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En Veracruz, cárcel a quien contagie el virus del VIH
El Congreso de Veracruz decidió criminalizar el contagio “intencional” de “enfermedades de transmisión sexual” e impuso una pena que ya es la más alta entre los 13 estados que consideran ese delito. Expertos advierten que la penalización no ayuda a erradicar y por el contrario favorece el no diagnóstico, además de que se violan derechos humanos y la Constitución.
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Por Arturo Angel @arturoangel20
6 de agosto, 2015
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La diputada que impulsó la reforma dice que es por las mujeres que no pueden pedirle a sus esposos que usen condón. // Foto: Cuartoscuro.

La diputada que impulsó la reforma dice que es por las mujeres que no pueden pedirle a sus esposos que usen condón. // Foto: Cuartoscuro.

El Congreso de Veracruz aprobó, con el voto unánime de todos los diputados, una reforma a su Código Penal que, entre otras cosas, permite que personas que contagien el virus del VIH puedan ser detenidos, consignados y encarcelados, si se verifica que lo hicieron intencionalmente.

Esta reforma convierte a Veracruz en la segunda entidad del país que sanciona el contagio de infecciones o enfermedades de “Transmisión sexual”, denominación que se usa actualmente para padecimientos como el SIDA. Hay otras 11 entidades que contemplan alguna sanción para “males venéreos”, concepto ya en desuso.

Pero además, de todos los estados, la entidad que gobierna Javier Duarte es la que estipula la pena más severa para “el culpable” del contagio: de 6 meses a 5 años de prisión.

La diputada veracruzana por el Partido Verde, Mónica Robles Barajas, impulsora de la iniciativa aprobada, comentó en entrevista que se busca dar un respaldo a las mujeres que frecuentemente se contagian por culpa de sus esposos, los cuales continúan teniendo relaciones con ellas pese estar contagiados.

“Una mujer difícilmente le puede pedir a su marido que se ponga un condón” señaló a Animal Político.

Organismos y expertos en el tema del SIDA y Derechos Humanos reprobaron la penalización hecha por Veracruz, pues advirtieron que, además de la ambigüedad del supuesto contagio intencional, se tiende a criminalizar a los enfermos y a generar un efecto contrario por el temor que surge de diagnosticarse la enfermedad.

Ricardo Hernández Forcada, director del Programa Especial VIH – SIDA de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), sostuvo que no hay experiencia internacional que avale la efectividad de la penalización, la cual es una política propia de países de Europa del Este y el sudeste asiático. Además, resulta violatoria del artículo 16 de la Constitución sobre la vida privada y pone en riesgo garantías individuales.

El ex ombudsman capitalino y ex candidato a la presidencia de la CNDH, Luis González Placencia recalcó además que una medida punitiva como la aprobada por Veracruz puede usarse de forma selectiva como mecanismo de venganza o chantaje, luego de que la supuesta intencionalidad podría sostenerse incluso con un solo testimonio.

“Las evidencias científicas señalan que legislar y punir no previenen nuevas infecciones ni reduce la vulnerabilidad femenina. Lo que si logra es impactar negativamente en la salud pública y derechos Humanos” señaló en un comunicado el Grupo Multisectorial en VIH/SIDA del estado de Veracruz.

La reforma unánime

El 31 de julio se publicó en la Gaceta Legislativa de Veracruz la reforma que modificó —entre otros— el artículo 158 del Código Penal del estado sobre el delito de Contagio. “Fue una de varias modificaciones en materia de equidad de género y derechos de la mujer aprobadas unánimemente por los 40 diputados que asistimos” dijo la legisladora Mónica Robles.

El referido artículo contemplaba de forma genérica, como en varios estados del país, el delito de “contagio de enfermedades graves” dolosamente, es decir intencional. Con las modificaciones hechas la nueva redacción del artículo quedó así:

Art. 158 “A quien padezca infecciones de transmisión sexual u otras enfermedades graves y dolosamente ponga en peligro de contagio a otra persona, se le impondrán de seis meses a cinco años de prisión y multa hasta de cincuenta días de salario”.

La sanción base que definió Veracruz, sin contar agravantes, es la más alta de todos los estados que castigan con cárcel algún tipo de contagio.

Además de Veracruz, Guerrero es la única entidad del país que contempla una sanción para Enfermedades de Transmisión Sexual, que es la terminología adecuada en la actualidad para padecimientos como el VIH, el Papiloma Humano, la Sífilis, entre otros. Su pena también es de cinco años como máximo pero el mínimo es más bajo: tres meses.

