El independentismo gana en Cataluña pero sin la mayoría que necesitaban
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El independentismo gana en Cataluña pero sin la mayoría que necesitaban

El cambio de mayorías en Cataluña es rotundo, con un bloque independentista que obtiene por primera vez la mayoría absoluta, una tercera vía reducida a un quinto del Parlament y una oposición liderada por el emergente Ciutadans.
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Por El diario
28 de septiembre, 2015
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 Artur Mas, presidente gobierno regional de Cataluña, vota en Barcelona, España. Foto: AP

Artur Mas, presidente gobierno regional de Cataluña, vota en Barcelona, España. Foto: AP

El independentismo ha ganado las elecciones autónomicas catalanas por primera vez en la historia. Entre Junts pel Sí y la CUP suman 72 diputados, 4 por encima de la mayoría absoluta. La ciudadanía catalana ha convertido a este 27S en un plebiscito acudiendo masivamente a las urnas, que ha resultado en una participación récord rozando el 80%. Pese a esto, entre las dos listas independentistas no han sido capaces de sumar el 50% de los votos, una cifra que daba un importante plus de legitimidad, no solo interna sino de cara a la comunidad internacional.

El resultado del 27S es un triunfo del independentismo, pero no de Artur Mas. Con el actual resultado al president no le valdría ni siquiera con la abstención de la CUP para ser investido, ya que el resto de partidos suman más que Junts pel Sí. La candidatura de la izquierda independentista viene asegurando que no investirá a Mas ni por acción ni por omisión, por lo que este resultado podría desembocar en el final político del líder de Convergència.

Quedan por ver los planes de un Artur Mas que ha demostrado tener siempre un as en la manga. El líder nacionalista mantiene un importante ascendente dentro de las entidades independentistas e intentará situar la presión sobre la CUP. Pero si el inmovilismo de Mas es demasiado fuerte, podría tensionar hasta romper una candidatura que tiene como mínimo común la independencia.

El independentismo catalán ha demostrado sobre el papel lo que las manifestaciones independentistas de la Diada y la participación en el 9N apuntaban: la capacidad de articular un bloque capaz de obtener mayorías amplias en el Parlament. El antiguo catalanismo que siempre ha sido mayoritario en Cataluña se ha transmutado en un independentismo, cocido a fuego lento durante los últimos 10 años.

En la nueva Cámara el objetivo nacional del independentismo será mayoritario. El nuevo gobierno, que necesitará el apoyo de la CUP, tendrá la tarea de implementar el deseo constituyente mostrado por los catalanes que, en cualquier caso, deberá ser validado en un referéndum. La victoria en escaños pero no en número de votos, que han sido 1,8 millones (48%) para los opciones independentistas y de casi 2 millones (52%) para los partidarios de continuar en el Estado español, legitima al nuevo Govern para continuar con el “procés” y con su hoja de ruta, pero también le obliga a buscar fórmulas refrendarias para legitimar una eventual secesión.

Adiós a un sistema de partidos después de 40 años

Los resultados de este domingo son la constatación de una tendencia: el sistema tradicional de partidos catalán ha implosionado y de la mayoría de antiguos actores hegemónicos apenas quedan añicos. El principal grupo de la oposición será Ciutadans, un partido con solo 10 años de vida que ha aprovechado el escenario de polarización nacional para convertirse en el voto útil unionista. Con Inés Arrimadas como candidata, la formación naranja ha alcanzado el récord histórico de representación con 25 asientos, un trabajo atribuible a Albert Rivera, que ha liderado la formación desde su nacimiento y que en el nuevo curso probará suerte en el Congreso de los Diputados, donde aspira a ser la expresión electoral del nuevo liberalismo español y hacerse con la llave de gobierno del Estado.

Los de Arrimadas liderarán un bloque en el Parlament catalán que apuesta por más centralización o, al menos, por mantener el statu quo autonómico, algo para lo que están en clara minoría pues solo encuentran aliados en el PP, una formación a la que ha desguazado. El duro discurso de Xavier García Albiol no ha podido hacer nada ante el avance de Ciutadans, y el daño inflingido por Arrimadas en Cataluña será usado como arma por Rivera en el escenario español.

Además de con una mayoría independentista, la Cámara catalana contará con la mayoría  más grande de su historia en la reclamación de autogobierno. De 135 escaños, 83 consideran a Cataluña como un sujeto con derecho a decidir, y otros 16, los del PSC, proponen un nuevo encaje constitucional. Los socialistas, después de sufrir importantes escisiones por su posición sobre el proceso soberanista, han mostrado una resistencia inusual, que puede imputársele en buena medida a Miquel Iceta, un candidato que se ha hecho fuerte allí donde Podemos esperaba hacerlo.

