Así es la escuela de Oaxaca donde (supuestamente) hay un maestro por cada 4 alumnos
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Nayeli Roldán.

Así es la escuela de Oaxaca donde (supuestamente) hay un maestro por cada 4 alumnos

De ser cierta la proporción de docentes y estudiantes, esta escuela estaría por encima de las cifras que registra Noruega, donde hay 10 alumnos por cada maestro. Sin embargo, dos terceras partes de las plazas de este plantel son de maestros aviadores.
Nayeli Roldán.
Por Nayeli Roldán
9 de septiembre, 2015
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Un aula vacía en la Escuela Secundaria Técnica No. 10, de Oaxaca. // Foto: Nayeli Roldán

Un aula vacía en la Escuela Secundaria Técnica No. 10, de Oaxaca. // Foto: Nayeli Roldán

Este artículo es la tercera entrega de la serie “Hacienda solapa el pago a los maestros aviadores”. Puedes ver las primeras dos entregas en las notas relacionadas. 

Los alumnos de la Secundaria Técnica 10, en la Costa de Oaxaca, estudian en salones con techo de lámina mientras la temperatura alcanza hasta 35 grados. A diario tienen dos o tres horas ‘muertas’ porque los maestros no se dan abasto. Aunque lo necesitan, no contratarán a más personal porque, según la nómina oficial, ésta es la escuela con el mayor número de docentes en todo el estado: 149. Si esto fuera cierto, cada maestro atendería a cuatro alumnos. 

Según los datos oficiales, esta escuela incluso estaría por encima de lo que ocurre normalmente en Noruega, el país con mejor proporción de alumnos por maestros entre los miembros de la OCDE. En ese país hay 10 estudiantes por cada profesor.

Pero en esta secundaria hay sólo un tercio de los maestros registrados en la nómina: 50 docentes para 629 alumnos y, además, hay 20 trabajadores administrativos y de limpieza.

Por estos 149 maestros en la nómina, la Secretaría de Hacienda paga hasta 8 millones de pesos cada trimestre. Aunque sólo 70 personas trabajan todos los días en esta secundaria, más de 79 reciben salario sin estar en clase. Es decir, son lo que se conoce como “aviadores”.

En esta secundaria, ni los maestros, ni el director Homero Cuevas y administrativos saben por qué hay tantos trabajadores registrados, ni quiénes son ni dónde están. Y aunque nadie los conoce y supuestamente ya hay una nómina magisterial depurada y sin aviadores, la Secretaria de Hacienda les paga.

Como parte de la Reforma Educativa, la Federación retiró la administración de la nómina magisterial a los gobiernos estatales y a partir de 2015, la Secretaría de Hacienda se hizo cargo del pago a los maestros. Así, supuestamente, se acabaría con las irregularidades como los pagos a aviadores, jubilados y hasta fallecidos, pero esto no está sucediendo, como Animal Político y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) revelaron el martes en una investigación conjunta. Al contrario, ahora se gasta más en sueldos a maestros.

Según prometieron el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el ex titular de la SEP, Emilio Chuayffet, los pagos se harían con base en el Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (Cemabe). Por eso, sólo los trabajadores que están en las aulas recibirían salario. Eso tampoco ocurre.

Para comprobarlo, Animal Político ubicó y visitó la escuela de Oaxaca con el mayor número de maestros según el Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y el Gasto Operativo (FONE) –la nómina oficial– y esto fue lo que encontró.

Infografía: Animal Político

Infografía: Animal Político

Deudas y carencias en una secundaria con presupuesto millonario

La Secundaria Técnica 10 es una de las 175 escuelas del municipio de San Pedro Pochutla, en la Costa de Oaxaca, donde 70% de los 43 mil pobladores son pobres y 23% vive en casas con piso de tierra.

Se puede llegar en un taxi colectivo o en combis que atraviesan la carretera Oaxaca-Puerto Ángel; aunque algunos van a pie, sin importar que los más de 30 grados y un sol intenso hagan de la caminata un martirio.

