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Un estudiante con debilidad visual demanda a la UNAM por examen de ingreso
Al ver vulnerados sus derechos a la educación y a la no discriminación, Ismael –que quiere ser abogado- interpuso una demanda de amparo para que la máxima casa de estudios realizara ajustes al examen. Ahora, una juez debe decidir si la UNAM debe ajustar su normatividad a personas con discapacidad.
Cuartoscuro
Por Diana Martínez
4 de agosto, 2015
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

[contextly_sidebar id=”jyysH6nk0dA6ke54LrQQptJ4lQw97mBY”]Un estudiante con debilidad visual logró que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) modificara el formato de su examen de ingreso la licenciatura, tras haberlo reprobado en dos ocasiones porque no pudo terminarlo.

Ahora, una juez debe decidir si la UNAM debe ajustar su normatividad a personas con discapacidad. 

En 2014, Ismael Alejandro Cruz Maciel presentó su primer examen para obtener un lugar en la Facultad de Derecho de la Máxima Casa de Estudios. Sin embargo, el único apoyo que le dio la institución educativa fue un lector, es decir, una persona que se encarga de leer las preguntas.

La mujer que lo ayudó, dice el joven de 19 años, no leía correctamente las preguntas de Matemáticas y Física. Y además no podía ver bien los círculos que debía llenar en la hoja de respuestas. “Necesitaba que fuera más grande la letra; nos daban salones oscuros, me mandaban a hacer los exámenes muy lejos”, narra Ismael.

El resultado: no logró terminar el examen en las tres horas que, por reglamento, debió hacerlo.

En su segundo intento ocurrió lo mismo. Por ello, con el apoyo de la abogada María Dolores Ajá Aguinaco y del Centro Estratégico de Impacto Social, Ismael solicitó a la UNAM realizar ajustes a la aplicación del examen de ingreso para las personas con discapacidad. 

¿Qué pidió exactamente? Extender el tiempo para realizar la prueba, un formato diferente y una hoja de respuestas más grande, con interlineado suficiente, un espacio con buena luz que no se refleje en el escritorio o en el examen, una calculadora parlante y acudir a este lugar antes del examen.

Ismael, la abogada Ajá Aguinaco y el Centro Estratégico de Impacto Social interpusieron una demanda de amparo y el joven pidió presentar el examen antes del 30 de marzo de 2015.

No fue posible, pero la Jueza Décimo Quinta de Distrito en Materia Administrativa, Alma Delia Aguilar Chávez Nava, concedió la suspensión definitiva para que Ismael presentara el examen posteriormente ya con ajustes solicitados por la defensa. La UNAM  accedió a que fuera el 15 de abril.

En la demanda se señala que la UNAM discriminó a Ismael y debe ajustar su normatividad a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. El artículo 24 de la Convención dice:

Los Estados Partes asegurarán que las personas con discapacidad tengan acceso general a la educación superior, la formación profesional, la educación para adultos y el aprendizaje durante toda la vida sin discriminación y en igualdad de condiciones con las demás. A tal fin, los Estados Partes asegurarán que se realicen ajustes razonables para las personas con discapacidad.

La abogada Ajá Aguinaco critica que la institución educativa haya respondido que tiene lineamientos para atender a personas con discapacidad, pero no son aplicables porque Ismael no es alumno.

A pesar de las modificaciones al examen, Ismael no obtuvo los aciertos necesarios para ingresar a la licenciatura, pero su caso puede sentar un precedente si la jueza determina que la UNAM debe modificar su normatividad sobre los derechos de las personas con discapacidad.

De obtener una resolución desfavorable, asegura, buscará que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se pronuncie al respecto.

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7 emociones que sentíamos los seres humanos y que ya no existen
Cuando pensamos en las emociones, tendemos a pensar que son fijas y compartidas por todo el mundo. Sin embargo, no solo varían de país en país sino que también cambian con los tiempos. Aquí te explicamos algunas que eran muy comunes en el pasado.
21 de abril, 2019
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Solemos pensar que las emociones son fijas y universales.

Sin embargo, estas varían de país en país (piensa por ejemplo en la palabra schadenfreude, que solo existe en alemán y que describe el disfrute ilícito de la mala fortuna ajena) y nuevas emociones aparecen todo el tiempo.

El cambio de los emoticones, que tanto usamos hoy día para expresar nuestros sentimientos, también refleja lo dinámicas que pueden ser las emociones.

BBC Radio 3 conversó con Sarah Chaney, experta del Centro para la Historia de la Emociones, en Reino Unido, sobre las emociones del pasado que pueden ayudarnos a entender cómo nos sentimos hoy.

Estas son algunas de ellas.

1. Acedía

La acedía era una emoción muy específica experimentada por hombres muy específicos en la Edad Media: monjes que vivían en monasterios.

Esta emoción surgía, por lo general, a raíz de una crisis espiritual.

