Ecatepec: cómo es vivir en el peor lugar para ser mujer de todo México
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Ecatepec: cómo es vivir en el peor lugar para ser mujer de todo México

Los rostros de la violencia en contra de las mujeres donde la Segob declaró alerta de género.
AFP
Por BBCMundo
21 de septiembre, 2015
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A Dulce Cristina Payán Urvano se la llevaron de la puerta de su casa el domingo 15 de enero de 2012.

Su hermana Abigail vendía discos detrás de la entrada del hogar y escuchó cómo Dulce se reía con su novio.

A las 8.30 de la noche una furgoneta se detuvo y ambos desaparecieron. Al novio lo soltaron al rato, pero ella apareció muerta horas después. Tenía 17 años.

En la sala de la casa de los Payán, la recuerdan con un altar en un rincón, decenas de osos de peluche e imágenes suyas. “Descanse en paz”, dicen algunas, y están decoradas con dos lazos negros.

Su padre, Pedro, no disimula la indignación que le produce lo que le sucedió a su hija y lo que sigue ocurriendo en la zona donde vive.

La colonia Hank González es de las más vulnerables del municipio donde más feminicidios (asesinatos de mujeres por razones de género) han ocurrido en México en el último tiempo.

En todo el país no hay peor lugar para ser mujer que Ecatepec.

Si México es un país que se ha ido acostumbrando a convivir con la idea de que la vida no vale, lo que ocurre con las mujeres en esta zona del estado de México, apenas al norte del Distrito Federal, raya lo absurdo.

Es un lugar donde se combina el horror de la muerte fácil, el desprecio hacia la mujer, la inseguridad generalizada y la impunidad.

La noche que su hija murió asesinada Pedro quiso salir a buscarla en la patrulla y los policías aceptaron para que vieran que estaban haciendo su trabajo.

Después de unas vueltas por el barrio le dijeron que se fuera para su casa, que seguramente era un secuestro y que lo iban a llamar para pedir un rescate.

Horas después un familiar divisó el vehículo y alertaron a los policías. Y aunque fueron hasta el lugar y encontraron a uno de los presuntos responsables en la furgoneta, las autoridades le dijeron a Pedro que se fuera a dormir y que se presentara en la comisaría a las 8:00 am del día siguiente.

Horas después supo que el detenido había confesado dónde estaba Dulce. Perocuando llegó la policíala joven ya estaba muerta.

“Nada más lo tuvieron encerrado, y como no tenían más personal no podían hacer nada. No había secretarias, no había nadie de guardia. Por eso digo, para mí les falta mucha preparación,”, se lamenta Pedro.

Pedro no dejaba de ir a menudo a la fiscalía para conocer los avances de la investigación porque quería ver al responsable de la muerte de su hija tras las rejas.

Un día de marzo, el novio de Dulce reconoció al asesino en la calle, le avisó a Pedro y pensaron en hacer justicia por mano propia.

“Una rabia, una desesperación de que todo lo que leí en el expediente: como había tratado a mi hija esta persona, como la había golpeado, la golpeó con un autoestéreo en su rostro, me la apuñaló varias veces, si fue algo…”, recuerda.

“¿Cómo le puedo explicar? Cuando lo vi, quería hacerle lo mismo, pero como que algo me decía no. Sí lo llegué a golpear, sí llegó un momento en que lo quería asesinar, desaparecerlo, colgarlo en el parque, todo eso se me vino a la mente, pero varia gente me dijo que no haga tonterías, deja que venga la patrulla y hagan su trabajo”.

“Sí, fui yo, ¿y qué?”, les dijo el asesino.

Hoy está preso y todavía no ha sido sentenciado. En la familia Payán el dolor y el miedo no se van, y hablan del hueco que dejo Dulce.

Abigail, hermana de una víctima de femenicidio

“Vivo en una sociedad enferma, hay mucho odio, pero tengo la esperanza de que esto cambie, de que mi hija no viva en una sociedad así”, dice Abigail.

“Uno se pregunta cómo a la gente buena le pasa esto”, dice su hermana Abigail, de 25 años.

Por precaución cada vez sale menos de su casa, y a su hija, de 5 años, casi no la saca, asegura que no hay cómo protegerse, que le gustaría mudarse y llevarse a su hija, pero que es complicado.

