin en lo que a menudo se compara con una lotería.

Para aumentar las ganancias, los mineros conectan una gran cantidad de computadores, con el objetivo de aumentar sus posibilidades de conseguir bitcoin.

Y como los computadores trabajan casi día y noche para completar los rompecabezas, el consumo eléctrico es muy alto.

El consumo eléctrico vs la huella de carbono

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía y la huella de carbono, argumenta Nic Carter, socio fundador de la firma de capital de riesgo Castle Island Ventures, especilizada en el sector de blockchains (cadenas de bloques).

“Si miramos solamente el consumo de energía no estamos contando toda la historia”, le dice a BBC Mundo.

hOMBRE MINANDO BITCOINS

Getty Images
En las provincias chinas de Sichuan y Yunnan los mineros del bitcoin utilizan energía hidroeléctrica excedente.

Aunque es cierto que la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas -que son altamente contaminantes- también se utilizan energías renovables (como la hidroeléctrica o la eólica) o energía nuclear.

Entonces, si bien importa el nivel de consumo de electricidad, también hay que tomar en cuenta cómo se genera aquella electricidad, apunta Carter.

Por ejemplo, señala, hay mineros en China que aprovechan la energía hidroeléctrica excedente en las represas. Si no la usaran, esa energía simplemente se perdería.

Eso explica por qué la minería del bitcoin se ha expandido tanto en las provincias de Sichuan y Yunnan.

Otro caso ocurre cuando algunos mineros capturan el metano descargado o quemado (que es un subproducto de la extracción de petróleo) y lo utilizan para generar la electricidad que requieren sus computadoras.

sÍMBOLO DE BITCOIN EN VITRINA

Getty Images
“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”, dice David Gerard.

Muchos activistas consideran que esos ejemplos son casos puntuales que no le quitan la responsabilidad ambiental a la industria del bitcoin.

De todos modos, Carter advierte que la minería del bitcoin se acabará en unos años, puesto que el sistema fue diseñado de tal manera que los acertijos matemáticos que resuelven las computadoras llegarán a su fin.

“Este proceso está completado en un 88%, apunta, lo que en la práctica significa que cada vez se hace más difícil seguir minando.

Sin embargo, en la medida que el precio siga disparándose, es probable que el consumo energético también aumente.


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