Escape al sur: gays, lesbianas y trans de Centroamérica se refugian en Costa Rica
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Manu Ureste

Escape al sur: gays, lesbianas y trans de Centroamérica se refugian en Costa Rica

Solo en Honduras, desde el golpe de Estado de 2009, se han registrado al menos 120 asesinatos motivados por la orientación sexual o el activismo de personas LGBT. Eso sin contar que estos son solo los casos registrados por la prensa y las ONG, pues en dicho país no existe la tipificación de crimen de odio.
Manu Ureste
Por Diego Pérez Damasco
4 de julio, 2015
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Un migrante centroamericano lee un cartel de ACNUR en el albergue de Arriaga, Chiapas, en el que se le informa que tiene derecho a solicitar la condición de refugiado. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Un migrante centroamericano lee un cartel de ACNUR en el albergue de Arriaga, Chiapas, en el que se le informa que tiene derecho a solicitar la condición de refugiado. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Diego Pérez Damasco (1992) es periodista costarricense. Es uno de los 16 integrantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, iniciativa inédita para impulsar el periodismo regional y destacar nuevos talentos.

Alex Morazán dejó su tierra natal en Honduras del 31 de enero de 2013 e inició un recorrido en autobús de dos días hacia lo incierto en el sur. Su destino era Costa Rica, y su objetivo preservar su vida, ante las múltiples amenazas que vivía en su país por el simple hecho de ser un hombre gay.

Cuando tomó la decisión de hacer su viaje no sabía nada sobre la condición de refugiado ni sobre los procesos migratorios y engorrosos trámites por los que tendría que atravesar. Es más, ni siquiera sabía cómo se las arreglaría para subsistir. Con solamente $10 en su bolsillo llegó a San José el 1 de febrero de ese mismo año, dinero que tendría que rendirle para recomenzar desde cero.

“Ya no es como antes, que pensaba todo el mundo que vienen a Costa Rica por el ‘Pura Vida’ o para hacer dinero. Eso no existe para nosotros los que venimos en refugio. Venimos en refugio para tener una oportunidad para vivir, eso es lo único, no estamos pidiendo más al país. Salvar nuestra vida, es todo”, afirmó Morazá.

Al igual que él, decenas de hondureños, principalmente, pero también otros centroamericanos del triángulo norte de la región (que incorpora además de Honduras a El Salvador y Guatemala) se han visto forzados a dejar sus países sin ninguna garantía, pues la violencia homofóbica, lesbofóbica y transfóbica está enraizada no solo en sus sociedades, sino también en las fueras policiales y militares, políticas y jurídicas que deberían defenderles.

Así lo aseguran voceros de la organización centroamericana Casabierta, una ONG que está levantando la voz con respecto a esta situación. Para denunciar lo que sucede, la organización presentó al Gobierno de Costa Rica un informe llamado “Libro Blanco”, en el cual se hace un recuento de la situación de violencia hacia la población de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) de la región.

Solo en Honduras, desde el golpe de Estado de 2009, se han registrado al menos 120 asesinatos motivados por la orientación sexual o el activismo de personas LGBT. Eso sin contar que estos son solo los casos registrados por la prensa y las ONG, pues en dicho país no existe la tipificación de crimen de odio.

“Las estadísticas son bajísimas en todos esos países, comparadas con la realidad, por el hecho de no estar tipificadas en los códigos penales. También hay casos de violencia que no son denunciados, porque muchas veces el hacerlo pone en peligro tu vida, la propia Policía podría asesinarte”, señaló Zoilamérica Ortega, integrante de la organización.

No existen datos oficiales sobre la cantidad de personas que han solicitado el estatus de refugiados en Costa Rica por orientación sexual, pues la Dirección General de Migración y Extranjería, al igual que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) consideran estos datos como sensibles, y los manejas con suma confidencialidad.

Sin embargo, una aproximación extraoficial proporcionada por fuentes cercanas al trámite de los casos sugiere que al menos 60 solicitudes se están tramitando actualmente en Costa Rica, de las cuales la gran mayoría corresponden a ciudadanos hondureños.