Al llegar, lo primero que se ve es un muro con la pinta del escudo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), una cita del educador y filósofo brasileño Paulo Freire y la firma “sección XXII, la única, no hay dos”, como si fuese el aviso de que se está en territorio de la CNTE.

La escuela es la más grande de la zona y también la más antigua. Fue fundada el 12 de diciembre de 1969, pero inició como un plantel agropecuario dotado de establo y chiquero para criar animales, pero cuando se volvió secundaria técnica, éstas áreas fueron adaptadas como salones.

El inmueble tiene 40 aulas con mesabancos de todos colores y condiciones. Apenas el ciclo escolar de 2014, el gobierno estatal les envió 34 sillas nuevas color naranja que resaltan del resto. Cada vez que hace falta, los maestros y padres de familia van a la bodega de pedacería y “hacen milagros”, pues de dos o tres sillas destartaladas hacen una, dice el maestro Sergio Hernández.

Pero la Federación gasta hasta 8 millones de pesos cada tres meses para, supuestamente, pagar la nómina de esta secundaria. Con ese dinero alcanzaría para pagar los adeudos a profesores que han trabajado horas extra y no se les ha pagado. Según el director, 25 maestros han laborado 183 horas de más –acumuladas desde 2009 a 2014– que el gobierno estatal no ha pagado porque oficialmente no están aprobadas.

“La necesidad de la demanda educativa hace que se generen grupos de atención”, por eso, dice, tiene que convencer a los maestros de dar clases adicionales a las que establece su contrato. “Hay profesores que cobran 11 horas y trabajan 30. Las maestras de español, por ejemplo, cobran 20 horas y trabajan 25, ése es un déficit que el gobierno no quiere ver”, afirma Cuevas.

Él mismo reconoce que el registro de 149 maestros en la nómina oficial los afecta directamente porque, aunque ellos solicitan más personal, no están permitidas más contrataciones, ni tampoco pagan los adeudos porque –en teoría– no deberían existir si tienen suficientes trabajadores.

El director asegura que la escuela es la más interesada en aclarar esta situación, por eso la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el Instituto Estatal de Educación de Oaxaca (IEEPO) estaban investigando el caso, pero el proceso se suspendió luego de que el gobernador Gabino Cué mandató la reestructuración administrativa del instituto.

Esa reestructuración eliminó el acuerdo entre el gobierno de Oaxaca y la CNTE firmado en 1994, que permitía a la disidencia magisterial nombrar a quienes ocuparían cargos medios en el IEEPO. Esto, según el actual director, Moisés Robles, había propiciado el crecimiento de la nómina porque los sindicalistas vendían plazas sin control.

Sin embargo, Robles también ha reconocido que había corrupción entre los funcionarios y la CNTE porque el proceso de contratación comienza con la demanda de personal en cada escuela, ésta pasa al supervisor, quien la entrega al jefe de sector, luego al jefe de departamento y llega a la unidad de planeación educativa del IEEPO que finalmente autoriza una clave de trabajo.

La maestra Indira Martínez coincide en que se trata de una responsabilidad compartida. “¿Por qué dicen que el sindicato vendía plazas? Si lo hicieron, tendrían que haber tenido la relación con los funcionarios”, afirma.

Los maestros se enteraron de los 79 aviadores que existen en su escuela hasta que la Federación hizo pública parte de la nómina magisterial, dice el profesor Marco Salinas, quien tiene 20 años dando clase aquí. Por eso están enojados, pues mientras hay un recurso millonario que nadie sabe dónde está, las carencias de la escuela permanecen.

Por falta de dinero no han podido reemplazar los ventiladores oxidados que sólo sirven de adorno en el techo de lámina, por eso los niños tienen que clases debajo de los árboles en los días de sol sofocante.

Tampoco han reconstruido los dos salones que están a punto de derrumbarse y fueron clausurados por protección civil. Hace cuatro años, los padres de familia los construyeron, pero no sabían que debían dejar un espacio entre el muro de de uno y otro, por eso es que las fisuras de las paredes se hacían cada vez más grandes durante los temblores.