Estados que penalizan contagio de VIH
Entidad Termino de enfermedad que se sanciona Sanción base
Veracruz Enfermedades de Transmisión Sexual 6 meses a 5 años de cárcel
Guerrero Enfermedades de Transmisión Sexual 3 meses a 5 años de cárcel
Baja California Mal venéreo 1 a 4 años de cárcel
Oaxaca Mal venéreo / Sífilis 6 meses a 3 años de cárcel
Tamaulipas Mal venéreo 6 meses a 3 años de cárcel
Michoacán Mal venéreo 3 meses a 3 años de cárcel
Yucatán Mal venéreo 3 meses a 3 años de cárcel
Campeche Mal venéreo 0 a 3 años de cárcel
Nayarit Mal venéreo 3 meses a 2 años de cárcel
Zacatecas Mal venéreo/sífilis 3 meses a 2 años de cárcel
Puebla Mal venéreo 30 días a 2 años de cárcel
Tlaxcala Mal venéreo 8 días a 2 años de cárcel
Sonora Enfermedad venérea 300 días de multa

Fuente: Códigos penales estatales

Por otro lado existen 11 entidades del país cuyos códigos castigan el contagio de “males venéreos o enfermedades venéreas”, concepto que actualmente está desactualizado, según los especialistas. Las penas van de algunos días hasta casi cuatro años.

Hernández Forcada indicó que Chiapas es otra entidad en la que estuvo a punto de tipificarse como delito el contagio de enfermedades específicas de transmisión sexual pero el gobierno estatal terminó vetando la iniciativa.

El caso contrario es el de San Luis Potosí y Aguascalientes, donde no existe ni siquiera el delito de contagio de ninguna enfermedad genérica.

Respecto a Veracruz, la diputada Robles señaló que será en menos de un mes cuando el gobierno de Javier Duarte promulgue la reforma aprobada y la misma comenzará a aplicarse un mes después de que se publique en la gaceta oficial

¿Quién es culpable?

La diputada Robles del Partido Verde hizo hincapié en que las sancionas se aplicarán para quien de forma “dolosa”, es decir intencionalmente, contagie a alguien con el virus. Sostuvo que esto se daría cuando la persona ya conociera que es portador del virus con antelación al hecho.

Pero González Placencia señaló en entrevista con Animal Político que puede resultar complicado comprobar la referida “intencionalidad” para el Ministerio Público, pues la misma podría estar sostenida solo en una declaración.

“Podría haber mecanismos por la vía testimonial como alguien que supiera que hay la intención expresa de contagio pero eso queda siempre en el ámbito de lo circunstancial (…) Lo único que va a ocurrir es que van a meter un delito nuevo en el código penal que no va a dar ningún resultado y por el contrario puede generar temor” dijo.

Además, subrayó González, existe el riesgo de que se pueda acusar a alguien de haber contagiado a otra persona intencionalmente por un tema de venganza o reproche.

El Grupo Multisectorial en VIH/SIDA del estado de Veracruz reveló que científicamente es casi imposible saber qué persona contagió a otra del virus del VIH, lo que abre la puerta a acusaciones o imputaciones erróneas.

“Los análisis filogenéticos solo pueden determinar el grado de relación entre dos muestras de VIH y no pueden establecer más allá de una duda razonable el origen, la vía o el momento de la infección, aunado al elevado costo del estudio” indicó la organización.

El Grupo Multisectorial puntualizó que las personas seropositivas pueden argumentar —y con razón— que desconocían que eran portador del virus o delas formas de transmisión, e incluso podría sostener que acordó con ella un posible riesgo, lo que complica una eventual investigación

Más ignorancia y menos disminución

El director del Programa Especial VIH – SIDA de la CNDH, Ricardo Hernández Forcada, advirtió que la penalización del VIH va en contra de múltiples postulados internacionales, los cuales sostienen que criminalizar a los portadores en nada resuelve los problemas de contagio y por el contrario genera efectos contrarios.

Por ejemplo las Directrices internacionales sobre el VIH/SIDA y los derechos humanos emitidas por la Oficial del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y ONUSIDA, así como la Declaración de Oslo, apuntan a que la penalización del tema avanza en contra de las políticas de prevención.

“La gente sabiendo que puede ser objeto de un proceso penal, pues no se haga la prueba para empezar (…) estas medidas inhiben la voluntad de las personas de conocer su diagnóstico cuando hoy sabemos que si hay algo útil en la respuesta del VIH es que la gente vea la utilidad del diagnóstico” dijo.

