Payasos, gorras y tortilleros… así hace campaña un candidato a diputado local
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Nayeli Roldán

Payasos, gorras y tortilleros… así hace campaña un candidato a diputado local

El candidato a diputado local, Julio César Solís, dijo que usar un payaso le ha servido para atraer la atención de personas que, según él, no están interesadas en el discurso político.
Nayeli Roldán
Por Nayeli Roldán
3 de junio, 2015
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“Ojitos” trae puesta una peluca púrpura, chaleco de rombos y pantalón a rayas. Sus zapatos son del doble de su pie y el maquillaje verde en los párpados resalta sus pupilentes de color. La nariz roja es el toque final. Apenas lleva un par de minutos con el micrófono y ya tiene maravillada a una veintena de niños y sus padres, sin importar que no se trate de la fiesta de cumpleaños de ninguno de ellos.

Saben que el número terminó cuando Ojitos hace una anuncio: “Con ustedes, nuestro candidato a diputado local, Julio César Solís. Fuerte el aplauso”. El sonido de dos tambores acompañan los aplausos y los niños ondean banderas naranjas con el logo del partido Movimiento Ciudadano como si fueran los estandartes de su equipo de futbol favorito.

Los pequeños y sus padres aún estaban de buen ánimo. Como no, si durante 10 minutos vieron a niños dar vueltas, caerse y levantarse a ritmo de la música. Hasta festejaron que Joaquín, el ganador del concurso, se llevara como premio una gorra blanca con naranja.

Foto: Nayeli Roldán

Foto: Nayeli Roldán

Pero la sonrisa duró hasta los primeros segundos del discurso del candidato. Aunque dice entender el hartazgo de la población por la clase política que abandona a colonias como esta, la Solidaridad, en Temixco Morelos, nadie asiente. Nadie hace el menor gesto de empatía.

Un joven con camiseta blanca y un águila naranja en el pecho reparte volantes con la fotografía del candidato, sonriente, bien peinado y las seis propuestas que cumpliría de llegar al Congreso estatal. La gente lo recibe pero apenas lo ve, lo usan como abanico para este clima que rebasa los 25 grados centígrados.

Ya pasaron 10 minutos y algunas mujeres amamantan a sus bebés y un hombre no puede contener el sueño, dormita en la primera fila. Mientras, el candidato explica su propuesta de lograr un “presupuesto participativo”, los niños juegan con las banderas. “Que sean los ciudadanos quienes decidan en qué gastar los recursos”, sobre todo en una colonia como esta, que en los 20 años de existencia, aún tienen calles sin pavimentar, dice el candidato ante un auditorio cada vez más inmóvil.

El encuentro termina con la petición del candidato para que voten el próximo 7 de junio, por un proyecto diferente al resto de partidos. El público, que no rebasa las 40 personas, le aplaude, pero con menor entusiasmo que al inicio del evento. Antes de irse, el candidato se despide de mano y un joven reparte bolsas de tela y gorras con el logo del partido. Los habitantes toman su silla y regresan a sus casas.

“Si no les regalas nada, se molestan”

Julio César Solís reconoce que “el interés ciudadano para escuchar un mensaje político no es mucho”, por eso, a mitad de su campaña decidió incluir el número de Ojitos, un payaso que lo ha acompañado a las reuniones en las colonias y que logra juntar a más gente en unos minutos de show que los líderes vecinales en varios días.

Necesitamos algunos elementos, una estrategia para acercarlos, para llamarlos. Y nos ha servido muy bien el payasito”, porque además de darles un momento de diversión, dice, rompe con el esquema de un mitin político.

Entregar las gorras o las bolsas parece una práctica común entre los partidos políticos, sin importar su tamaño o presencia, pero ¿es necesario? “tristemente la gente está acostumbrada a que le regales algo. Si no les das nada se molestan”, dice el candidato.

“Todos te piden” y los partidos generan este “dispendio con la entrega de despensas, compra de votos y la gente está tan lastimada que incluso una playera la usan para lo cotidiano”.