Por la falta de recursos gubernamentales, los padres de familia tienen que dar 130 pesos cada año para solventar los gastos de mantenimiento y consumibles, como hojas para los exámenes o trámites, lo que significa un esfuerzo para la familia de Beatriz. “Cada año gastamos en los uniformes, los útiles y tenemos que dar para la escuela porque aquí el gobierno nos tiene olvidados”.

Angélica, madre de familia, afirma que la infraestructura de esta escuela tiene malas condiciones pues los bebederos están a medio construir, el patio tiene fisuras y hacen falta más baños, pero para ella el problema más grave es la falta de profesores.

Su hija Mariana le cuenta que todos los días tiene dos o tres horas sin maestro, por eso ella y el resto de sus compañeros sólo juegan en el salón o las canchas. ¿Entonces para qué los mandamos a la escuela? Lo que queremos es que aprendan para ser alguien en la vida y si no, ¿para qué tanto sacrificio? dice la mujer.

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Prueba del coronavirus: para qué sirven y para qué no los distintos tests de la covid-19

Existen multitud de pruebas para saber si estamos infectados de coronavirus o lo hemos estado en el pasado. ¿Para qué sirve cada una? ¿Qué información nos dan?
26 de noviembre, 2020
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Conforme avanza la pandemia la población se va anegando en una terminología médica que hace menos de un año desconocía.

Los términos anticuerpo, antígeno y PCR son ya habituales en las conversaciones, aunque muchas veces no se tenga clara la utilidad y la repercusión de cada uno de ellos en la salud individual y colectiva.

La introducción reciente de nuevas pruebas diagnósticas como la prueba de detección de antígenos, más fiable ahora que al inicio de la pandemia, ha hecho que se amplíe el número de herramientas disponibles para la detección de infecciones por SARS-CoV-2.

Con ello, aumenta la necesidad de disponer de guías que ayuden a decidir qué prueba se debe realizar en cada caso particular y cómo interpretar sus resultados.

Entornos diferentes necesitan pruebas diferentes

Son muchas las situaciones en las que es necesario aplicar pruebas diagnósticas pero, en líneas generales, podemos plantear los siguientes escenarios:

  • El cribado masivo de la población asintomática.
  • El cribado de la población de alto riesgo (por ejemplo, en residencias de la tercera edad y a personal sanitario).
  • La investigación de los contactos estrechos que ha tenido una persona infectada.
  • El diagnóstico clínico de una persona sintomática.
  • El seguimiento de la severidad de la enfermedad una vez diagnosticada o de la duración de la infectividad del paciente.
  • El estudio serológico poblacional de infecciones pasadas.

Hasta la fecha ninguna prueba diagnóstica cumple los requerimientos para ser aplicada con fiabilidad en todos y cada uno de estos escenarios.

Esta situación ha generado mucha confusión en la interpretación de los resultados obtenidos por las distintas pruebas en cada uno de estos escenarios. No solo entre la población sino a veces entre los propios sanitarios.

Cada prueba, con sus limitaciones, puede tener utilidad en un entorno concreto y es necesario conocerlas para poder tomar las decisiones clínicas oportunas en función de sus resultados.

En la siguiente tabla se muestra un resumen de las situaciones clínicas donde se puede aplicar cada prueba y cuáles, dentro de las aplicaciones recomendadas, son aquellas situaciones donde hay más probabilidad de que se obtenga un falso positivo (un positivo en personas no infectadas) o un falso negativo (un negativo en personas que sí están infectadas).

Todo esto asumiendo que no ha habido errores en la toma de muestras, su transporte y el procesado preanalítico.

Pruebas que detectan infección pasada o en fases finales

Las pruebas serológicas consisten en la detección de anticuerpos (IgM, que indica infección resolviéndose, e IgG, que indica infección pasada). Pueden ser útiles en las encuestas epidemiológicas a nivel poblacional en las que se quiere evaluar la prevalencia de personas que han estado en contacto con el virus.

