Las políticas contra la pobreza en México: 20 años de combate fallido
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Las políticas contra la pobreza en México: 20 años de combate fallido

Desde 1990 a la fecha, el gasto para el desarrollo se ha triplicado, sin embargo el porcentaje de población pobre ha descendido menos de dos puntos porcentuales. Uno de cada cuatro municipios mexicanos presentan rezagos a niveles como los del África Subsahariana.
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Por Majo Siscar .
9 de julio, 2015
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La escasez abunda en el campo mexicano. Tres de cada 10 campesinos no ganan lo suficiente para comer. // Foto: Cuartoscuro.

La escasez abunda en el campo mexicano. Tres de cada 10 campesinos no ganan lo suficiente para comer. // Foto: Cuartoscuro.

En casa de Érika y Jorge, en la sierra norte de Puebla, no hay lavadora, ni refrigerador, ni excusado y sobran las dificultades. Su hija de cinco años, Jenny, no sube de peso y reprueba cada revisión médica de crecimiento. La más pequeña, de siete meses, consume en pañales y fórmula láctea la mitad del salario semanal de Jorge. Daniel, de tres años, consume otra caja de pañales cada veinte días. Las dos vacas lecheras que tenían, con las que completaban sus ingresos, se enfermaron y tuvieron que venderlas para carne. Comprar una cuesta cerca de 30 mil pesos. Jorge gana 600 a la semana como jornalero agrícola. Y la próxima cosecha de su milpa todavía queda lejos.

Este joven pareja vive en Ixtacamaxtitlán, municipio poblano donde los cerros son tan altos que el rocío se confunde con la niebla durante la mayor parte del año. En Ixtacamaxtitlán, como Érika y Jorge, 8 de cada 10 pobladores son pobres, 2.5 viven en pobreza extrema y 98% presenta alguna carencia, según define el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

La escasez abunda en el campo mexicano, en ese que se labra con yunta y machete y que no entiende de exportaciones. Tres de cada 10 campesinos no ganan lo suficiente para comer. Más del doble que la población que sufre esa carencia en las zonas urbanas.

El primer programa específico para combatir la pobreza en el país lo creó Carlos Salinas de Gortari. Solidaridad se estrenó en 1988, cuando todavía existía el muro de Berlín y Érika y Jorge no eran siquiera un espermatozoide buscando un óvulo.

Solidaridad pretendía llevar infraestructura a los lugares más aislados, impulsar el desarrollo regional, promover la producción y hacer transferencias en efectivo a partir de la “participación social comunitaria”, es decir, con comités que repartían los recursos del gobierno federal según las necesidades que determinaba en asamblea la comunidad y que se destinaban a la producción.

“Las asambleas comunitarias elegían cuál era la prioridad y le ponían trabajo, recursos… pero el problema es que se politizó pronto”, matiza Gonzalo Hernández, secretario ejecutivo del Coneval. El otro problema de Solidaridad es que nunca se evaluaron sus resultados.

Y si los hubo, se desdibujaron con el drástico aumento de la pobreza por la crisis de 1994. El llamado “error de diciembre”, que provocó una de las más graves devaluaciones del peso. Solo entre diciembre de 1994 y noviembre de 1995, un dólar pasó de cotizarse de 5.3 pesos a 10, provocando la fuga masiva de capitales. El Producto Interno Bruto cayó en más del 6% ese mismo año. No solo la sufrió la economía, ya enfocada a las exportaciones, sino el sector público, cuyo déficit y financiamiento estaba vinculado al dólar.

Después de la crisis, el gobierno, que encabezaba el también priísta Ernesto Zedillo, eliminó la intermediación de comités, la entrega en especie, e implementó el modelo que rige hasta la fecha la política social: dar dinero en efectivo. El Programa de Educación, Salud y Alimentación, Progresa, se estrenó en 1997 en Cardenal, Hidalgo. Las transferencias incorporaron a 300 mil familias de zonas rurales y el recurso se entregó a las madres de familia para combatir la desigualdad de género.

Vicente Fox siguió con el mismo modelo bajo el nombre de Oportunidades. Felipe Calderón aumentó el recurso de 529 a 830 pesos, e incluyó otros apoyos como el alimentario —que daba ayuda a los mexicanos que vivían en comunidades sin infraestructura escolar y médica— y el de Pisos Firmes, para sustituir suelos de tierra por concreto. En 2012, Oportunidades alcanzó a más de 6 millones de familias agrícolas con hijos en la escuela.

