Qué es realidad y qué es ficción en la serie 'Narcos' de Netflix
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Qué es realidad y qué es ficción en la serie 'Narcos' de Netflix

BBC Brasil habló con especialistas para tratar de separar los hechos históricos de la ficción en la historia de Pablo Escobar retratada en la nueva serie de televisión.
Netflix/AP
Por BBC Brasil / Luiza Bandeira
14 de septiembre, 2015
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El actor brasileño Wagner Moura interpreta a Pablo Escobar en la serie "Narcos". // Foto: Netflix/AP

El actor brasileño Wagner Moura interpreta a Pablo Escobar en la serie “Narcos”. // Foto: Netflix/AP

En el primer episodio del más reciente éxito de Netflix, “Narcos”, se afirma que el realismo mágico aborda cosas que a veces son “demasiado extrañas para ser verdad”, para luego agregar que “hay una razón por la que el realismo mágico nació en Colombia”.

En realidad, el término fue introducido en la literatura latinoamericana por el venezolano Arturo Uslar Pietri.

Pero su máximo exponente es, sin duda, un colombiano: Gabriel García Márquez.

Y, más allá de precisiones académicas, la serie que dirige el brasileño José Padilla cuenta acontecimientos de la vida de otro colombiano –el narcotraficante Pablo Escobar– que pueden resultar bastante difíciles de creer para algunos televidentes.

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Al tratarse de una persona que vivía en la ilegalidad, la historia de Escobar está además llena de mitos y a menudo resulta difícil diferenciar entre lo que realmente pasó y lo que es mera leyenda.

Pero BBC Brasil habló con especialistas para tratar de separar los hechos históricos de la ficción. Y aquí te lo aclaramos.

(Advertencia: esta nota está llena de anticipos, pero te los presentamos episodio por episodio para que, si estás viendo “Narcos”, puedas leerla a medida que avanzas en la serie).

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1. El papel de Pinochet

El primer episodio de “Narcos” cuenta una historia poco conocida: según el narrador –Steve Murphy, un agente de la oficina antinarcóticos del gobierno de EE.UU. (DEA) – la historia de la cocaína colombiana tiene origen chileno.

Murphy es un personaje real, quien se desempeñó como consultor para la serie junto a su colega de la DEA Javier Peña. Y esta versión la confirma Paul Gootenberg, profesor de historia de la Universidad Stony Brook, EE.UU., y autor del libro Andean Cocaine (“Cocaína andina”).

Según Gootenberg, entre 1950 y 1973, Chile era el principal punto para el refinamiento de cocaína de todo el continente. Pero luego de la llegada al poder de Augusto Pinochet, el lucrativo negocio se mudó para Colombia.

“Pinochet era un dictador y es probable que reprimiera a los narcotraficantes, pero la masacre (que aparece en la serie) es inventada”, dijo sin embargo Gootenberg, en referencia a una escena que muestra el asesinato de una decena de narcos a manos de las autoridades chilenas.

Según el académico, en la realidad la mayoría de los narcotraficantes fueron extraditados a EE.UU. para ser juzgados.

Y, según el historiador, el único sobreviviente de la masacre, “Cucaracha”, muy probablemente también fue inventado.

“Escobar sí tenía un socio llamado ‘Cucaracha’, pero nunca oí que fuera chileno”, explicó.

2. La espada de Simón Bolívar y el M19

Parece ficción, pero el grupo guerrillero colombiano M19 sí se robó la espada de Simón Bolívar.

Según Thiago Rodrigues, especialista en narcotráfico de la Universidad Federal Fluminense, Brasil, la acción fue parte de la especie de campaña de marketing con la que se dio a conocer el movimiento guerrillero.

Rodrigues cuenta que, algunos días antes de la acción, en los periódicos del país habían aparecido anuncios que decían: “¿Cansado del pasado? Ven al M19”.

Pero, ¿realmente le entregaron luego la espada a Escobar?

Hace algunos años, el hijo del narcotraficante, Juan Pablo, aseguró que la espada había sido uno de sus juguetes de infancia.

Y el colombiano Daniel Mejía, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de Los Andes dice que muchos en Colombia dan la historia como cierta.

Aunque la versión ha sido negada por varios exmiembros del M19.

Y Rodrigues recuerda que cuando el grupo se desmovilizó, en 1991, le devolvió la espada al gobierno colombiano, lo que demostraría que la misma había estado en su poder todo el tiempo.