En concreto, los anticuerpos IgM aparecen a los 6-7 días del inicio de la infección y se detecta mayor positividad a los 15 días. Alrededor del día 20 desde el inicio de los síntomas ya no se detectan.

Los anticuerpos IgG aparecen aproximadamente a los 15 días del inicio de la infección y confieren probable inmunidad (aunque en la actualidad se desconoce por cuánto tiempo).

Este es el caso de las encuestas de seroprevalencia realizadas en España desde el Instituto de Salud Carlos III y en las que se pudo conocer la prevalencia y características de la población que se había contagiado durante la primera ola de la pandemia, a través de la medición de los anticuerpos IgG .

Tubo con muestra para prueba molecular de covid-19

Getty Images
Si te has hecho la prueba contra el covid-19, ¿sabes qué tipo de análisis te has hecho?

Sin embargo, estas pruebas tienen un uso muy limitado (si es que tienen alguno) en la evaluación de la infección activa, a pesar de que con este fin se estén aplicando erróneamente en algunas comunidades autónomas y en otros ámbitos.

Además, tienen importantes limitaciones, especialmente las relacionadas con la presencia de resultados falsos positivos por su reacción cruzada con otros virus.

Existen diferentes técnicas para la determinación de anticuerpos: ELISA (Enzima-Inmunoensayo) y CLIA (Quimio-luminiscencia) (pruebas de referencia para la determinación de anticuerpos) e inmunocromatografía (o también llamada prueba rápida).

Los resultados de las pruebas de ELISA/CLIA son cuantitativos. Es decir, se indica el título (o número) de anticuerpos presentes.

Por otra parte, los resultados de las pruebas rápidas son cualitativos (presencia o ausencia de anticuerpos).

La sensibilidad y especificidad es mayor en las pruebas de ELISA y CLIA que en las pruebas rápidas. No obstante, dada la facilidad de realización de las pruebas rápidas (muestra de sangre capilar frente a suero o plasma y menor complejidad en su realización), se ha extendido su uso, sobre todo en laboratorios privados, a pesar de la mayor probabilidad de resultados falsos negativos y positivos.

Pruebas que detectan infección activa

Entre las pruebas para detectar la presencia del virus, el uso de la PCR -que detecta el genoma viral- se ha establecido como la prueba de oro para la detección de infección activa.

Entre sus limitaciones, además de la complejidad en términos de equipamientos de laboratorio, coste y tiempo, hay que destacar los falsos negativos que pueden depender del inicio de los síntomas o la carga viral, así como falsos positivos en función de las características del entorno en que se realizan y la dinámica temporal de la infección.

En general, en personas con baja probabilidad de estar infectadas (como ocurre en los cribados de población general) aumenta la probabilidad de obtener falsos positivos.

Por otro lado, un resultado positivo semanas después de la aparición de los síntomas puede ser debido a la detección de fragmentos no viables del virus en personas que ya no tienen capacidad infecciosa.

Dentro de esta categoría de pruebas infección activa se encuentran las nuevas pruebas de detección de antígenos que se consideran “rápidas y baratas”.

Detectan la presencia de proteínas virales de SARS-CoV-2 y tienen las ventajas de dar resultados en 15-30 minutos y poderse realizar fuera del ámbito del laboratorio clínico, en el ámbito cercano al paciente.

Su recibimiento por parte de la población y la clase política ha sido entusiasta.

No obstante, su sensibilidad (especialmente en poblaciones asintomáticas) es menor a la de la PCR, con una mayor tasa de falsos negativos, por lo que un resultado negativo en alguien con sospecha de estar infectado necesita confirmación con una determinación por PCR.

Raspado nasal para aplicar una prueba molecular de covid-19 a un paciente.

Getty Images
La prueba molecular se aplica sobre muestras del tracto respiratorio del paciente.

