Una pulsera inteligente y una chamarra para escuchar música: oferta tecnológica hecha en México
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Foto: @Xavs

Una pulsera inteligente y una chamarra para escuchar música: oferta tecnológica hecha en México

El desarrollo de tecnología en México no es tan amplio como en otros países, sin embargo, dos marcas 100% nacionales quieren mostrar que sus wearables pueden competir a nivel internacional.
Foto: @Xavs
Por Javier Bárcenas
14 de agosto, 2015
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¿Mover tu muñeca hacia adelante y atrás para cambiar de canción en tu lista de reproducción favorita te parece algo imposible de realizar? No lo es si tienes puesta una pulsera inteligente… hecha en México.

Los productos ‘inteligentes’ y vestibles se han vuelto parte de nuestras vidas, por ejemplo, se ha hecho un poco más común ver a una persona que usa un smartphone conectado a un reloj inteligente, sin embargo, la mayoría de estos dispositivos se desarrollan fuera de México.

Esto ha cambiado, y un par de marcas nacionales demuestran que no hay límites para la imaginación, la creatividad y el uso de la tecnología para hacer más fácil – y divertida – nuestra vida.

El proyecto Machina: música en tu cuerpo

“México es un país malinchista, entonces si no ven un producto fuera del país no lo compran”, dice Linda Franco, directora de la empresa Machina. Hace referencia a ello pues, en su experiencia, su compañía tuvo que ganar fama fuera del país para que, a su regreso a México, los consumidores la percibieran de manera diferente y adquirieran sus productos: chamarras con tecnología incorporada.

Es por eso que Machina utiliza el idioma inglés en su página de internet y redes sociales, con lo que mantienen cierto ‘‘anonimato’ que evite que las personas asocien la marca con un país y consuman los productos sin que el origen de los mismos sea un factor que influya en la decisión de compra.

Machina es una empresa instituida por estudiantes de la universidad CENTRO, en la Ciudad de México. Aquí, los empleados adquieren el nombre de la compañía como apellido, afirma Linda ‘Machina’ quien nos recibió en la tienda Common People Man de la Colonia Juárez de la Ciudad de México; este es uno de los puntos de venta para estos wearable.

Machina crea ropa con tecnología; su próximo proyecto tiene qué ver con Realidad Virtual. //Foto: Adán Tamariz

Machina crea ropa con tecnología; su próximo proyecto tiene qué ver con Realidad Virtual. //Foto: Adán Tamariz

Linda, de 27 años de edad, estudió mercadotecnia y además sabe soldar y coser. Dice que la idea de una chamarra con tecnología incrustada surgió como un proyecto de escuela planteado por su socio, Antonio ‘Machina’, pero rechazado por sus profesores por ser ‘demasiado futurista’.

Al final de cuentas los estudiantes concretaron su proyecto a través de plataformas de aceleración y el apoyo de una campaña de fondeo colectivo en Kickstarter. Su primer producto a gran escala: ‘MIDI Jacket’, una chamarra que permite vincular una interfaz musical para producir música a través de movimientos de los brazos. Su precio es de 999 dólares y en este video se puede ver su funcionamiento:

El catálogo de Machina también incluye la ‘Hoodie with Speakers’ (capucha con bocinas) que está a la venta en México por 279 dólares (alrededor de 4 mil 500 pesos) e incluye altavoces que se conectan al celular para escuchar música sin cables. Repele el agua, por lo que es buena opción para corredores.

Actualmente Linda y su equipo se trasladaron a EU y ya venden sus productos en tiendas de Nueva York y San Francisco.

Bitbrick: la ‘smartband’ que nació en México y ‘renació’ en Las Vegas

Otro proyecto mexicano que está por comercializarse es Bitbrick, pulsera inteligente que se conecta vía Bluetooth al smartphone para controlar funciones como la música.

Coatl es la empresa que respaldó el desarrollo de Bitbrick. El coordinador de Operaciones en esta compañía, Jorge Cano, dice que una función central de la pulsera es para los corredores pues al agitar el dispositivo pueden poner su power song – ‘esa’ canción que te impulsa a dar un ‘último esfuerzo’ – o cambiar a otra melodía.

Bitbrick fue diseñada por un equipo que trabaja en una casa acondicionada como oficina en la colonia Condesa de la Ciudad de México. Sus creadores dicen que el dispositivo está dirigido principalmente a gente joven.

Otra herramienta útil es el LED que se ilumina en distintos colores para indicar que hay una notificación en el celular o la que permite usar el dispositivo para tomarse una selfie; basta con abrir la app y agitar la muñeca para capturar un instante.

Estas herramientas son la esencia de Bitbrick, pero no se detiene ahí. Adicionalmente el dispositivo puede ser usado para controlar presentaciones en la computadora y eventualmente se prevé agregar funciones ‘pro’ (que estarán disponibles con una versión de pago de la app de Bitbrick) como la de controlar un dron, una Smart TV o el sistema de iluminación inteligente de una casa.