El académico destaca también otros problemas con la representación del M19, que era una guerrilla fundamentalmente urbana y no rural, como se la presenta en la serie.

“Mi impresión es que usaron al M19 para representar a todas las guerrillas colombianas” dijo.

3. Escobar y la política

Pablo Escobar sí fue candidato al Congreso de la República como suplente de un parlamentario que resultó elegido a la legislatura colombiana en 1982 y ocupó su puesto cuando el titular renunció poco después.

Pero según algunos especialistas no fue él quien primero buscó a los políticos, sino lo contrario.

“En Colombia acostumbramos a decir que son los políticos los que corrompen a los narcotraficantes y no al revés. Y así fue con Escobar: ellos fueron los que lo buscaron”, dijo Mejía.

En el libro “La parábola de Pablo”, el periodista Alonso Salazar reconoce que el traficante tenía ambiciones políticas.

Pero también cuenta que su breve carrera política empezó, irónicamente, con una invitación de un miembro del partido del candidato presidencial Luis Carlos Galán, quien tenía un claro discurso anti-narcotráfico.

Galán eventualmente decidió expulsar a Escobar de su movimiento Nuevo Liberalismo, algo por lo que el narcotraficante nunca lo perdonó.

Y, al final, Escobar fue electo diputado suplente por la Alternativa Liberal. Aunque la denuncia de sus nexos con el narcotráfico no se produjo de forma tan espectacular como aparece en la serie.

Efectivamente, en “Narcos” Escobar es desenmascarado en pleno congreso por el ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, quien muestra una foto de su récord criminal proporcionada por los agentes de la DEA.

Pero en su libro Salazar relata que fue el director del diario “El Espectador” quien, por cuenta propia, revisó los archivos y se encontró con la noticia de su captura por tráfico de drogas en 1976.

La noticia fue publicada y aunque el traficante intentó comprar todas las ediciones del diario no consiguió acallar la historia.

Esto motivó la reapertura de una investigación sobre la muerte de dos agentes que arrestaron a Escobar, quien acabó perdiendo su inmunidad parlamentaria y renunció por presiones del partido.

“Pablo sufría la primera gran derrota de su vida”, escribe Salazar.

Pero, como muestra la serie, esa derrota le costó la vida al ministro Lara Bonilla, asesinado por sicarios en moto por orden de Pablo.

Lea también: Las víctimas de Escobar, ayer y hoy

4. Palacio en llamas

Más de cien personas, entre ellas la cúpula de la Corte Suprema, murieron luego de la toma del Palacio de Justicia por el grupo guerrillero M19 el 6 de noviembre de 1985.

En “Narcos”, la toma se produce a pedido de Escobar, quien también financia la operación con el objetivo de destruir las pruebas en su contra almacenadas en el Palacio.

Pero esta versión, que circuló en esa época y fue retomada en el libro del exlíder paramilitar Carlos Castaño, no está comprobada.

Y el Tribunal Especial que investigó el atentado concluyó que “el M19 actuó solo”.

“Esta parte me sorprende un poco, porque la versión más común siempre ha sido que el grupo tenía apoyo financiero de Escobar, pero no que la idea fuera suya”, dijo Mejía.

Mientras que Rodrigues dice que la acción del grupo guerrillero tenía como objetivo oficial castigar al presidente Belisario Betancur, a quien acusaban de haber traicionado las negociaciones de paz.

Además, se sabe que existían copias de los procesos contra Pablo Escobar en otros juzgados.

Y Rodrigues también considera fantasioso el personaje de Elisa, la guerrillera del M19 que les habría advertido sobre el ataque a los agentes estadounidenses, pues no hay registros de ninguna guerrillera con ese nombre como informante de la DEA.

Tampoco se sostiene el asesinato de los líderes del M19 a manos de Escobar después del ataque.

“Iván el Terrible” murió a manos de los militares en 1985 y, según Salazar, Pablo lamentó su muerte.

5. Políticos muertos

La historia que aparece al inicio del quinto episodio es de esas que pertenecen al ámbito de la leyenda.

Efectivamente, varios escritores y periodistas colombianos han negado que Escobar alguna vez se ofreciera pagar la deuda externa de Colombia a cambio de una tregua.