“Las autoridades no hacen nada, quieren tapar. No hay seguridad, no te sirve de nada”, se queja.

Las mujeres aquí cambian sus rutinas, vuelven a casa más temprano, intentan no salir solas. Y se aprende a convivir con el temor y la desconfianza.

“Es eso de no saber qué es lo les pasa a los hombres por su cabeza para hacer tanto daño… se les hace fácil, no les tiembla el corazón, asesinar a una mujer, qué poco hombre. Es de no tener amor hacia la mujer”, lamenta Abigail.

Vivo en una sociedad enferma, hay mucho odio. Pero tengo la esperanza de que esto cambie, de que mi hija no viva en una sociedad así. Tenemos que inculcarles valores a nuestros hijos, educarlos, eso empieza desde chiquitos. Las personas que hacen esto, que no les importa asesinar a su mujer, ¿cómo los educaron? “, le dice a BBC Mundo.

“Pinches putas, pónganse a trabajar”

A unas cuadras de distancia, con 18 años, Tere busca educar y crear consciencia sobre la situación en Ecatepec.

Para llegar a su casa se pasa junto a un camión de basura donde dejaron abandonado el cuerpo de una mujer, y en la puerta del hogar, su madre Alicia, señala hacia la esquina: “Aquí nomás se las llevan, de ahí”.

Recordatorios de la cotidianidad de lo atroz.

Tere es Teresa Martínez Velasco, una chica de Ecatepec que en julio terminó la preparatoria y piensa estudiar psicología social y criminología.

“Pinches putas, pónganse a trabajar”, eso tuvo que escuchar de la boca de unos hombres tiempo atrás cuando junto a un grupo de mujeres realizaban una representación en el municipio.

Rescataron sus vestidos de fiesta de 15, se maquillaron como si hubieran sido golpeadas y salieron a las calles para alertar sobre la violencia contra la mujer.

Les tiraron agua caliente. Las insultaron. Las denigraron.

“Es muy precario ser mujer en esta zona, somos el blanco más fácil para la violencia, somos una presa fácil”, le dice a BBC Mundo.

Un grupo de activistas ha realizado manifestaciones en Ecatepec para condenar la violencia contra la mujer.

Tere teme que la ataquen fuera de la puerta de su casa, intenta no salir mucho de noche e ir acompañada, y cuando lo hace siempre está enviando mensajes a su madre para reportarse.

“Hay que acabar con esto, muchas veces he pensado en mudarme. Esos hombres no tienen nada en la cabeza, hay misoginia y quieren que sigamos calladas”.

“Desde chicos tienen esa idea de que la mujer no es nada, incluso que desde niños les dicen no llores porque es de niña, acaso ser niña es malo? Desde ahí empieza el odio”.

Las preocupaciones de los adolescentes

Tere se empezó a involucrar en el activismo cuando conoció a Manuel Amador, un sociólogo profesor de la Escuela Preparatoria Oficial General Francisco Villa 128.

Además de dirigir el Taller Mujeres, Arte y Política, donde conoció a Tere, Amador dicta la materia Métodos y Pensamiento Crítico.

El día que BBC Mundo visitó Ecatepec, Amador recién terminaba de dictar clases y de recoger la tarea que le había encomendado a sus alumnos de entre 14 y 15 años.

Clase de Manuel Amador en Ecatepec

Manuel Amador es un sociólogo profesor de la Escuela Preparatoria Oficial General Francisco Villa 128 y también dicta el Taller Mujeres, Arte y Política.

La consigna: “Escribe al menos tres problemas que en lo personal y/o social a ti te preocupan de los cuales es importante discernir sobre ellos”.

De un total de 50, solo un puñado no menciona la violencia o la inseguridad:

  • “La delincuencia, maltrato físico o verbal hacia la mujer”.
  • “La violencia: porque ahora en estos tiempos ya no puedes confiar en salir a la calle porque asaltan o golpean”.
  • “La delincuencia es preocupante porque no puedo estar segura sabiendo que no puedo salir a la calle tranquila”.
  • “A mí me preocupa la inseguridad ya que por esa razón mi mamá casi no me deja salir a fiestas y tampoco me deja andar sola en la calle”.

