Tixtla, la guerra de las cocacolas
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Tixtla, la guerra de las cocacolas

Además de enfrentamientos con supuestos simpatizantes del PRI, estudiantes y padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos no encontraron apoyo en Tixtla para llevar a cabo el boicot de la jornada electoral.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
8 de junio, 2015
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Simpatizantes del PRI en Tixtla realizaron una marcha "Por la paz"  y luego intentaron tomar el Ayuntamiento. Foto: Cuartoscuro

Simpatizantes del PRI en Tixtla realizaron una marcha “Por la paz” y luego intentaron tomar el Ayuntamiento. Foto: Cuartoscuro

La ciudad de Tixtla se encuentra a 15 kilómetros de Chilpancingo, la capital de Guerrero, avanzando por la carretera que va a Tlapa, y en ese trayecto, dos retenes policiacos –uno de la Estatal y otro de la Federal–, sirvieron durante la última semana para impedir que los alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, aledaña a Tixtla, trasladaran a la capital materiales que pudieran ser usados en una hipotética refriega, temida por las autoridades para este domingo, 7 de junio de 2015, día de elecciones.

Esta misma función de seguridad replicaba un tercer retén, de la Policía Federal, ubicado kilómetros después de pasar Tixtla.

Así, bloqueada por ambos flacos, nada que pudiera representar una amenaza a la jornada electoral salió de esta pequeña ciudad, vecina inmediata de la Normal Rural, tal como planearon las autoridades. Pero eso tuvo un efecto paralelo: Tixtla quedó también encapsulada, aislada, y su población –fracturada como está entre el apoyo y el repudio a los normalistas– quedó este domingo encerrada en una especie de ring sin réferi, “sin ley”, como dijo uno de sus habitantes.

Y así, sin ley, se desarrolló la jornada electoral en la que se renovó la gubernatura del estado, su congreso y 81 presidencias municipales.

Cocacolas I

El pasado sábado 6 de junio, es decir, un día antes del día de las votaciones, los alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa, acompañados por los padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos por fuerzas gubernamentales en Iguala –el 26 de septiembre de 2014–, marcharon desde su plantel hacia la ciudad de Tixtla, en una procesión que invitó a salir de sus casas a los habitantes de esta ciudad, en solidaridad con los estudiantes que, tal como se les recordó a través de bocinas, siempre han sido solidarios con esta comunidad.

En 2013, se remarcó durante la marcha, los normalistas de Ayotzinapa fueron los únicos que auxiliaron a la población de Tixtla, cuando las lluvias inundaron la localidad. “Y cada vez que alguien de Tixtla necesita sangre, ¿dónde buscan donadores? En la Normal de Ayotzinapa, y siempre encuentran apoyo”.

De Tixtla, además, provienen 14 de los 43 normalistas secuestrados y desaparecidos por la policía de Iguala, y por eso se les pide su respaldo.

Sin embargo, los pobladores de esta ciudad no marchan. Acaso asoman la cabeza a la puerta, para ver pasara los manifestantes, y como mayor signo de solidaridad, autorizan que en los muros de su casa sean adheridas pancartas con engrudo.

La marcha concluye en la plaza principal, y ahí se anuncia que para el día siguiente, 7 de junio, desde muy temprano iniciaría la confiscación de casillas y material electoral en Tixtla, en cumplimiento al boicot a las elecciones, anunciado desde el año pasado por la comunidad de Ayotzinapa, boicot determinado por una estrategia simple: si no hay justicia para los 43 normalistas, mediante su presentación con vida, tampoco podía haber elecciones.

Siguiendo este plan, en punto de las 7 de la mañana del 7 de junio, padres y normalistas se congregaron en el zócalo de Tixtla, donde se dividieron en dos brigadas que salieron en busca de las casillas y, una hora después, el material electoral de 20 puntos de votación ardió en la plaza, tanto boletas como urnas y mamparas.