Por eso, explica, tiene que invertir sus propios recursos y recibir  “apoyos” de amigos y conocidos que ayudan a solventar esos gastos. El partido, dice, no le entregó dinero en efectivo, sino cientos de volantes, lonas y calcomanías y con eso no se hace una campaña. Según él aún no hace el cálculo de los recursos gastados.

El municipio de Temixco actualmente es gobernado por el PRD y junto con el PRI, ha alternado los triunfos, pero en partido como Movimiento Ciudadano con mínima incidencia en este municipio, ¿por qué participar? “Si no gano, es como cualquier competencia. Yo seguiré participando porque me gusta hacer política”, dice el abogado que aspira a seguir posicionarse en la dirigencia del partido y que hoy es candidato por segunda vez.

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Para llegar a la colonia Solidaridad, en el municipio de Temixco, Morelos, hay que conocer bien las brechas porque los caminos de terracería que la flanquean no tienen ningún aviso para guiar a los fuereños. Hace más de un mes que calles como la Juan Carlos Jarquín luce distinta. La propaganda de los candidatos a alcaldías y diputaciones cuelga en las casas a medio construir y los rostros relucientes con sonrisas blanquísimas cubren las paredes desgastadas.

Los candidatos, o al menos sus fotografías, sí pudieron llegar hasta esta localidad donde viven 686 personas. Será por las calles sin pavimentar o porque 3 de cada 10 carece de agua potable que las mediciones de pobreza la clasifican como una lugar de alta marginación.

Bernardo Fernández es taxista en Temixco y trae una publicidad del PRD pegado en el vidrio trasero de su auto. “Nos la pegaron obligatoriamente, si no, no nos dejaban trabajar”, dice, pero las candidatas ni siquiera se han acercado a su base para pedir apoyo o preguntarles sobre sus necesidades.

“No he visto a nadie. La propaganda que andan haciendo la hacen en las paredes, en las cartulinas, en las lonas, pero que los veamos personalmente no los he visto”, comenta Bernardo.

Temixco es un municipio de 108 mil habitantes,  el cuarto más poblada de Morelos, según el INEGI, pero solo 6 mil tienen estudios profesionales y 451 lograron un posgrado. Aunque no se informa la tasa de analfabetismo total, tan solo en colonias como Solidaridad, asciende a 16% de su población.

Las campañas políticas tienen una clara pelea en las calles. Son espectaculares, pancartas, bardas pintadas con las caras de los candidatos a alcaldías, diputaciones locales y federales. En las colonias hay propaganda cada cinco metros. Las combis, los autobuses y taxis recorren sus rutas con las calcomanías y publicidad de los aspirantes.

Para rematar, hay autos que recorren  las colonias “perifoneando”, es decir, colocan bocinas tan potentes como ensordecedoras que transmiten el mensaje de los candidatos o anuncian los actos de campaña en la zona. Recurren tanto a esta práctica que las unidades de diferentes partidos coinciden en las mismas calles.

Foto: Nayeli Roldán

Foto: Nayeli Roldán

Pero no todos pueden darse el lujo de pagar esas estrategias. Claudia Flores, de origen indígena, y candidata del Partido Encuentro Social por la diputación de Temixco, solo tiene volantes y algunas pancartas porque según la presidenta del PES, Maricela Jiménez, los recursos entregados al partido son mínimos y solo le tocaría cinco mil pesos “que no sirven para nada”.

La candidata del PRD, Merari Hernández, consiguió la candidatura en la última semana de campaña, luego de que revocaran la candidatura de Mariela Rojas, por incumplimiento de la ley electoral. Tampoco hace campaña.

“Buenas tardes. Le entrego esto de parte del candidato”, dice uno de los brigadistas. Es un tortillero y un volante con la imagen de César Cruz, candidato priísta a la diputación por el V distrito de Temixco. “¿Nomás esto van a dar?”, pregunta María Salgado tras el mostrador de su tienda de abarrotes. “Es que es por la fiscalización. No podemos rebasar los topes de campaña”, contesta el brigadista.

Mientras el candidato se integra al equipo y recorre una calle de la colonia Rubén Jaramillo, explica que la entrega de playeras “no sirve”, por eso su equipo escogió los tortilleros. “Cuando se estén echando una tortilla, que se acuerden de mí. Eso sí lo usan, está en la mesa”, dice.