El precio en preventa de la pulsera es de 1,392 pesos y será un poco más alto después de su lanzamiento que ocurrirá en la segunda semana de diciembre de 2015.

Según Cano, el diseño final del dispositivo será resistente a salpicaduras de agua, además se podrá intercambiar con distintas pulseras pues el ‘cerebro’ estará en una cápsula que se puede acoplar a correas de muchos diseños. En la página de Bitbrick se puede preordenar el gadget.

Bitbrick Band mejorará en su diseño final que será resistente a salpicaduras de agua. //Foto: Adán Tamariz

Bitbrick Band mejorará en su diseño final que será resistente a salpicaduras de agua. //Foto: Adán Tamariz

Bitbrick lleva 3 años en desarrollo, indica el director Comercial de Coatl, Isaac Farca. El ingeniero en comunicaciones y electrónica afirma que el proyecto no ha sido fácil, pues lograr que fuera reconocido les costó un viaje a Las Vegas y pagar por un lugar de exposición en el CES 2015, evento anual donde las grandes compañías de tecnología presentan nuevos dispositivos.

A partir de su presencia en el CES se abrieron puertas. Lograron contactos en Europa, Asia y en toda América; particularmente notaron interés de empresas en EU y China, donde, además de México, se estudia realizar el lanzamiento de la pulsera.

El coordinador de operaciones de Coatl indica que Bitbrick se logró en gran parte por el respaldo de la empresa que tiene 10 años de historia, pero afirma que las condiciones para emprender han cambiado recientemente y que ahora es más sencillo iniciar un proyecto.

“ les va a costar trabajo, a lo mejor no tanto como a nosotros, porque hoy en día el ambiente es diferente, ya hay muchas empresas nacionales y extranjeras que se dedican al apoyo de este tipo de productos o proyectos”, concluye Cano.

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El enigma de los cubos de uranio que los nazis utilizaban para crear su programa nuclear

La carrera nuclear entre Alemania y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial tiene un misterioso capítulo. Para algunos es solo una curiosidad histórica, para otros fue el comienzo de la peligrosa era en la que hoy está sumergida la humanidad.
4 de diciembre, 2021
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En la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Estados Unidos competían en una feroz batalla para ver quién lograba desarrollar primero un programa nuclear.

En los primeros años de la década de los 40 varios equipos de científicos alemanes comenzaron a producir miles cubos de uranio que serían el núcleo de los reactores que estaban desarrollando como parte del incipiente programa nuclear nazi.

Los alemanes estaban lejos de lograr una bomba atómica, pero confiaban en que estos experimentos les sirvieran para ponerse en ventaja sobre Estados Unidos.

De hecho, la fisión nuclear fue descubierta en 1938 en Berlín.

Fueron los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann los primeros en saber cómo se podía dividir un átomo, y que al hacerlo se liberaría una gran cantidad de energía.

Años después, sin embargo, el Proyecto Manhattan y su bomba atómica demostró que en realidad los estadounidenses estaban muchísimo más adelantados que los alemanes en tecnología atómica.

Los cubos de uranio, sin embargo, guardan claves sobre el secretismo y el recelo entre ambos países por la carrera nuclear.

Dispositivo para lograr fisión nuclear.

Getty
La fisión nuclear se descubrió en Alemania en 1938.

Hoy es un misterio el paradero de la inmensa mayoría de los miles de cubos que se fabricaron.

“Es difícil saber lo que ocurrió con estos cubos”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares del Instituto de Tecnología Stevens, en Estados Unidos.

“Los registros que hay no son los mejores”.

En Estados Unidos, solo se han identificado una decena de ellos, lo cual los convierte en un preciado tesoro para los investigadores que intentan reconstruir los comienzos de la era nuclear.

Experimento fallido

Uno de los equipos que experimentaban con los cubos de uranio estaba liderado por el físico Werner Heisenberg, pionero de la mecánica cuántica y ganador del Nobel en 1932.

Werner Heisenberg

Getty
Werner Heisenberg lideraba uno de los laboratorios donde se experimentaba con los cubos de uranio.

El proyecto de Heisenberg y sus colegas consistía en atar 664 de estos cubos de 5 cm a unos cables colgantes y sumergirlos en agua pesada.

El agua pesada está formada por oxígeno y deuterio, un isótopo del hidrógeno que tiene el doble de masa que el hidrógeno ordinario.

La idea es que al sumergir los cubos se desatara una reacción en cadena, pero el experimento no funcionó.

Según Timothy Koeth, investigador de la Universidad de Maryland que le ha seguido el rastro a los cubos, Heisenberg habría necesitado 50% más de uranio y mayor cantidad de agua pesada para que el diseño funcionara.