El presupuesto para estos programas aumentó 16% en poco más de dos décadas, al pasar de 46 millones en 1990 a 53.3 millones en 2012, pero no se ven los resultados. Ante ello,en 2001 se creó el Programa Especial Concurrente (PEC), que agrupa las  políticas  públicas  en  materia  de  desarrollo  rural de 18 secretarías o dependencias del gobierno federal. Según estipula la Ley de Desarrollo Rural Sustentable, el PEC reúne “las políticas públicas orientadas a la generación y diversificación de empleo y a garantizar a la población campesina el bienestar y su participación en incorporación al desarrollo nacional, dando prioridad a las zonas de alta y muy alta marginación y a las poblaciones económica y socialmente débiles”.

En uno de cada cuatro municipios se vive como en África Subsahariana

Además del ingreso, el Coneval usa el índice de rezago social para medir el acceso a la salud, a la educación y a una vivienda digna de los mexicanos. 608 municipios, repartidos en 19 estados, tienen un nivel de rezago social alto o muy alto. Es decir, 1 de cada 4 municipios mexicanos tiene condiciones similares a las de África Subsahariana en cuanto a analfabetismo, hogares sin excusado, sin piso firme o con un acceso limitado a la salud.

01 Indice de marginacion 02

A la cabeza del oprobio está Guerrero. Concretamente, el municipio de Cochoapa el Grande, enclavado en la conflictiva región de La Montaña. Le pisan los talones algunas localidades de la región rarámuri, en Chihuahua, como Recanapuchi en Batopilas o Cosoachi en Guadalupe y Calvo, donde casi cada año las heladas traen fuertes hambrunas que a 20 años de programas no encuentran solución.

Ixtacamaxtitlán, el municipio al que se adscribe el ejido Almeya donde viven Érika y Jorge, está hacia al final de esa lista negra. No es un caso extremo, hay 504 municipios más rezagados que él, pero sus habitantes si forman parte de los más de 7 millones de mexicanos que viven como en Angola.

Aunque en el municipio poblano donde viven Jorge y Érika, entre 2000 y 2010 se redujeron a la mitad las viviendas con piso de tierra, sin agua entubada o sin excusado, y en una tercera parte los pobladores que no terminaron la secundaria y las casas sin refrigerador, parece que el progreso se difumina con la neblina. Y por el camino de terracería que se accede a su ejido, no llegan las mejoras. El rezago aumentó en 20 puntos porcentuales en 10 años.

En toda la vida de Érika, 26 años, la pobreza apenas se ha reducido en menos de dos puntos porcentuales en todo el país. Lo que sí crece es el presupuesto destinado a combatirla.

02 Aumento del gasto 02Su presupuesto se duplicó entre 2003 y 2013, al pasar de 173 mil millones de pesos a 313 mil millones, según recoge el estudio de Fundar ‘Presupuesto del Programa Especial Concurrente para el desarrollo Rural y su Comportamiento Histórico 2003-2013’.

Y como el mismo secretario ejecutivo Coneval reconoce “no ha habido un aumento de la productividad o una reducción de la pobreza a la par de ese aumento de presupuesto”.

Pero más allá de un programa social en concreto, el gasto gubernamental en desarrollo social —educación, seguridad social, salud, urbanización o vivienda— se multiplicó por cuatro desde 1990 a 2012, al aumentar de 4 billones de pesos a 16 billones en precios constantes, según el Centro de Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados. Ahora se mantiene y refuerza con el programa Prospera —el nuevo rostro de Oportunidades— y la Cruzada Nacional contra el Hambre que pretende integrar cada una de las Secretarías al desarrollo común. El problema, dicen los expertos, es que no se logra.

El investigador de Estudios del Desarrollo en la UNAM y el Colegio de México, Fernando Cortés,  señala cuatro hipótesis por las que no se logra el desarrollo común. Primero: que los apoyos no lleguen a quien deben porqué no se focalizan bien o porque el partido en el poder los usa de forma clientelar. Segundo: que los recursos se enreden en la jungla burocrática. Tercero: que las cantidades entregadas sean insuficientes para generar cambios, y cuarto: que no generan sustentabilidad.

Para Carlos Rojas Gutiérrez, quién diseñó Solidaridad en los 80, el fundamento está en que no se concibe como política integral. “El problema es que por ejemplo la Sagarpa —Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural— no actúa bajo la lógica de la Cruzada, ni tampoco la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), ni casi ninguna otra dependencia. Cada dependencia tiene sus propios intereses”, resume.