Una persona que conoce su diagnóstico, señaló Hernández, difícilmente contagia a otra tanto por un tema de concientización ,así como por el tratamiento biológico que recibe, pero una persona que no sabe de la enfermedad representa un riesgo más alto.

Este efecto negativo acarrea situaciones que ponen en riesgo garantías individuales como el derecho a la vida o a la salid, y además se atenta en contra del artículo 16 Constitucional relacionado con la vida privada.

La tipificación específica de “enfermedades de transmisión sexual” que hace Veracruz, puntualizó el experto de la CNDH, trae consigo una estigmatización de la gente que se sabe portadora del virus a lo que se suma el riesgo de ser acusado y encarcelado. De ahí que se provoque más bien la ignorancia respecto al diagnóstico.

“La penalización es muy frecuente en países del este de Europa y sureste asiático. Rusia, Ucrania, países como por ejemplo Camboya que son países que tienen este tipo de leyes (…) la experiencia internacional no ha evidenciado ningún indicador positivo en donde existen estas normas” sentenció.

Es por las mujeres: diputada

Cuestionada sobre el objetivo de haber impulsado esta reforma, la diputada Robles hizo hincapié en que se trata de un paquete de modificaciones encaminadas a proteger sobre todo a las mujeres que se encuentran en situación vulnerable, y negó que se criminalice a portadores del VIH.

Añadió (aunque eso no se le cuestionó en específico) que tampoco se busca generar una atención especial sobre la población homosexual portadora del virus, sino por el contrario la preocupación está en parejas heterosexuales.

“Más que a los grupos homosexuales está dirigido a proteger a los mujeres que ha sido un grupo de alta incidencia porque no hay la conciencia del riesgo y porque difícilmente la mujer le puede decir a su pareja: oye usa condón, cosa que si sucede en otras relaciones” dijo la legisladora.

Robles dijo que era necesario modificar el código sobre contagio de “enfermedades graves” a “enfermedades de transmisión sexual” para que no se mantuviera un tema genérico y se pudiera aplicar específicamente en casos de VIH.

Hizo hincapié, sin proporcionar alguna cifra, que las mujeres son el grupo que mayor crecimiento presenta en cuanto al contagio de VIH por lo que confió en que esta modificación a la ley si generará una reducción de los casos.

A continuación puedes consultar la Gaceta Legislativa, en la que se publica la reforma al Código Penal del Estado de Veracruz. (A partir de la página 96)

 

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Qué es la epigenética y cómo explica que los hijos hereden los traumas de los padres
Los hijos son moldeados en gran medida por los genes que sus padres y madres les transmiten. Pero nuevos estudios apuntan a que esa herencia se puede ver condicionada por los traumas vividos por los progenitores.
4 de mayo, 2019
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En 1864, cerca del final de la Guerra Civil de Estados Unidos, las condiciones en los campos de prisioneros de guerra de la Confederación estaban en su peor momento.

Hubo tal hacinamiento en algunos campamentos que los prisioneros, soldados del Ejército de la Unión del norte, tenían el espacio en metros cuadrados equivalente a una tumba. La cifra de muertes de los presos se disparó.

Para muchos de los que sobrevivieron, la desgarradora experiencia los marcó de por vida.

Cuando la guerra acabó, volvieron con problemas de salud, peores perspectivas laborales y menor esperanza de vida.

Pero el impacto de todos estos problemas no se limitó únicamente a quienes los sufrieron en primera persona.

Los efectos se extendierona los hijos y los nietos de los prisioneros, en una herencia que parecían pasar a través de la línea masculina de las familias.

Si bien los hijos y nietos no estuvieron en ningún campo de prisioneros de guerra, y pese a que no les faltó de nada durante su infancia, sufrieron tasas de mortalidad más altas que el resto de la población en general.

Al parecer, los prisioneros transmitieron parte de su trauma a sus descendientes.

Pero a diferencia de la mayoría de las enfermedades hereditarias, esto no se produjo como consecuencia de mutaciones en el código genético.

Herencia oscura

Los investigadores analizaron un tipo de herencia mucho más oscura: cómo las cosas que le pasan a alguien a lo largo de su vida pueden cambiar la forma en que se expresa su ADN, y cómo ese cambio puede transmitirse a la próxima generación.

Este es el proceso llamado científicamente epigenética, donde la legibilidad o expresión de los genes se modifica sin que se produzca un cambio en el código del ADN.

Es decir, existen pequeñas etiquetas químicas que se agregan o eliminan de nuestro ADN en respuesta a los cambios en el entorno en el que vivimos.

Estas etiquetas activan o desactivan los genes, posibilitando la adaptación a las condiciones del entorno sin causar un cambio más permanente en nuestros genomas.