Amador busca que sus alumnos piensen de manera diferente, generar una esperanza de que se puede cambiar ese destino que parece trazado para muchas mujeres aquí, pero es consciente de que es necesario que su esfuerzo se multiplique.

Quiero que las chicas aprendar a denunciar, a saber que como mujeres importan, porque la sociedad construye esa idea: ‘Tú no importas, tú debes quedarte callada’. Eso influye mucho en que esto siga sucediendo”, le explica a BBC Mundo.

Y el maestro repasa algunos casos: las chicas que sacaron de un bar, las violaron, las mataron, y las tiraron en la acera de enfrente; la mujer que iba con su bebé y vio cómo asesinaban a otra y entonces también la mataron; la chica que a las siete y media de la mañana salió a comprar leche y ya no volvió.

Y podría seguir.

Marcha contra el feminicidio en Ecatepec

Las historias son conocidas, pero no siempre hay denuncias. La gente, dice, ya tiene miedo hasta de denunciar, temor de enfrentar a las autoridades.

Les piden plata para mostrar un expediente, para hacer unas copias, dinero hasta para mantener el caso abierto, que investiguen el homicidio puede costar 2.000 pesos (US$120): la justicia tiene su precio.

Para Amador hay una clara intención de parte de las autoridades de “silenciar o de obstaculizar. No se visibilizan los casos porque también las autoridades dicen: ‘No denuncies porque si tú denuncias puedes entorpecer todo esto'”.

Desconfianza

Algo similar ha experimentado Guadalupe Reyes Martínez, de 43 años, en los últimos meses.

Su hija Mariana estaba finalizando los trámites para solicitar una beca para estudiar ingeniería y en la noche del 14 de septiembre pasado salió a hacer unas copias.

Fue sola porque su padre se había roto el pie y no la podía acompañar. Mariana nunca regresó.

Desde entonces sus padres viven una pesadilla.

Un mes después les dijeron que habían encontrado restos en el Río de los Remedios, una corriente que se ha convertido en fosa común de las víctimas de feminicidio.

El año pasado se reportó el hallazgo de hasta 40 cuerpos desmembrados.

Guadalupe Reyes, madre de una joven desaparecida

Mariana Yáñez Reyes, hija de Guadalupe, desapareció el 14 de septiembre del año pasado.

Cuatro meses después de la desaparición de Mariana les entregaron los resultados de un estudio de ADN donde decían que algunos de los restos hallados eran 99,9% compatibles con ella.

Las autoridades daban por cerrado el caso. Reyes desconfiaba.

Les decían que los restos estaban demasiado descompuestos, que su estado anímico no era el mejor para ver las fotografías de su hija, que no podían ver el expediente por la delicadez del caso.

Pero él y su esposa dudaban y decidieron pedir una segunda opinión, consultaron con un investigador privado que terminó fugándose, contrataron a peritos forenses independientes y dos meses atrás se realizó una exhumación.

Todavía esperan por los resultados.

Guadalupe Reyes, madre de una desaparecida

A casi un año de la desaparición de Mariana y pese a que las autoridades aseguran que falleció, su madre cree que está viva.

“Tal vez hasta las mismas autoridades estén coludidas con esta situación, porque hemos visto, y no sólo en mi caso, que para sacar unas copias (del expediente) te piden dinero, en el caso mío no nos permiten verlo”, cuenta Guadalupe.

“Si quieres hacer una búsqueda, algún movimiento, te piden dinero. Todo movimiento es mediante una cantidad. Si tienes el dinero, vas a poder mover el expediente, si no, no”, agrega.

A casi un año de la desaparición de Mariana y pese a que las autoridades aseguran que falleció, su madre cree que está viva.

“Tenemos la idea de que sigue viva, sabemos de que sigue vive, así lo queremos ver nosotros. Hasta el momento que no nos entreguen la certeza de que es Mariana, nosotros la seguimos buscando viva. Sigue vive porque así como me lo hicieron ver de que esto era mi hija, perdón, estos son papeles. Nosotros seguimos buscando a Mariana. Mariana vive”.

Reyes asegura que los ataques contra las mujeres son frecuentes porque hay un mínimo esfuerzo de las autoridades en buscarlas y en resolver los casos.