“La desigualdad se perpetúa con los programas”

El 40% de los recursos totales de los ocho programas que manejaba la Sagarpa hasta 2010 se concentraron en sólo cinco entidades: Sinaloa, Tamaulipas, Sonora, Jalisco y Chihuahua. Ninguna de ellas entre las más desfavorecidas, ya que privilegia a los grandes productores. Su programa estrella sigue siendo Procampo, que representa el 20.6% de su presupuesto total y beneficia a 2.5 millones de productores. Sin embargo no es progresivo, cada agricultor recibe 1100 pesos por hectárea de tierra trabajada. 

Mientras la mayoría de los campesinos, como los de Almeya reciben pagos por un par de hectáreas, los productores en el decil superior reciben una tajada de transferencias equivalente al 42% del presupuesto. La desigualdad se perpetúa con los programas. Y lo seguirá haciendo “mientras no se democratice la productividad”, subraya Hernández desde el Coneval. 

Para él, el problema , ya desde Solidaridad, es que “se esperaba que la economía creciera y la economía no crece. Los programas han ayudado a que vayan más los niños a la escuela y mejoren peso y talla. Ahora tienes a niños mejor alimentados, que van más a la escuela pero salen a trabajar y no tienen trabajo, así que o migran o se quedan en la pobreza”.

¿Acceso efectivo a la educación y a la salud?

Érika camina cada día una hora para llevar a su hija Jenny a preescolar a otra comunidad cercana y regresar a su casa. En Almeya no hay suficientes niños para que manden un maestro de preescolar. A las 11:30 debe volver con el almuerzo y luego recogerla. La primaria es la única escuela de la SEP que existe en su ejido. Hace dos años que piden una secundaria, desde 2012 se solicita pero no hay respuestas.

Mientras, usan el salón de juntas, donde José, un muchacho de 19 años da clases con un apoyo de un fideicomiso, el Consejo Nacional de Fomento Educativo. A través de jóvenes rurales que terminaron la preparatoria se convierten en maestros de secundaria en otras comunidades que les dan hospedaje y comida a cambio de que eduquen a sus hijos. Conafe les da un sueldo mensual durante dos años y luego les da una beca para que esos aprendices de maestro estudien en la universidad. José tiene 19 alumnos entre los tres grados. No hay libros, la CONAFE les da materiales de apoyo. Tampoco hay biblioteca y solo tienen una computadora, sin acceso a internet. Es la segunda computadora que hay en todo el Ejido. La primera la tiene Uriel Moreno el tesorero del comisariado ejidal y su acceso a la red es solo vía satélite. Hasta hace dos años ni siquiera tenía teléfono en la región. Ahora ya hay señal de Telcel.

Moreno habla desde la experiencia: “Dentro de nuestro municipio ha habido muchos engaños desde hace muchos años, no llegan los recursos que nos prometen, se termina la campaña electoral y se van los apoyos. Hay programas de transferencias de fondos de cada familia pero no mejoran la vida en la comunidad, es una cuota que recibe la familia hasta que un niño saca su secundaria pero cuando se necesita el dinero para ir a otra escuela a estudiar, pasajes, computadora es cuando un niño necesita una beca. 800 pesos al mes ayudan pero no sacan de la pobreza. Nosotros como padres de familia no podemos darle su anhelo de estudiar”. En 40 años de ejido solo recuerdan que haya habido tres universitarios, la tercera está apenas por licenciarse, y como los demás sabe que deberá salir de la comunidad si quiere ejercer.

“Las transferencias de recursos son necesarias, es un ingreso mínimo garantizado, y debe visualizarse como un derecho, no como una concesión. Pero ojo, las transferencias condicionadas no reducen per se la pobreza, pueden aumentar el peso de los niños o el nivel educativo. Pero la pobreza se elimina con opciones, con mercados de trabajo dinámicos, con incremento salarial, con salarios justos con buenos servicios de salud, con buenos servicios de educación… No vas a reducir la pobreza porque la persona salte un poquito en la línea de bienestar y ya no sea pobre temporalmente”, matiza la socióloga Cristina Bayón.

