Más de 6 mil reos usan brazaletes de vigilancia (como el del 'Chapo')
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Cuartoscuro

Más de 6 mil reos usan brazaletes de vigilancia (como el del 'Chapo')

Los dispositivos de vigilancia son colocados a reos que se encuentran en penales federales como "medida de seguridad" pero carecen de geolocalizador, según el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
16 de julio, 2015
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Celda 20 del "Altiplano", de donde escapó Joaquín "El Chapo" Guzmán la noche del sábado 11 de julio.

Celda 20 del “Altiplano”, de donde escapó Joaquín “El Chapo” Guzmán. Foto: Cuartoscuro

En el Sistema Penitenciario Federal hay 6 mil 847 reos con un brazalete electrónico, como el que portaba Joaquín el Chapo Guzmán y que se quitó antes de fugarse del penal de máxima seguridad El Altiplano.

Esta es una medida de seguridad que ha sido colocada a internos de los 17 Centros Federales de Readaptación Social, de acuerdo con datos del Sistema Penitenciario Federal entregados a Animal Político.

En 2012 colocaron 3 mil 539 dispositivos de vigilancia electrónica a reos “como medida de seguridad” y en 2013 se sumaron 3 mil 308 internos con este dispositivo, explica el Sistema Penitenciario Federal, dependiente de la Comisión Nacional de Seguridad.

Mientras que de 2008 a 2011 y en 2014 “no se aplicaron a internos del Sistema Penitenciario Federal, dispositivos de  vigilancia electrónica como medida de seguridad”, se informa.

Según el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong estos dispositivos carecen de geolocalizador y son “más delgados” porque la Comisión Nacional de Derechos Humanos “no permite el uso de brazaletes dentro de las cárceles”.

Sin embargo, Animal Político consultó a la CNDH sobre los documentos en los que advierte esta negativa y la oficina de comunicación social respondió que no existen recomendaciones ni informes con señalamientos de esa naturaleza.

En la conferencia de prensa de este lunes, Osorio Chong aclaró que el brazalete del Chapo, “no es un brazalete que se ocupan para reos o delincuentes o presuntos delincuentes fuera de la cárcel, fuera del lugar donde están aprehendidos, no. Son solamente para una localización interna”.

Además, “por razones de derechos humanos, de respeto a la intimidad, la viodeovigilancia tenía dos puntos ciegos” que Guzmán Loera aprovechó para fugarse evadiendo el resto de mecanismos de seguridad.

Al respecto, la CNDH emitió un comunicado el pasado martes 15 de julio en el cual precisa que el organismo “no establece las normas bajo las cuales deben regirse los penales y centros de internamiento para personas privadas de su libertad”, toda vez que “su función es observar y verificar que en dichos lugares se respeten la dignidad y los derechos fundamentales de la persona, sin que ello inhiba o determine las condiciones de seguridad”.

El Altiplano, bajo la lupa de la CNDH

Como parte del cumplimiento de la observancia del respeto a los derechos fundamentales en los reclusorios, la CNDH realizó el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria en 2013 que incluye el análisis de cinco tópicos: aspectos que garantizan la integridad física y moral del interno; estancia digna; condiciones de gobernabilidad; reinserción social del interno y grupos de internos con requerimientos específicos.

El estudio revisa los penales federales entre los que se encuentra “El Altiplano”, que alcanzó la quinta posición con un promedio de 7.53 y de acuerdo a la evaluación, entre las debilidades identificadas por el organismo estaba el “registro de incidentes que afectan la seguridad” y el “tiempo de respuesta”.

La CNDH calificó con “cero” la suficiencia de personal de seguridad de custodia; en cambio, entre los rubros mejores calificados está “supervisión del funcionamiento del centro por parte del titular”, pues obtuvo 10 de calificación en los registros de supervisión, notificación de las irregularidades detectadas, seguimiento a la atención de las irregularidades, informes por escrito y un informe diario.

Además del ejercicio de las funciones de autoridad como el control de la seguridad, de actividades, visitas y teléfonos también alcanzaron calificaciones de 10.

