La hermandad secreta londinense que acoge a hombres solitarios hasta la muerte
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Tomada de Wikipedia.

La hermandad secreta londinense que acoge a hombres solitarios hasta la muerte

Una sociedad creada por un millonario traficante de armas da cobijo a hombres solitarios y necesitados. Conoce la historia de esta hermandad.
Tomada de Wikipedia.
Por Tom Hodgkinson de BBC Mundo
26 de julio, 2015
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Thomas Sutton dejó el equivalente a 300 millones de dólares para atender a hombres necesitados. // Foto: Tomada de Wikipedia.

Thomas Sutton dejó el equivalente a 300 millones de dólares para atender a hombres necesitados. // Foto: Tomada de Wikipedia.

Hace 400 años un multimillonario traficante de armas y prestamista llamado Thomas Sutton estaba en la última etapa de su vida.

Como parte de su legado decidió convertir su maravilloso hogar londinense, un monasterio fundado en 1371, en un hospicio y escuela.

Decretó que 80 hombres necesitados deberían ser atendidos allí, y para ello dejó una fortuna equivalente a unos US$300 millones de hoy.

El lugar recibió el nombre de Hospital Sutton en Charterhouse.

Este lugar, que incluye un patio medieval, una capilla, un claustro y jardines se encuentra escondido detrás de una puerta cualquiera a pocos metros del mercado de Smithfield, en el corazón del Londres más atareado.

Aunque el lugar es de propiedad privada, está abierto al público para visitas. Pero incluso los londinenses que llevan mucho tiempo en la ciudad no lo conocen.

Si bien la escuela cerró en 1872, la residencia todavía existe y a día de hoy unos 40 hombres llaman a Charterhouse su hogar.

Para poder formar parte de los elegidos es necesario tener más de 60 años de edad, ser profesionales, no estar casados, tener buena salud y estar necesitados de apoyo económico y compañía.

De chaqueta y corbata

Recientemente pasé un día allí. El ambiente era parecido al de un monasterio pero con un aire académico y sus habitantes transmitían una sensación de agradecimiento por haber encontrado un lugar así en el que jubilarse.

Tal como me dijo Duncan Ellison, ex profesor de 71 años: “Soñaba con este tipo de vida y es algo extraordinario que al final haya sucedido”.

El antiguo cura Brooke Kingsmill-Lunn, de 83 años, dijo: “La estructura de este lugar confiere ritmo al día… Uno de los problemas más comunes que he visto como cura ha sido la soledad. Aquí no es un problema”.

El día comienza a las 8 con una oración voluntaria en la capilla. El desayuno se sirve a las 8:30 y después hay tiempo libre.

Se puede ir de paseo, ordenar el cuarto, ver al doctor o estar tiempo en los jardines.

La comida se sirve a las 13 horas, es necesario llevar chaqueta y la mayoría de los allí presentes usan incluso corbata.

Tras agradecer a Sutton por la comida se sirvió una pasta y apple crumble. Algunos de los “hermanos” acompañaron el almuerzo con media pinta de cerveza.

El ambiente era distendido y animado.

Vive y deja morir

Cuando pregunté si alguno trabajaba, me dijeron que uno de ellos lo había hecho recientemente. “No va contra las reglas, nadie puede impedir que trabajes“, me dijo uno de los hombres.

Por lo visto la única y más clara regla es: debes llevarte bien con la gente.

Así que pregunté: ¿”Es la regla aquí ‘vive y deja vivir’?

Más bien “vive y deja morir”, me respondieron.

Y, de hecho, la actitud hacia la muerte que reina en el lugar es bastante alegre.

Me dijeron que a uno de los pasillos donde se alojaban los hermanos que llevan más tiempo allí le llamaban “el corredor de la muerte”, y escuché cómo se referían a Charterhouse como “una sala de espera”, mientras que a la enfermería se le dice la “sala de partida”.

Como me comentó Dudley Green, uno de los “hermanos”: “Cuando uno de nosotros muere lo echamos de menos. Pero es bueno saber además que han sido bien cuidados”.

Después del almuerzo hay más tiempo libre.

Uno grupo estaba tomando clases de canto. Dos de los hermanos vinieron tras tomarse una cerveza en el bar, mientras que otros se pusieron a escribir cartas o se echaron una siesta.

“Paraíso terrenal”

En compañía del hermano Phil Stewart paseé por los hermosos jardines rodeado de estupendas flores y todo tipo de plantas.

Se podía escuchar el tráfico de la ciudad, pero todo parecía quedar muy lejos.

Encontré la felicidad aquí. Es el paraíso terrenal“, afirma Stewart, de 68 años, un estadounidense que trabajó como profesor de piano en Chicago.

La oración de la tarde es a las 17:30, seguida de la cena, que es un buffet informal, a las 18:30.

Después los hermanos fueron a conciertos, al bar, miraron televisión o jugaron a las cartas.

En los próximos años Charterhouse podría incluso estar más concurrida: planean abrir un museo con la historia del lugar y se habilitará espacio para 10 hermanos más.

Aun así seguirá siendo probablemente uno de los espacio más tranquilos del centro de Londres.