Pero el resto del capítulo es verdad: entre los casi 5.000 muertos del período de Escobar se destaca el candidato presidencial Luis Carlos Galán.

Lea también: ¿Y si no hubieran matado a Luis Carlos Galán?

Y después de la muerte de Galán fue su asesor, César Gaviria, quien retomó su manto, a pedido de uno de los hijos del candidato asesinado, tal y como se muestra en la serie.

Según Daniel Mejía, el gobierno de Gaviria fue “durísimo” contra el narcotráfico.

“El retomó las banderas de Galán. Negoció para que Escobar se entregara, pero fue muy duro”, aseguró.

6. El vuelo 203 de Avianca

Sí: Escobar fue responsable por un atentado en contra de un vuelo de Avianca que le costó la vida a 107 pasajeros, seis tripulantes y otras tres personas que estaban en tierra.

Y todo indica que, tal y como se cuenta en la serie, el hombre que detonó la bomba probablemente no sabía que iba a destruir el avión.

Las personas que cometían los atentados eran conocidos como “suizos”, por “suicidas”.

Y según el periodista Juan Carlos Giraldo, autor del libro “De Rasguño y otros secretos del bajo mundo”, algunos estaban conscientes de que el trabajo les iba a costar la vida y pedían recompensas para sus familias, pero habían otros que no lo sabían.

Según Giraldo, así pasó con el sicario que mató a Carlos Pizarro, el líder del M19, y con el que hizo detonar la bomba que destruyó las instalaciones del periódico El Espectador.

Y, de acuerdo al periodista, el atentado de Avianca fue planeado por un hombre llamado Darío Uzma.

“Puede que hubiera asesoría de un terrorista español, exmiembro de ETA, pero la bomba que hizo explotar al avión era un aparato simple, de fabricación casera, mandada a hacer por un joven sicario del cartel de Medellín”, dijo Giraldo.

En su libro sostiene además que Uzma no recibió el dinero prometido por el atentado, y cuando quiso cobrar terminó siendo asesinado por los hombres de Escobar.

7. Ola de secuestros

Según Alonso Salazar, Escobar empezó a realizar secuestros en 1988, algunos de ellos por venganza: “Tenía a la clase política en la mira, porque se sentía traicionado”, escribió en “La parábola de Pablo”.

Pero su libro muestra un presidente más dispuesto a la posibilidad de negociar por los rehenes que la serie de Netflix.

Según el periodista, antes de que se hiciera pública la noticia del secuestro de la presentadora de TV Diana Turbay, hija del presidente Julio César Turbay, Gaviria ya había empezado a negociar cambios a la ley de extradición.

La idea era permitir que los narcotraficantes que se entregaran y confesaran un delito no fueran extraditados.

Pero a Pablo no lo convenció la propuesta, y continuó con los secuestros.

8. Rendición

El secuestro de Diana Turbay terminó igual de mal que como se cuenta en la serie: la presentadora murió durante un intento de rescate luego de casi seis meses de cautiverio.

Pero el caso es uno de los descritos por Gabriel García Márquez en su libro “Noticias de un secuestro”.

Y tanto Gabo como Salazar describen su muerte de forma diferente a como lo hace la serie de Netflix.

Según ellos, Turbay fue impactada por tiros disparados desde un helicóptero cuando ya estaba fuera de la casa donde había estado cautiva, mientras intentaba huir.

El octavo episodio también cuenta la muerte de Gustavo Gaviria, el primo y socio de Escobar.

Pero según los especialistas no hay registros de ninguna relación entre él y Marta Ochoa (familiar de otro de los capos del cartel de Medellín), tal y como cuenta la serie.

Salazar afirma que Gustavo fue descubierto por las fuerzas de seguridad luego de que estas interceptaron sus comunicaciones.

Pero él creía estar siendo atacado por hombres del cartel de Cali.

9. La Catedral

Es cierto que “La Catedral”, como se conocía a la cárcel de Escobar, era realmente más una fortaleza que una prisión.

Y, en su momento, el periódico estadounidense The New York Timesreportó que las comodidades de la cárcel del jefe del cartel de Medellín incluían cama de agua, videocasetera, bar, refrigerador, una TV de 60 pulgadas, bañera y hasta una chimenea.

También tenía un gimnasio y una cancha de fútbol.

“La Catedral era un Estado dentro de un Estado”, escribió Mark Bowden en el libro “Killing Pablo” (“Matando a Escobar”).

