Estas son las cosas que más te hacen perder la concentración
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Estas son las cosas que más te hacen perder la concentración

Según una encuesta, la actividad que más evita la distracción es el sexo. En segundo lugar, está el ejercicio físico. En tercer lugar, hablar con alguien. Y en cuarto lugar, jugar
Por Sergio Parra // @YorokobuAmerica
9 de agosto, 2015
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Una media del 50% de las veces que estamos haciendo cualquier cosa, nuestra mente se pierde en divagaciones, desconcentrándose, extraviándose en pensamientos en bucle, en ocasiones ciertamente obsesivos. ¿Habéis visto esa escena de la última obra maestra de Pixar, Inside Out, donde envían a menudo un Earworm o canción pegadiza? Pues eso.

Toda esta energía cognitiva desperdiciada provoca que rindamos un 50% menos de lo que lo haríamos si nuestro cerebro estuviera mejor diseñado. Este enorme pensamiento estéril, en comparación, deja a la procrastinación como un defecto menor en la productividad.

Lo más preocupante de toda esta energía mental despreciada es que se inclina mayoritariamente hacia pensamientos negativos, displacenteros, como un buque derrelicto. Hasta el punto de que pensamientos neutros en un primer momento pueden terminar cargados negativamente. Como señala Steven Johnson en su libro La mente de par en par:

“Hasta donde me alcanza la memoria, tengo una extraña propensión a recordar con intensidad ciertos argumentos expuestos de pasada por amigos, profesores o colegas, en el marco de una conversación de sobremesa o de un seminario. Alguien que hace una apasionada defensa de la política económica de Castro, del cine de Jean-Luc Godard o del último disco de Madonna, y, por alguna razón, sus palabras se quedan grabadas en el banco de datos de mi memoria. Al cabo de los meses, y hasta de los años, me sorprende dando vueltas a sus argumentos, construyendo contra-argumentos o reforzando su verdad esencial con nuevas pruebas”.

Pero ese 50% solo es una media. En función de la actividad que estemos desempeñando, el porcentaje se incrementará o disminuirá. Y el siguiente estudio basado en encuestas a personas escogidas aleatoriamente sirvió para determinar qué actividades son, en general, las que promueven que nos distraigamos con más facilidad. También se descubrieron las actividades que propician que nos centremos más en ellas, concentrándonos al máximo, huyendo de earworms, procrastinaciones y otras hierbas.

Lo que dice el iphone de nosotros

El pensamiento errante, disparejo, parece una fórmula segura para la infelicidad, porque los pensamientos que se generan cuando no estamos pensando en nada concreto se suelen centrar en nosotros mismos, girando alrededor de nuestra identidad en círculos concéntricos o en espirales pesadillescas, tomando fragmentos de nuestra vida, acaso para crear cierta sensación de permanencia. Así abunda en ello Daniel Goleman, psicólogo de Harvard, en su libro Focus:

Dejando a un lado las asociaciones creativas, la mente errante tiende a centrarse en el yo y en sus preocupaciones, es decir, en todas las cosas que hoy tengo que hacer, en las cosas equivocadas que le he dicho a tal persona o en lo que, por el contrario, debería haberle dicho.

Pagar las facturas, aquella frase que nos dijo nuestra pareja cargada de mala baba, lo que nunca le dijimos a nuestros padres, empezar de nuevo la dieta. Estos son algunos ejemplos de pensamientos divagatorios típicos que pueden interrumpir nuestra concentración mientras conducimos, trabajamos o leemos una novela que no consigue absorbernos totalmente.

Advertir que estamos empezando a divagar es difícil porque ello implicaría que no estamos divagando, como el pez que se muerde la cola, tal y como demuestran los estudios de imagen cerebral llevados a cabo por Kalina Christoff y sus colegas de la Universidad de Oregón.

Sin embargo, se conocen de forma aproximada los tiempos promedio en los que divagamos gracias, entre otros, a un experimento realizado a través de terminales iPhone. Los psicólogos de Harvard Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert desarrollaron una app que preguntaba a sus usuarios, en momentos aleatorios del día, si estaban distraídos o no. Tras analizar los informes relativos a 2 mil 250 mujeres y hombres estadounidenses para determinar la frecuencia con la que sus cerebros estaban en otra parte y cuál era su estado de ánimo, llegaron a la conclusión de que ocurría el 50 % de las veces. Y los resultados, publicados en Science, también revelaron que el estado de ánimo solía ser negativo en tales casos.

Con todo, según la encuesta, no todas las actividades favorecían en la misma medida la distracción. La actividad que más evitaba la distracción era el sexo (al parecer hubo quienes respondían a la app en esta tesitura). En segundo lugar, estaba el ejercicio físico. En tercer lugar, hablar con alguien. En cuarto lugar, jugar.

Por el contrario, la modalidad de actividad que más propiciaba la mente errante era el trabajo, estar frente a un ordenador o los desplazamientos de ida y vuelta al trabajo.

Concentración plena

Cuando logramos que nuestra mente se concentre en una actividad, alejando los ecos del pensamiento divagatorio, entonces se reactiva la región medial de la corteza prefrontal de nuestro cerebro, y se activa la constelación neuronal de la corteza prefrontal lateral. Se desconectan también los circuitos asociados a las preocupaciones emocionales, una de las mayores fuentes de distracción y ansiedad.

La concentración en lo que estamos haciendo, pues, no solo propicia que nuestra actividad sea más fértil, sino que acalla los fantasmas cerebrales, tal y como lo expresa Goleman:

“El distractor más poderoso no es la charla interpersonal, sino la incesante cháchara intrapersonal que se da en el escenario de nuestra mente. La verdadera concentración exige acallar esa voz interior. Una resta en la que, partiendo de 100, vamos sustrayendo sucesivamente 7 acabará aquietando, si nos concentramos en esa tarea, ese diálogo interno”.

La atención plena o mindfulness produce, según los escáneres cerebrales, este efecto de acallamiento mental. En palabras del neurocientífico Richard Davidson: «Si la absorción total y el flujo reflejan el abandono del estado errante de la mente y el centrarse por completo en una actividad, es muy probable que desactiven los circuitos por defecto. No puedes, mientras estás absorto en una tarea difícil, seguir dando vueltas en torno a tu persona». O como decían esos loros de La isla, de Aldous Huxley, adiestrados para gritar sobre las personas a fin de centren su atención en lo que está ocurriendo, “¡Aquí y ahora, muchachos! ¡Aquí y ahora!”.

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

Getty Images
Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

Getty Images
Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

Getty Images
Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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