LOS PRIMEROS CASOS

Dennis Castillo, activista de Casabierta, es también uno de los primeros refugiados que Costa Rica reconoció en función de su orientación sexual. En Honduras, su vida se vio amenazada por el activismo que realizaba en favor de sus derechos.

En 2013, junto con otros dos activistas de ese país, se convirtieron en la primera vez en que las autoridades costarricenses otorgaban el estatus de refugiado a personas perseguidas por su orientación sexual.

En su momento, Vanessa Leandro, oficial del Acnur en Costa Rica dijo que esta resolución se dio gracias a la incorporación de la causal de género en marzo de 2010 en los estatutos nacionales para conceder asilo.

Pocos días después de esto, se concedió a tres activistas de la diversidad sexual de Nigeria, y después de ellos el Acnur y Migración dejaron de dar información sobre el trámite de los casos de refugiados. No obstante, la actual viceministra de Gobernación -entidad a la que está adscrita la Dirección General de Migración y Extranjería-, Carmen Muñoz, reconoce que en todo 2014 no se otorgó ni una sola condición de refugiado a ninguna persona, sin importar la causal de su solicitud, lo cual preocupa a los activistas en esta materia.

LAS AUTORIDADES TICAS

Muñoz ingresó al gobierno el año pasado, nombrada por el presidente de la República, Luis Guillermo Solís, quien venció las elecciones de 2014 con la promesa de campaña de otorgar igualdad de derechos a las personas LGBT.

La actual viceministra fue conocida por su paso como diputada en la Asamblea Legislativa por ser la primera congresista abiertamente lesbiana, e impulsar los proyectos de ley de uniones gay, por lo cual este es un tema en el que está ampliamente sensibilizada.

Muñoz aseguró que conoce de estos casos de refugio por orientación sexual de centroamericanos, y que entiende que Costa Rica se ha convertido en un punto de destino para este tipo de población.

“Hay alrededor de unos siete casos pendientes de resolución y sí ya tenemos personas reconocidas con la condición de refugiadas por orientación sexual, pero no solamente por eso, sino porque en razón de eso son perseguidos, son violentados, amenazados”, indicó la viceministra.

La jerarca definió esto como un “nuevo perfil de refugiados”, el cual el país debe comprometerse en atender. Por ello, aseguró que se han realizado campañas de sensibilización con la Comisión de Refugio y los jueces del Tribunal Administrativo Migratorio, que resuelve en segunda instancia las peticiones.

A pesar de ello, Muñoz reconoció que aunque Costa Rica se presenta como un país garante de los derechos humanos, en ninguna nación del mundo, los refugiados van a encontrar todas las condiciones que requieren, por tratarse de individuos especialmente vulnerables.

“El refugiado en general se convierte prácticamente en un costarricense más, en cuanto a derechos (…) Yo podría pensar que igual que tenemos algunas debilidades para reconocer derechos patrimoniales y personales de personas no heterosexuales en general, pues esta población que viene de esos países tendrá también limitaciones en ese sentido. Sin embargo, sí puedo decir que el país garantiza la integridad física y la protección de estos ciudadanos, además es una obligación”, expresó la viceministra.

La organización Casabierta, que está trabajando con este nuevo perfil de refugiados, envió en enero representantes a una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Washington DC, Estados Unidos, en la cual los comisionados se mostraron sorprendidos no solo por el nivel de violencia discriminatoria, sino también por el hecho de que las migraciones se estuvieran dando hacia al sur, y dentro de la misma región a un país centroamericano como Costa Rica.

Ortega, de Casabierta, quien además es de origen nicaragüense, afirma que a Costa Rica le corresponde asumir una gran responsabilidad en la recepción de refugiados, para la cual tal vez no esté al 100% preparada -al fin y al cabo, también es un país pobre.

Sin embargo, cree que la mayor responsabilidad debe recaer sobre los estados del norte de Centroamérica, que deben sentir la presión internacional para solucionar la violencia profunda que está haciendo que sus ciudadanos LGBT escapen en búsqueda de refugio hacia un sur supuestamente más pacífico.