Aquellos que la experimentaban sentían desazón, desgano, apatía y, sobre todo, un poderoso deseo de abandonar la vida santa.

“Es posible que hoy día esto sea catalogado como depresión”, explica Chaney. “Pero la acedía estaba específicamente asociada con una crisis espiritual y con la vida en un monasterio”.

Seguramente esto era una fuente de preocupación para los abades, que se desesperaban por la indolencia que acompañaba a la acedía.

De hecho, con el paso del tiempo, el término “acedía” se fue volviendo intercambiable con el de pereza”, uno de los siete pecados capitales.

2. Frenesí

“Esta es otra emoción medieval”, dice Chaney.

“Es como la ira, pero es más específica que la ira que entendemos hoy. Alguien que experimentaba frenesí se habría sentido muy agitado. Habría tenido ataques violentos de furia, y habría hecho pataletas y mucho ruido”.

Habría sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

Esta emoción pone de relieve nuestra tendencia actual a pensar en las emociones como algo esencialmente interno, algo que podemos esconder si lo intentamos.

Esto sencillamente no podía aplicarse a la gente que experimentaba frenesí en el Medioevo.

Muchas emociones históricas están tan ligadas a un tiempo y a un lugar que es imposible sentirlas ahora.

3. Melancolía

Melancolía es una palabra que usamos para describir una especie de tristeza calma o un estado contemplativo.

“Pero en el pasado, la melancolía era diferente”, señala Chaney. “A comienzos del período moderno, se pensaba que la melancolía era una aflicción física que se caracterizaba por el temor“.

Hasta el siglo XVI, se creía que la salud se veía afectada por el equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

La melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

“Uno de los síntomas de la melancolía en ese entonces era el miedo. En algunos casos, la gente tenía terror de moverse porque pensaba que estaba hecha de cristal y se rompería”, cuenta Chaney.

El rey Carlos VI de Francia sufría de melancolía y por ello había hecho coser varas de hierro en su ropa para evitar hacerse añicos de forma accidental.

4. Nostalgia

Esta es otra emoción que quizás creas que ya conoces. “Usamos la palabra ‘nostalgia’ de manera muy frecuente en las conversaciones hoy día, pero cuando empezó a usarse, se refería a algo que se pensaba que era una enfermedad física“, afirma Chaney.

“Era una enfermedad del siglo XVIII de los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar”.

Un caso severo de nostalgia podía incluso llevar a la muerte.

No se compara realmente con nuestra definición actual de nostalgia, que describe la añoranza por los buenos tiempos.

5. Neurosis de guerra

Muchos habrán escuchado hablar de la neurosis de guerra, una condición que afectaba a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial.

Al igual que la melancolía, la nostalgia y muchas otras experiencias emocionales a lo largo de la historia, la neurosis de guerra fue considerada a veces una emoción y otras una enfermedad, por la forma en la que se hablaba de ella y por cómo se trataba.

“La gente que sufría neurosis de guerra tenía extraños espasmos y con frecuencia perdía la capacidad de ver y escuchar, pese a que no tenían ningún problema físico que se lo impidiera”, explica Chaney.

“Al principio de la guerra, se pensaba que estos síntomas se debían a que las explosiones les habían sacudido el cerebro. Pero más tarde, pensaron que todos los síntomas eran provocados por las experiencias que había vivido el paciente y su estado emocional”.

6. Hipocondría

La hipocondría era otra condición médica que para el siglo XIX había adquirido asociaciones puramente emocionales.

“Era básicamente la versión masculina de lo que los médicos victorianos llamaban histeria“, dice Chaney.

“Se creía que causaba cansancio, dolor y problemas digestivos. En los siglos XVII y XVIII, se pensaba que la hipocondría estaba ligada al bazo, pero más tarde se la asoció a los nervios”.

Los victorianos creían que los síntomas eran causados por la hipocondría, o por la preocupación obsesiva por el cuerpo (a pesar de que se notaban los síntomas físicos, era la mente y las emociones las que se creía que estaban enfermas).

7. Demencia moral

El término “demencia moral” fue acuñado por el doctor James Cowles Prichard en 1835.

“Efectivamente, significa ‘locura moral'”, explica Chaney, “porque por mucho tiempo la palabra ‘moral’ significaba ‘psicológica’, ‘emocional’ y también ‘moral’ en el sentido en el que usamos la palabra ahora”.

Los pacientes que Prichard consideraba “dementes moralmente” eran aquellos que actuaban de forma errática o poco usual sin mostrar síntomas de un desorden mental”.

“Él sentía que había un gran número de pacientes que podían funcionar como cualquier otra persona, pero que no podía controlar sus emociones, o cometían crímenes de forma inesperada”.

La cleptomanía, por ejemplo, en mujeres educadas de alta sociedad, podía ser visto como un signo de demencia moral porque eran mujeres que no tenían motivos para robar.

Era un término que servía para describir muchas emociones extremas y se aplicaba con frecuencia a niños difíciles.


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