“En salud y educación avanzamos mucho en la última década en afiliaciones universales —Vicente Fox creó el Seguro Popular que establece el acceso universal a la salud—, pero quisiéramos ver un avance parecido en calidad y servicio, porque de qué me sirve el Seguro Popular si la clínica está a cuatro horas y cuando voy no me atienden. Lo mismo pasa en el sistema educativo. Hay un 96% de niños en la primaria, pero no podemos asegurar que esos niños, cuando acaben la secundaria tengan los mismos resultados en el mercado laboral que otros que fueron a escuelas públicas pero en la Ciudad de México. Ni hablar de la diferencia con las privadas”, reconoce Hernández.

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Los apoyos vistos desde Almeya

En Almeya una docena de mujeres consiguieron un apoyo para armar una granja de puercos. Otras familias alcanzan a sobrevivir gracias a las remesas que les mandan algún hijo que salió a trabajar a la ciudad, a Cancún o a Estados Unidos. Otra ejidataria, que trabajó en la Unión de Ejidos logró financiamiento para un invernadero, pero en general los apoyos escasean o no saben ni a dónde ni cómo pedirlos.

“La política social como un instrumento capaz de reducir la pobreza en el país fracasó y la visión que presupone que el crecimiento debe preceder a la redistribución es un rotundo fracaso también. Esto simplemente no ha ocurrido en las dos últimas décadas”, concluye el economista Gerardo Esquivel en el informe de Oxfam: “Desigualdad Extrema en México: Concentración del Poder Económico y Político”.

El último recurso colectivo productivo llegó por parte de la organización no gubernamental Oxfam, quién impulsa la reforestación del maguey, planta oriunda de la zona para evitar problemas derivados por de pérdida de suelo y bosque que ya se están dando. La producción y comercialización del maguey y sus derivados corre a cargo de una cooperativa de mujeres entre las que está Érika.

“La importancia de este proyecto es que es integral, que no solo busca un buen manejo de los recursos naturales y una mejora de la alimentación, sino fortalecer a las mujeres, que sean visibles en su trabajo, reconocidas en sus comunidades como jefas de familia, mujeres organizadas que puedan acceder de mejor forma a los recursos públicos federales y contribuir junto a los hombres a una comunidad más sana y más segura”, explica Israel Guadarrama, coordinador del proyecto y del área de desarrollo e incidencia de Oxfam.

Para Érika, quién no recibe todavía Prospera, la mayor potencialidad del proyecto de Oxfam es el trabajo y los ingresos que la ayuden a salir adelante en la casa de adobe y la parcela que les heredaron los abuelos de Jorge.

Otra mujer, Benita, la anima. “De principio es difícil porque llega uno aquí sin nada. Mira, nosotros nada más teníamos una casita, así como la cocinita y con más agujeros que nada”. La nada, en esa tierra empinada, también está cuesta arriba.

 

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COVID en China: compras 'de pánico' y test masivos en Pekín ante el repunte de casos y el miedo a un nuevo confinamiento

La capital china teme un cierre similar al que sufre Shanghái desde hace unas semanas.
25 de abril, 2022
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Pruebas masivas de covid y largas colas en los supermercados.

Pekín, la capital de China, registra un aumento de casos del virus y ya se han empezado a cerrar algunas urbanizaciones para evitar su propagación.

Solo en el fin de semana, el distrito de Chaoyang, el más poblado de la capital y que concentra desde embajadas hasta rascacielos corporativos, ha reportado 26 casos durante el fin de semana, el número más alto hasta ahora en esta última oleada. Se ha exigido a quienes vivan o trabajen en la zona que se sometan a tres pruebas de ácido nucleico durante esta semana.

Y, a pesar de que el gobierno ha ofrecido garantías de que habrá suficiente comida, la gente se ha lanzado a las tiendas en busca de provisiones.

En el aire está el temor a que Pekín se pueda enfrentar a una situación similar a la de Shanghái, que lleva ya varias semanas bajo confinamiento estricto.

La gente hace cola para hacerse un test de covid

BBC
La gente en Pekín teme que los confinamientos sean similares a los de Shanghái.

Por ahora, se ha suspendido la llegada de turistas a la capital a partir de este lunes y se ha exigido a las agencias de viajes que reembolsen el importe de los paquetes de viajes.

Ni carne, ni huevos ni gambas

En Chaoyang se concentran los mayores temores ante el aviso del equipo de prevención de enfermedades de la ciudad de las rondas de pruebas masivas a las que deberán someterse sus habitantes.