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"Fui abusada sexualmente por un chamán en un retiro de ayahuasca en Perú"

Los poderes psicodélicos de la ayahuasca cada vez atraen a más turistas en Perú. Pero este entorno a veces tiene un lado negativo: el de mujeres que, según contaron, sufrieron abusos por parte de los curanderos.
16 de enero, 2020
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Los poderes psicodélicos de la ayahuasca, una planta medicinal milenaria tradicional de los pueblos amazónicos, cada vez atraen a más turistas. Dicen que aporta iluminación espiritual y que puede ayudar a combatir la adicción, la depresión o el trauma. Pero varias acusaciones sugieren que este entorno tiene un lado oscuro.

Advertencia: este artículo contiene detalles sobre abusos sexuales

Rebekah probó por primera vez la ayahuasca “por puro capricho”, viajando por Perú en 2015.

“Me pareció que sonaba interesante y pensé en probarla”, dice Rebekah, una veinteañera de Nueva Zelanda que pidió a la BBC ocultar su nombre real para este reportaje.

“Encontré un retiro que me pareció que era bueno. Fui allá y fue increíble“.

La ayahuasca puede inducir visiones de cosas como serpientes, palacios y alienígenas, y hacer reaparecer recuerdos olvidados con el paso del tiempo. Como muchos que han probado el brebaje, Rebekah cuenta la experiencia con la mirada distante y los ojos muy abiertos.

“Fue como ser guiada con mucha suavidad y amabilidad a través de experiencias muy terribles de mi pasado“, dice. “Y al volver a casa después de eso, sentí que mis relaciones eran mucho más fuertes. Sentí que era mucho más fácil compartir y recibir amor”.

“Dicen que la ayahuasca es como hacer 20 años de psicoterapia. Y creo totalmente en eso”.

La ayahuasca suele tomarse en ceremonias durante la noche, que son lideradas por un curandero, a veces llamado chamán. Él (o ella) bebe el líquido marrón viscoso, una pócima que resulta de la mezcla de dos plantas amazónicas, y después reparte raciones entre los participantes.

Las tribus de la Amazonía llevan haciéndolo por siglos, pero ahora hay un boom en el llamado “turismo de ayahuasca”, con nuevos retiros cada vez más especializados.

Los turistas a menudo viajan en busca de ayuda para tratar problemas mentales, pues cada vez más estudios científicos sugieren que la ayahuasca podría ser un tratamiento efectivo.

Aproximadamente a la media hora de la ceremonia, la medicina comienza a hacer efecto y el chamán empieza a entonar cánticos sagrados, conocidos como ícaros, que guían a los participantes a través de sus visiones.

Por lo general, los bebedores de ayahuasca sufren una “purga” durante la ceremonia, con vómitos y, a veces, diarrea.

Cuando Rebekah fue a su primer retiro de ayahuasca, era la única mujer soltera y se percató de que el chamán le prestaba especial atención.

Ceremonia de ayahuasca en Tarapoto, Perú

JAIME RAZURI/Getty Images
El chamán es el encargado de repartir el brebaje y dar las directrices para su consumo, como en esta ceremonia en Tarapoto, Perú.

“Me trataba de manera muy diferente, lo cual no encontré sospechoso en ese momento. Pero ahora sí me lo parece”.

Un año más tarde, Rebekah volvió al mimo retiro en Perú. El mismo chamán seguía liderando las ceremonias.

De nuevo, dice ella, la trató de manera distinta al resto. Le hacía muchos halagos y un día empezó a hacerle confidencias.

“Me decía constantemente que él había tenido muchos problemas”, cuenta ella, “y que estaba teniendo problemas con su mujer, que ya no se sentía sexualmente satisfecho y que yo era la única que podía curarle“.

Rebekah tenía entonces 20 años; el curandero, más de 50.

“También me prometió mucho progreso y poder espiritual si teníamos una relación mientras su esposa no estaba”.

Rebekah dice que el chamán abusó sexualmente de ella, obligándola a realizar actos sexuales.

“Es repugnante”, dice ella. “Como él era un chamán, pensé que tenía superioridad moral. Confiaba en él”.

Tras sufrir los abusos, Rebekah se fue del retiro y del país: “Compré un billete de avión y me largué de allá”.

