Caso Narvarte: el arma homicida no identificada y el peritaje clave que falta
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Caso Narvarte: el arma homicida no identificada y el peritaje clave que falta

Hay dos consignados pero PGJDF no tiene pistas en torno a la pistola usada en el crimen. Los abogados pidieron que se amplíe peritaje para esclarecer cómo fueron sometidas las víctimas y como se hicieron cinco disparos sin que nadie escuchara. Juez federal ordenó al MP frenar filtraciones del caso.
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Por Arturo Angel
2 de septiembre, 2015
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Detenido por caso Narvarte cambia declaración: dice que fue golpeado, amenazado y no tuvo abogado. Foto Cuartoscuro

Detenido por caso Narvarte cambia declaración: dice que fue golpeado, amenazado y no tuvo abogado. Foto Cuartoscuro

La pistola calibre 9 milímetros que se utilizó para asesinar hace más de un mes a cinco personas en la colonia Narvarte no había sido utilizada antes para cometer un delito, por lo menos del que se tuvieran datos, y tampoco pertenecía a algún policía del país. Los casquillos encontrados en el departamento confirman que provinieron de un arma que no aparece en ningún registro.

A petición de los abogados que representan a las víctimas la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal llevó a cabo un rastreo de los casquillos mediante el denominado Sistema Integrado de Identificación Balística (IBIS por sus siglas en ingles).

Dicho sistema, cuenta con más de 20 mil registros de armas y casquillos utilizados en hechos delictivos a nivel nacional, a los que se suman también los datos de todas las armas que tienen asignadas las corporaciones policíacas del país

Karla Michel Salas, abogada de Nada Vera una de las víctimas confirmó a Animal Político que los resultados fueron negativos.

“Es un dato relevante porque quiere decir que la pistola que se usó o es nueva o por lo menos no se había utilizado antes en algún robo, o que pertenecía a algún policía o elemento de seguridad” dijo la abogada, quien en su calidad de coadyuvante ha tenido acceso a los tomos de la averiguación previa del caso.

La ampliación de la verificación balística era uno de los dos peritajes considerados como “claves” que los abogados pidieron a la Fiscalía de Homicidios de la PGJDF que se llevaran a cabo para esclarecer el crimen.

La otra prueba clave, solicitada también por Artículo 19, es un nuevo análisis de la mecánica de los hechos para establecer cómo es que todas las víctimas pudieron ser sometidas y cómo es que nadie escuchó ni los gritos ni los disparos.

¿Disparos fantasma?

Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Alejandra Negrete, Mile Martin y Rubén Espinosa fueron asesinados dentro del departamento 401 del edificio ubicado en la calle Luz Saviñón el 31 de julio. Cada víctima tenía un disparo de arma de fuego en la cabeza.

Los peritos de la Fiscalía de Homicidios encontraron cinco casquillos en el lugar del crimen, que según la información oficial revelada pertenecen a una pistola calibre 9 milímetros. Se trata de un arma considerada de grueso calibre, que en algunos modelos incluso está reservada para el uso exclusivo de las fuerzas armadas.

La información que se filtró en las primeras semanas posteriores al crimen indicaba que no se usó un silenciador en el arma sino una almohada, lo que provocó que no se escucharan las detonaciones. También trascendió en los medio, que el arma utilizada pertenecía a Abraham Tranquilino Torres, ex policía capitalino implicado en los hechos y que fue consignado ayer al Reclusorio Oriente.

En ese contexto la defensa de Nadia Vera, que coadyuva en el caso, pidió a la Procuraduría que con los casquillos se hiciera un rastreo en los bancos balísticos y que no se limitara a los de la Procuraduría de la ciudad, sino también a los de la Procuraduría General de la República que son de alcance nacional.

“Los casquillos tienen una especie de huella digital que se pueden confrontar con un arma (…) pedimos que la confronta se hiciera también con la información de la PGR y los resultados fueron negativos. Es como si se tratara de un arma que no se hubiera utilizado” dijo la abogada.