Más autogobierno pero menos tercera vía

El hecho de que el PSC aguante hace difícil explicar el batacazo de Cataluña Sí que es Pot solo por la polarización nacional. La candidatura conjunta de Podemos e ICV-EUiA ha sido incapaz de articular una propuesta creíble por la izquierda, un espacio que le ha comido la CUP, pero tampoco por el de la nueva política que llevó a Colau a la alcaldía y ni siquiera como opción federalista. Cuando la candidatura comenzó a formarse, hace cuatro meses, parecía imposible un resultado por debajo del obtenido por ICV-EUiA en las elecciones de 2012.

Es cierto que ICV-EUiA era una formación que acusaba un desgaste muy importante. Pero no lo ha mejorado la omnipresencia de Pablo Iglesias en campaña, que ha conferido a la candidatura liderada por Lluís Rabell una imagen de sucursalismo que la izquierda catalana suele castigar. “España necesita un presidente que escuche a Cataluña y yo quiero ser ese presidente”, ha explicado el líder de la formación morada tras conocer los resultados, revelando su visión del 27-S como una palanca para su partido de cara a las elecciones generales.

El 27S ha certificado un cambio político en Cataluña que empuja en la dirección de cierre definitivo del proceso soberanista. Más proceso soberanista, quizás, pero radicalmente nuevo y con el objetivo de conseguir un objetivo plausible a corto plazo. La semana que viene el anticapitalismo tendrá en su mano hacer que abandone el cargo quien hasta hoy ha liderado el movimiento; la vía federalista ha quedado reducida a 39 escaños y la mayoría absoluta de la Cámara reside en dos formaciones con un programa claramente independentista. El nuevo escenario catalán se completará en tres meses, cuando se compruebe si el terremoto nacional ha llegado también a España.

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El enigma de los cubos de uranio que los nazis utilizaban para crear su programa nuclear

La carrera nuclear entre Alemania y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial tiene un misterioso capítulo. Para algunos es solo una curiosidad histórica, para otros fue el comienzo de la peligrosa era en la que hoy está sumergida la humanidad.
4 de diciembre, 2021
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En la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Estados Unidos competían en una feroz batalla para ver quién lograba desarrollar primero un programa nuclear.

En los primeros años de la década de los 40 varios equipos de científicos alemanes comenzaron a producir miles cubos de uranio que serían el núcleo de los reactores que estaban desarrollando como parte del incipiente programa nuclear nazi.

Los alemanes estaban lejos de lograr una bomba atómica, pero confiaban en que estos experimentos les sirvieran para ponerse en ventaja sobre Estados Unidos.

De hecho, la fisión nuclear fue descubierta en 1938 en Berlín.

Fueron los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann los primeros en saber cómo se podía dividir un átomo, y que al hacerlo se liberaría una gran cantidad de energía.

Años después, sin embargo, el Proyecto Manhattan y su bomba atómica demostró que en realidad los estadounidenses estaban muchísimo más adelantados que los alemanes en tecnología atómica.

Los cubos de uranio, sin embargo, guardan claves sobre el secretismo y el recelo entre ambos países por la carrera nuclear.

Dispositivo para lograr fisión nuclear.

Getty
La fisión nuclear se descubrió en Alemania en 1938.

Hoy es un misterio el paradero de la inmensa mayoría de los miles de cubos que se fabricaron.

“Es difícil saber lo que ocurrió con estos cubos”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares del Instituto de Tecnología Stevens, en Estados Unidos.

“Los registros que hay no son los mejores”.

En Estados Unidos, solo se han identificado una decena de ellos, lo cual los convierte en un preciado tesoro para los investigadores que intentan reconstruir los comienzos de la era nuclear.

Experimento fallido

Uno de los equipos que experimentaban con los cubos de uranio estaba liderado por el físico Werner Heisenberg, pionero de la mecánica cuántica y ganador del Nobel en 1932.

Werner Heisenberg

Getty
Werner Heisenberg lideraba uno de los laboratorios donde se experimentaba con los cubos de uranio.

El proyecto de Heisenberg y sus colegas consistía en atar 664 de estos cubos de 5 cm a unos cables colgantes y sumergirlos en agua pesada.

El agua pesada está formada por oxígeno y deuterio, un isótopo del hidrógeno que tiene el doble de masa que el hidrógeno ordinario.

La idea es que al sumergir los cubos se desatara una reacción en cadena, pero el experimento no funcionó.

Según Timothy Koeth, investigador de la Universidad de Maryland que le ha seguido el rastro a los cubos, Heisenberg habría necesitado 50% más de uranio y mayor cantidad de agua pesada para que el diseño funcionara.

“A pesar de ser el lugar de nacimiento de la física nuclear y tener casi dos años de ventaja respecto a EE.UU., no había una amenaza inminente de una Alemania nuclear al final de la guerra”, dice Koeth en un artículo del Instituto Estadounidense de Física.