Lo primero que le dicen a los padres, explica, es que no se haga ruido con la desaparición de una persona porque la “ponen en riesgo”, y desalientan que hagan búsquedas por su cuenta, coloquen carteles en las calles o hasta hagan campañas en redes sociales.

“México está en riesgo. Las autoridades nos están dando omisiones, negligencia en su trabajo, no hay búsqueda, no saben cómo buscar las personas, no saben cómo encontrarlas… no hacen su trabajo”.

Batalla por las cifras

Tampoco parece haber interés de las autoridades en que se conozcan las cifras que dimensionan la magnitud del horror que vive Ecatepec.

María de la Luz Estrada preside el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, una entidad no gubernamental que agrupa a 49 organizaciones de derechos humanos y de mujeres.

En conversación con BBC Mundo explica que desde fines de 2010 le han pedido a la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) que revele los datos sobre feminicidios.

Necesitaron casi cuatro años y ganar amparos judiciales.

Son cifras pero alcanzan para helar la sangre: 1.554 mujeres desaparecidas en el estado, 400 en Ecatepec, la mayoría de entre 15 y 17 años.

El Observatorio dice que se han cometido 1.003 feminicidios en todo el estado, que comprende 125 municipios, entre 2012 y 2015, y 183 de ellos ocurrieron en Ecatepec.

Sin embargo, la PGJEM asegura que sólo tiene el registro de 160 feminicidios, de los cuales el 60% se han resuelto.

Cuando la magnitud de feminicidios en Ciudad Juárez fue tal que el escándalo llegó al resto del mundo, se calcula que ocurrieron casi medio millar de asesinatos de este tipo entre 1993 y 2010.

Pero la situación en el Estado de México, con incluso peores cifras, no ha tenido el mismo impacto.

“El Estado de México es un corredor de trata de mujeres y Ecatepec es un foco rojo”, señala Estrada.

“Es uno de varios municipios en los que, aparte de operar la delincuencia común y organizada, creemos que están implicados agentes del Estado en este problema, policías municipales y estatales, eso es súper complejo”, le dice a BBC Mundo.

Lugar de entierro de una víctima de feminicidio en Ecatepec

Lugar de entierro de una víctima de feminicidio en Ecatepec con un balde que el PRI repartió en la campaña electoral.

Con 1,7 millones, es el municipio con más población del país, pero Estrada hace hincapié en la debilidad del argumento de quienes dicen que la violencia es mayor en Ecatepec por la sencilla razón de que hay más gente.

La pobreza estructural, el régimen de impunidad y la discriminación contra la mujer explican, según Estrada, la situación: “No valemos nada, en un contexto tan negativo, pues mueres en el intento”.

El Observatorio lleva desde 2010 solicitándole al gobierno que declare la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) en el Estado de México, algo que las autoridades apenas hicieron a fines de julio.

La alerta, que como instrumento fue aprobado ocho años atrás, aplica a 11 municipios de la entidad, entre ellos Ecatepec, e implica un conjunto de acciones gubernamentales para hacerle frente a la situación de violencia y erradicarla.

Tras la declaratoria para el Estado de México, hubo otra para Morelos, en el centro del país, y hay otros siete casos bajo estudio.

El gobierno hizo mea culpa por la lentitud para declarar las alertas y la titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia (Conavim), Alejandra Negrete, aseguró que estas “ya no se politizarán”.

De hecho, el Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Snpasevm) rechazó la declaratoria de alerta de género en el Estado de México en enero de 2011, cuando la entidad todavía estaba gobernada por el ahora presidente Enrique Peña Nieto.

Amador recuerda cuando un par de años atrás acompañó a un grupo de periodistas para mostrarles tumbas de víctimas de feminicidios y una de ellas estaba hecha con un bote rojo del Partido de la Revolución Institucional (PRI) con la cara de Peña Nieto.

“Los regalaron en la campaña, muy simbólico, me pareció interesante ver esa imagen porque retrata mucho lo que pasa, es decir, lo qué le ofrece el sistema a las mujeres en el Estado de México, este gobierno: un bote que después sirva para poner flores en su cruz porque fue asesinada”, se lamenta.

La epidemia

Seis de cada diez mexicanas mayores de 15 años han sufrido algún incidente de violencia, de parte de su pareja u otras personas, de acuerdo a cifras oficiales.