La noticia hizo que los residentes corrieran a abastecerse de suministros esenciales. Las imágenes que empezaron a circular en los medios locales mostraban los estantes de los supermercados vacíos y largas colas en los mostradores para pagar.

Ante el aumento de la demanda, los principales supermercados de Pekín han ampliado sus horarios de apertura.

“La gente en Pekín está viendo los confinamientos en Shanghái, la falta de comida y de medicamentos. Y aunque no se sabe si Pekín tendrá unas medidas similares, la gente se está poniendo nerviosa dada la experiencia de lo que ha pasado”, apunta el corresponsal de BBC en China, Stephen McDonell.

Algunas personas en áreas cerradas de Shanghái dicen que están teniendo dificultades para acceder a los suministros de alimentos y se han visto obligados a esperar a que el gobierno les entregue verduras, carne y huevos.

“Nunca pensé que iría al mercado tan temprano por la mañana… Cuando llegué, todos los huevos y gambas habían desaparecido y toda la carne había sido saqueada“, dijo un usuario de Weibo -una red social usada en China-, en Shanghái, antes de agregar que logró conseguir algunas verduras.

Otro usuario de Weibo en Shanghái dijo: “Ver a la gente en Pekín apresurarse a comprar comida es divertido y angustiante. Es ver cómo era mi propia vida el mes pasado”.

El medio estatal de noticias The Global Times dijo que se ordenó a las compañías de alimentos frescos de Pekín que aumenten el suministro de comestibles como carne, huevos de aves y verduras.

También citaron a expertos en salud diciendo que los resultados de las pruebas masivas indicarían si es necesario intensificar aún más las medidas, como bloquear varias áreas de la capital.

Por otra parte, Pang Xinghuo, subdirector del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Pekín, dijo al medio de comunicación estatal China Daily que se espera que la cantidad de casos en Pekín aumente en los próximos días.

El último brote en Shanghái, detectado por primera vez a fines de marzo, ha registrado más de 400.000 casos hasta ahora y 138 muertes.

Alarmas electrónicas y evacuaciones a la fuerza

Algunas de las medidas que han aplicado las autoridades chinas en Shanghái incluyen poner alarmas electrónicas en las puertas para evitar que los infectados salgan y evacuar a la fuerza a las personas de sus hogares para realizar procedimientos de desinfección.

La gente se agolpa a las afueras de un supermercado en Pekín para conseguir comida

Getty Images
La estrategia de cero covid de China fue efectiva en un primer momento, pero no con las últimas variantes.

La última polémica en Shanghái es que, durante la noche y sin previo aviso, han aparecido en algunas urbanizaciones unas enormes vallas verdes, de unos dos metros de altura, para impedir que los residentes salgan de sus casas.

Las redes sociales recogieron este fin de semana imágenes de personas confinadas que criticaban desde el balcón a los trabajadores que, enfundados en trajes blancos de protección, levantaban estas cercas y protestaban ante la hipótesis de que, de producirse un incendio, no podrían salir de sus hogares de ninguna manera.

Algunas de estas vallas se levantaron en complejos residenciales en los que se han detectado positivos y la razón, según las autoridades municipales, es que algunas zonas deben activar un “confinamiento duro” y evitar a toda costa que la gente salga y así evitar nuevos contagios.

A diferencia de muchos otros países, China está siguiendo una estrategia de cero covid con el objetivo de erradicar el virus del país por completo. En este momento, el número total de contagiados sintomáticos activos en la China continental asciende a 29.178.

Si bien los funcionarios lograron mantener los niveles de infección relativamente bajos al comienzo de la pandemia, los confinamiento posteriores no han servido del todo para contener las variantes recientes y más transmisibles del virus.

La prensa oficial reconoce que “China ha atestiguado un prominente incremento de rebrotes en todo el país”, con más de 500.000 contagios desde marzo, pese a lo cual el país debe “insistir en la política de ‘covid cero’ y garantizar la salud de la población en la mayor medida posible”.

Según opina hoy el diario Global Times, “hay que actuar” y “ser lo más rápidos en la medida de lo posible” para impedir la propagación del virus, algo que, destaca el periódico, lograron ciudades como Cantón tras detectar sus primeros casos.

“Un confinamiento total solo se puede poner en marcha cuando la propagación está en una fase avanzada o si se detecta temprano pero no se controla de forma decidida. Debemos ser incisivos e identificar a tiempo las fuentes de infección para evitar repuntes”, acota el rotativo.


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