En dos puntos de la ciudad, sin embargo, los pobladores se organizaron con antelación para defender sus casillas, argumentando no sólo que las acciones de los normalistas violaban su derecho a participar en un proceso de elección popular, sino que, además, los estudiantes de Ayotzinapa son ajenos a Tixtla, lo mismo que los “extranjeros” y los “fuereños” que los apoyan.

La casilla de la colonia Vicente Guerrero, ubicada justo a un costado de la carretera Chilpancingo-Tlapa, fue el punto donde finalmente las diferencias se desbordaron, ya que, al arribar una brigada de normalistas a decomisar el material electoral, se encontraron con que unos 50 vecinos ya estaban formados, en espera de que la casilla terminara de instalarse, para emitir su voto.

Ante la oposición a que esta casilla fuera desmantelada, la brigada de normalistas se retiró, a pesar de lo cual, poco después llegaron a la casilla varias decenas de habitantes de otras colonias –a los que los normalistas identificaron como militantes del PRI– con la intención de sumarse a un eventual enfrentamiento contra los alumnos de Ayotzinapa, aún cuando éste no fuese el punto donde les tocara sufragar.

Luego de unos minutos, al lugar llegó una camioneta cargada con palos, que fueron repartidos para enfrentar a los estudiantes.

Hacia las 9:30 horas, una brigada de normalistas intentó por segunda vez acercarse a la casilla, para decomisar el material electoral, y fue en este momento que el grupo que la cusodiaba emprendió contra ellos una lluvia de piedras y palos, en plena carretera, que sólo concluyó cuando la Policía Comunitaria de Tixtla cruzó una de sus patrullas en el punto de la refriega, para separar a los bandos.

Después de este enfrentamiento, los normalistas se retiraron a su plantel, pero en la casilla permanecieron sus custodios, quienes luego redirigieron su molestia contra la prensa, amenazando con golpear e incluso “linchar” a los reporteros y camarógrafos que estaban registrando los hechos, aún cuando estuvieran acreditados ante las autoridades electorales.

Uno de los tixtlecos ahí presentes, sin embargo, conservó la calma, e intentó explicar el origen de su enojo.

Los normalistas tienen fregado a Tixtla, porque piden justicia, pero nunca han llamado a cuentas a su comité estudiantil, que fue finalmente el que ordenó que los alumnos desaparecidos fueran a Iguala… Además, se la pasan ‘chingándose’ los camiones de Cocacola, y entonces nosotros, en Tixtla, tenemos que pagar las Cocas más caras de lo normal, 15 pesos por una Coca chica –cuatro pesos más que su costo comercial–, porque los dueños de las tiendas deben ir a otros municipios a comprarla y luego revenderla aquí… no se vale.”


Cocacolas II

Luego de que los estudiantes de Ayotzinapa se resguardaron en su plantel, tras el enfrentamiento en la casilla de la colonia Vicente Guerrero, el contingente que custodiaba dicho punto de votación se desplazó hacia el centro de Tixtla, a la plaza donde poco antes había sido incinerada la papelería electoral decomisada por los normalistas.

Ahí, la turba invadió el auditorio municipal, donde tiene su centro de operación la Policía Comunitaria de Tixtla, y desalojaron a golpes a todos los comunitarios –aún cuando es una policía integrada por decisión de la misma población de Tixtla–, al considerar que apoyaron a los normalistas en la trifulca previa.

Para reconocerse entre sí, a los integrantes de este contingente se les repartieron pequeñas etiquetas verdes.

Al ser consultados acerca del significado de la etiqueta adherida a sus solapas, este grupo aseguró, primero, que era una coincidencia que todos trajeran dicho distintivo, ya que su protesta era totalmente “espontánea”.

Luego, aseguraron que esas etiquetas venían adheridas en sus prendas, porque existe un puesto de ropa en el mercado, que les pone dicha marca a sus prendas.