Y Daniel Mejía confirma que la historia del dinero enterrado, que causó la muerte de sus socios Kiko Moncada y Fernando Galeano –quienes cuidaban del negocio mientras él estaba preso – es verdadera.

“Ellos fueron a La Catedral y ahí los mató”, explicó.

10. La fuga

Tal y como cuenta la serie, la presión causada por los asesinatos de Moncada y Galeano y la divulgación de los privilegios de Escobar llevaron a que el presidente Gaviria decidiera transferirlo.

Pero, tal y como confirmaron investigaciones posteriores, problemas de comunicación, así como la colaboración con los narcos de algunos de los militares involucrados en el operativo, no permitieron completar satisfactoriamente la operación.

“La justicia civil y militar acusó a 49 personas por la fuga”, reportó el periódico colombiano El Tiempo, que menciona, entre otros, a un coronel del ejército, seis militares y el mismo exdirector general de prisiones, retenido por Escobar junto al viceministro de Justicia Eduardo Mendoza.

La serie nada más muestra el secuestro de Mendoza.

Y también hay muchas versiones sobre el escape de Escobar: algunos relatos dicen que escapó por un muro, otros hablan de un túnel y otros dicen que lo hizo vestido de mujer aprovechando la confusión.

Y después de la fuga, volvió a empezar la cacería de Escobar. Pero eso ya es parte de la próxima temporada.

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La historia de la “Pequeña Polonia” de México a la que llegaron refugiados de la Segunda Guerra Mundial

Hace 77 años, cientos de polacos llegaron a México huyendo de la guerra y algunos decidieron quedarse en tierra azteca para siempre. Esta es su desconocida y apasionante historia, contada por algunos de los sobrevivientes.
26 de julio, 2020
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“¡Qué lejos estoy del suelo donde he nacido! / Inmensa nostalgia invade mi pensamiento / Al verme tan solo y triste cual hoja al viento / Quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento”.

Así, con los versos de la tradicional “Canción mixteca”, México recibió hace 77 años a cientos de polacos que huían de la Segunda Guerra Mundial y del horror en campos de trabajos forzados.

En efecto, dejaban atrás el suelo donde habían nacido tras un doloroso destierro y llegaban a un nuevo país del que poco o nada conocían, pero que los recibió con alegría y la esperanza de que aquel conflicto bélico pronto llegaría a su fin.

Los años hasta acabar la guerra los pasaron como refugiados en una finca a las afueras de León, en el estado de Guanajuato. A aquel pedacito de su país creado en el corazón de México lo llamaban “la pequeña Polonia”.

Finca de Santa Rosa

Cortesía Embajada de México en Polonia
La hacienda de Santa Rosa estaba ubicada a las afueras de León, en el estado de Guanajuato.

Muchos, sobre todo quienes llegaron siendo niños, aún recuerdan su vida en la hacienda de Santa Rosa como los mejores años de su vida. Pronto pasaron del dziękuję al “gracias” para reconocer la segunda oportunidad que se había presentado en sus vidas.

Tanto fue así, que un puñado de ellos decidieron quedarse para siempre en tierra azteca, y aún hoy confiesan tener el corazón dividido entre sus “dos países”.

Esta es la historia de la tan apasionante como poco conocida historia de solidaridad entre dos países, a priori tan distintos y a más de 10.000 km de distancia, contada por algunos de sus protagonistas.

línea

BBC

Finales de la década de 1930. Polonia parece ser un país condenado a desaparecer: por el oeste son invadidos por el ejército nazi de Hitler, a lo que la Unión Soviética responde ocupando territorios polacos por el este.

La población de Polonia queda atrapada por la pugna entre las dos potencias: los alemanes luchan por expandir lo que consideran su “supremacía racial” y los soviéticos por extender los ideales del comunismo internacional.

Todo el país sufre las consecuencias del inicio de la Segunda Guerra Mundial: asesinatos masivos, encarcelamientos de disidentes, desplazamientos forzados…

La URSS da inicio a la deportación en masa de la población polaca de las zonas que se había anexado para repoblarlas con rusos. Según Polonia, fueron expulsados unos 1,2 millones de personas.

Son enviados a frías e inhóspitas regiones soviéticas como Siberia. Algunos son obligados a ingresar en el ejército y cientos de miles en campos de trabajos forzados bajo condiciones infrahumanas.