Se quedó con un laberinto de emociones dolorosas: “Aversión, repulsión, traicióny también confusión, y la pregunta de por qué un guía espiritual haría tal cosa, por qué se aprovecharía de su poder de aquella forma”.

El presunto abusador de Rebekah sigue siendo el chamán que lidera este retiro, que tiene calificaciones de cinco estrellas en sitios de reseñas en línea.

“Todavía sigue allí”, dice Rebekah, claramente enojada por la situación. Sus manos se agitan temblorosas. “Hay otros centros que sé que siguen operativos. Ha habido muchas mujeres que han sufrido abusos sexuales en esos centros“.

Las experiencias de abuso sexual parecen haberse extendido en este mundo de la ayahuasca. Hemos escuchado numerosas acusaciones contra curanderos y leído muchos testimonios sobre abuso sexual en foros de internet.

Un nombre que se repite constantemente es el de Guillermo Arévalo, un conocido curandero que fue homenajeado por el Congreso de Perú por su trabajo sobre el desarrollo sostenible.

“Vino muchas veces a Canadá”, dice sobre él una mujer de unos 40 años a quien llamaremos Anna.

“Las grandes ceremonias eran muy lucrativas. Se llenaban rápido. La gente pagaba US$230 para venir y sentarse con Guillermo. Era una especie de estatus, un honor, sentarse en una ceremonia con él“.

Ceremonia de ayahuasca en La Calera, Colombia.

EITAN ABRAMOVICH/Getty Images
La ayahuasca o yagé es un brebaje marrón y viscoso. Se consume en otras partes de Latinoamérica, como Brasil, Ecuador, Argentina o Uruguay. Esta imagen fue tomada en La Calera, Colombia.

Anna, quien estuvo por mucho tiempo interesada en la medicina alternativa, esperaba que la ayahuasca pudiera ayudarle a lidiar con su adicción a la heroína.

Al principio, se sintió impresionada por Arévalo.

“Como mucha gente, me quedé asombrada con la presencia de ese hombre y su poder y habilidad para liderar la ceremonia, los cánticos… Es muy profundo”, dice ella. “Es un buen curandero”.

Pero una ceremonia hace siete años hizo que Anna cambiara drásticamente de opinión.

“Estaba completamente a oscuras, la habitación no tenía ventanas y había mucha gente”.

“Yo estaba bajo los efectos de la medicina. Cuando estás bajo esos efectos, percibes muchos sonidos diferentes. La gente llora, verbaliza cosas que no tienen sentido, están purgándose o gimiendo”.

“Incluso si me hubiera sentido capaz de decir algo, nadie habría respondido“.

Ceremonia de ayahuasca

Getty Images
En las ceremonias de ayahuasca a veces se usan velas.

Anna lo estaba pasando mal. Recuerda que se acostó, quejándose y gimiendo. “Guillermo vino y se sentó conmigo, y al principio sentí alivio porque pensé que iba a ayudarme“, dice ella.

“Comenzó a cantarme y puso sus manos sobre mi estómago, sobre mi ropa, lo cual es normal. Y después bajó sus manos por mis piernas. Y entonces vino esa sensación helada. Me tumbé ahí, asustada, y entonces puso sus manos en mi camisa y me palpó los pechos”.

Recuerda que pensó: “¡¿Qué demonios fue eso?!’ Una sensación de incredulidad y confusión”.

Anna necesitó seis años para poder hablar sobre lo sucedido.

Las mujeres estamos condicionadas a aceptar este comportamiento. En mi caso, con mi historial de adicción —y de haber tenido y tolerado relaciones abusivas con hombres— y de abusos sexuales en mi infancia, hay una sensación de familiaridad, de normalidad”.

“Y también esa extraña relación de codependencia: la medicina me estaba ayudando, así que no quería hablar porque temía ser excluida de la comunidad y dejar de recibir la medicina ”.

¿Cuáles son los riesgos y beneficios de la ayahuasca?

Pese a que estudios científicos preliminares sugieren que la ayahuasca podría tener beneficios terapéuticos, contiene DMT, una sustancia ilegal en países como Reino Unido que tiene riesgos potenciales.

