El lado prohibicionista de Uruguay, el primer país que legalizó la marihuana
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El lado prohibicionista de Uruguay, el primer país que legalizó la marihuana

El país que legalizó la marihuana, el aborto y el matrimonio gay discute aumentar las restricciones a la venta y consumo de alcohol y limita el uso de sal en bares o restaurantes.
Por BBCMundo
29 de julio, 2015
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Un vendedor de una tienda en Uruguay muestra un cartel sobre la ley que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas entre la medianoche y las 06:00 horas.

Matías Sosa debe hacer cumplir una la ley que prohíbe a comercios como el suyo vender de bebidas alcohólicas en horas de la noche. El gobierno uruguayo quiere ampliar la veda.

Matías Sosa es cajero nocturno en la tienda de conveniencia de una gasolinera de Montevideo, pero a medianoche se convierte de pronto en una suerte de celador de la venta de vino, cerveza o whisky.

A las 00:00 horas de cada día entra a regir en Uruguay una ley que prohíbe a comercios como ese vender hasta las 06:00 de la mañana siguiente bebidas alcohólicas para llevar y Sosa, de 30 años, tiene que hacerla cumplir frente a clientes sedientos.

“Me choca un poco tener que explicarle (la ley) una por una a las personas que vienen, pero está perfecto”, dice a BBC Mundo. “Hay un poco más de orden; estaba un poco descontrolada la cosa”.

Cuenta que los clientes de su tienda del barrio de clase media-alta de Parque Rodó le reprochan que en este mismo país se legalizó la marihuana, una droga que se espera que pronto se venda al público en farmacias.

“Con el tema de la marihuana, están constantemente preguntando: ‘¿Ah, no me vendés alcohol, pero en cualquier momento vas a empezar a vender marihuana acá?’”, relata.

Presidente uruguayo, Tabaré Vázquez

Tabaré Vázquez: el presidente uruguayo anunció acciones “muy fuertes” contra el alcoholismo, como las que promovió sobre el tabaco en su primer gobierno.

Es posible que en pocos meses esa rutina de prohibición y quejas comience más temprano para él: el gobierno anunció un proyecto de ley para extender la veda de venta de alcohol desde las 22:00 horas de cada día hasta las 08:00 horas del siguiente.

La iniciativa —que excluiría a bares, restaurantes y clubes nocturnos— se inscribe en una batalla anunciada por el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, contra el consumo de alcohol.

En este país de 3,3 millones de habitantes que en los últimos años sorprendió con sus leyes liberales y permisivas sobre cannabis, aborto o matrimonio gay, también hay normas restrictivas sobre el alcohol, la sal o los disfraces de carnaval.

“Tolerancia cero”

Al asumir la Presidencia uruguaya en marzo sucediendo a José Mujica, el oncólogo Vázquez prometió acciones “muy fuertes” contra el alcoholismo, similares a las que impulsó contra el tabaco en su primer gobierno (2005-2010).

Por iniciativa suya, Uruguay se convirtió en 2006 en el segundo país de América Latina —y sexto del mundo— que prohibía fumar en espacios públicos cerrados, un año después que Cuba.

En 2009 obligó a cubrir 80% de los paquetes de cigarrillos con avisos anti-tabaquismo: “Si no dejas de fumar por vos, déjalo por los que te necesitan”, dice por ejemplo uno de ellos, sobre la imagen de un niño triste recostado contra una tumba.

Cartel de prohibición de consumo de tabaco en Montevideo.

En la década pasada, Uruguay se colocó a la vanguardia en políticas contra el consumo de tabaco.

También prohibió imprimir en las cajas de cigarrillos palabras como “light”, “mentolado” o “gold”.

Uruguay se colocó así en la vanguardia mundial en este tipo de políticas, que según el gobierno permitieron reducir el consumo de tabaco y las enfermedades asociadas al mismo.

Pero fue demandado por la mayor empresa internacional de cigarrillos, Philip Morris, que sostiene que las restricciones “van más allá” que en otros países y violan un tratado de inversión.

Ya en su segunda presidencia, Vázquez envió en mayo al Parlamento un proyecto de ley para impedir que los conductores de vehículos beban una cantidad mínima de alcohol, bajando del actual 0,3 a 0,0 los gramos de alcohol permitidos por litro de sangre.

El argumento para eso fue que existe evidencia de que el consumo de alcohol, incluso en cantidades pequeñas, aumenta el riesgo de accidentes de tránsito.