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La epigenética juega un papel clave en nuestro árbol genealógico.

El hecho de que estos cambios epigenéticos puedan transmitirse a las generaciones posteriores tendría unas implicaciones enormes.

Supone que las experiencias vividas por una persona, especialmente las traumáticas, tendrían un impacto muy real en su árbol genealógico.

Existe un número creciente de estudios que apoyan la idea de que los efectos de un trauma pueden transmitirse a las siguientes generaciones a través de la epigenética.

En los campamentos de la Confederación, estos cambios epigenéticos fueron el resultado del hacinamiento extremo, el deficiente saneamiento y la desnutrición.

Los hombres tuvieron que sobrevivir con pequeñas raciones de maíz, y muchos murieron de diarrea y escorbuto.

“En este período de inanición intensa, los hombres se volvieron esqueletos andantes”, dice la autora del estudio Dora Costa, economista de la Universidad de California, en Los Ángeles.

Costa y sus colegas estudiaron los expedientes médicos de casi 4.600 niños cuyos padres habían sido prisioneros de guerra y los compararon con los de más de 15.300 niños de veteranos de guerra que no habían sido capturados.

Los hijos de los primeros tenían una tasa de mortalidad un 11% más alta que los hijos de veteranos que no fueron prisioneros.

Los investigadores hallaron que otros factores, como el estado socioeconómico del padre y el trabajo y el estado civil del hijo, no podrían explicar esa mayor tasa de mortalidad.

¿Y las niñas?

Estas mayores tasas de mortalidad se debieron principalmente a mayores ratios de muerte por hemorragia cerebral.

Los hijos de los veteranos de guerra que habían sido prisioneros también eran ligeramente más propensos a morir de cáncer. Sin embargo, sus hijas parecían ser inmunes a esto.

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El genoma es el abecedario del ADN, del material genético, y el epigenoma es toda la regulación de ese genoma.

Este patrón inusual ligado al género de la descendencia fue una de las razones que levantaron las sospechas de Costa.

Empezó a pensar que estas diferencias de salud estaban provocadas por cambios epigenéticos. Pero, primero, Costa y su equipo tuvieron que descartar que fuera un efecto genético.

Los niños nacidos antes y después de la guerra debían tener la misma probabilidad de reducción en la esperanza de vida. Pero “si miras dentro de las familias, solo hay efectos entre los hijos nacidos después, pero no antes de la guerra”, dice la experta.

Así que una vez descartadas las causas genéticas, la explicación más plausible que quedaba era un efecto epigenético.

“La hipótesis es que hay un efecto epigenético en el cromosoma Y”, dice Costa.

Efectos en los descendientes masculinos

Este efecto es consistente con los estudios en aldeas suecas remotas, donde la escasez en el suministro de alimentos tuvo un efecto generacional en la línea masculina, pero no en la línea femenina.

Pero ¿qué pasaría si este mayor riesgo de muerte se debiera a un legado del trauma del padre que no tuvo nada que ver con el ADN?

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El código epigenético se superpone al código genético, es decir tenemos una instalación eléctrica que serían las bombillas, los cables, el genoma. La epigenética sería la serie de interruptores de la luz.

¿Qué pasaría si los padres traumatizados tuvieran más probabilidades de abusar de sus hijos, provocando consecuencias de salud a largo plazo?

Una vez más, comparar la salud de los niños dentro de las familias ayudó a descartar esto.

Los niños nacidos de padres en una fecha anterior a que fueran prisioneros de guerra no mostraban un aumento en la mortalidad. Pero los hijos de los mismos hombres nacidos después de su experiencia en la guerra sí lo hicieron.

“Descifrar esto supone descartar las otras opciones posibles”, dice Costa.

“La mayor parte del caso es una prueba por eliminación y ver cuál es la explicación más consistente”, añade.

Muchas de las veces en las que se cree que el trauma se ha transmitido a través de la epigenética están vinculadas a los momentos más oscuros de la historia.

Se cree que las guerras, las hambrunas y los genocidios han dejado una marca epigenética en los descendientes de quienes los sufrieron.

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Si imaginamos una computadora, el hardware es el genoma mientras que el software, toda la programación, es el epigenoma

Algunos estudios han resultado más controvertidos que otros. Un análisis de 2015 descubrió que los hijos de los sobrevivientes del Holocausto tuvieron cambios epigenéticos en un gen que estaba vinculado a sus niveles de cortisol, una hormona involucrada en la respuesta al estrés.

