Los relojes del poder: la política detrás de Corea del Norte, Venezuela y otros países que cambian su hora
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Los relojes del poder: la política detrás de Corea del Norte, Venezuela y otros países que cambian su hora

Corea del Norte atrasa este sábado su reloj para establecer su propia “hora de Pyongyang” y romper con el legado colonial japonés. Pero este país no es el único en convertir el huso horario en un campo de batalla política.
15 de agosto, 2015
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Seguramente hubo trabajo de sobra para los relojeros de Corea del Norte en estos días.

El país asiático ha decidido atrasar su hora oficial en 30 minutos desde este sábado, después de que el gobierno anunció con pompa la creación de un huso horario exclusivo.

La “hora de Pyongyang“, se llama.

Establecer una hora que nadie más comparta es un gesto simbólico de ruptura con el pasado de ocupación japonesa: Corea del Norte se había visto obligado a ajustar el reloj para alinearse con Tokio, a comienzos de la década de 1920.

La fecha elegida para la transición es por demás elocuente: el día en que se celebran los 70 años de la expulsión de la península coreana de las tropas de Japón, tras la Segunda Guerra Mundial.

Y es visto por muchos como una manera de apuntalar la popularidad del “líder supremo”, Kim Jong-un.

Pero eso significaba que ciudades cercanas con frecuencia tenían horarios diferentes. Unos 300 kilómetros de distancia bastaban para obligar a correr las agujas unos minutos, lo que resultaba una verdadera pesadilla para coordinar transacciones y viajes.

La expansión de la red ferroviaria y la revolución industrial dejaron en evidencia la necesidad de crear un sistema horario estandarizado y global.

Fue en la Conferencia Internacional del Meridiano de 1884 que se decidió la división del mundo en 24 husos horarios, uno por cada hora del día: franjas de norte a sur, cada una de 15 grados de longitud para cubrir en conjunto los 360 grados de la longitud terrestre.

“Los malvados imperialistas japoneses cometieron crímenes imperdonables tales como privar a Corea de su hora estándar”, señaló un comunicado del máximo órgano legislativo del país, distribuido para anunciar la modificación horaria por la agencia estatal KCNA.

Corea del Norte se ha convertido así en el último país en sumarse a una lista de “disidentes horarios” de larga data. Países que han decidido ignorar lo que dicta la convención internacional y la geografía.

“No es posible trazar una línea recta de norte a sur sobre un mapa y pretender que los países la acaten como si nada. Los países tienen autonomía para decidir los límites de sus zonas horarias y esto, sin duda, es un asunto que con frecuencia se vuelve político”, le dijo a BBC Mundo Rory McEvoy, curador de Relojería del Real Observatorio de Greenwich.

Un sistema ¿a medida de todos?

Pero retrocedamos un momento en el tiempo.

Hasta el siglo XIX, no existía un modo unificado de establecer la hora. Cada ciudad determinaba la suya usando como guía el sol: el punto más alto marcaba el mediodía, sin más.

Pero eso significaba que ciudades cercanas con frecuencia tenían horarios diferentes. Unos 300 kilómetros de distancia bastaban para obligar a correr las agujas unos minutos, lo que resultaba una verdadera pesadilla para coordinar transacciones y viajes.

La expansión de la red ferroviaria y la revolución industrial dejaron en evidencia la necesidad de crear un sistema horario estandarizado y global.

Fue en la Conferencia Internacional del Meridiano de 1884 que se decidió la división del mundo en 24 husos horarios, uno por cada hora del día: franjas de norte a sur, cada una de 15 grados de longitud para cubrir en conjunto los 360 grados de la longitud terrestre.

Cada huso representa una hora, de tal modo que al moverse una franja hacia el oeste habrá que adelantar el reloj 60 minutos o retrasarlo cuando se viaja en dirección al oriente.

El sistema fue conocido como Tiempo Medio de Greenwich (GMT, en inglés), luego rebautizado Tiempo Universal Coordinado (UTC, en ingles).

Y con él, llegó la política a los relojes.

A cada cual su hora

La política es ciertamente una de las fuerzas detrás de la partición del mundo en muchas más zonas horarias que las 24 originalmente creadas: actualmente hay unas 40 en uso.

Y muchos países se niegan a alinear sus relojes según el mandato del meridiano. Después de todo, la adhesión al sistema GMT ha sido voluntaria desde el inicio.

Afganistán o Irán, por caso, bien pueden esgrimir razones de posición geográfica para estar fuera de sintonía: ambos países tienen una parte de su territorio en una zona horaria y el resto, en la de al lado.

Para resolver el dilema, optaron por partir la diferencia y poner los relojes 30 minutos fuera de la marca GMT.

Otros, en tanto, han utilizado sutil o explícitamente sus políticas horarias como herramientas de gestión o incluso de propaganda.

