El día que busqué desaparecidos con Miguel Ángel Jiménez, el activista asesinado en México
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El día que busqué desaparecidos con Miguel Ángel Jiménez, el activista asesinado en México

El activista que lideró la búsqueda de los 43 estudiantes de Iguala, Miguel Ángel Jiménez Blanco, fue asesinado.
Por Juan Carlos Pérez Salazar
10 de agosto, 2015
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Fotografía: BBC

La cita fue en una iglesia de Iguala, en el estado mexicano de Guerrero, a las 8:00 de la mañana. Incluso antes de saludarlo y conocerlo, me resultó evidente que Miguel Ángel Jiménez Blanco era un líder natural.

Recibía a las personas, anotaba los nombres en planillas, distribuía los puestos en los vehículos. Abrazaba a los desconsolados.

Había muchos por abrazar: la cincuentena de personas que se reunía en el lugar -en su inmensa mayoría mujeres- buscaban un ser querido desaparecido, algunos por años.

Matan a Miguel Ángel Jiménez Blanco, el activista que lideró la búsqueda de los 43 estudiantes de Iguala

Es un dolor que, aunque por fortuna no he sufrido en carne propia, he visto muy de cerca: trabajé como periodista en Colombia en los años 90, donde conocí varios casos de desaparición forzada.

Uno de ellos fue el del hijo de doña Fabiola Lalinde, ejecutiva en una cadena de supermercados. Cuando Luis Fernando desapareció, doña Fabiola lo dejó todo y durante más de doce años se dedicó a buscarlo.

Fue estigmatizada, amenazada, acusada de ser líder de un cartel de la droga, pero nunca se rindió. Sólo pudo descansar cuando le entregaron los huesos de su hijo.

La misma determinación la observaba en estas mujeres que, día a día, se reunían para salir a recorrer las resecas colinas que rodean a Iguala.

Una mujer busca a su esposo, un hombre a su hijo en las colinas que rodean a Iguala.

Y a la cabeza, ordenando los grupos, enseñando cómo clavar las barras de hierro para encontrar terrenos blandos – señal de que podía ser una tumba clandestina-, estaba Miguel Ángel.

Policía comunitaria

Había llegado a la zona a principios de octubre de 2014, junto a varios grupos de autodefensa del estado de Guerrero (policías comunitarios, se llaman a sí mismos), para buscar a los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre.

La razón: 17 de los 43 estudiantes secuestrados -y posiblemente asesinados- pertenecían a sus comunidades.

Jiménez Blanco fundó un grupo de autodefensa que expulsó a grupos delincuenciales de su población natal.

Luego, cuando empezaron a aparecer decenas y decenas de otras familias denunciando que sus seres queridos también habían desaparecido, decidieron extender la búsqueda.

Para el momento en que pasé una jornada con ellos (mediados de diciembre del año pasado), tenían registros de al menos 300 personas perdidas. Estaban tratando de obtener trazas de ADN de todas.

Durante ese arduo, desolador día, uno de los pocos puntos de luz que recuerdo es el buen humor de Miguel Ángel. De tanto en tanto, con algún comentario oportuno e irónico, lograba arrancar una sonrisa a alguna de esas personas agobiadas por el dolor.

Su número telefónico quedó grabado en nuestras agendas. Dos meses después nos ayudó a conseguir contactos para una crónica que escribí sobre cómo Acapulco había pasado de ser uno de los balnearios internacionales más famosos en los 50, a la tercera ciudad más violenta del mundo en la actualidad.

Ese día no pudimos verlo, porque una emergencia familiar se lo impidió. Iba a ir en su taxi. El mismo en el que, el sábado pasado, lo encontraron bañado en sangre, muerto de un tiro en la cabeza.

Me enteré entonces de que tenía 45 años, esposa y tres hijos. Jamás me había hablado de sí mismo.

¿De dónde vinieron los disparos?

En una entrevista para un programa de la BBC en inglés me preguntaban quién pudo matarlo. No pude dar una respuesta clara.

Porque los disparos pudieron venir de su búsqueda de los desaparecidos. Por los narcotraficantes que expulsó de su pueblo, Xaltianguis, cuando fundó la policía comunitaria. O pudieron provenir de otro grupo de autodefensas rival.

Esta mañana escuché de nuevo el audio de una entrevista que le hicimos. Al comienzo se le escucha hacer lo que mejor sabía: dando instrucciones, orientando.

Escuche el audio de la entrevista

No puedo sino pensar en la decena de líderes populares y sociales que conocí durante mi período en Colombia y que fueron asesinados. América Latina, como Saturno, no deja de devorar a sus hijos.

El número de Miguel Ángel Jiménez Blanco sigue grabado en mi teléfono mexicano. No lo voy a borrar.

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Eva Mireles e Irma García, las maestras de Texas que dieron la vida para proteger a sus alumnos

Eva Mireles e Irma García han sido elogiadas por sus acciones para proteger a los niños en el tiroteo de la primaria de Uvalde, Texas.
28 de mayo, 2022
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“¡Tenemos un año maravilloso por delante!”. Esta frase, escrita por la maestra de cuarto grado Eva Mireles al comienzo del año escolar, ahora despierta muchas emociones.

Este jueves, el último día de clases, ella y su compañera profesora Irma García deberían haber estado guardando las cosas de su salón de clases compartido en la escuela Robb Elementary, en la pequeña ciudad de Uvalde, Texas.

Deberían haber estado preparándose para las vacaciones de verano.

Pero no fue así: sus familias estaban haciendo los arreglos para sus funerales, luego de que ambas recibieran disparos en un tiroteo en el que también murieron 19 de sus pequeños estudiantes.