Nuevamente, al insistirse en la inverosimilitud de dicha explicación, terminaron por reconocer que dichas estampas les fueron repartidas por sus líderes.

Tras el desalojo de los comunitarios, el grupo de choque se retiró, y custodiando el auditorio invadido quedó sólo un grupo de mujeres y personas mayores, que llegaron en su relevo.

Este grupo de mujeres y personas mayores –al que además se sumaron otros tixtlecos que vieron reflejada en dicha protesta su misma inconformidad con el boicot a las elecciones– no mostró la misma postura agresiva de quienes habían tomado el auditorio, lo que hizo posible consultar su opinión sobre la situación del municipio.

–Es que por su culpa están bien caras las cocas –explica una señora, ofendida.

–¿Cuánto cuestan las Cocacolas aquí? –se le pregunta.

–¡Pues casi 15 pesos! –responde– Porque los estudiantes están agarrando los carros que vienen a surtir comestibles al pueblo, ya nadie viene. Subió la leche, subió todo…

–Las cocas subieron a 15 pesos, ¿y la leche?

La señora duda, y da una respuesta elusiva.

–Pues… a veces hay y a veces no hay, (tampoco hay) tanques de gas… habían de ir a la Normal para que vieran qué infinidad de carros (de transporte de mercancía) tienen… y así todavía piden que el pueblo los apoye, pero el pueblo no puede apoyar eso…

–¿Desde cuándo está la situación de las cocas?

–Desde hace ocho meses…

–El comentario de las Cocas ya me lo habían hecho antes en el día, ¿en serio es tan grave que las cocas hayan subido?

–¡Pues sí! –se apresta a responder otra señora.

Y luego, un hombre más, intenta explicar la ofuscación de Tixtla por la escasez de Cocacola, y su consiguiente aumento de precio.

–La gente que no tiene recursos –afirma– toma lo que puede: Coca, café, Yoli, porque aquí hay mucha pobreza en Tixtla…

–¿A usted también le ofende eso de las cocas?

–Pues claro que sí –afirma–: soy padre de familia.

Este grupo de personas mayores, finalmente, también se retiró del lugar, hacia las 15:00 horas, luego de que un representante del gobierno estatal acordara con ellos la entrega del centro de operación de la Policía Comunitaria.

Mientras tanto, del otro lado de la plaza de Tixtla, un centenar de vecinos que apoyan a la Comunitaria, y a los normalistas de Ayotzinapa, celebró la disolución del grupo rival, entonando el himno chileno “Venceremos”.

Luego también ellos se fueron, y en la plaza sólo quedó la ceniza humeante de las boletas electorales.

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Donald Trump y su esposa Melania dan positivo a COVID-19

El presidente estadounidense y su mujer se encuentran en cuarentena tras dar positivo por coronavirus. Todavía no se sabe cómo afectará este contagio al próximo debate presidencial, programado para el 15 de octubre.
2 de octubre, 2020
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Donald Trump y su esposa Melania dieron positivo por covid-19, así lo anunció el presidente de Estados Unidos en la madrugada de este viernes, poco después de que se conociera que una de sus ayudantes más cercanas resultó contagiada.

Apenas unas horas antes de conocerse la noticia se supo que Hope Hicks, de 31 años y una de las asistentes de mayor confianza del mandatario, contrajo el nuevo coronavirus.

Ambos viajaron juntos el martes en el avión presidencial rumbo al primer debate presidencial realizado en la ciudad de Cleveland (estado de Ohio) frente al candidato demócrata Joe Biden.

El presidente, que tiene 74 años y por tanto pertenece al grupo de alto riesgo, anunció la noticia en su cuenta de Twitter.

Según el examen físico más reciente de Trump pesaba a principios de este año110,7 kg. Esto se considera obeso para su altura de 1,9 metros.