Los estudios del gobierno dan cuenta de una situación crítica:

  • 17,7% está de acuerdo en que “una esposa debe obedecer a su esposo o pareja en todo lo que él ordene”.
  • 15,4% cree que “es obligación de la mujer tener relaciones sexuales con su esposo o pareja”.
  • 29.3% considera que “si hay golpes o maltratos en la casa es un asunto de familia y ahí debe quedar”.

“Tú como mujer no podrás sacar una carrera. Termina tu prepa y júntate. Si yo como hombre no lo logré, menos tú que eres mujer: eso me lo dicen en la propia familia, imagínate en la calle. Así te acostumbras y piensas que es así. Lo más que puede aspirar una mujer es a embarazarse”.

Mural en Ecatepec

Pese al horror que enfrentan las mujeres a manos de hombres deshumanizados, su sufrimiento parece cada vez más invisible.

El relato de Dulce, de la colonia Santa Clara en Ecatepec, forma parte de la investigación que Amador y Héctor Domínguez Ruvalcaba, de la Universidad de Texas en Austin, realizaron sobre la violencia en el estado de México para la obra Diálogos Interdisciplinarios sobre Violencia Sexual.

Las mujeres, dice Amador, ocupan el lugar menos privilegiado y predomina la idea de que ellas no necesitan una formación profesional y el hombre suele pensar que se debe reproducir ese modelo.

“El femenicidio”, aseguran los autores, “pareciera expresar la necesidad de eliminar la capacidad de las mujeres de convertirse en sujetos. De ahí la objetivación radical que el hecho de matar y arrojar sus cuerpos encarna”.

Pese al horror que enfrentan las mujeres a manos de hombres deshumanizados, su sufrimiento parece cada vez más invisible.

Es el triunfo de la misoginia y la indiferencia.

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Foto: Marcos González

Los barrios periféricos de CDMX que quedaron marginados tras la tragedia del metro

La avenida Tláhuac, donde se registró el accidente entre las estaciones de Olivos y Tezonco, es una de las principales arterias de la zona.
Foto: Marcos González
Por BBC
9 de mayo, 2021
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Quienes viven en el sur de Ciudad de México recuerdan cómo, durante mucho tiempo, a sus barrios les llamaban “la provincia” del entonces Distrito Federal.

Algunos ciudadanos incluso pensaban que esta zona ni siquiera formaba parte oficialmente de la capital mexicana.

En ese suroriente de la ciudad fue donde el pasado lunes colapsó el metro de la ciudad. 26 personas murieron al paso sobre una estructura que casi sirve de frontera entre Iztapalapa y Tláhuac, dos de las alcaldías con mayores niveles de pobreza y donde sumadas viven más de 2,2 millones de personas.

Aunque esta es la realidad de cientos y cientos de miles de habitantes de Ciudad de México, nada en estos lugares de la periferia aparece jamás en los circuitos para turistas ni en películas como “Roma”, que mostraba al mundo la belleza de los edificios de esta histórica colonia.

Ambas caras de una misma ciudad se ven muy lejanas, y de manera literal. Llegar desde la Roma hasta Tláhuac puede llevar entre una hora y hora y media en auto, en función del infernal tráfico de la capital que ya poco respeta la recomendación pandémica del “quédate en casa”.

Ese viaje a la inversa es el que gran parte de vecinos del sur de clase humilde y trabajadora realizan a diario para acudir a sus puestos en zonas del centro o más acomodadas. Por eso, la apertura de la línea 12 del metro hace menos de una década supuso para ellos una verdadera revolución al conectarlos, de manera rápida y barata, con el resto de la capital.

Ahora, su cierre indefinido tras el accidente vuelve a profundizar aún más la enorme desigualdad de esta gran ciudad. Quedarnos sin metro es como si hubiéramos retrocedido 30 años”, le dice a BBC Mundo José Manuel Cruz, presidente del Movimiento de Vecinos y de Renovación Condominal (Moverec) de Tláhuac.

Los afectados dicen sentirse “marginados” de nuevo mientras hacen malabares para llegar hasta su trabajo por otros medios. Muchos, incluso temen que no lo podrán mantener durante mucho tiempo sin otra opción de transporte.