La abogada dijo que pese a lo que se ha publicado en cuanto a las filtraciones, no existe (o por lo menos ellos no tienen conocimiento) prueba alguna que permita identificar que pistola calibre 9 milímetros se utilizó y menos que pertenezca o haya sido utilizada por alguno de los dos detenidos.

“Tampoco se ha esclarecido el tema del ruido de los disparos. La PGJDF ha dicho que no cree que se usó silenciador pero la almohada que se reportó solo tiene un disparo y se hicieron cinco en el departamento. El ruido al disparar una pistola de ese tipo es casi tan intenso como el de una turbina de avión aunque mucho más rápido. No parece difícil que no se haya escuchado” dijo.

Reconstrucción pendiente

Aunque ya transcurrió un mes de las investigaciones iniciadas por el multihomicidio en el departamento de Luz Saviñón, hasta ahora las autoridades no han realizado una reconstrucción de los hechos.

De acuerdo con los abogados de las víctimas, esta prueba pericial es importante aunque no tendría un peso específico pues estaría basada solo en la declaración de Daniel Pacheco, el primer detenido y consignado, quien no reconoció que se hubiera cometido crimen alguno.

Pero, según Michel Salas, si existe otra diligencia clave pendiente en la investigación y es una ampliación del llamado “peritaje en mecánica de hechos”, es decir, de los estudios periciales que permiten establecer cómo es que presuntamente ocurrió el crimen a través de los hallazgos ubicados.

“Es una reconstrucción también peor en base a la evidencia pericial no de los dichos de los detenidos” dijo Karla.

La ampliación de la mecánica de hechos permitirá, de acuerdo con los abogados, tratar de establecer, por ejemplo, cómo fue posible que tres personas sometieran a las cinco víctimas impidiendo además que estas gritaran, o verificar si se pudieron haber hecho los disparos con una única almohada y que no se escucharan.

La organización Artículo 19, en su informe emitido esta semana sobre inconsistencias en el caso, también puso énfasis en la importancia de que se lleve a cabo una ampliación de la mecánica de hechos pues a más de un mes del crimen, existen dudas respecto a cómo ocurrieron los hechos la tarde del 1 de julio.

Blindaje judicial

El juez Noveno de Distrito de Amparo en Materia Penal del Distrito Federal concedió una suspensión provisional solicitada por los abogados de las víctimas y la organización Artículo 19, para que la Procuraduría capitalina frene la filtración de datos de la averiguación previa relacionada con el multihomicidio en la colonia Narvarte.

Los datos de la demanda, que se pueden consultar en la lista de acuerdos del Poder Judicial Federal, revelan que el recurso se interpuso el pasado 27 de agosto por “omisión en el resguardo de la información contenida en la averiguación previa FBJ/BJ-1/T2/4379/15-07” así como “filtraciones que han llevado a cabo de la información contenida en la averiguación previa…”.

Los demandantes también argumentaron que se ha hecho una estigmatización y revictimización de las personas fallecidas con las filtraciones y expusieron como pruebas diversas notas publicadas que citan como fuente un presunto “acceso a la averiguación” del caso.

La demanda quedó radicada en el expediente 804/2015 y el mismo 27 de agosto el juez federal concedió la “suspensión provisional”, es decir, una medida provisional que ordena a distintas áreas de la PGJDF frenar de inmediato la divulgación de datos. Este miércoles 2 de septiembre está programada la primera audiencia encaminada a definir si se concede de forma definitiva el amparo.

Ayer, la PGJDF emitió un comunicado del caso en el que dio a conocer que había consignado al ex policía Abraham Tranquilino por los delitos de homicidio, feminicidio y lesiones, pero no dio más detalles tras argumentar que por la demanda de amparo

La Procuraduría capitalina precisa que por el momento, se encuentra impedida jurídicamente para difundir mayores detalles de la investigación, debido a la medida suspensiva decretada por la Juez Noveno de Distrito de Amparo en Materia Penal en esta ciudad, en el expediente 804/2015-IV, por lo cual ordena que resguarden la totalidad de la información” señaló la PGJDF.

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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