Pero su suerte cambió cuando, años más tarde, Alemania invadió la URSS y el gobierno soviético se incorporó al bando de los aliados con Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.

Una de las condiciones de los ingleses fue que la URSS liberara a los ciudadanos polacos. Había entonces que decidir cuál sería su nuevo destino mientras su país natal seguía soportando lo peor de la guerra.

***

Con 97 años, la polaca Frania Pater recuerda perfectamente cuando, el 1 de septiembre de 1939, los alemanes bombardearon la estación de tren cercana a su ciudad, Lwów (hoy parte de Ucrania).

“Pasaban los aviones, hasta seis juntos, y temblaban todas las ventanas. Yo corría al campo y me tiraba al suelo porque tenía mucho miedo”, relata para BBC Mundo desde su casa en León.

Poco después llegaron los soviéticos y su ciudad se convirtió en el reflejo de lo que ocurría en el resto de la Polonia oriental. De un lado del puente que cruzaba el río, se apostaron las tropas de Hitler. Del otro, las de la URSS.

A las 6:00 de la mañana del 10 de febrero de 1940, los rusos entraron a la casa de la familia de Pater. No les dieron más que media hora para recoger sus pertenencias de una vida y dejar todo atrás.

Frania Pater en una salida a León

Archivo familia Frania Pater
Frania Pater (segunda por la derecha en la fila inferior) fue una de las jóvenes que vivió refugiada en México tras verse obligada a abandonar su hogar.

Viajes en trineo y cuatro semanas en tren después (“el tren se paraba a cada rato”), llegaron a Krasnoyarsk, en Siberia. Otros fueron trasladados a Uzbekistán o Kazajistán.

Como el resto de polacos, Pater fue sometida a jornadas extenuantes en condiciones infrahumanas en campos de trabajos forzados. Ella se encargaba de “sacar la goma de miles de árboles y ponerlas en barriles”.

“No había camas, dormíamos en tablas. Nos daban un kilo de pan por persona para mucho tiempo, así que comíamos puras hierbas. Trabajábamos desde la mañana hasta que oscurecía, yo no sabía ni qué día de la semana era”, recuerda.

Dos años y medio después de aquello, los polacos fueron liberados y Pater pudo dejar Siberia junto a su madre. Su padre, en cambio, no soportó las condiciones como tantos otros y falleció.

***

Una de las claves para que la URSS aceptara liberarlos fue la idea de Reino Unido de que sería efectiva y útil para la guerra la formación de un ejército polaco en territorio soviético.

El primer ministro del gobierno polaco en el exilio, Wladislaw Sikorski, aceptó. Pero vistas sus pésimas condiciones físicas, la URSS aceptó reubicar a los polacos en un clima más favorable en 1942.

Así, unas 40.000 personas entre soldados, mujeres y niños dejaron territorio ruso rumbo a Irán, que en ese momento apoyaba al bloque de los países aliados. Aunque muchos murieron en el camino, su llegada al puerto de Pahlevi los llenó de esperanza.

Niños polacos en Irán

Biblioteca de PRCUA
Cientos de niños polacos fueron recibidos en Irán antes de encontrar un país que les ofreciera refugio permanente.

Pero su estancia en Teherán como refugiados tampoco se pudo prolongar mucho. Su peregrinaje continuó en busca de asilo y fueron trasladados después a la ciudad india de Karachi (hoy parte de Pakistán).

Finalmente, seis países de África Oriental pertenecientes a la Mancomunidad Británica ofrecieron refugio a 20.000 personas. Ni EE.UU. ni Reino Unido les abrieron sus fronteras.

Pero mucho más llamativo fue que México, un país en el otro lado del planeta y con fuertes restricciones ante la inmigración en aquella época, se ofreciera también a recibirlos.

Visita de Sikorski a México

Enrique Díaz / Archivo Gral. de la Nación (México)
El presidente mexicano Manuel Ávila Camacho recibió al primer ministro polaco en el exilio, Wladislaw Sikorski, para oficializar el acuerdo de recepción de refugiados.

“En nuestro libro, insinuamos que realmente fue una petición del gobierno de EE.UU., que fue un gesto en el que se manifestó la participación de México como parte del espíritu panamericanista de apoyo a EE.UU. en la guerra”, dice Gloria Carreño, historiadora y autora junto a Celia Zack de Zukerman del libro “El convenio ilusorio”.