Bomba nuclear

Getty
El desarrollo de la bomba atómica demostró que Estados Unidos tenía un programa nuclear mucho más avanzado que Alemania.

Material confiscado

En 1945, mientras los alemanes intentaban refinar sus esfuerzos, Estados Unidos y los Aliados ganaron la guerra.

En ese momento, Estados Unidos conformó una misión para recolectar información y confiscar material relacionado con los avances de los alemanes en materia nuclear.

Así fue como tropas estadounidenses llegaron hasta el laboratorio de Heisenberg en la pequeña población de Haigerloch.

Más de 600 cubos de uranio fueron confiscados y enviados a Estados Unidos, según un informe del Laboratorio Nacional del Noroeste Pacífico de Estados Unidos (PNNL, por sus siglas en inglés).

La idea era conocer qué tan avanzados estaban los alemanes en tecnología nuclear y también evitar que los cubos cayeran en manos de los soviéticos, según explica Wellerstein.

Al final, a los científicos estadounidenses el hallazgo de los cubos les sirvió para darse cuenta de que los alemanes estaban rezagados en materia nuclear.

Perdidos

Hoy todavía se desconoce el paradero de la gran mayoría de los cubos.

Se cree que varios de ellos se utilizaron en el desarrollo de armas nucleares de Estados Unidos.

Según Wellerstein, algunas personas comenzaron a regalar los cubos como souvenires, otros científicos los utilizaron como material de análisis y otros cayeron en el mercado negro.

Otros más permanecen como material de colección.

En 2019, la revista Physics Today logró rastrear la ubicación de 7 cubos que según quienes los tienen pertenecieron a los experimentos nucleares de los nazis.

Tres de ellos están en Alemania: uno en el Museo Atomkeller, en Haigerloch, donde antes estuvo el laboratorio de Heinsenberg; otro está en el Museo de Mineralogía de la Universidad de Bonn; y el tercero en la Oficina Federal de Protección contra la Radiación, en Berlín.

Otros dos están en el Museo Nacional de Historia Americana en Washington D.C.; y otro en la Universidad de Harvard.

La revista indica que al parecer un sexto cubo estuvo Instituto Tecnológico de Rochester, pero debido a un cambio en las normas de almacenamiento de material radioactivo, el cubo fue desechado.

Un séptimo cubo está en manos del PNNL, y aunque se le conoce como “el cubo de Heisenberg”, los investigadores no están 100% seguros de su procedencia.

Otro de los cubos lo tiene el propio Koeth, quien lo recibió como un curioso regalo de cumpleaños en 2013.

Brittany Robertson

ANDREA STARR/PNNL
Brittany Robertson trabaja en la identificación de los cubos de uranio.

Koeth colabora junto con el PNNL para averiguar el paradero de los cientos o miles de cubos que aún permanecen perdidos y para conocer más detalles acerca de cómo llegaron a Estados Unidos.

En busca del pedigrí

Más allá de su valor histórico y simbólico, “realmente los cubos no son muy valiosos, no puedes hacer nada con ellos“, dice Wellerstein.

Tampoco son peligrosos, ya que generan una radiación muy débil. Después de agarrar uno de ellos, “basta con lavarte las manos”, dice el experto.

En agosto de 2021, Jon Schwantes y Brittany Robertson, investigadores del PNNL, presentaron un proyecto en el que describen cómo trabajan para identificar el “pedigrí” de varios de los cubos que se han encontrado.

Según explica Schwantes, la idea es comparar distintos cubos e intentar clasificarlos.

Hiroshima

Getty
Estados Unidos desarrolló su programa nuclear en parte por miedo a los avances de los nazis en esta tecnología. (Foto de Hiroshima tras la bomba atómica de 1945).

Para ello, combinan métodos forenses y radiocronometría, que es la versión nuclear de la técnica que utilizan los geólogos para determinar la edad de una muestra con base en el contenido de isótopos radioactivos.

Miedo

Los expertos coinciden en que Estados Unidos desarrolló velozmente su programa nuclear en gran parte por miedo a que los alemanes lo lograran antes que ellos.

Y aunque algunos ven estos cubos como una curiosidad histórica, otros lo ven como el desencadenante de la peligrosa era de armas nucleares en la que hoy está atrapada el mundo.

“Las armas nucleares, la energía nuclear, la Guerra Fría, el planeta como un rehén nuclear, todo esto fue motivado por el esfuerzo que se generó a partir de estos 600 y tantos cubos” dice Koeth en un artículo de la cadena NPR.

En todo caso las dos grandes preguntas sobre cientos o miles de estos cubos siguen sin respuesta: cuántos existen todavía y dónde están.


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