Cuarentena

“Comenzaremos nuestro proceso de cuarentena y recuperación de inmediato. ¡Lo superaremos juntos!”, escribió en su red social.

Todavía no está claro cómo afectará este contagio a la organización del segundo debate presidencial, programado para el 15 de octubre en Miami, Florida.

El médico de Trump, Sean Conley, emitió un comunicado en el que dijo que el presidente y la primera dama “están bien en este momento” y “planean quedarse en la Casa Blanca durante su convalecencia”.

Trump casi nunca usa mascarilla y, a menudo, no mantiene el distanciamiento social con sus ayudantes u otras personas durante los compromisos oficiales.

Estados Unidos acumula ya 208.000 fallecidos por coronavirus, la cifra más alta de muertes en el mundo.

Trump y Bolsonaro

EPA
Trump y Bolsonaro son dos de los mandatarios mundiales contagiados con coronavirus.

El presidente de Estados Unidos se suma a la lista de mandatarios que se vieron contagiados en los últimos meses, como el de Brasil, Jair Bolsonaro, y el de Reino Unido, Boris Johnson.

Minimizar la pandemia

Durante meses Trump dio a entender públicamente que la gripe común es más peligrosa que la covid-19 y se mostró escéptico sobre la gravedad de la enfermedad.

“No podemos dejar que el remedio sea peor que el problema”, tuiteó Trump el 23 de marzo, al cuestionar el cierre de la economía por la pandemia y las medidas de distanciamiento social.

“Va a desaparecer. Un día, como un milagro, desaparecerá“, dijo también sobre el virus.

Sin embargo, antes de que el coronavirus llegara al país, el presidente de Estados Unidos ya sabía que era más letal que la gripe, pero según le dijo al periodista Bob Woodward quería minimizarlo para evitar el pánico.

Woodward, quien destapó el escándalo de Watergate y es uno de los periodistas más respetados de EE.UU., entrevistó a Trump 18 veces entre diciembre y julio.

La cuestión ahora es cómo afectará la convalecencia de Trump a la campaña electoral.


¿Cuán trascendental es esto?

Análisis de Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC para Norteamérica

Una semana después de que Donald Trump les dijera a los estadounidenses que no se preocuparan por la covid-19 porque “prácticamente no afecta a nadie”, excepto a los ancianos y a las personas con afecciones cardíacas, el propio presidente dio positivo por el virus.

Es difícil decir exactamente cuán trascendental es esto a tan solo 32 días de las elecciones estadounidenses, sobre todo ahora que el mandatario tuvo que ponerse en cuarentena para recibir tratamiento.

Los mítines de campaña están cancelados y en dos semanas debería celebrarse el próximo debate presidencial.

El habitual mensaje del presidente, de que la nación está “dando la vuelta” a la pandemia, se ha visto socavado por su propia enfermedad.

Hace solo dos días, durante el primer debate, Trump menospreció al oponente demócrata Joe Biden por usar con frecuencia mascarillas y no dar mítines de campaña del mismo tamaño que los suyos.

Ahora, la Casa Blanca y la campaña tendrán que responder por qué el presidente adoptó una actitud aparentemente tan arrogante, y cuántos altos cargos en la Casa Blanca pueden haberse vistos expuestos.


Hicks

Getty Images
Hicks es señalada de ser una de las asistentes de mayor confianza de Trump.

Hicks

Según el portal informativo Bloomberg, Hicks ya experimenta síntomas del coronavirus y fue puesta en cuarentena desde el viaje de regreso de Minnesota.

La funcionaria era la última reciente persona de la Casa Blanca en contagiarse. La secretaria de prensa del vicepresidente Mike Pence, Katie Miller, dio positivo en mayo.

El consejero de seguridad Robert O’Brien, varios agentes del Servicio Secreto, un piloto del helicóptero presidencial y un trabajador de la cafetería de la Casa Blanca también dieron positivo en los últimos meses.

Ahora también el matrimonio presidencial.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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