Son detalles que Cruz conoce bien, no en vano ha participado en más de una veintena de campañas, ya sea como candidato u operador. Además ya fue diputado y alcalde de Temixco en 1994,  pero fue depuesto tras la muerte de personas que bebieron alcohol adulterado producido en el municipio .

También dice que recorrer las calles y saludar uno a uno es una buena estrategia, pero para Ángeles, vecina de la colonia no es así. En cuanto abre y le piden permiso para pegar una calcomanía en su portón negro responde con una tajante “No. Solo se presentan en estos momentos y después de olvidan de uno”.

En los dos encuentros vecinales siguientes, Cruz pide que el voto para él y sus compañeros de partido que buscan la alcaldía y diputación federal. Solo así, dice, “se pueden bajar los recursos para Temixco”.

Los morelenses tienen un comportamiento sui géneris. Sufragan de manera diferenciada, es decir, optan por diferentes personajes de diferentes partidos en una misma elección. “Votamos por las personas, no por los partidos”, dice Raymundo, un comerciante de la zona.

Cruz terminó el día de campaña con una caminata encabezada por el candidato a la alcaldía de Temixco, Andrés Huicochea. Mientras una mujer morena con playera tricolor hace sonar una matraca, al final del contingente, jóvenes tocan tambores y trompetas.

Reparten banderines con el logro priísta, mientras en el lugar del mitin ya los espera un grupo de música norteña. Algunos bailan y otros hacen fila para recibir un helado. ¿Son gratis? Pregunta una joven. Sí, es de los candidatos priístas, responde el hombre que los reparte.

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Qué es el “desvelo en venganza” que practican millones de jóvenes trabajadores en China

Para muchos trabajadores jóvenes chinos el tiempo libre es más importante que el sueño después de sus largas jornadas de trabajo, aunque saben que esto no es saludable. ¿Qué impulsa este comportamiento?
7 de diciembre, 2020
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Trabajadora en China

Getty Images
Muchos empleados en China trabajan el notorio “horario 996”: desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Emma Rao pasó casi tres años en el notorio “horario 996” en China: trabajando desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Rao, que es originaria de Nanjing, se mudó al centro financiero de Shanghái hace unos cinco años para trabajar para una compañía farmacéutica multinacional.

El trabajo rápidamente se apoderó de su vida.

“Estaba casi deprimida”, dice. “Me privaron de toda mi vida personal”.

Después de su turno, que a veces incluía horas extra, tenía una pequeña ventana para comer, ducharse e irse a la cama, pero sacrificó el sueño para ganar algo de tiempo personal.

A menudo, Rao navegaba por internet, leía las noticias y miraba videos en línea hasta bien pasada la medianoche.

Tiempo propio a costa de la salud

Rao estaba haciendo lo que los chinos han llamado “bàofùxìng áoyè”, o “procrastinación a la hora de dormir”.

La frase, que también podría traducirse como “la venganza de quedarse despierto hasta tarde”, se difundió rápidamente en Twitter en junio tras una publicación de la periodista Daphne K Lee.

Ella describió el fenómeno como cuando “las personas que no tienen mucho control sobre su vida diurna se niegan a dormir temprano para recuperar algo de libertad durante las horas de la noche”.

Su publicación claramente tocó un punto sensible.

Con más de 4.500 “Me gusta” en Twitter, Kenneth Kwok escribió: “Típico de 8 a 8 en la oficina, (para cuando) llego a casa después de la cena y me ducho son las 10 pm. Repite la misma rutina. Se necesitan unas pocas horas de ‘tiempo propio’ para sobrevivir”.

No está claro de dónde proviene este término.

La primera mención que encontré fue en un blog con fecha de noviembre de 2018, aunque sus orígenes probablemente sean anteriores a esto.

El autor de la publicación, un hombre de la provincia de Guangdong, escribió que durante la jornada laboral él “le pertenecía a otra persona” y que solo podía “encontrarse a sí mismo” cuando llegaba a casa y podía acostarse.