Un estudio de 2015 reveló que seis voluntarios con depresión mostraron un descenso en los síntomas tras tomarla. Otro estudio dos años más tarde indicó que podría ser un tratamiento prometedor para trastornos alimenticios. Los psicólogos también especularon que podría ayudar a quienes tienen trastorno de estrés postraumático (TEPT).

La Oficina de Asuntos Exteriores y la Commonwealth advierte que algunas personas han sufrido “graves enfermedades y, en algunos casos, la muerte” tras participar en ceremonias de ayahuasca. Señala que los retiros suelen estar alejados de áreas pobladas, y que algunos tienen instalaciones médicas básicas, pero otros no.

Casi al mismo tiempo, un grupo que se hace llamar Ayahuasca Community Awareness Canada (que podría traducirse como conciencia comunitaria del ayahuasca en Canadá) —y que incluye a algunos experimentados académicos— firmaron una carta sobre el comportamiento de Arévalo que circuló en el entorno de la ayahuasca.

Los autores de la carta dijeron que actuaron por el número de quejas sobre el sanador, citando reportes de comportamiento sexual inapropiado o no consensuado.

Cuando más firmantes pusieron su nombre en la carta en 2015 y se hizo pública, Arévalo dejó de visitar Canadá para liderar ceremonias de ayahuasca.

Al investigarlo vimos que estuvo activo en todo el mundo en los años transcurridos desde entonces y que ahora está basado en un retiro en el centro de Perú. Lo visitamos.

El lugar solía llamarse Anaconda, pero cuando vamos allí recibe a su primer grupo de extranjeros bajo un nuevo nombre, Bena Shinan.

Los participantes deambulan en un comedor detrás de nosotros, cuando le mencionamos a Arévalo, un hombre de 71 años con cabello de plata y dientes de oro, las acusaciones de abuso sexual.

Guillermo Arévalo

Getty Images
Guillermo Arévalo en 2004.

“No acepto las acusaciones porque no son ciertas”, dice con firmeza. “Porque a veces la gente simplemente se imagina esas cosas”.

Él dice que oyó hablar sobre la carta firmada por miembros de la comunidad canadiense de ayahuasca, pero que nunca la leyó.

“No me interesa porque las acusaciones no son ciertas”, dice él. “No me molesta porque no creo que una acusación vaya a matarme”.

Las denuncias contra él, dice, son “las imaginaciones de personas que no están bien”.

“Cuando tocas a alguien que ha sufrido abusos o violaciones, piensan que eres igual. Eso es lo que pasa. Así es como yo lo interpreto”.

Cuando le mostramos la acusación específica que le hace Anna, él responde que no recuerda haber tocado jamás a una paciente durante una ceremonia en Canadá, y dice que ella se lo debe haber imaginado también.

"No acepto las acusaciones porque no son ciertas; a veces la gente simplemente se imagina esas cosas", Source: Guillermo Arévalo, Source description: chamán de ayahuasca , Image: Guillermo Arévalo

“¿Qué más va a hacer él que mentir y negarlo?”, responde Anna. “De lo contrario, tendría que dar un paso hacia adelante y asumir la responsabilidad de la forma en que actuó”.

¿Y qué hay de su afirmación de que ella se imaginó el abuso?

“A mí me suena a gaslighting , la verdad”, dice ella.

Aunque Arévalo niega haber abusado sexualmente de nadie, sí que admite que algunos curanderos que trabajan para él tuvieron sexo con “personas enfermas”.

Él dice que ya no trabaja con esos curanderos, pero que en algunos casos fueron los pacientes quienes iniciaron las relaciones.

“Las mujeres occidentales también vienen en busca de curanderos”, afirma.

Ayahuasca a la venta en el mercado de Belén Market en Iquitos, Perú.

BBC
Ayahuasca a la venta en el mercado de Belén Market en Iquitos, Perú.

La experiencia de Anna con la ayahuasca y el abuso no acaba con Guillermo Arévalo. A pesar de sus experiencias con él, no quiso renunciar a los beneficios que recibió del brebaje, y siguió tomándolo bajo las directrices de otros curanderos.