Cartel de línea 12 del metro

Marcos González
“Seguridad y calidad en movimiento”, se lee en antiguos anuncios de la línea 12 del metro o “línea dorada”.

Epicentro de migrantes trabajadores

La avenida Tláhuac, donde se registró el accidente entre las estaciones de Olivos y Tezonco, es una de las principales arterias de la zona.

Días después del siniestro aún se trabaja para retirar los restos de la estructura, lo que dificulta aún más el tránsito de coches, taxis y autobuses. Con el metro cerrado, muchas personas esperan en fila para poder tomar transporte público.

El tráfico, el ruido y las decenas de puestos de comida y venta ambulante que salpican las aceras dificultan caminar por esta calle. En las de los alrededores se ven casas construidas sin aparente orden, a veces grises y a veces pintadas con colores chillones.

Esta zona, que un día tuvo una dedicación principalmente rural, comenzó una fuerte etapa de urbanización en los años 80, cuando se instaló aquí una gran masa de trabajadores procedentes de otros estados que querían buscar trabajo en la capital y mejorar sus condiciones de vida.

Carpintería

Marcos González
Muchos mexicanos de otros estados llegaron a los barrios en el sur de la capital en los 70 y 80. La mayoría se desplaza al centro de la ciudad para trabajar pero algunos regentan pequeños comercios como carpinterías en alcaldías como Tláhuac e Iztapalapa.

Leonardo García es uno de ellos. Dejó su Veracruz natal en 1977 y después se mudó a Iztapalapa. Hasta hoy.

“Llegué después del sismo del 85. No escogí la zona, yo necesitaba una vivienda y en aquel tiempo solo se podía conseguir en estas áreas. En otras era muy caro o no había”, dice.

García le cuenta su historia con detalle a BBC Mundo en el puesto de comidas que regenta junto a su familia desde hace 18 años, justo frente a la estación Olivos y con un gran cartel en el que se lee: “Comidas y refresco a 40 pesos” (US$2).

“Claro que notamos ya que vienen menos clientes por el cierre del metro. Ya nos pasó cuando paró en 2014. Ahora seguro va a volver a decaer”, pronostica resignado sin perder la sonrisa.

Leonardo García

Marcos González
Leonardo dejó su estado natal de Veracruz hace más de 40 años y se mudó al sur de Ciudad de México.

Quienes sí la pierden a veces son los vecinos que tratan estos días de encontrar cómo salir de la zona.

La oficial Alarcón, una de las policías que forma parte del amplio despliegue de agentes que tratan de regular el tráfico en la zona, dice que justo después del accidente “no se dio abasto” por la cantidad de gente que había.

“Esto está afectando al transporte de las personas. Si en metro hacían una hora, ahora están haciendo hasta tres de viaje. Pero ya se han puesto más camiones (autobuses) que hacen el mismo trayecto que antes hacía el metro, se le va dando salida”, le explica a BBC Mundo.

Buses de apoyo

Marcos González
Unidades de transporte público efectúan ahora la ruta que realizaba la suspendida línea 12 como apoyo a los usuarios.

La conexión con el resto de la ciudad

Patricia Pérez viene de un centro comercial y espera su transporte para llegar a su casa en Iztapalapa. Dice que ya echan de menos el metro, pero no oculta su temor tras el accidente.

“Cuando lo reabran, a mí me daría miedo usarlo. No me subiría con tanta confianza. Esas fallas de funcionamiento estaban casi desde el principio y parecería que el gobierno no hizo caso”, le dice a BBC Mundo.

Estación de metro Olivos

Marcos González
Las estaciones del metro de la línea 12 permanecen cerradas y sin dar servicio de manera indefinida.

Según Lizeth González, otra vecina de la misma delegación, “si la gente lo vuelve a usar será lamentablemente por necesidad, no porque le tengan confianza… pero es que sale más barato y rápido que un camión” (el boleto de metro cuesta US$0,25).

La joven de 23 años espera junto a su niña al taxi que acaba de pedir desde una app. “Yo prefiero no usar el transporte público porque es inseguro, hay mucho robo”, cuenta. Pero sabe que no todos sus vecinos pueden permitirse pagar un taxi y no les queda otra opción, pese al riesgo.