“La idea de una señal, un hallazgo epigenético en la descendencia de los sobrevivientes puede significar muchas cosas”, dice Rachel Yehuda, directora de la División de Estudios de Estrés Traumático de la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York y autora de dicho estudio.

“Es emocionante que esté ahí”.

El estudio fue pequeño. Evaluó solo a 32 sobrevivientes del Holocausto y a un total de 22 de sus hijos, con un pequeño grupo de control.

Varias generaciones

Los investigadores han criticado las conclusiones del estudio. Sin mirar varias generaciones y buscar más ampliamente en el genoma, no podemos estar seguros de que sea realmente una herencia epigenética.

Yehuda reconoce que los resultados fueron exagerados en algunos informes, y se necesitarían análisis más amplios que evalúen varias generaciones para sacar conclusiones firmes.

“Fue solo un estudio pequeño, una sección transversal de adultos, muchos años después del trauma de los padres. El hecho de que recibimos una pista fue una gran noticia “, dice Yehuda.

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El epigenoma representa cambios químicos que no afectan a la secuencia de ADN pero pueden modificar la expresión de los genes, activándolos o silenciándolos.

Saber que las consecuencias de nuestras propias acciones y experiencias podrían afectar la vida de nuestros hijos, incluso mucho antes de que sean concebidos, podría dar un giro muy diferente a cómo elegimos vivir.

A pesar de la evidencia de estos ecos de traumas a lo largo de las generaciones, hay un gran obstáculo en la investigación de la herencia epigenética: nadie está seguro de cómo sucede.

Algunos científicos piensan que en realidad es un hecho muy raro.

Una de las razones por las que puede no ser muy conocido es que la gran mayoría de un tipo de marca epigenética en el ADN -llamada metilación– se borra en el momento de la concepción del embrión.

“Tan pronto como el esperma ingresa al óvulo en un mamífero, se produce una rápida pérdida de la metilación del ADN del conjunto paterno de cromosomas”, dice Anne Ferguson-Smith, una investigadora que estudia epigenética en la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

“Esa es la razón por la que la herencia epigenética transgeneracional es una sorpresa”.

“Es muy difícil imaginar cómo alguien podría tener una herencia epigenética cuando hay un proceso que elimina todas las marcas epigenéticas previas y coloca otras nuevas en la próxima generación”.

Hay, sin embargo, partes del genoma que no se limpian.

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El epigenoma es más flexible de lo que jamás se imaginó en el pasado y esto podría tener enormes implicaciones en el campo de la salud en el futuro.

Un proceso llamado impronta genómica protege la metilación en puntos específicos del genoma. Pero estos sitios no son aquellos donde se encuentran los cambios epigenéticos relevantes para el trauma.

Hay investigadores convencidos de que han encontrado las características de la herencia epigenética para varios rasgos, tanto en humanos como en animales. Además, creen haber hallado el mecanismo que la hace funcionar.

Podrían ser moléculas similares al ADN, conocidas como ARN, las que están alterando el funcionamiento de los genes.

Un reciente artículo reveló pruebas sólidas de que el ARN puede desempeñar un papel en la forma en que se heredan los efectos del trauma.

“Nuestro modelo es bastante único”, dice Isabelle Mansuy, de la Universidad de Zúrich, Suiza, quien dirigió la investigación. “Imita las familias desintegradas, o el abuso, la negligencia y el daño emocional que a veces vemos en las personas”.

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La epigenética es lo que ayudaría también a explicar las diferencias entre los seres humanos y otros primates.

Esta investigación, al igual que muchos estudios en ratones, se centra en el esperma y la herencia epigenética en la línea masculina.

Esto no significa que los científicos crean que este fenómeno solo sucede en los hombres.

Es mucho más difícil estudiar los óvulos que estudiar los espermatozoides.

Los esfuerzos para descifrar la herencia epigenética en la línea femenina es el siguiente paso en la investigación.

“Teníamos que empezar por algún lugar”, dice Mansuy. “Pero estamos buscando tener un modelo que muestre cómo se produce la herencia tanto a través de mujeres como de hombres”.

Diversos experimentos con ratones revelaron a los investigadores que los procesos de “desensibilización” revertían el efecto.

Y sugirió que si los humanos heredan el trauma de manera similar a como lo hacen los ratones, el efecto en nuestro ADN podría deshacerse utilizando técnicas como la terapia cognitiva conductual.

Curar los efectos de traumas vividos puede detener el proceso epigenético para que no lo hereden generaciones posteriores.

*Las ilustraciones de este artículo fueron creadas por Javier Hirschfeld para la BBC. Puedes leer el artículo original (en inglés) en BBC Future.


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