Esta venganza de postergar la hora de dormir es triste, escribió, porque su salud está sufriendo, pero también es “genial” porque ha obtenido un poco de libertad.

Es posible que la frase se haya popularizado en China, pero el fenómeno que describe probablemente está más extendido, con trabajadores agobiados en todo el mundo que posponen la hora de acostarse para reclamar un valioso tiempo personal, aunque saben que no es bueno para ellos.

Límites borrosos

Los expertos han advertido durante mucho tiempo que la falta de sueño es una epidemia mundial de salud pública a la que no se presta atención.

La Encuesta Global del Sueño de Phillips de 2019, que recibió más de 11.000 respuestas de 12 países, mostró que el 62% de los adultos en todo el mundo sienten que no duermen lo suficiente, con un promedio de 6,8 horas en una noche entre semana en comparación con la cantidad recomendada de ocho horas.

Las personas citaron varias razones de este déficit, incluido el estrés y su entorno para dormir, pero el 37% culpó a su agitado horario de trabajo o escuela.

En China, una encuesta nacional realizada en 2018 mostró que el 60% de las personas nacidas después de 1990 no dormían lo suficiente y que las que vivían en las ciudades más grandes eran las que más sufrían.

Las empresas tecnológicas que crearon la cultura 996 suelen tener su sede en las grandes ciudades y sus prácticas laborales han influido en otros sectores.

Un informe reciente de la emisora estatal CCTV y la Oficina Nacional de Estadísticas indicó que el empleado chino promedio solo pasaba 2,42 horas por día fuera del trabajo o dormido, 25 minutos menos que el año anterior.

Gu Bing, un directora creativa de 33 años de una agencia digital en Shanghái, a menudo trabaja hasta tarde y dice que rara vez se va a dormir antes de las 2 am.

“Aunque estoy cansada al día siguiente, no quiero dormir temprano”, señala.

A Gu le encantaba acostarse tarde cuando tenía 20 años, pero ha comenzado a pensar en adoptar hábitos de sueño más “normales”.

Sin embargo, sus amigos también suelen estar despiertos a mitad de la noche.

“Realmente necesito ese tiempo. Quiero estar sana pero ellos (sus empleadores) me han robado el tiempo. Quiero recuperar mi tiempo”.

Dejando a un lado las largas horas en la oficina, otra parte del problema es que los patrones de trabajo modernos significan que a las personas les resulta más difícil trazar límites entre el trabajo y el hogar, dice Ciara Kelly, profesora de psicología del trabajo de la Escuela de Administración de la Universidad de Sheffield.

Los correos electrónicos y la mensajería instantánea significan que los empleadores siempre pueden estar en contacto.

“Esto puede hacer que sintamos que estamos ‘siempre en el trabajo’, porque el trabajo puede llamarnos en cualquier momento”, dice.

Jimmy Mo, de 28 años, analista de una empresa de desarrollo de videojuegos en la metrópoli sureña de Guangzhou, ha descubierto que combinar su pasión por los videojuegos con el trabajo es una espada de doble filo.

“El trabajo también es mi hobby. Me encanta sacrificar mi tiempo libre por esto”, dice, y explica que debe jugar diferentes juegos después del trabajo, y también tomar clases en línea para mejorar sus habilidades profesionales.

También tiene pasatiempos como el yoga y el canto. Poder hacer todo significa que Mo no suele acostarse hasta las 2 am.

Sabe que esta falta de sueño puede exacerbar un trastorno de salud que tiene, y que dormir más podría hacerlo más saludable y feliz, pero dice que siente la presión de sus compañeros para hacer y lograr más.

Un círculo vicioso”

Aunque a la gente le puede molestar que el trabajo exprima su tiempo libre, reducir el sueño probablemente no sea la mejor “represalia”.

La falta de sueño, especialmente a largo plazo, puede provocar una serie de efectos nocivos, tanto mentales como físicos.

En el libro de Matthew Walker “Why We Sleep: Unlocking the Power of Sleep and Dreams”, el neurocientífico es contundente: “cuanto más breve es tu sueño, más corta es tu vida”.