Aquel convenio se firmó a finales de 1942, cuando Sikorski visitó México y fue recibido con honores de jefe de Estado por el presidente Manuel Ávila Camacho.

Los refugiados podrían vivir hasta que terminara la guerra en México. Su transporte y manutención sería posible gracias a un préstamo de Washington al gobierno polaco en el exilio y de organizaciones polacas en EE.UU.

Visita de Sikorski a México

Enrique Díaz / Archivo Gral. de la Nación (México)
Durante su visita a México, Sikorski incluso se probó un sombrero charro.

****

En Karachi, los refugiados polacos tenían que decidir si querían ir a África o a México. La familia de Valentina Grycuk se decantó por América Latina.

Ella tuvo que abandonar Novogrudk (actualmente en Bielorrusia) cuando solo tenía 2 años. Por eso no recuerda su etapa en Siberia, donde murió su madre. A su padre se lo llevaron al ejército, por lo que quedó a cargo de una tía y sus abuelos.

Pese a ser entonces una niña, Grycuk aún conserva a sus 83 años un detalle grabado para siempre en su memoria del viaje rumbo a México a bordo del barco Hermitage, con más de 700 personas a bordo.

Valentina Grycuk en la hacienda de Santa Rosa

Archivo familia Valentina Grycuk
Valentina Grycuk (primera por la derecha en la fila central) estudió en la escuela de la hacienda Santa Rosa.

“A diario se moría mucha gente, me impresionaba ver los cadáveres amortajados y que aventaban (lanzaban) al mar. Ese chasquido que hacían al caer al agua lo tengo tan presente que siempre lo recuerdo cuando estoy en una alberca (piscina) y oigo que alguien se lanza”, recuerda.

Tras paradas técnicas en Australia y Nueva Zelanda, el barco llegó al puerto de San Pedro, al sur de Los Ángeles. De ahí, fueron en tren a la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez, en México, hasta llegar a León en Guanajuato.

Era 1 de julio de 1943. Habían viajado durante semanas a lo largo de más de 22.000 km del planeta.

Mapa

BBC

Desde León, Grycuk le cuenta con orgullo a BBC Mundo lo que recuerda de la bienvenida que le dio el país que acabaría siendo su hogar.

“Fue maravilloso. En la estación había muchísima gente con flores, dulces para los niños, música y mariachis. Fue muy cálido, como son los mexicanos, muy cálidos”.

***

Wladyslaw Rattinger fue uno de los liberados en Siberia que pasó a formar parte de los ejércitos formados por polacos para defender Rusia.

Su principal misión era rescatar grupos de cientos de polacos de los campos de Asia Central para enviarlos a Irán. Fue enviado después a Irak, donde lo transfirieron al ejército inglés y le encomendaron acompañar a un segundo grupo de refugiados a México.

Rattinger en Irak

Archivo familia Rattinger
Wladyslaw Rattinger (segundo por la derecha) en Irak, donde fue transferido al ejército británico.

“Definitivamente, ayudó a salvar vidas”, le dice a BBC Mundo su hijo, Andrzej Rattinger.

Su padre, fallecido en 1998, ocupó en esa segunda travesía del Hermitage el cargo de comandante del transporte.

“Él se encargaba de comunicarse con las autoridades, mantener el orden del grupo, que estuvieran culturalmente actualizados… Es sorprendente el nivel de organización del barco, recibieron clases y empezaron a estudiar algo de español”, cuenta.

Buque Hermitage

National Archives Record
El buque Hermitage fue el barco en el que dos grupos de cientos de polacos viajaron hasta México.

El segundo grupo llegó a León el 2 de noviembre de 1943. En total, fueron 1,453 los refugiados polacos que encontraron en la hacienda de Santa Rosa, a 10 km de León, su nuevo hogar.

Era “la pequeña Polonia”.

La pequeña Polonia

Peter Gordon
Foto de familia en “la pequeña Polonia”.

***

Aquella finca, habitada en mayor parte por mujeres y niños (muchos huérfanos), funcionaba organizada como una pequeña población.

Debían vivir en el espacio de la hacienda y tenían prohibido trabajar fuera, por lo que sus labores eran para su propia subsistencia: plantación de hortalizas, granjas o talleres artesanales.