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¡Salta el cráter si hay más bombardeos!: la feroz batalla dentro de la última línea de defensa de Járkiv

El periodista de la BBC Quentin Sommerville, acompañado del camarógrafo Darren Conway, llegaron al frente de batalla de la ciudad de Járkiv, en el este de Ucrania.
18 de marzo, 2022
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La segunda ciudad de Ucrania, Járkiv, ha sido el objetivo constante de los ataques rusos durante tres semanas. Quentin Sommerville, de la BBC, y el camarógrafo Darren Conway informan desde la línea del frente donde las tropas ucranianas continúan repeliendo el avance enemigo.

Entramos en la casa por donde solía estar la puerta trasera. Ahora solo hay una cortina que se mueve con el viento helado. Los propietarios, desaparecidos hace mucho tiempo, podían ver desde ahí las ricas tierras de cultivo al norte de Járkiv, pero gran parte de esas tierras también están irreconocibles.

En la cochera, junto a una patineta abandonada, hay una docena de cajas vacías de algunas de las mejores armas antitanques del mundo. Un soldado ruso muerto yace boca abajo en el jardín delantero.

La casa se ha convertido en una base de primera línea, y las cajas usadas son un indicativo de que los soldados han peleado aquí por sus vidas: una pelea por la independencia de Ucrania.

Hemos obtenido un acceso excepcional al ejército ucraniano que, después de tres semanas de duros combates, sigue firme en las afueras de Járkiv, impidiendo que las fuerzas rusas capturen la segunda ciudad más grande de Ucrania.

Bombardeos constantes

“¿Quieres ir más adelante?”, pregunta Yuri, un comandante del 22º Batallón de Infantería Motorizada del ejército ucraniano, señalando las ruinas de dos vehículos blindados de transporte de personal rusos y las piezas destrozadas de dos de sus tanques.

El batallón se reconstituyó en 2014 después de que Rusia invadió Crimea y respaldó a los separatistas de Donbas.

“Usaron drones, aviones, helicópteros de ataque, todo”, dice Yuri, mientras se oyen proyectiles rusos retumbando, golpeando las carreteras cercanas y los bloques de apartamentos.

La zona de un ataque en Járkiv

BBC
El lugar de un ataque de cohetes rusos Grad (múltiples cohetes lanzados en rápida sucesión) en un vecindario residencial.

Los rusos han seguido atacando y han sido repelidos muchas veces. En su frustración por fallar en su entrada, bombardean día y noche la ciudad, que alguna vez fue el hogar de 1,4 millones de personas.

El suelo está batido y el lodo espeso succiona las botas. Una mirada hacia atrás muestra las estructuras en ruinas de la hilera de casas por las que acabamos de pasar. Los jardines suburbanos se han convertido en campos de batalla como en el pasado de Europa.

“Los primeros tres días fueron los peores. Estaba lloviendo, estábamos cubiertos de barro, parecíamos cerdos”, dice Olexander, de 44 años, que está parado cerca.

Junto a uno de los vehículos blindados de transporte de personal destruidos -en el que su marca Z ya se ha desvanecido- hay un gran cráter de unos 6 m de ancho. El primer día de la invasión, el 24 de febrero, un ataque ruso mató a seis soldados ucranianos en este mismo lugar. Muchos más murieron aquí desde entonces, pero las cifras oficiales no se han publicado.

Un cráter de una bomba rusa en Járkiv

BBC

Una bota militar verde se alza sobre el borde del cráter, un cadáver ruso más allá. Un gran cuervo negro se sienta cerca, imperturbable por el rugido de los bombardeos y los cohetes Grad desde las posiciones rusas.

Los hombres aquí pueden decirte la fecha y la hora precisas en que llegaron al frente, lo que implica que si no estuviste aquí los primeros tres días, no conociste el combate real. “¡Salta al cráter si hay más bombardeos!”, dice Uri.

“Si pasan por aquí, entrarán en Járkiv”

Constantine, de 58 años, fue piloto de la fuerza aérea ucraniana hasta que se jubiló y se convirtió en periodista. Ahora está de vuelta al frente, camina cojeando y usa un palo de escoba roto como apoyo. La metralla rusa hirió su pierna, pero se niega a abandonar el frente.

“Esta es la última línea de defensa de la ciudad, si pasan por aquí, entrarán en Járkiv. Esta carretera te lleva desde Rusia hasta el corazón de la ciudad”, dice.