“A pesar de ser el lugar de nacimiento de la física nuclear y tener casi dos años de ventaja respecto a EE.UU., no había una amenaza inminente de una Alemania nuclear al final de la guerra”, dice Koeth en un artículo del Instituto Estadounidense de Física.

Bomba nuclear

Getty
El desarrollo de la bomba atómica demostró que Estados Unidos tenía un programa nuclear mucho más avanzado que Alemania.

Material confiscado

En 1945, mientras los alemanes intentaban refinar sus esfuerzos, Estados Unidos y los Aliados ganaron la guerra.

En ese momento, Estados Unidos conformó una misión para recolectar información y confiscar material relacionado con los avances de los alemanes en materia nuclear.

Así fue como tropas estadounidenses llegaron hasta el laboratorio de Heisenberg en la pequeña población de Haigerloch.

Más de 600 cubos de uranio fueron confiscados y enviados a Estados Unidos, según un informe del Laboratorio Nacional del Noroeste Pacífico de Estados Unidos (PNNL, por sus siglas en inglés).

La idea era conocer qué tan avanzados estaban los alemanes en tecnología nuclear y también evitar que los cubos cayeran en manos de los soviéticos, según explica Wellerstein.

Al final, a los científicos estadounidenses el hallazgo de los cubos les sirvió para darse cuenta de que los alemanes estaban rezagados en materia nuclear.

Perdidos

Hoy todavía se desconoce el paradero de la gran mayoría de los cubos.

Se cree que varios de ellos se utilizaron en el desarrollo de armas nucleares de Estados Unidos.

Según Wellerstein, algunas personas comenzaron a regalar los cubos como souvenires, otros científicos los utilizaron como material de análisis y otros cayeron en el mercado negro.

Otros más permanecen como material de colección.

En 2019, la revista Physics Today logró rastrear la ubicación de 7 cubos que según quienes los tienen pertenecieron a los experimentos nucleares de los nazis.

Tres de ellos están en Alemania: uno en el Museo Atomkeller, en Haigerloch, donde antes estuvo el laboratorio de Heinsenberg; otro está en el Museo de Mineralogía de la Universidad de Bonn; y el tercero en la Oficina Federal de Protección contra la Radiación, en Berlín.

Otros dos están en el Museo Nacional de Historia Americana en Washington D.C.; y otro en la Universidad de Harvard.

La revista indica que al parecer un sexto cubo estuvo Instituto Tecnológico de Rochester, pero debido a un cambio en las normas de almacenamiento de material radioactivo, el cubo fue desechado.

Un séptimo cubo está en manos del PNNL, y aunque se le conoce como “el cubo de Heisenberg”, los investigadores no están 100% seguros de su procedencia.

Otro de los cubos lo tiene el propio Koeth, quien lo recibió como un curioso regalo de cumpleaños en 2013.

Brittany Robertson

ANDREA STARR/PNNL
Brittany Robertson trabaja en la identificación de los cubos de uranio.

Koeth colabora junto con el PNNL para averiguar el paradero de los cientos o miles de cubos que aún permanecen perdidos y para conocer más detalles acerca de cómo llegaron a Estados Unidos.

En busca del pedigrí

Más allá de su valor histórico y simbólico, “realmente los cubos no son muy valiosos, no puedes hacer nada con ellos“, dice Wellerstein.

Tampoco son peligrosos, ya que generan una radiación muy débil. Después de agarrar uno de ellos, “basta con lavarte las manos”, dice el experto.

En agosto de 2021, Jon Schwantes y Brittany Robertson, investigadores del PNNL, presentaron un proyecto en el que describen cómo trabajan para identificar el “pedigrí” de varios de los cubos que se han encontrado.

Según explica Schwantes, la idea es comparar distintos cubos e intentar clasificarlos.

Hiroshima

Getty
Estados Unidos desarrolló su programa nuclear en parte por miedo a los avances de los nazis en esta tecnología. (Foto de Hiroshima tras la bomba atómica de 1945).

Para ello, combinan métodos forenses y radiocronometría, que es la versión nuclear de la técnica que utilizan los geólogos para determinar la edad de una muestra con base en el contenido de isótopos radioactivos.

Miedo

Los expertos coinciden en que Estados Unidos desarrolló velozmente su programa nuclear en gran parte por miedo a que los alemanes lo lograran antes que ellos.

Y aunque algunos ven estos cubos como una curiosidad histórica, otros lo ven como el desencadenante de la peligrosa era de armas nucleares en la que hoy está atrapada el mundo.

“Las armas nucleares, la energía nuclear, la Guerra Fría, el planeta como un rehén nuclear, todo esto fue motivado por el esfuerzo que se generó a partir de estos 600 y tantos cubos” dice Koeth en un artículo de la cadena NPR.

En todo caso las dos grandes preguntas sobre cientos o miles de estos cubos siguen sin respuesta: cuántos existen todavía y dónde están.


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