Cultivando en la finca Santa Rosa

A. Trzebiez
Los adultos polacos en Santa Rosa aprendieron oficios, criaban animales y cultivaban sus propios vegetales para contribuir a su alimentación.

Había clínica, capilla y mercado. Los adultos aprendían oficios y los niños estudiaban en la escuela siguiendo el sistema educativo polaco, ya que la intención era que regresaran a su país al acabar la guerra.

“Fueron años maravillosos. Como niña que era, para mí era todo alegría. Vivía con mis abuelitos, no me faltaba de nada, tenía colegio, teníamos que comer… hasta funciones de teatro. Yo era muy feliz allí”, recuerda Grycuk.

Valentina Grycuk haciendo su primera comunión

Archivo familia Valentina Grycuk
Grycuk (a la izquierda del sacerdote) recibió su primera comunión en el campamento.

Precisamente Rattinger, tras acompañar a México al segundo grupo de refugiados, se quedó en Santa Rosa coordinando esas actividades de educación y entretenimiento de la finca como teatro, danza o desfiles.

Según la historiadora Carreño, “los mexicanos estaban contentos con la presencia de los polacos. En todas las fiestas populares, les invitaban a que participaran en los desfiles con sus trajes típicos polacos. Fueron muy integrados a la sociedad de León”.

Rattinger en varias representaciones teatrales

Archivo familia Rattinger
Rattinger, vestido arriba como San Nicolás, coordinaba desfiles, representaciones y otras actividades culturales.

A ello contribuía que, aunque oficialmente los refugiados no podían salir del campamento, con permisos especiales sí podían organizar excursiones a León o Ciudad de México, lo que les permitió interactuar y conocer a la sociedad mexicana.

E igual que los polacos se las arreglaban para salir, también los mexicanos se las ingeniaban para entrar a la finca.

Desfiles festivos en León

Cortesía Embajada de México en Polonia
La comunidad polaca de Santa Rosa participaba en las fiestas populares de León.

Pater recuerda como todos los días iban muchas personas para verlos desde detrás de las rejas de alambre. “Parecíamos un poco animales raros”, ríe.

“Había un mexicano que me vio nada más bajar del barco y que iba a la finca todos los días. Yo me quedaba sentada cerca de las rejas con dos amigas, y él me traía que si una rosa, cosas así…”, relata.

Jóvenes polacas en León

Cortesía Embajada de México en Polonia
Algunas jóvenes polacas formaron familia con ciudadanos mexicanos.

“Estaba prohibido que los mexicanos entraran al centro, pero él le dio unos zapatos al guardia y así tenía libre todos los días para que le dejaran entrar. Ya ve, que con dinero baila el perro”, cuenta riendo.

Aquel hombre se convirtió en su marido y el principal motivo por el que, después de acabar la guerra y de que la hacienda de Santa Rosa fuera oficialmente clausurada al terminar 1946, Pater decidiera quedarse para siempre en México.

La escuela en Santa Rosa

Cortesía Embajada de México en Polonia
Los niños seguían el sistema educativo polaco, ante la previsión de que volverían a su país tras la guerra.

***

Cuando se anunció a los refugiados que tenían permiso para instalarse y trabajar fuera de la finca o mudarse, la mayoría eligió como nuevo destino EE.UU., especialmente la ciudad de Chicago, donde había gran presencia de diáspora polaca.

Rattinger mostrando la finca Santa Rosa

Archivo familia Rattinger
Rattinger, a la izquierda, mostrando el campamento a unos visitantes antes de que la finca fuera cerrada en diciembre de 1946.

Muchos tenían la ilusión de volver a Polonia, aunque su país -entonces bajo dominio de la URSS, la misma que los había expulsado y llevado a campos de trabajos forzados- ya se parecía poco al que guardaban en sus recuerdos.

“En Polonia ya no tenía nada, nos quitaron todo: la casa, los terrenos… nos quedamos sin nada”, lamenta Pater. Quienes sí decidieron regresar fueron un centenar de polacos, a quienes siempre se conoció en su país como “mexicanitos”.

Otros intentaron establecerse en México, aunque no a todos les resultó fácil y acabaron marchándose. Pero Pater, al igual que Grycuk y Rattinger, formaron familia con mexicanos y se quedaron para siempre.

Frania Pater junto a su esposo

Archivo familia Pater
Frania Pater se casó con el mexicano Antonio Luna Azpeitia, quien falleció en 1971.