Si mi mujer me deja y mi negocio se va al garete, ya sé dónde ir.

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Hotel Saratoga: el esplendor y la decadencia del edificio de La Habana que sufrió una explosión este viernes

El edificio destruido este viernes por una explosión recuperó su estatus de hotel de referencia en la ciudad tras un siglo y medio de altibajos.
7 de mayo, 2022
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Además de pérdidas humanas, la explosión ocurrida este viernes en pleno corazón de La Habana hizo saltar por los aires un pequeño pedazo de historia de la capital cubana.

Específicamente 143 años de historia, los que han transcurrido desde la construcción en 1879 del edificio de corte neoclásico y suntuosas curvas que alberga al hotel Saratoga.

Este viernes, al menos 22 personas murieron y decenas resultaron heridas tras una fuerte explosión que causó grandes daños al hotel, uno de los más caros y exclusivos de la capital de Cuba.

De acuerdo con el gobierno de Cuba, “investigaciones preliminares indican que la explosión la provocó un escape de gas”.

El origen de este singular edificio hay que buscarlo en la segunda mitad del siglo XIX, aún bajo dominio colonial español. Corrían tiempos de fiebre arquitectónica en La Habana, cuya ciudad amurallada se quedaba pequeña para una metrópoli en plena expansión.

“Las murallas se demolieron en 1863 y todos esos terrenos se vendieron a grandes empresas, por eso los edificios tienen una escala y un plano urbano diferente a La Habana colonial, a La Habana intramural”, explica a BBC Mundo Ruslan Muñoz, profesor de Historia de la Arquitectura de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE).

Hotel Saratoga

Getty Images
El hotel tal y como lucía antes de la explosión.

No nació como un hotel

En la nueva zona, emplazada en el contorno del tradicional barrio de La Habana Vieja, explica, “se asentaron muchos teatros y hoteles fundamentalmente”.

Pero el Saratoga no era uno de ellos. De hecho, el edificio original ni siquiera tenía ese nombre.

“No surgió como un hotel. Inicialmente tenía tres niveles: su planta baja tenía función comercial y en sus pisos superiores (tenía) habitaciones que se alquilaban”.

“Quizás por ahí le viene su vocación de hotel. Pero no se inaugura como hotel hasta 1933 y asume el nombre de Saratoga”, afirma.

La idea de transformar este edificio comercial y residencial en un hotel de lujo fue propiciada por el nuevo y flamante entorno de la zona: justo enfrente, a tan solo unas decenas de metros, en 1929 se erigió el imponente y emblemático Capitolio de La Habana.

Vista al Capitolio desde el Saratoga.

Getty Images

Hogar de familias

Tras décadas de esplendor como uno de los hoteles de referencia de la próspera Habana de mediados del siglo XX, esta edificación vino cambiar su destino junto con el del resto del país con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959.

“En los años 60 y 70, el edificio perdió su condición de hotel, se quedó en estado ruinoso y se convirtió en casas de vecindad después de que varias familias lo ocuparan”, indica el profesor.

Fue otro suceso histórico, la caída del bloque socialista liderado por la URSS en 1991, el que contribuyó a la resurrección del Saratoga años después.

La gravísima crisis económica propiciada por la ausencia de su socio y valedor soviético, conocida como el Período Especial, llevó al gobierno cubano a abrir sus puertas al turismo en las dos décadas posteriores.

Así, en 2005, el hotel fue restaurado y remodelado para volver a alojar clientes en sus 96 habitaciones y suites.

“El Ministerio de Turismo ocupó el inmueble, las familias fueron realojadas y se sometió a un proyecto nuevo de ampliación a cargo del arquitecto Orestes del Castillo del Prado”, explica Muñoz.

Más alto y con vistas inigualables

El Saratoga, ya con seis plantas tras la ampliación, recuperó gran parte de su esplendor.

“Se convirtió en uno de los hoteles más importantes de ese sector de la ciudad porque tiene una ubicación privilegiada, en una zona muy céntrica y con vistas espectaculares” al Capitolio y, un poco más lejos, al Gran Teatro de La Habana.

Salas de negocios, bar con piscina en la azotea y un spa, entre otros servicios, situaron al hotel entre los de más alta categoría en la ciudad.

Entre sus huéspedes más notorios de esta última época destacan los cantantes Beyoncé, Jay Z y Madonna, así como el guitarrista Jimmy Page.

Tras cerrar sus puertas por la pandemia de COVID-19, se llevaron a cabo trabajos de remodelación y planeaba volver a recibir huéspedes en breve.

Hotel Saratoga

Getty Images
Las vistas al Capitolio han sido uno de los mayores atractivos del hotel.
Hotel Saratoga

Getty Images
El Saratoga recuperó su elegancia clásica tras la última renovación.

En cuanto a su valor arquitectónico, destruido en gran parte por la explosión de este viernes, el profesor de la CUJAE considera que “no es una gran joya, pero tiene su elegancia”.

“El edificio en sí no es que haya resaltado mucho por sus valores arquitectónicos, realmente tiene más su valor artístico en su valor ambiental, ya que mantuvo una imagen homogénea en estilo y arquitectura con los edificios vecinos”, asegura.


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