Ella cuenta que en 2014 fue violadae n ceremonias de ayahuasca en Perú por un chamán que es miembro del círculo familiar de Arévalo.

Dice que, de nuevo, “se congeló” y “dejé que me hiciera lo que quisiera”.

Creo que me violó probablemente unas cuatro o cinco veces, y me di cuenta de que se lo estaba haciendo a otra gente”.

Después, Anna dice que se quedó en shock. No recuerda mucho sobre ese periodo de su vida.

“Comencé a desarrollar síntomas de psicosis y terminé en una recaída, volviéndome adicta al fentalino y con una sobredosis que casi me mata”.

“Creo que me culpé a mí misma durante mucho tiempo: por qué no pude decir que no, por qué no me pude mover, por qué le dejé que me hiciera esas cosas”.

Hemos hablado con otra participante que estuvo en el mismo retiro que Anna y que dice que el chamán fue destituido del centro por las acusaciones de otros pacientes. No lo nombramos porque, a pesar de nuestros esfuerzos, no pudimos comunicarnos con él para darle la oportunidad de responder a las alegaciones.

Emily Sinclair, una estudiante británica de doctorado que investiga la ayahuasca, forma parte de un grupo que trata de concientizar sobre el problema de los abusos sexuales en ese mundo.

Trabaja con Chacruna Institute, una organización que comparte investigaciones sobre plantas medicinales y psicodélicas.

Sinclair escribió una Guía de la Comunidad de Ayahuasca para la Concientización sobre el Abuso Sexual.

Puedes leerlo aquí (en inglés)

Esa guía señala escenarios típicos en los que ocurren los abusos. También anima a la gente a que consuma la ayahuasca con personas de confianza y a que investigue los retiros y compruebe las reseñas en internet antes de visitarlos.

Sinclair ha estado distribuyendo pequeños folletos en cafés, oficinas de turismo y retiros de ayahuasca en Iquitos, Perú, conocido por ser el eje del turismo de ayahuasca.

Emily Sinclair

Emily Sinclair
Emily Sinclair es antropóloga y estudia la globalización de la ayahuasca y sus impactos.

“Gran parte de los abusos ocurren en el contexto de curas individuales, en donde a una mujer se le pide que se quite la ropa innecesariamente”, dice ella. “En este contexto extraño, ella ya no sabe qué es normal y qué no”.

Sinclair dice que no se trata solo de curanderos indígenas que abusan de occidentales. “El abuso ocurre entre distintas culturas y dentro de ellas”, asegura.

“Pero uno de los grandes problemas es que mucha gente que viene aquí romantiza a los chamanes. Los colocamos en un pedestal. Y es muy fácil aprovecharse de esa imagen“.

“También hay presunciones que algunas personas aquí tienen sobre las mujeres occidentales y sobre su cultura”.

Sinclair ve algunas señales de alarma en la experiencia de Rebekah.

“Si él te toca demasiado, te cuenta que a su esposa no le importa que se acueste con otras, te anima a hacer un pacto de silencio, te dice que quiere enseñarte ‘la magia del amor’ y que si ustedes dos tienen sexo aumentará su poder y energía… todas esas son cosas que les cuentan a las mujeres en este contexto”.

Aquellos afectados por abuso sexual tienen dificultades para hablar sobre ello abiertamente.

Además, existe una fuerte sensación dentro del mundo de la ayahuasca de que cualquier tipo de publicidad negativa podría resultar en la intervención del gobierno, lo cual crea una presión adicional para permanecer en silencio.

Pero Rebrekah y Anna están alzando la voz porque esperan evitar que otras mujeres sean abusadas.

“Creo que lo único que podemos hacer es contarlo y hablar sobre ello”, dice Rebekah, “asegurarnos de que la gente sabe lo que está pasando”.

Rebekah dice que tras ser abusada tuvo “mucha tristeza y mucha terapia”.

Le ha costado confiar de nuevo en un curandero, pero ahora está de vuelta en Perú. Volvió a tomar ayahuasca y está trabajando en una tesis para su máster sobre medicina indígena.

“A pesar de todo lo que pasó, obviamente la ayahuasca es genial, por eso sigo volviendo a ella”.


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