Años más tarde llegarían los reencuentros con aquellos a quienes daban por perdidos a causa de la guerra. Rattinger volvió a ver su madre y hermano en Polonia en los 50. Tras casi 40 años sin verse y pensar que estaba muerto, Pater se encontró con su hermano en Inglaterra.

“Yo me separé de mi padre en Siberia cuando tenía 2 años, por lo que no le recordaba. Puedo decir que lo ‘conocí’ ya en los 70, cuando fui a verlo a Polonia”, lamenta Grycuk.

“Gocé a mi padre 90 días, juntando las tres veces que alcancé a ir. Pero esos días valieron por años”.

Frania Pater y Valentina Grycuk en la actualidad

Archivo familia Valentina Grycuk
Frania Pater y Valentina Grycuk, en una imagen actual, fueron recibidas en Varsovia junto a otros refugiados polacos sobrevivientes tras la Segunda Guerra Mundial.

***

El hijo de Rattinger cuenta que a su padre, como a tantas personas que pasaron por episodios traumáticos como la guerra, no le gustó hablar mucho de ello durante años hasta que la familia lo convenció para que les transmitiera su historia.

“Yo ya les he platicado mi historia a todos, saben cómo fue. No pienso en lo malo ahorita, ¿ya qué me falta? ¡Si cualquier día cuelgo los tenis”, dice Pater riendo.

Los tres protagonistas de esta historia reconocieron siempre su profundo agradecimiento a México por la acogida y la oportunidad que encontraron por empezar una nueva vida.

Valentina y Frania junto a familiares con una bandera mexicana.

Archivo familia Valentina Grycuk
Grycuk y Pater, en la imagen junto a familiares, agradecen la generosidad de México por acogerlas sin olvidar sus raíces polacas.

Pero tanto Rattinger como Pater, que llegaron a Latinoamérica siendo ya jóvenes, tenían muy presente su origen.

“Definitivamente, mi papá siempre se consideró polaco, que es algo que debemos admirar los latinos, ese sentido tan fuerte de patria y nacionalidad. Pero también decía que su vida era de mexicano”, recuerda Rattinger.

Rattinger junto a su esposa y la medalla concedida por el gobierno polaco.

Archivo familia Rattinger
Wladyslaw Rattinger junto a su esposa. A la derecha, la medalla que le otorgó el gobierno polaco por su labor.

“Yo, si soy franca, me siento más mexicana”, dice en cambio Grycuk. Asegura que cuando pone el pie en Polonia “el corazón me late porque siento que allí está mi raíz, es una sensación que quizá nadie la puede entender si no la vive”.

“Pero en México está mi vida, no tengo más que gratitud y adoro este país”, remarca.

La antigua finca de Santa Rosa funciona actualmente como internado de reintegración para grupos de jóvenes y adolescentes, testigo silencioso de aquel apasionante episodio de la historia del que ya solo los mayores en León se acuerdan.

Antes y ahora de un edficio de la finca Santa Rosa

Archivos familiares
Así se veía uno de los edificios de Santa Rosa durante los años de estancia de los refugiados polacos y en la actualidad.

En Polonia tampoco es un episodio ampliamente conocido, si bien se hacen esfuerzos por hacer que esta muestra de amistad y solidaridad no se olvide con el tiempo.

Su gobierno planeaba inaugurar este año un museo en memoria de “Los niños de Siberia” cuya apertura fue pospuesta por la pandemia de covid-19. La embajada de México en Polonia, por su parte, inauguró en julio una exposición sobre la visita de Sikorski al país en 1942.

Valentina Grycuk junto al presidente polaco y su esposa.

Archivo Valentina Grycuk
Grycuk junto al presidente polaco, Andrzej Duda, y su esposa.

“El tema de los niños de Santa Rosa es aún hoy muy valorado porque muy pocas naciones se mantuvieron cerca de la Polonia invadida por los ejércitos nazi y soviético en 1939”, le dice a BBC Mundo desde Varsovia el embajador mexicano, Alejandro Negrín.

“Cuando presenté mis cartas credenciales como embajador al presidente de Polonia, Andrzej Duda, él se refirió con aprecio a ese momento histórico y el mensaje que recibo de distinguidas personalidades es muy claro: ‘Polonia y los polacos no olvidan'”.


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https://www.youtube.com/watch?v=d1kdOny_ufM

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