El tiempo que marca el reloj revela dónde está ubicado el poder.

El caso de China, por ejemplo: con un territorio vasto que cubre 5.000 kilómetros y cinco husos horarios, el gobierno decidió sin embargo que unificaría el país bajo una misma hora, la de Pekín.

La llamada Hora Estándar de China (CST, en la convención universal) fue establecida en 1949 para azuzar el sentimiento de unidad nacional durante las primeras épocas del Partido Comunista en el poder.

Esto significa que las ciudades en el oeste de China tienen mañanas sin luz solar y atardeceres tardíos desde hace más de 60 años.

Salvo por un pequeño foco de resistencia: la región de Xinjiang, donde vive la minoría musulmana uigur, estableció su propio horario no oficial, con dos horas de diferencia de Pekín, para mandar un mensaje claro al todopoderoso gobierno central.

Al que madruga…

También India está unificada bajo una misma zona horaria, que fue establecida tras la independencia.

Durante los años bajo el dominio británico, entre 1858 y 1947, el país había sido partido en dos husos, con lo cual el gesto de reunificarlo se volvió una manera visible de cortar lazos con el pasado colonial.

En la práctica, significa que un habitante del extremo este del país ve amanecer 90 minutos antes que su par del oeste… pero ambos tienen en sus relojes la misma hora oficial.

Aunque muchos encuentran artilugios para saltearse la convención. En el estado oriental de Assam, por ejemplo, se usa la llamada “hora del jardín de té”, 60 minutos por delante de Nueva Delhi, con el objetivo de aumentar las horas de luz natural en las plantaciones de té, que son clave para la economía del país.

Más recientemente, Venezuela cambió su horario por razones parecidas, después de 45 años de relojes inalterados.

El entonces presidente, Hugo Chávez, decidió en 2007 una abrupta vuelta de reloj –o media vuelta, más bien, ya las manecillas se atrasaron 30 minutos para dejar al país 4,5 horas detrás del meridiano de Greenwich– como una vía para mejorar la productividad del país con más horas de luz en la mañana.

Según el mandatario, la nueva hora oficial traería una más justa “distribución de amaneceres”.

“Al menos le estamos dando media hora más de sueño a todo el mundo para que comience sus actividades con la mayor cantidad de luz posible”, explicó el entonces director del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Omar Marcano.

Los críticos, sin embargo, interpretaron la medida como un capricho propio del nacionalismo chavista, que ya se había encargado de modificar bandera, Constitución y hasta el nombre del país.

También como una rebelión contra las normas –el GMT, en este caso– establecidas por países “imperialistas”, contra los que el fallecido mandatario se mantenía en pie de guerra.

Adelante y atrás

Rusia es tal vez el ejemplo proverbial de cómo el juego político se traduce en el reloj.

El país ha aumentado y reducido el número de franjas horarias en su territorio un sinfín de veces.

Actualmente está dividido en 11, más que ningún otro país del mundo y bastante cerca de las 12 que debería tener si se siguiera al pie de la letra el modelo GMT.

Pero esta subdivisión es relativamente reciente: entró en vigor en marzo de 2010, cuando el entonces presidente, Dimitry Medvedev, eliminó dos husos completos para simplificar su administración y dejar como legado “una Rusia más eficiente”.

Un año después, también abolió el cambio de hora estacional, que se usaba para marca el paso de verano a invierno desde la era soviética: quería establecer, según dijo, un horario de “verano permanente”.

La medida indignó a muchos de sus compatriotas, sobre todo en las regiones que permanecían sin luz solar hasta bien entrada la mañana.

Tan pronto Vladimir Putin lo sucedió en el poder, se encargó de dar marcha atrás con ambas medidas.

Pero eso no es todo: en 2014, el Kremlin anexó la región de Crimea y la obligó a cambiar su reloj para alinearse con Moscú, pese a que ello no tiene sustento en la geografía ni en la lógica del GMT.

Lo mismo ocurre con muchos otros cambios de reloj: son decisiones que tienen poco que ver con la rotación terrestre, el horario solar y las coordenadas reales, sino que derivan de las “políticas del tiempo” de los gobiernos a cargo.

Como el dinero, el tiempo es poder.

 

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La Tierra registró el día más corto en su historia: ¿a qué se debe este fenómeno?

El 29 de junio de este año, nuestro planeta tuvo el día más corto del que se tiene registro. Los 28 récords anteriores se establecieron en 2020.
5 de agosto, 2022
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¿Alguna vez has tenido la sensación de que los días son cada vez más cortos?

La verdad es que tienes razón, aunque solo sea a medias.

Este año vivimos el día más corto del que se tiene registro histórico: el 29 de junio.

Pero antes de que busques en tu calendario, para ver si ese fue uno de esos días que se “te hizo más corto”, trata de adivinar qué tan corto fue.