Olexander

BBC
Olexander, de 44 años, estaba luchando en Donbás.

Resuena un bum y un zumbido cuando un misil guiado por cable vuela justo sobre nuestras cabezas. Entramos en el cráter. El proyectil golpea cerca de la carretera, un gasoducto estalla en llamas.

Mientras nos refugiamos, un soldado de reconocimiento con una cinta azul en el casco nos dice que nos quedemos abajo. Roman tiene 34 años, aunque bromea diciendo que tenía 24 cuando comenzó la guerra hace tres semanas.

Dice que los rusos no se mostrarán ahora: “Son gallinas. Responderemos bien y de forma apropiada”. Se detiene y quiere un selfie. Más tarde nos enteramos de que transportó los cadáveres de sus compañeros caídos en su propio vehículo desde el frente hasta la morgue de la ciudad.

Cuando nos vamos, Constantine atrapa algo en el aire: un alambre de cobre delgado, que se extiende por millas. Sirvió para guiar el misil ruso que acaba de pasar sobre nuestras cabezas.

Nos espera Olexander, de 44 años, de la cercana región de Poltava. Ha estado con la unidad desde su fundación y ha luchado en Donbás.

“Esto es mucho peor”, dice. “Durante los primeros tres días, no podíamos entender lo que estaba pasando. Estábamos perdidos y no podíamos creer lo que sucedía. Pero después de eso nos recuperamos y nos mantenemos firmes y mantendremos nuestras posiciones”, agrega.

Un edificio habitacional dañado por un bombardeo en Járkiv

BBC

Le pregunto por qué está peleando. Se ríe y responde: “Por una Ucrania libre, por mi familia y por ustedes también. Por nuestra independencia y por la paz”.

“Resistan”

Yuri, el comandante, nos lleva de regreso al bloque de apartamentos de la era soviética aún habitados. Rusia dice que vino a Ucrania para desmilitarizar el país, pero aquí vemos lo que eso significa para los civiles. Un bloque de 20 pisos sigue humeando por un ataque ruso, fue hace dos días, según Yuri.

El número oficial de muertes de civiles en Járkiv se situó en 234, incluidos 14 niños, hasta el 16 de marzo. Los últimos días han sido duros, como se nos recordó en un instante.

Una ráfaga de cohetes rusos Grad cayó sobre el vecindario, golpeando a solo unos metros de distancia. Los soldados que nos rodeaban se habían puesto a cubierto y estaban ilesos.

En el mismo complejo de viviendas viven los esposos Svitlana y Sasha. Svitlana tiene 72 años y nos da la bienvenida a su casa, diciendo que no han hablado con nadie en semanas. “Nos alegra que hayas venido”, dice.

Svitlana

BBC
Svitlana. de 72 años, y su marido duermen dos horas por noche en su piso dañado por una bomba.

Su edificio ya ha sido atacado, las ventanas traseras ya no están y duermen en sofás. Descansan unas dos horas por noche, pues el bombardeo es implacable. “Cuando se detiene, es como la primavera”, dice.

Le pregunto si tiene un mensaje para Vladimir Putin. “No”, responde con firmeza. “Me parece que este hombre ya ha perdido la cordura y no piensa con claridad. Porque un humano cuerdo no puede hacer algo así: bombardear a ancianos, niños, jardines de infantes, escuelas, hospitales. Él no entendería lo que digo”.

Pero luego, cuando le pregunto por los hombres que no están lejos de su casa y que defienden la ciudad, llora. “Sí, les estoy muy agradecida por proteger su patria. Resistan muchachos. Siempre los apoyaremos. Son tan valientes, tanto los chicos como las chicas”.

Un soldado ucraniano

BBC

Todavía hay cientos de miles de personas viviendo en Járkiv, a pesar de los bombardeos. Si Rusia y Ucrania son hermanos, como profesa el Kremlin, entonces esto es un fratricidio.

Cuando salimos del vecindario, gran parte está encendido. La furia de Rusia con esta ciudad se ve y se escucha. Por la noche, todo Járkiv está cubierto por una nube de humo, el incesante golpeteo de las armas continúa, pero los defensores aún mantienen al enemigo alejado de las puertas de la ciudad.


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