Caso Narvarte: Familia de Mile acepta la representación de abogados mexicanos
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Catalina Ruíz-Navarro

Caso Narvarte: Familia de Mile acepta la representación de abogados mexicanos

Los familiares de la joven buscarán que su crimen se esclarezca y que no se le continúe revictimizando. Revelan que las autoridades capitalinas les entregaron el cuerpo descompuesto, pues no recibió los cuidados forenses para ser preservado.
Catalina Ruíz-Navarro
Por Arturo Angel
25 de septiembre, 2015
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#JusticiaParaMile. // Foto: Catalina Ruíz-Navarro

#JusticiaParaMile. // Foto: Catalina Ruíz-Navarro

Por primera vez desde que se cometió el multihomicidio en el departamento de la colonia Narvarte el 31 de julio, la familia de Mile Viginia Martín, una de las cinco víctimas, emprendió una acción oficial en torno al caso y lo hizo a través de la vía jurídica: aceptó la representación de abogados mexicanos como coadyuvantes en el caso.

El objetivo, dijo en entrevista desde Bogotá la abogada Karla Michele Salas, es garantizar que le familia pueda impulsar el esclarecimiento de los hechos, y a su vez se les repare el daño por el asesinato de la joven y por la revictimización que consideran que ha ocurrido.

“La familia aceptó la representación porque me dicen que quieren que se sepa que Mile no estaba sola, que también exigen justicia y respeto a su dignidad”, dijo la litigante.

Salas, que también lleva la representación de otra de las víctimas del crimen, la activista Nadia Vera, señaló que en teoría los afectados de un delito no necesitarían que un abogado velara por sus garantías ya que la autoridad es la que debería de hacerlo.

Sin embargo, la abogada recordó que desde que se cometió el crimen, se han filtrado fragmentos y documentos de la investigación de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) que vinculan a Virginia Martín con presuntos temas de narcotráfico, prostitución, entre otros.

“Desafortunadamente, la PGJDF ha violado los derechos de las víctimas y ha expuesto a Mile. Es un claro ejemplo de cómo la violencia contra las mujeres no termina con la muerte de la víctimas”, dice.

Hasta ahora la familia de Mile Virginia había mantenido un perfil bajo en torno al caso, sobretodo en lo relacionado con las investigaciones. Una semana después del asesinato, la televisora colombiana Caracol reportó que los familiares, bajo condición de anonimato señalaron que no sabían que el joven corriera peligro.

Fue hasta el pasado 23 de septiembre, a través de respuestas por escrito difundidas en la cuenta de Twitter Me Muevo por Colombia, que uno de los hermanos de Mile lamentó el crimen así como los “prejuicios” que se hizo sobre ella.

De acuerdo con Karla Salas, los hermanos de Miel Virginia tenían miedo de tomar cualquier acción en concreto; sin embargo, el desarrollo del caso que han seguido a través de los medios los ha convencido de buscar que su homicidio no quede impune y a la vez evitar que se responsabilice a ella pese a ser una víctima.

“Un elemento que ha facilitado la construcción de esta historia paralela por parte de la PGJDF ha sido la vulnerabilidad de Mile. Al ser una mujer extranjera sin familia en México. Lo que se ha dicho sobre Mile y presentarla como la víctima propiciatoria del crimen (…) todo esto ha llevado a que ella sea victimizada por las autoridades, los medios y la sociedad”, dijo.

No preservaron su cuerpo

La familia de Mile Virginia reveló a los abogados que las autoridades mexicanas les entregaron el cuerpo de la joven sin que hubiera sido embalsamado y preservado. Los restos estaban literalmente descompuestos.

Y es que hay que recordar que fue hasta el 11 de agosto, doce días después del crimen, cuando el Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) dependiente del Tribunal Superior de Justicia capitalino, entregó el cuerpo de la joven al consulado Colombiano para que a su vez fuera enviado a sus familiares en su país.

Los hermanos de Mile reconocieron su cuerpo mediante fotografías, pues no contaban con recursos para venir a México. Durante todo ese tiempo el cuerpo no habría sido preservado con las medidas adecuadas por las autoridades capitalinas, según lo revelado por la familia.

“El hermano (de Mile) nos dijo que tienen conocidos cuyos familiares han muerto en otros países y los cueros los entregan bien (…) el embalsamar un cuerpo no solo es para preservarlo sino para evitar la contaminación pero aquí no se hizo”, dijo la abogada.

En este contexto, Michel Salas dijo que en los próximos días se estará definiendo cuáles serán los pasos específicos que se tomarán como representantes y coadyuvantes de Mile Virginia en la investigación del homicidio.

“La colombiana”

El 31 de julio, Mile Virginia Martín fue asesinada en un departamento en la colonia Narvarte. Junto con ella también perdieron la vida  –todos con un disparo en la cabeza– el fotoperiodista Rubén Espinosa, la activista Nadia Vera, así como Yesenia Quiroz y Alejandra Negrete.

Casi desde las primeras horas posteriores al crimen, se filtró la información de que entre las víctimas había una “colombiana” y que su nombre era Nicole. Días más tarde ya se daba por un hecho que los homicidas “iban por ella” y que el resto de las personas fueron asesinadas porque estaban en ese sitio.

En el papel, la PGJDF tiene por lo menos tres líneas de investigación abiertas por este crimen sin que haya concluida ya alguna. Públicamente, el procurador Rodolfo Ríos Garza ha hecho referencias a las declaraciones de los tres detenidos por este caso. Dos de los ahora procesados sostuvieron que si conocían a la joven colombiana aunque con distintas versiones.

Pero extraoficialmente, se han revelado muchos m{as temas que supuestamente están en el expediente del caso, como por ejemplo, que se dedicaba a la prostitución, que “utilizaba múltiples identidades”, que ella recibió decena de kilos de cocaína procedente de Colombia, y hasta que “viajaba” a distintos aeropuertos.

Hasta ahora la Procuraduria no tiene en realidad prueba alguna sólida que confirme que Mile Virginia se dedicaba al tráfico de drogas o a cualquier actividad delictiva. La joven no tenía antecedentes penales.

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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