“Si hubiera sido una zona de prestigio, no habría pasado (el accidente). Donde hay dinero, las cosas las hacen bien. Pero aquí no fue así. Se oye feo, pero clasifican a la gente según la zona donde vives”, critica antes de montarse en el auto.

Lizeth González

Marcos González
Lizeth prefiere usar taxis por la inseguridad del transporte público, pero sabe que no todo el mundo se lo puede permitir.

La asociación Moverec destaca que la mayoría de habitantes de Tláhuac se dedica al pequeño comercio, construcción, carpintería o albañilería. Según el gobierno municipal, el 90% de los negocios de esta alcaldía son considerados “micro”.

“A nivel medio-superior o profesional, es poca gente la que trabaja aquí. La mayoría sale a trabajar a lugares lejanos. La importancia de Tláhuac para el funcionamiento de otras zonas de la ciudad es esencial”, destaca el presidente de la organización.

Por eso, Cruz cree que la pérdida del metro supone “un gran retroceso” para lo que Tláhuac había conseguido.

“El metro revolucionó nuestras vidas al facilitar nuestra movilidad. Pero es que también nos vino a dar una mayor identidad como parte de Ciudad de México, nos unió al resto y mucha gente que no nos conocía comenzó a visitarnos gracias al metro”, cuenta.

Mapa linea 12

BBC

Calles de tierra y casas precarias

Pero el transporte no es ni de lejos la única preocupación de Tláhuac.

Según Cruz, algunas zonas de la alcaldía están rezagadas en servicios como drenaje, infraestructura hidráulica y alumbrado. También critica la falta de zonas verdes y el aumento de la inseguridad en los últimos años.

Tiendas de Tláhuac

Marcos González
Las calles de Tláhuac están llenas de pequeñas tiendas de todo tipo y puestos de comida y venta ambulante.

Basta alejarse hacia el sur de la avenida Tláhuac por donde circulaba el metro para descubrir parte de esta realidad en la alcaldía. El asfalto de la carretera se ve cada vez más descuidado y con grietas hasta llegar a zonas de caminos de tierra y asentamientos irregulares.

En una de estas colonias vivía Brandon Giovanny Hernández, el niño de 12 años que se convirtió en la víctima mortal más joven del accidente de metro. En otros lugares se ven viviendas de autoconstrucción levantadas por esa corriente de migrantes nacionales que llegó hace décadas.

En el llamado campamento de la Draga, por ejemplo, viven unas 70 familias en viviendas precarias. Sus artífices fueron desalojados de un predio cercano que habían ocupado hace ocho años y decidieron ubicarse en esta calle como protesta, donde cada uno se encargó de construir su propio módulo.

Hoy, el campamento se ha convertido en una especie de pequeño pueblo en el que los más de 200 vecinos actuales se conocen y saludan amigablemente siempre que se cruzan por una calle que se llena de charcos y barro cuando llueve.

Campamento de la Draga

Marcos González
Más de 200 personas viven en el campamento de la Draga, en Tláhuac.

Cada módulo cuenta con una toma de agua potable y con la electricidad de un transformador cercano.

“Sí, literalmente nos la robamos, pero también tenemos un derecho por los impuestos que pagamos en su momento. Solo queremos que el gobierno nos resuelva nuestro problema y el asunto que hay con ese predio”, le dice a BBC Mundo Alfredo Oliver, uno de los coordinadores del campamento.

Antiguo conductor de taxi, Oliver es uno de los que vive en el campamento casi desde su inicio, junto a su esposa y sus dos hijos pagando una pequeña “aportación voluntaria”.

Alfredo Oliver

Marcos González
Alfredo es uno de los coordinadores del campamento de la Draga

“Somos pobres, tenemos que aguantar”

Otros se van mudando al campamento cuando alguien deja su vivienda libre. Clemente Figueroa, de 72 años es uno de ellos.

Sentado en la puerta de la primera casa en la entrada al campamento, desconfía al principio y prefiere no dar su nombre. Cuando se relaja, cuenta cómo llegó a Ciudad de México desde Chiapas hace 50 años “buscando oportunidades que faltaban en el pueblo” y lleva más de cuatro en la Draga “porque no hay que pagar renta”.

Ahí vive con su esposa, su hija y dos nietas. “Así, entre lo pobre, pero somos felices, gracias a Dios”, sonríe.

