¿Te molesta que tiren basura al piso? Comportamientos irritantes bien vistos en otros países
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¿Te molesta que tiren basura al piso? Comportamientos irritantes bien vistos en otros países

La mala educación es relativa: de acuerdo con el país en el que estés, los comportamientos de las personas varían y todo dependerá del sentido común.
Cuartoscuro
Por Isabel Garzo de Yorokobu
28 de junio, 2015
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Hay una regla que indica que, al utilizar las escaleras mecánicas, las personas que quieran detenerse deben ocupar el lado de la derecha para dejar libre el lado izquierdo para quienes prefieren subir o bajar andando. // Foto: Cuartoscuro.

Hay una regla que indica que, al utilizar las escaleras mecánicas, las personas que quieran detenerse deben ocupar el lado de la derecha para dejar libre el lado izquierdo para quienes prefieren subir o bajar andando. // Foto: Cuartoscuro.

En algunos países tienen unas normas de educación muy concretas que no se dan en casi ningún otro. Los visitantes deben aprenderlas antes de viajar para no desentonar. Por ejemplo, la costumbre de no entrar a una casa con zapatos (en Corea o en Finlandia) o de acabarse todo el plato de comida en México. Cada país tiene sus normas sobre los saludos: un beso, dos, tres, un apretón de manos… Y también con respecto al modo de usar las manos: mientras en muchos países musulmanes la mano izquierda se reserva para tareas impuras”, en los asiáticos es de buena educación dar los objetos con ambas manos.

Más allá de estas acciones puntuales tan específicas de cada país, para decidir si un comportamiento es de mal gusto o no hay que establecer límites. Y no es fácil escoger dónde está esa línea de partida. ¿Cuál es el civismo “estándar”? Aquí entra en juego el sentido común y el análisis de lo que resulta molesto para los demás, por lo que es algo muy subjetivo. Es muy distinto que una persona que no conozca las costumbres japonesas cometa el error de dejar una propina en un restaurante a que otra no ceda su asiento a una embarazada o un anciano. Algunas personas son conscientes de que su comportamiento resultará molesto para los demás, pero lo realizan escudándose en el anonimato (por ejemplo, alguien que es impertinente solo con desconocidos y nunca lo sería en su lugar de trabajo) o en un dudoso sentido de la rebeldía.

Muchos turistas consideran que los españoles son maleducados. Les sorprende que, en los bares, tiren las servilletas y los huesos de las alitas de pollo al suelo; que no dejen salir antes de entrar en el metro o que hablen demasiado alto. Pero, a su vez, esos españoles quizá se lleven las manos a la cabeza cuando en otros países vean comportamientos que, a su juicio, son más graves que el de tirar un hueso de aceituna al suelo.

Incluso dentro de nuestras fronteras, el mal gusto es relativo. La desaprobación o aceptación de un comportamiento está determinada por la educación recibida, por el ámbito en el que uno se mueva, por la tolerancia y por otros muchos factores. La gente tiene manías; a unos les molestan unas cosas más que a otros y son pocas las actitudes sobre cuya reprobación haya realmente un consenso.

A alguien puede no parecerle demasiado mal caminar lentamente junto a sus acompañantes tapando toda la acera e impidiendo el paso a personas que llevan más prisa. El autor de este artículo, por ejemplo, encuentra a los españoles malhablados y cree que tienen un problema con la basura en lugares públicos. La autora de este otro artículo dice que el civismo alemán no es tanto como lo pintan, sino que está motivado por muchas prohibiciones externas. Parece que algo parecido va a pasar en China, que amenaza con imponer multas a sus ciudadanos si son maleducados cuando hacen turismo.

Según un ranking realizado por el portal SkyScanner.es en 2012, los turistas tienen la sensación de que el país con los habitantes más maleducados es Francia, seguido de Rusia y Reino Unido. En la serie Borgen, que trata sobre los enredos de la política danesa, hay varias escenas en las que dos o más personas se dan información cargada de odio, pero lo hacen sin cambiar el gesto ni dejar de expresarse con calma y utilizando palabras cultas. Presenciar una conversación de esas características resultaría en España, cuanto menos, curioso.

¿Es el civismo estándar” el que se practica en los países nórdicos, por ejemplo; o quizá ellos son un ejemplo excesivamente virtuoso y sería más justo considerar a España una media adecuada?

En nuestro país hay, por ejemplo, muchos conductores desalmados que nunca ceden el paso y se pegan al coche que llevan delante para instarlo a que acelere. De hecho, según un estudio de este mismo año llevado a cabo por la Fundación Vinci Autopistas, los españoles están a la cabeza en lo que a falta de civismo al volante se refiere. Injuriar a otros, tocar el claxon o incluso bajarse del coche para discutir está a la orden del día. Sin embargo, si se conduce en hora punta en ciudades como El Cairo, se verá que lo que aquí se considera excesivo, allí es la norma. Así que todo depende de con qué se compare. En tu escala de personas maleducadas, ¿dónde colocas a la que clava su sombrilla en la playa a menos de un metro de la tuya, teniendo mucho espacio libre alrededor?