Y la gente, en general, lo sabe: todos los entrevistados para este artículo sentían que sus patrones de sueño no eran saludables, pero aun así se quedaban despiertos hasta tarde en la noche.

La psicología puede explicar la razón por la que las personas optarían por aprovechar este tiempo libre incluso a expensas del sueño.

Una creciente evidencia apunta a la importancia del tiempo libre alejado de la presión laboral; la falta de separación puede provocar estrés, reducción del bienestar y agotamiento.

“Una de las partes más importantes de la recuperación del trabajo es el sueño. Sin embargo, el sueño se ve afectado por la forma como logramos separamos del trabajo”, dice Kelly, de la Universidad de Sheffield.

Es importante, explica, tener tiempo libre cuando podemos distanciarnos mentalmente del trabajo, lo que explicaría por qué las personas están dispuestas a sacrificar el sueño por el ocio después del trabajo.

“Las personas se quedan atrapadas en un círculo vicioso cuando no tienen tiempo para separarse de su trabajo antes de irse a dormir, y es probable que esto afecte negativamente a su sueño”, señala Kelly.

La verdadera solución, sugiere, es garantizar que las personas tengan tiempo para participar en actividades que proporcionen este desapego. Sin embargo, esto a menudo no es algo que los empleados puedan lograr por sí mismos.

Heejung Chung, sociólogo laboral de la Universidad de Kent y defensor de una mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, considera que la práctica de retrasar el sueño es culpa de los empleadores.

Abordar el problema beneficiaría a los trabajadores, pero también ayudaría a garantizar un “lugar de trabajo saludable y eficiente”, señala.

“En realidad, es una medida de productividad”, explica. “Necesitas ese tiempo para relajarte. Los trabajadores necesitan hacer otras cosas además del trabajo. Es un comportamiento arriesgado hacer solo una cosa”.

Trabajador en China

Getty Images
En algunos casos, el trabajo desde casa debido a la pandemia ha difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Mayor flexibilidad

Desde la pandemia, empresas de muchos países han implementado políticas de trabajo desde casa, lo cual ha significado una mayor flexibilidad en la vida laboral pero también, en algunos casos, difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Todavía no está claro cómo esto podría afectar el tipo de cultura laboral donde los empleados tienen que evitar el sueño para recuperar algo de tiempo libre.

Chung dice que un cambio genuino requiere un giro institucional en muchas empresas.

“Es difícil para las personas reaccionar (a su situación laboral)”, señala.

Pero aconseja a los empleados que hablen con sus colegas y se acerquen colectivamente a su jefe, con pruebas, si quieren pedir un cambio.

Sin embargo, esto podría no estar disponible en China.

De hecho, los informes sugieren que las empresas se están atrincherando aún más en lo que se se trata de horas extras mientras intentan recuperarse de las pérdidas causadas por covid-19.

Krista Pederson, consultora que trabaja con multinacionales y corporaciones chinas de Pekín, dice que ha observado esta tendencia.

Las empresas chinas consideran que su cultura laboral tiene ventajas frente a los mercados como Estados Unidos o Europa, donde la gente tiende a trabajar menos horas: “saben que tienen trabajadores dedicados que son despiadados y que harán lo que sea necesario para salir adelante, incluido trabajar todo el tiempo”, asegura.

Con una cultura laboral tan exigente, los empleados seguirán abordando el problema de una manera que les funcione.

A pesar trabajar sin descanso, Gu Bing ama su trabajo y acepta que le roben su tiempo libre.

“A veces, creo que la noche es perfecta, incluso hermosa”, señala. “Mis amigos y yo conversamos por la noche y a veces escribimos canciones juntos. Es tranquilo y calmado”.

Y existe la opción, para los afortunados, de conseguir otro trabajo, que es lo que hizo Emma Rao, cambiando finalmente su trabajo 996 por uno un poco menos exigente.

Sin embargo, Rao ha descubierto que es difícil deshacerse de los viejos hábitos.

“Es una venganza”, dice sobre su hora de acostarse tarde. “Para recuperar algo de tiempo para ti”.


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