Clemente Figueroa

Marcos González
Clemente lleva medio siglo viviendo en las alcaldías del sur de Ciudad de México, pese a que es originario de Chiapas.

Al campamento le quedan retos para garantizar una vida digna para todos sus miembros. En ocasiones, por ejemplo, se respira un olor fétido porque no todas las casas cuentan con drenaje.

“¿Lo nota? Es porque usamos pura fosa séptica. Viene a ratos, pero cuando estás durmiendo y el olor lo tienes en el mismo cuarto… Somos pobres, pues tenemos que aguantar”, dice Isabel García, una vecina de 57 años.

Alcaldías de CDMX con mayor porcentaje de personas en situación de pobreza. . .

La mujer le enseña orgullosa a BBC Mundo el nuevo módulo que acaba de construirle su yerno, quien vive junto a su hija justo enfrente. En el pequeño habitáculo hecho con bloques de concreto amontona su ropa, un pequeño mueble y una lavadora que le han prestado.

En una esquina, está el inodoro que limpia con cubos de agua. Enfrente planea ubicar su cama, y en otra esquina, una pequeña cocina.

“Pero esto es algo provisional. Con el tiempo, la alcaldía te da un terreno o un departamento en otro lado. Quién sabe dónde, pero sí lo dan”, dice esperanzada sin más detalle.

Isabel García

Marcos González
Isabel acaba de meter toda su ropa en su nuevo módulo, en el que dormirá muy cerca del inodoro que aún no cuenta con drenaje adecuado.

En el campamento tampoco se deja de hablar de la reciente tragedia en el metro, hasta donde los vecinos solían llegar en mototaxi.

El hijo de Isabel, por ejemplo, lo usaba cada día para ayudarle a llegar a Tecamachalco, una colonia de clase alta en Estado de México donde trabaja de albañil. La alternativa actual de varios transbordos en autobuses le hace necesitar hasta ocho horas diarias de transporte entre ida y vuelta.

“Antes hacía dos horas para llegar allá, y ahora tarda hasta cuatro horas. Se va a las 7:00 de la mañana y no vuelve a casa hasta pasadas las 11:00 de la noche. Y si antes iba y regresaba con 20 pesos, ahora gasta como 40 o 50. Claro que lo echamos de menos”, cuenta.

Trabajos en riesgo

Va acabando el día y los vecinos de Tláhuac e Iztapalapa regresan a sus casas. La avenida Tláhuac se convierte en un auténtico hormiguero de autobuses y microbuses, llenos a reventar de pasajeros, que apenas pueden avanzar por lo pesado del tráfico.

Autobuses llenos en avenida Tláhuac

Marcos González
La avenida Tláhuac se llena de autobuses repletos de personas que vuelven a sus hogares al final del día.

Daniel Rueda espera paciente en su base de mototaxis que hay frente a la estación de metro Olivos. Pese a lo que podría pensarse, el cierre del metro no le ha ayudado a conseguir más clientes, sino todo lo contrario.

“Desde donde viene la gente salen camiones directos a sus colonias, que antes los vecinos no tomaban porque preferían la rapidez del metro. Por eso nos baja el negocio, porque ya no bajan aquí en la estación”, le dice a BBC Mundo.

“Además, algunos también tienen miedo de que la estructura se pueda seguir cayendo… que todavía puede pasar algo más”, cuenta.

Lugar del accidente de metro

Marcos González
Algunos vecinos temen que otras partes de la estructura siniestrada puedan seguir cayendo.

El presidente de la asociación Moverec cree que esta nueva situación sin metro debería forzar a aumentar la inversión en Tláhuac.

“Nuestra principal carencia es una fuente de trabajo. Las autoridades no han permitido que se generen empleos, no dan facilidades a los empresarios para asentarse aquí… y eso es lo que nos hace falta para evitar que tanta gente deba salir a diario hacia otras alcaldías”, dice Cruz.

“Eso es lo que más nos preocupa ahora: tenemos miedo que las personas pierdan sus puestos de trabajo. Las distancias que tienen que recorrer son impresionantes y muchos vecinos no podrán hacerlo cada día sin el metro por el retraso en tiempos y por el coste económico”, remata.


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