Pero legisladores de oposición notaron que esta medida, inspirada en normas de Brasil y otras naciones, se aplicaría en un país que legalizó el mercado de marihuana, por lo que también han propuesto “tolerancia cero” en el consumo de esa hierba para los conductores.

Manifestación por la liberalización de la marihuana en Uruguay

Uruguay legalizó la marihuana, el aborto y el matrimonio gay, pero discute normas más restrictivas para el consumo de alcohol.

Juan Andrés Roballo, prosecretario de la Presidencia uruguaya, dice que las medidas sobre el alcohol están saliendo de una comisión que Vázquez creó con representantes políticos y sociales, y niega que tengan “un espíritu prohibicionista o de guerra a las drogas”.

“El consumo social de un vaso de whisky, vino (…) o lo que sea no está prohibido”, señala Roballo a BBC Mundo. “Lo que sí está prohibido es juntarlo con otras actividades, como por ejemplo conducir”.

“Combinación original”

Iniciativas como las del alcohol están lejos de ser una novedad en Uruguay, donde según cifras oficiales hay 260 mil personas afectadas por el uso problemático de la bebida.

El gobierno de Mujica, que como Vázquez pertenece a la coalición de izquierda Frente Amplio, propuso un proyecto de ley para prohibir en discotecas, pubs y bares las “canillas libres” (consumo ilimitado de alcohol tras pagar una entrada) o los happy hours (dos tragos por uno).

Pero ese proyecto naufragó en el parlamento, mientras avanzaban los que hicieron de Uruguay el primer país del mundo en tener un mercado legal de marihuana o el segundo de la región que permitió el aborto casi sin restricciones, después de Cuba.

Roballo sostuvo que estas medidas y las iniciativas sobre el alcohol tienen en común un afán de “regulación” por parte del Estado, aunque algunos las ven como una mezcla atípica.

Advertencia sobre el consumo de sal en el menú de un restaurante de Montevideo.

Los bares y restaurantes de Montevideo tienen prohibido colocar saleros en las mesas sin que los clientes los pidan, y sus menús deben exhibir advertencias como ésta.

“Es una combinación por lo menos original entre aquellas leyes, normas o disposiciones del arsenal más liberal por un lado, y por otro lado estas regulaciones muy fuertes”, sostiene el historiador uruguayo José Rilla.

Uruguay cultivó una tradición liberal desde comienzos del siglo XX, cuando consagró el Estado laico y aprobó leyes pioneras en la región sobre temas sociales como el divorcio por sola voluntad de la mujer o el voto femenino.

Pero Rilla advierte que en esa época también surgió “un Estado sanitarista que distingue y discrimina bien qué es lo sano y lo enfermo, lo bueno y lo malo, dónde hay que poner a los locos y los enfermos, cómo hay que tratarlos y qué es la vida sana”.

Y señala que la evolución más reciente de esto coincide con una tendencia más global y con el mandato de un presidente como Vázquez, “que basa una parte de sus fortalezas y prestigios en la opinión pública en su condición de médico”.

Pero tampoco se trata de un reflejo exclusivo de la presidencia.

Montevideo, la capital que alberga 40% de la población uruguaya, prohibió el año pasado a los restaurantes, bares y otros locales de venta de comida colocar en sus mesas sal o potes mayonesa sin que los clientes los pidan, para salvaguardar su salud.

Un uruguayo protesta porque le prohibieron comprar alcohol en una tienda.

Agustín Rovira no pudo comprar la cerveza que fue a buscar, aunque su reloj marca que faltaban dos minutos para la veda de medianoche.

También existen restricciones por motivos de seguridad.

Por ejemplo, para el carnaval de este año la Policía indicó que estaban prohibidos los “trajes o enseñas que satiricen ideas religiosas, políticas, filosóficas o étnicas”, así como “el juego con agua” y “la quema de cohetes”.

Aunque los uruguayos suelen aceptar con calma estas limitaciones, algunos dejan entrever su molestia.

Uno de ellos es Agustín Rovira, un estudiante de contabilidad de 27 años que fue el viernes a comprar una cerveza a la tienda donde trabaja Sosa y le avisaron que había comenzado la veda, aunque según su reloj aun faltaban dos minutos para la medianoche.

“Nos hacemos los liberales, los que jugamos al primer mundo liberalizando la marihuana y todo eso, y después nos ponen restricciones como a niños chicos con el alcohol, que supuestamente siempre fue legal”, dijo y se marchó con las manos vacías.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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