No fue por horas, ni por minutos, y tampoco por segundos.

Según el sitio timeanddate.com, una web sobre recursos para medir el tiempo y las zonas horarias, la tierra duró 1.59 milisegundos menos en girar sobre su propio eje el pasado 29 de junio.

O mejor, el 29 de junio duró 1.59 milisegundos menos que 24 horas.

Para que te hagas una idea, el parpadeo de un ojo dura 300 milisegundos. Es decir, el tiempo que perdió ese día es el equivalente a poco más de una 300 parte de un parpadeo, solo se puede percibir con instrumentos muy precisos.

¿Ves por qué tienes la razón, pero solo a medias?

Pero, ¿por qué se habría de acelerar la rotación de la Tierra?

Y, si estamos viendo días cada vez más cortos, ¿quiere eso decir que se puede acelerar más?

Precisión asombrosa

La duración de los días en la Tierra se mide por el movimiento de rotación: lo que tarda el planeta en rotar sobre su propio eje.

La Tierra, la Luna y el Sol

Getty Images
La Tierra completa su rotación, una vuelta en torno a su propio eje, en 24 horas.

Gracias a los relojes atómicos, podemos medir esos días con una precisión que no podríamos tener de otra manera.

Un día terrestre o un periodo de rotación debe tardar en teoría 86 mil 400 segundos, que son los segundos que hay en mil 440 minutos o en 24 horas.

Pero desde el año 2020, las cosas han sido extrañas.

La Tierra

Hasta 2020, el día más “corto” del que se tenía registro había ocurrido el 5 de julio de 2005, con una duración de 1.0516 milisegundos menos que 24 horas.

Globo terráqueo girando rápido

Getty Images
¿Qué significa que la Tierra esté girando más rápido?

Pero en 2020, la Tierra reportó los 28 días más cortos que se hayan registrado desde que en los años 60 se comenzaron a usar los relojes atómicos.

El 19 de julio de ese año, el planeta rompió el récord que había establecido en 2005, registrando un día 1.47 milisegundos más corto de lo normal.

El nuevo récord, el del 29 de junio de este año, es de 1.59 milisegundos más corto de lo normal.

Pero es algo que los científicos creen que no es motivo de preocupación.

Variaciones periódicas

“Creemos que esto ha venido pasando durante millones de años. Pero con variaciones muy pequeñas”, dijo Graham Jones, astrofísico de Time and Date, a BBC Mundo.

Christian Bizouard, del Observatorio de París del Centro de Orientación de la Tierra del IERS, agregó que la tendencia de aceleración que vemos actualmente empezó en la década de 1990.

“Después de una interrupción en 2004, con una pequeña desaceleración, la aceleración se restableció en 2016”, detalla Bizouard.

Pero los científicos no tienen certeza de cuánto pueda durar esta aceleración. “En algún momento, las cosas volverán a desacelerarse otra vez”, aseguró Jones.

¿A qué se debe que la Tierra se “apure”?

“A escalas temporales de décadas (de entre 10 y 100 años), la duración de los días presenta variaciones irregulares”, dijo Bizouard a BBC Mundo.

Los científicos coinciden en que estos cambios se producen por la interacción de factores como la actividad del núcleo fundido del planeta o el movimiento de los océanos y de la atmósfera.

Pero en realidad el origen de estas variaciones no se entiende, dice Bizouard.

Jones reconoce también que los expertos no saben “exactamente por qué la Tierra se acelera o se desacelera durante largos periodos”.

Pero, en general, para Jones “es sorprendente lo precisa que es la Tierra como ‘cronómetro'”, pues “solo se pierde unos milisegundos”.

¿Qué pasaría si la Tierra se retrasara o adelantara más?

Aunque sean pequeños, los cambios en los tiempos de la Tierra pueden acumularse a lo largo de los años y causar que nuestros relojes se adelanten o retrasen un segundo.

Núcleo de la Tierra

Getty Images
Factores como la actividad del núcleo de la Tierra, los océanos y la atmósfera influyen en la duración de los días en la Tierra.

Para solucionar el desajuste, los científicos usan desde 1973 el llamado “segundo intercalar”, que puede ser positivo o negativo.

Es decir, este segundo puede sumarse a nuestros relojes cuando la Tierra se retrasa, o puede quitarse cuando el planeta acaba sus rotaciones en menos tiempo de lo normal.

Desde 1973, el IERS ha añadido 27 segundos intercalares a la hora oficial de los relojes de la Tierra.

“Si los días más cortos continúan, en algún momento podríamos necesitar un segundo intercalar negativo, es decir, quitar un segundo de nuestros relojes para que se ajuste a la rotación más rápida de la Tierra”, dice Jones.

“Pero podremos o no necesitarlo. No sabemos si va a pasar porque no sabemos cuánto va a durar esta tendencia o si va a durar”, agrega.


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