La OMS y el ECDC han recomendado su uso en ámbitos donde no es posible realizar la PCR o se necesita un resultado rápido para la toma de decisiones clínicas (aislamiento, hospitalización, inicio de tratamiento específico, etc.), aun señalando que deben realizarse dentro de los 5 días desde el comienzo de los síntomas.

Estas pruebas no se aconsejan para la detección de personas infectadas entre los casos asintomáticos, ya que su rendimiento diagnóstico en esta población es bajo.

Los estudios en estas poblaciones en nuestro país (España) sitúan su sensibilidad entre el 45% y 57% (un estudio que la eleva hasta al 79%, pero en una población con una prevalencia de enfermedad muy alta).

En el caso de los niños sintomáticos, con una sensibilidad en torno al 62 %, también podría ser preferible la PCR.

Pruebas en farmacias y administradas por los propios pacientes

Algunas pruebas de infección pasada (anticuerpos) se han empezado a comercializar en las farmacias comunitarias para su uso por los propios pacientes tras prescripción médica.

Igualmente, algunas Comunidades Autónomas -regiones en España- y colegios farmacéuticos han abierto el debate sobre la realización de pruebas de antígenos en las farmacias comunitarias.

Una práctica que ya se da en países como Francia, un país con un sistema sanitario muy diferente al español.

En el Sistema Nacional de Salud español (no tanto en las aseguradoras privadas) las pruebas de antígenos están disponibles en los centros de atención primaria y hay que evaluar cuidadosamente la necesidad de remitir a las farmacias comunitarias una prueba que puede hacerse inmediatamente en el propio centro.

No obstante, en la situación tan excepcional que estamos viviendo, y con la necesidad de ampliar la capacidad de detección del virus, son iniciativas a evaluar.

Pese a las discusiones en los medios sobre las competencias de cada profesión y el lugar de realización de las pruebas, el problema importante se debe centrar en el hecho de que una prueba diagnóstica exige una interpretación rigurosa de sus resultados en función de la situación clínica del paciente o la persona en que se realiza.

Esto es lo que se debe asegurar en cada caso.

El hecho de que una prueba pueda dar falsos positivos y negativos no significa que no sea útil, sino que debe ser realizada en el entorno en el que es más útil y ser interpretada teniendo en cuenta la información clínica del paciente y la prevalencia de la infección en el ámbito de actuación.

Por tanto, las iniciativas en las que es el propio paciente el que recoge el test de anticuerpos en la farmacia para hacerlo en su casa puede llevar a múltiples situaciones confusas.

Estas suponen un riesgo tanto para la salud individual como para la colectiva.

Interpretación apropiada de pruebas imperfectas

Buena parte del lío en torno a las pruebas de covid-19 deriva de la confusión entre asintomáticos y presintomáticos, del valor informativo de cada prueba en la dinámica temporal de la infección y del falso discurso de “cuantas más, mejor”.

Al mismo tiempo se olvida que, como en cualquier otra enfermedad, la medicina científica exige el uso de la prueba adecuada, en la persona adecuada y en el momento adecuado.

Más allá de la confusión, el uso de pruebas diagnósticas de covid-19 requiere no olvidar algunas reglas de extrema importancia:

  • Las personas con síntomas o que sean contacto estrecho de caso de covid-19, aunque sean asintomáticas, deben ser aisladas y controladas por los servicios de atención sanitaria. Todo esto aunque los resultados de sus pruebas, sean cuales sean, den negativo.
  • Un resultado negativo de una prueba de antígenos (o una PCR) no excluye el desarrollo de enfermedad o la posibilidad de contagiar (especialmente en los días inmediatamente siguientes). Tampoco permite relajar ninguna medida de distanciamiento social (mascarillas, distancia, aforos, etc.).
  • Una prueba de anticuerpos positiva no es un pasaporte biológico. No garantiza que una persona concreta haya pasado la infección o que no la pueda volver a contraer, sobre todo si se ha llevado a cabo mediante test rápidos.

* Blanca Lumbreras es catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Miguel Hernández y Salvador Peiró es investigador de Fisabio Salud Pública.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver la versión original aquí.


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