120 segundos en la celda de Joaquín 'el Chapo' Guzmán
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120 segundos en la celda de Joaquín 'el Chapo' Guzmán

El corresponsal de BBC Mundo en México visitó la cárcel del Altiplano, de la cual el líder del Cártel de Sinaloa se fugó el sábado. Esto fue lo que vio.
Por BBCMundo
16 de julio, 2015
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‘El Chapo’ pasó 504 días en esta celda.

Ciento veinte segundos dentro de la celda de la que se fugó Joaquín “El Chapo” Guzmán alcanzan para hacer que la historia de su escape sea un poco más inverosímil.

¿Cómo nadie escuchó nada? ¿Cómo nadie vio nada?

Dicen que el tiempo dentro de una prisión transcurre de forma lenta.

Ciento veinte segundos en el puñado de metros cuadrados en los que uno de los mayores criminales del mundo pasó 504 días son suficientes para que decenas de pensamientos se crucen por la cabeza.

Alcanzan también para abonar las sospechas de que de ahí se sale con cómplices dentro, o no se sale, y para sembrar más dudas sobre lo ocurrido el sábado por la noche.

Forma de L

La celda 20, de la cual se fugó el líder del cartel de Sinaloa, queda al final de un pasillo.

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Para llegar a la celda en la que se alojaba ‘el Chapo’ hay que pasar dos rejas.

Diminuta, fría, inhóspita.

Tiene forma de L. Se ingresa tras una gruesa puerta de metal. Se entra después de atravesar una segunda reja.

Para alcanzarla previamente hay que abrir 18 rejas. Todas son grises, gruesas y frías; algunas electrónicas, otras de llave.

Casi en todas hay que enseñar la identificación a un policía. En varias, ese proceso incluye mirar a una cámara colgada del techo durante tres segundos y colocar la credencial a la derecha de la cara y a la altura del mentón.

El penal de máxima seguridad de El Altiplano, ubicado a unos 90 kilómetros al oeste de Ciudad de México, es un laberinto sin vida.

Recién después de caminar un rato se ven algunas señales. Tres pelotas debajo de una escalera, una mujer que acomoda unos platos de comida en un carrito. Son las 7 de la tarde y a esa hora cenan los presos.

Aparecen los primeros prisioneros: rapados o al menos con poco pelo, no como el hombre que apareció en las grabaciones de la celda 20 el sábado. Y pálidos, tanto que el beige claro de sus uniformes tiene más intensidad que sus rostros.

Algún grito ininteligible resuena por los pasillos.

La salida del ‘Chapo’

La cárcel marea. Los pasillos idénticos, las rejas iguales. Parece no haber salida.

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Las autoridades del penal daban dos minutos a cada reportero para entrar.

A “El Chapo” le cayó una del cielo diez metros bajo tierra, milagros del “Señor de los Túneles”.

Por el que se escapó medía un kilómetro y medio de largo. En su celda se ve el comienzo, pero es tan profundo y oscuro que en realidad no se ve nada.

Un agujero en la zona de la ducha por el cual se metió poco antes de las 9 de la noche del sábado 11 de julio.

Más de un centenar de periodistas a lo largo de este miércoles —un día de horas y horas de espera, lluvia y barro fuera del penal— enfocaron sus ojos hacia el agujero del que más se ha hablado en todo el mundo en los últimos días.

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En este almacén acababa el túnel por el que escapó ‘el Chapo’.

Las autoridades de la cárcel daban dos minutos a cada reportero para entrar, ver y recordar.

Ciento veinte segundos que para algunos allí podrían acercarse a lo eterno, para otros apenas daban para suspirar.

La celda

La cámara de seguridad estaba en el ángulo superior izquierdo de la celda.

Debajo, un colchón beige sobre una cama que no debía superar el metro y medio de largo.

Frente a ella, una banqueta de cemento, una mesa de cemento, un estante de cemento. Pura grisura, con excepción de tres ganchos (rojo, amarillo y azul) en lo alto de esa pared.

Una ventana rectangular deja colar unos rayos de sol cansados; un foco rectangular en una de las paredes regala una luz enrejada y violenta.

Junto a la cama, un lavabo, luego una letrina, y pegado a ella la regadera.

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El gobierno de México puso en marcha un amplio dispositivo de búsqueda del ‘Chapo’.

Allí no llegaba la cámara de vigilancia.Dos muros de unos 120 centímetros de alto protegían la intimidad de Guzmán Loera.

Por allí desapareció el hombre al que ahora buscan miles y miles de efectivos.

A un kilómetro y medio de la cárcel más segura de México, y a más de 10 metros bajo tierra, terminaba el túnel, en una casa a medio construir, que la BBC no pudo visitar.

Se había hecho tarde, el sol había caído y había llovido tanto que el túnel corría riesgo de colapsar.

La obra de ingeniería de los cómplices de “El Chapo”, fugado por la ducha, no era inmune al agua.

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Getty Images

El punto débil del COVID que encontró una científica mexicana (y cómo puede servir para neutralizarlo)

La física mexicana Mónica Olvera de la Cruz detectó con su equipo de científicos que el nuevo coronavirus tiene un componente que puede ser bloqueado para evitar su transmisión al cuerpo humano.
Getty Images
18 de agosto, 2020
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Como especialista en física enfocada en la ciencia de los materiales, la doctora mexicana Mónica Olvera trabajaba en sus propios desarrollos tecnológicos hasta que la pandemia de COVID-19 cambió las cosas.