En los días transcurridos desde el ataque del martes, Mireles y García han sido elogiadas por haber tratado de proteger a los niños durante la masacre.

Los policías encontraron a García “protegiendo a los niños con sus brazos casi hasta su último aliento”, dijo su sobrino John Martínez al diario The New York Times.

“Ella se sacrificó protegiendo a los niños en su salón de clases. Fue una heroína”, escribió en una página de recaudación de fondos que ha abierto para la familia.

Solo dos días después, su familia sufrió otra tragedia, pues el esposo de la profesora García, Joe García, murió de un ataque al corazón. Martínez dice que “murió a causa de la aflicción”.

 

Joe e Irma García

John Martínez

“Diversión, risas y amor”

García y Mireles habían conformado un equipo docente durante cinco años. Entre las dos tenían 40 años de experiencia.

Una foto tomada el mes pasado muestra a ambas en su salón de clases observando a los estudiantes mientras trabajan en las tabletas electrónicas.

“Eva Mireles e Irma García fueron dos de las mejores maestras que Uvalde ha conocido”, tuiteó Natalie Arias, una especialista en educación que vive en esa localidad de Texas.

“Su salón de clases estaba lleno de diversión, desarrollo, risas, trabajo en equipo y, sobre todo, amor”.

Mientras la comunidad aún vive el dolor, también hay enojo porque haya ocurrido un tiroteo masivo más en una escuela de Estados Unidos.

En Texas es legal comprar un arma para los mayores de 18 años y, según medios estadounidenses, el atacante compró las suyas dos rifles semiautomáticos estilo AR-15 y 375 rondas de municiones el día después de su cumpleaños 18.

“Estoy furiosa porque continúan estos tiroteos, estos niños son inocentes, los rifles no deberían estar fácilmente al alcance de todos”, dijo en un comunicado la tía de Eva Mireles, Lydia Martínez Delgado.

“Esta es mi ciudad natal, una pequeña comunidad de menos de 20 mil personas. Nunca imaginé que esto sucedería, especialmente a mis seres queridos”, escribió.

Víctimas de la masacre en Texas.

BBC

El esposo de Mireles, Rubén Ruiz, es agente de la policía escolar. Hace dos meses, realizó en la escuela de Uvalde un simulacro de un tiroteo activo, que es común en los colegios de Estados Unidos.

No sabía que solo unas semanas después su propia esposa sería víctima de uno.

El diario The Washington Post dice que Ruiz corrió a la primaria Robb cuando supo del tiroteo. Otros policías tuvieron que detenerlo mientras trataba desesperadamente de encontrar a su esposa.

Al menos 185 niños, educadores y otras personas han muerto en ataques a escuelas estadounidenses desde la masacre de Columbine High, en 1999, según un recuento del mismo diario.

Después de tantos incidentes, incluso ya hay un monumento en el estado de Kansas dedicado a los “educadores caídos”, el cual honra a “aquellos que perdieron la vida en el cumplimiento del deber”.

El Monumento Nacional a los Educadores Caídos en Kansas

Getty Images
El Monumento Nacional a los Educadores Caídos en Kansas.

Esas palabras, más familiares para el ambiente militar, se usan aquí para describir a los maestros asesinados. Ahora hay dos nombres más para inscribir en la pared de víctimas a recordar.

Eva Mireles

Profesora durante 17 años, Mireles describía su amor por correr y hacer caminatas en una breve biografía publicada en el sitio web del distrito escolar.

También dijo que tenía “una familia solidaria, divertida y amorosa”, conformada por su esposo, su hija graduada de la universidad y “tres amigos peludos”.

Su hija, Adalynn Ruiz, escribió un desgarrador homenaje a su “mami dulce” en Twitter.

“Estoy tan feliz de que la gente conozca tu nombre y ese hermoso rostro tuyo y sepan cómo es una heroína”, dijo.

“Eva Mireles, profesora de 4º… que desinteresadamente se colocó delante de sus alumnos para salvarles la vida”.

Eva Mireles

Familia Mireles

Mireles tenía formación en educación especial. Audrey García, la madre de una alumna, Gabby, la recuerda por ir “ir más allá” del deber como maestra.

“Era una persona hermosa y una maestra dedicada. Creía en Gabby e hizo todo lo posible para enseñarle”, escribió García en Twitter.

Hace pocos años que las escuelas del área de Uvalde comenzaron a integrar a los niños con discapacidades en las aulas regulares. Mireles fue una de las maestras que enseñaba a estos alumnos.

Irma García

García era una maestra con 23 años de experiencia en la primaria Robb. Fue la maestra del año en 2019.

“¡Estoy tan emocionada de comenzar este nuevo año escolar!”, escribió en su biografía en el sitio web del distrito.

Las autoridades le dijeron a su familia que un amigo de la policía vio a García tratando de proteger a sus estudiantes de los disparos.

Irma García

Familia García

“Quiero que sea recordada como alguien que sacrificó su vida y arriesgó su vida por sus alumnos”, dijo John Martínez, su sobrino, a The Washington Post.

“No eran solo sus estudiantes. Eran sus hijos, y ella arriesgó su vida, perdió su vida, para protegerlos. Ese es el tipo de persona que era”.

García estaba casada y tenía cuatro hijos, dos niños y dos niñas de entre 12 y 23 años. Su página de Facebook es un álbum de recuerdos familiares y orgullo por sus hijos.

“Gracias, Jesús, por mi increíble esposo y mis bebés”, escribió debajo de una foto de un viaje de pesca familiar.

Las redes sociales de la maestra también muestran su dedicación a su carrera y estudiantes.

En una publicación que mostraba certificados de un curso de enseñanza, García escribió: “Aprendí muchas formas nuevas de desafiar a mis futuros alumnos para que sean estudiantes independientes”.


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