A malas contestaciones nos gana Grecia, según ese mismo estudio. ¿Podría estar relacionada la falta de civismo con el descontento social? Lo que parece claro es que lo está con la educación. Los países con mayor nivel de educación, encabezados por Canadá según un informe de 2013 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), hacen gala de un mayor grado de civismo.

El problema de esas normas de educación que debemos cumplir «por sentido común» es, precisamente, que no están escritas. Esas son las más difíciles para el extranjero o el despistado: no se perdonan tan fácilmente como las primeras. Un ejemplo de esto es la regla que dice que, al utilizar unas escaleras mecánicas, las personas que quieran detenerse deben ocupar el lado de la derecha para dejar libre el de la izquierda para las que prefieran subir o bajar andando. Cuando llevas prisa, te crispa toparte con alguien que se haya detenido en el lado izquierdo que obstruye el paso. Pero ¿tienes razón al molestarte? Muchas de las personas que lo hacen no son conscientes de estar haciendo algo malo. ¿No provocará alguno de tus comportamientos esa reacción en otros?

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El gobierno de Japón paga para que sus ciudadanos encuentren pareja (y se reproduzcan)

Los nacimientos en Japón han caído a su mínimo histórico y las autoridades quieren ayudar a los ciudadanos a encontrar pareja utilizando inteligencia artificial.
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8 de diciembre, 2020
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Japón planea impulsar su maltrecha tasa de natalidad financiando programas de inteligencia artificial que ayuden a sus ciudadanos a encontrar el amor.

A partir del próximo año subvencionará a las instituciones locales que ya están ejecutando o preparando proyectos que utilizan este tipo de tecnología para emparejar a las personas.

El número de bebés nacidos en Japón en el último año quedó por debajo de los 865.000, lo que supone un récord de caída de la natalidad.

Esta nación, crecientemente envejecida, está buscando formas de revertir una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo.

Impulsar el uso de la inteligencia artificial es uno de sus últimos intentos.

El gobierno planea asignar a las autoridades locales 2.000 millones de yenes (US$19 millones) para aumentar la tasa de natalidad, informó la agencia de noticias AFP.

Inteligencia artificial para encontrar pareja

Muchos ya ofrecen servicios de búsqueda de pareja, gestionados por personas, y algunos han introducido diversos sistemas de inteligencia artificial con la esperanza de que realicen un análisis más sofisticado de los formularios con los que los usuarios envían sus datos.

Algunos de los sistemas existentes se limitan a considerar criterios como los ingresos y la edad, y sólo facilitan un resultado positivo si hay una coincidencia exacta.

Pareja con hijos.

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Se prevé que la población de Japón disminuya del máximo de 128 millones que alcanzó en 2017 a menos de 53 millones a finales de siglo.

Los medios de comunicación locales informan de que la financiación tiene por objeto permitir a las autoridades habilitar sistemas avanzados, más caros, que tengan en cuenta factores como las aficiones y los valores personales.

“Estamos planeando especialmente ofrecer subsidios a los gobiernos locales que operan o impulsan proyectos de emparejamiento que utilizan la inteligencia artificial”, explicó un funcionario del gabinete a la AFP. “Esperamos que este apoyo ayude a revertir la disminución de la tasa de natalidad de la nación”, señaló.

El tiempo apremia: se prevé que la población de Japón disminuya desde las 128 millones de personas que alcanzó en 2017 (su máximo) a menos de 53 millones a finales de siglo.

Los mandatarios tratan de garantizar que la fuerza de trabajo contratada del país pueda hacer frente a los crecientes costos del Estado del bienestar.

Mujer japonesa con su hijo.

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Hay expertos que alertan de que sería mejor opción mejorar las condiciones laborales que gastar el dinero en tecnología.

Sachiko Horiguchi, antropóloga sociocultural de la Universidad del Templo de Japón, cree que hay mejores formas de que el gobierno aumente la tasa de natalidad que subvencionar la búsqueda de pareja con la IA, como ayudar a los jóvenes que ganan bajos salarios.

La investigadora señaló un reciente informe que sugiere un vínculo entre niveles bajos de ingresos y la pérdida de interés en las relaciones amorosas entre los jóvenes adultos japoneses.

“Si no están interesados en salir con alguien, las citas románticas probablemente sean ineficaces”, dijo Horiguchi a la BBC.

La presión sobre las mujeres

Mujer japonesa trabajando con su hijo.

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Japón se clasificó en el puesto 121 de 153 países en un informe sobre la igualdad de género realizado por el Foro Económico Mundial

“Si tenemos que confiar en la tecnología, podría ser más efectivo facilitar robots que se encarguen de las tareas domésticas o del cuidado de los niños”.

Los especialistas han señalado durante mucho tiempo la falta de apoyo a las madres trabajadoras en Japón, una sociedad que tradicionalmente ha esperado que las mujeres hagan todas las tareas domésticas, críen a los niños y, además, cumplan con su trabajo profesional.

El gobierno ha asegurado que quiere animar a más mujeres a trabajar a tiempo completo, pero la brecha de género ha aumentado en los últimos años.

Japón se clasificó en el puesto 121 de 153 países en un informe sobre la igualdad de género realizado por el Foro Económico Mundial en 2019, bajando 11 puestos respecto al año anterior.


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