Un familiar suyo enfermó de gravedad en México, lo cual llevó a la científica a enfocar sus estudios en entender cómo el virus SARS-CoV-2 interactúa con el cuerpo humano a un nivel físico-biológico.

“Yo no tenía nada qué ver con medicina. Yo soy científica en ciencia de materiales. Pero a la hora de ver este problema tan fuerte, entramos en acción”, dice a BBC Mundo la especialista.

Su equipo en la Universidad Northwestern (Estados Unidos) analizó las diferencias entre el coronavirus que causó la epidemia SARS de 2003 y el causante de la enfermedad COVID-19.

Y encontró un punto débil con el que se le puede atacar.

“Estamos bloqueando el virus”, señala al explicar cómo su experimento a nivel molecular ha reducido de manera inicial en 30% la conexión del patógeno con los receptores humanos.

Una ilustración del SARS-CoV-2 atacando una célula

Getty Images
Las espigas (amarillas) del coronavirus se conectan a las células AC2 (en turquesa) del cuerpo. Si se impidiera eso, se neutralizaría.

“Antes de entrar el virus (en el cuerpo), sí podemos atacarlo para que ya no tenga tanta energía de atracción, que no sea capaz de infectar. Y si entra, que esté bloqueado el sitio”, explica la científica.

“Es otra manera de curar. Esto no son anticuerpos , los cuales tienen el problema de que pueden hacer resistente al virus. Hay muchos casos en los que los virus se vuelven resistentes a los anticuerpos”, añade.

En tres meses Olvera espera diseñar un polímero -un compuesto químico- que triplique la efectividad del bloqueo y que esto se convierta en una forma de proteger al cuerpo de un virus tan contagioso como el SARS-CoV-2.

¿Cuál fue el hallazgo?

El SARS-CoV-2 ingresa al cuerpo a través de sus proteínas S, que hacen contacto con la enzima convertidora de angiotensina (AC2) de las células humanas.

Las células AC2 también están presentes en el corazón, en el estómago, en el riñón, “por eso cuando uno se infecta (con el virus SARS-CoV-2, este) puede dañarlos”, explica Olvera.

Gráfico de cómo se reproduce el coronavirus en el cuerpo

BBC

Así que en su estudio, hecho en colaboración con el doctor Baofu Qiao, detectó que el SARS-CoV-2 tiene conexiones con cargas positivas en la proteína espiga (o spike) de su corona que pueden ser bloqueadas.

“La energía de atracción entre ese grupo que está en la spike y las células epiteliales era más débil en el primer coronavirus que en el SARS-CoV-2″, explica Olvera.

“Nos dimos cuenta de que si mutábamos los que no estaban en el de 2003, la atracción con el receptor bajaba. Nada más lo mutamos y bajó muchísimo su atracción“, añade.

El trabajo de bloqueo se dio en uno de los tres grupos de la proteína espiga, lo que redujo en un 30% la capacidad del virus para conectarse con el receptor, en este caso las células del cuerpo.

A diferencia de otras investigaciones, Olvera y Qiao detectaron un sitio con carga positiva, llamado sitio de escisión polibásico, a 10 nanómetros (algo sorprendentemente “lejano” de la base, en términos de esas mediciones) en la proteína espiga.

https://www.youtube.com/watch?v=Zh_SVHJGVHw&t=5s

Así que si se obtiene un polímero que bloquee los tres grupos, como lo están investigando, el resultado podría triplicarse y hacer que el nuevo coronavirus tuviera muy poca oportunidad de atacar al organismo.

“Yo quiero diseñar uno que ataque a todos. Es muy complicado, es un diseño difícil. Pero la idea es crear una protección bajo un diseño que funcione y quede probado en un laboratorio”, señala la científica.

¿Cómo puede adoptarse en la medicina?

El proceso de crear un polímero que actúe contra las espigas del SARS-CoV-2 puede tomar de dos a tres meses.

Una vez creado, habría que elegir un medio de administración. Olvera considera que podría funcionar a través de un aerosol, con las ventajas que eso tiene.

“Los virus son tremendos. Pueden usar las cápsidas de otros virus y el ARN, duplicarse y mutar”, advierte.

Y es que las vacunas en las que trabajan a contrarreloj varios países y organizaciones enfrentan el problema de que los anticuerpos que generen puedan ser inefectivos ante mutaciones del SARS-CoV-2.

“Nosotros queremos crear algo que no sea biológico, que no cree resistencia. Evitar que el virus encuentre otras maneras de salir adelante. Creemos que puede ser una manera de debilitar el virus, diferente a lo que se está haciendo”, añade.

Si las mutaciones mantuvieran los mismos grupos polibásicos para atraer células receptoras del cuerpo, el remedio seguiría funcionando.

El trabajo desde diferentes ángulos de la ciencia, como la física en el caso de Olvera, puede aportar soluciones a un problema que afecta a toda la humanidad.

“Se está haciendo un esfuerzo enorme. Todos estamos de alguna manera relacionados con esto, es un problema mundial y qué mejor que todos los científicos estén trabajando en esto”, dice la científica mexicana.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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